Barcelona-Madrid

barca-madrid

Pasado mañana el Nou Camp escupirá fuego azul y grana porque se enfrentan el Real Madrid y el Barcelona. El partido se podrá ver en la televisión y 50 cines. Tendrá la emoción de siempre, o más, porque provocará cierta lectura simbólica en el instante en que los políticos catalanes, sus periódicos, sus radios, embriagados por el éxtasis del naufragio, temen que se esté urdiendo un cerrojazo institucional contra su nación. Todo ocurre unas semanas después de que esposaran a dos padres de la patria catalana, que cuanto más se sacrificaban por su nación, más dinero ingresaban en las Islas Caimán. Que los patriotas de aquí y de allá afanen es lo común, más grave aún sería que incumplieran las leyes.

Escribió Manuel Vázquez Montalbán, poco antes de morirse, que España, en vez de ser una nación de naciones, parece un manicomio de manicomios donde los catalanes se sienten polacos. No habló de que la manía persecutoria se extiende a los españoles, que se sienten tan centralistas como los aztecas. Somos grillados contra sonacas. «¿Soy un polaco? -se preguntaba Manolo-. Mi abuelo paterno era un cantero gallego; el materno, un murciano guardia de la porra al que le salió una hija separatista y anarquista. Tengo raíces en toda España. Sus gentes son mi gente».

Desde los años 90 hasta ahora, la patología se ha agravado, el frenopático se ha ampliado no porque la nación catalana sea posible sino porque, como pasó en las colonias, los criollos constitucionalistas han empuñado la senyera estelada. Para que Cataluña sea una nación sólo falta un papeleo que aún hay que gestionar en Madrid. Tiene que aprobar el Estatuto el Tribunal Constitucional. Los pactos políticos se han agotado y si los catalanes quieren ser una nación, no les queda otro camino que la revuelta. Que no esperen esta vez que el toro cornee al borrico.

Jordi Pujol, grandilocuente y teatral, dijo hace unos días, para agitar a las masas, que los catalanes acatarán el Estatuto no para acatar la ley sino porque, si no lo hacen, enviarán a la Guardia Civil. Que no se haga ilusiones: el Gobierno no enviará a la Guardia Civil. Ni siquiera va a gritar la gente «bote al bote, polaco el que no bote». Ya saben que el Real Madrid no son los tercios de Flandes sino una pandilla de mercenarios que se fichan con cheque, al servicio de las televisiones y las multinacionales.

La España plural hace mucho que capó al caballo de Espartero, el que hace 200 años lanzó desde Montjuïc 1.014 bombas sobre Barcelona, cuando el consorte era el primer pajillero de la corte. Así que ni Rosa de Fuego ni Ciudad de las Bombas. Ya hemos castrado al caballo del Espartero y hemos borrado las fechas rojas de los aniversarios.

Hagan ustedes su independencia, no esperen que les sigamos ayudando nosotros.

Articulo de Raul del Pozo/elmundo.es

Deja un comentario