Ni modo

20080830001053-jacobo-zabludovsky
Felipe Calderón cumple mañana medio sexenio en la Presidencia de la República, mismo de ninguneo al noticiero de radio con más auditorio en el país.

Con una sola excepción el 4 de diciembre de 2007, la oficina de prensa de Los Pinos ha ignorado las solicitudes de entrevista presentadas formalmente durante estos tres años sin merecer siquiera un acuse de recibo.

La extraña actitud ante un informativo independiente va más allá del caso aislado para reflejar, eso es lo trascendente, una actitud del jefe del Poder Ejecutivo ante los medios. Cualquier ciudadano es libre de aceptar o rechazar un encuentro con determinado periodista. Pero el señor Calderón no es cualquier ciudadano, es quien ostenta el cargo de Presidente, aunque a veces se olvide de eso, y debe actuar como tal y recordar que lo que es parejo no es chipotudo.

Desde el año pasado, mes tras mes, la empresa Ibope y trimestralmente la agencia Ipsos Bimsa coinciden en ubicar al noticiero De 1 A 3, de Radio Centro, como el más oído en la República, triplicando una de ellas el número de oyentes del colocado en segundo lugar. El fenómeno atrajo hacia la faja horaria del mediodía el público que hacía de la del desayuno la de mayor rating, cambiando una costumbre que duró 80 años.

Este nivel de auditorio se ha logrado a pesar (aunque algún perverso piense que precisamente por eso) de la ausencia de entrevistas presidenciales. El programa privilegia a taxistas, a escritores, a actores sin presupuesto, a quejosos sin tribuna, a mexicanos marginados de los medios electrónicos de comunicación. Se prefiere la queja de un paria al autoelogio del poderoso, sea político, rico o famoso. No está en la puja por el que decide y ordena, no tiene agencia de relaciones públicas, ni revista cultural, ni oficina de asesoría política, ni vende su espacio disfrazándolo de noticia para facturar servicios.

Entonces, ¿qué pasa? Se prefiere a noticieros que compensan su poco auditorio con su máximo acatamiento de las instrucciones. Max Hermoso de Mendoza hace galopar a sus 12 caganchitos, ensayándoles cabriolas y algún par de coces para hacernos creer que deciden por sí mismos. El carrusel ya es de dominio público y en esa medida se ha hecho ineficaz como instrumento de gobierno. Recuérdense los recientes chiflidos y abucheos al señor Calderón en el estadio de Torreón. Puede haber otros tres motivos de la inquina oficial.

Primero. Ese noticiero abrió sus micrófonos a Andrés Manuel López Obrador cuando iba a ser desaforado, cuando fue candidato a la presidencia, cuando luchó contra el polémico triunfo de Calderón, cuando pidió el recuento voto por voto y casilla por casilla, cuando se proclamó presidente legítimo y cuando, apestado por la televisión y medios que de ella emanan, no ha tenido dónde hablar. No se trata de compartir su opinión, se trata de darle oportunidad de expresarla. Lo seguiremos haciendo con él y con quien coincida en su circunstancia.

Segundo. El director del noticiero manifestó públicamente que votaría, como votó, por Juan Ramón de la Fuente para Presidente de la República, no obstante su falta de registro como candidato. Protestó así contra una ley absurda, hecha por paleros enchufados entonces y ahora en los presupuestos oficiales, que da el monopolio del voto y las candidaturas a los partidos políticos, privando a los ciudadanos del derecho constitucional de votar por quien mejor les parezca. El señor Calderón, nada menos que él y sus tres años de desbarajuste, me dan la razón. Estoy cierto sin la menor duda, con base en sus antecedentes y en su labor al frente de la universidad más importante de habla española, de que el ex rector lo hubiera hecho mejor. Lástima.

Tercero. Que el periodista que dirige De 1 a 3 le caiga gordo a alguien en Los Pinos. Esa sería la única razón inteligente y justa, ante la cual ni llorar es bueno.

Podemos agregar que en ese programa se apoyó el voto nulo en las elecciones de medio sexenio. Fue para repudiar la ley electoral pero debe haber influido en el resultado de la votación desastrosa para el partido en el no poder desde hace nueve años, aunque esa votación nula haya sido mínima en la avalancha de ciudadanos que no necesitan más estímulos, les basta estar hasta el gorro.

Antes de que los clásicos me pregunten qué jabón me patrocina, admito que a la mitad del camino me encuentro de pronto en una selva oscura.

No se ve una Beatriz que nos conduzca. Y cuando hablo de Beatriz hablo de la de Dante, no la de don Felipe.

El vaso medio vacío o medio lleno. Felicidades porque se fue una mitad o porque sólo queda la mitad.

Vosotros, los que entráis aquí, perded toda esperanza.

Fuente:eluniversal.com.mx

Deja un comentario