El perro y la cola

Est谩ndar

perro-cola驴Por qu茅 no se puede ganar la guerra al narco? Por la misma raz贸n que un perro no puede morderse la cola: son parte de un mismo cuerpo. El narcotr谩fico es una perversi贸n del Estado, pero es tan parte de 茅l como la cola del perro. Por eso cuando la furia de la cabeza y el hocico se van contra la cola del animal, 茅sta reacciona con el mismo ritmo e intensidad que su perseguidor. La cola se volvi贸 inc贸moda, genera comez贸n, escozor, huele mal y, lo peor, ha ido pudriendo buena parte de la parte trasera del perro. Ya no la quiere, le estorba, le averg眉enza, le incomoda, pero s贸lo el perro, desesperado, no se da cuenta de lo rid铆culo que resulta perseguirse la cola.

El narcotr谩fico en M茅xico naci贸 al amparo de Estado, creci贸 con la complicidad del Estado y se nutre de los elementos del Estado. En las Memorias (citadas por Diego Osorno en El c谩rtel de Sinaloa, Grijalbo 2009) de quien fuera procurador de Sinaloa, Manuel Lazcano, apunta un recuerdo de los momentos en que comenz贸 a crecer el negocio de la drogas: 鈥淎 m铆 no se me ha olvidado 鈥攄ice鈥 una frase que le o铆 al presidente Miguel Alem谩n. Eran las 茅pocas en las cuales empez贸 todo esto, cuando el fen贸meno se ramificaba y crec铆a y la gente involucrada empezaba a armarse. La idea era di谩fana, clara, ilustrativa de la forma en que contemplaba el fen贸meno: 鈥淧ues es que produce divisas. Que produce dividas鈥.

Esta complicidad expresada en t茅rminos comprensivos fue el discurso, con sus matices, de todos los presidentes de Alem谩n para ac谩. Hab铆a incluso cierta fascinaci贸n en el planteamiento de que M茅xico era s贸lo el trampol铆n y Estados Unidos la alberca. As铆 lo pens贸 la mafia gringa cuando el Bugsy Siegel vino a M茅xico en los a帽os treinta a buscar quien sembrara amapola para producir opio, as铆 lo vieron los primero exportadores de mariguana, y as铆 lo ve铆an los l铆deres del pa铆s.

La cola tambi茅n es perro, dice el dicho, y entre m谩s crec铆a la cola m谩s se fortalec铆a el animal. Pero la cola no es una protuberancia que se pueda poner y quitar a gusto del animal. La cola no s贸lo es parte del perro sino una continuaci贸n de su columna vertebral, y comunicada a trav茅s de esta a la cabeza. Es decir, no podemos pensar en el narcotr谩fico sin su vinculaci贸n org谩nica con el Estado. Los l铆deres del narcotr谩fico salieron de las filas del Estado y han sido protegidos, c贸mplices, socios de personajes del Estado. Cada a帽o miles de militares, a quienes hemos dado como tarea principal combatir al narco, se cambian de bando. El m谩s temido grupo delictivo de este pa铆s, Los Zetas, nacieron de las fuerzas especiales del Ej茅rcito y el general que aparentaba perseguirlos con m谩s enjundia, Jes煤s Guti茅rrez Rebollo, result贸 ser parte de de un grupo de narcotraficantes. Las polic铆as, federal, estatales y municipales, est谩n y han estado directamente vinculadas el tr谩fico de drogas desde que este inici贸.

驴Por qu茅 ahora hemos de confiar que el Ej茅rcito combatir谩 al narco? Porque no nos queda de otra, porque el Ej茅rcito es la instituci贸n de seguridad que depende directamente del Presidente. Pero si miembros de las fuerzas armadas han estado siempre involucrados con el tr谩fico de drogas, la posibilidad de que a finales del sexenio algunos de los encargados de librar la guerra contra el narco resulten ser parte de 茅l es alt铆sima. 驴Por qu茅 hemos de confiar en la polic铆a? O, peor a煤n, 驴por qu茅 un polic铆a ha de confiar en su jefe, o por qu茅 un jefe de polic铆a ha de confiar en su gobernador o su presidente municipal? 驴Qui茅n es perro y qui茅n cola? Esta desconfianza b谩sica hace que la guerra al narco sea en realidad una guerra de miedos. El env铆o de drogas a Estados Unidos no se ha reducido y el consumo en M茅xico sigue al alza. 驴Qu茅 ha ganado entonces la cabeza del perro en esta guerra? En un primer momento respeto. Logr贸 tambi茅n recuperar partes del perro que ya eran cola, esto es municipios donde el Estado hab铆a pr谩cticamente desaparecido y ca铆do en manos de las mafias del crimen organizado. Tambi茅n gan贸 autoestima y legitimidad, pero hoy el resto del perro est谩 cansado de tratar de morderse la cola, de gastar su energ铆a en perseguirse a s铆 mismo y con heridas que calan hondo.

La 煤nica opci贸n que tenemos frente al mundo violento de las drogas es la legalizaci贸n. Hacer que la cola se comporte como perro. Esa es la batalla que sigue, la que tenemos que dar en M茅xico. Hasta ahora hemos usado la cabeza s贸lo para ladrar y morder. Ya es hora de comenzar a usarla para pensar.

Diego Petersen/mileniodiario

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