30sep/100

Continuará


En estos días de cardos y espinas laborales he empezado a leer un libro editado por Melusina, felizmente radical como todos los suyos, que tiene un título irresistible: Capitalismo Gore. Su autora, Sayak Valencia, es una licenciada de Tijuana (México), filósofa, ensayista, poeta y "exhibicionista performática", definición que he entrecomillado porque me vuelve loca. Y créanme, es bastante difícil volverme loca a mí en estos tiempos tan mediocres. Exhibir la rabia y la ira como obra de arte me parece una salida sumamente válida.

¡Capitalismo gore! Por supuesto que Valencia se centra en esa forma de neoliberalismo llevado al límite -o más bien convertido en su brazo paralelo- y cada día más en alza, que es el negocio de las vidas, el negocio de las muertes, de los asesinatos y la tortura, que tanto ha aumentado en las zonas fronterizas mexicanas. Sin embargo, al escribir, plenamente consciente y defendiendo por completo la especificidad de sus propias realidades, sin tener como referencia ni importarle un chile poblano lo que califica como la "benevolencia" de nuestro primer mundo bien pensante; al ahondar sobre ello, Sayak Valencia nos coloca ante un juego de espejos deformantes que, al serlo, explican mejor nuestras deformidades. Uno ve claramente que, en el mercado del trabajo, la generación de productos, que compete a las empresas, ha dado paso al "recorte de productores" (mutilación de empleos, reducción de ingresos, explotación).

Frente al capitalismo gore, pues, ¿cómo podríamos llamar al nuestro, origen e inspiración del otro? Lo de liberalismo salvaje se nos ha quedado corto. "Neoliberalismo salvaje en progreso desbocado" no funcionaría ni entero, ni en acrónimo, ni con las siglas. Debemos sintetizar. ¿Capitalismo negro, de terror, gótico, trágico? Elijan ustedes, inventen ustedes.

Lo que sí es seguro es que to be continued. O sea, Capitalismo Continuará.

Maruja Torres/elpais.es

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30sep/100

Bulerias de Tomatito

Gracias Adrián por preguntón.....

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30sep/100

Los Trinis


Un amigo escritor de Tijuana me contaba que cuando dijo en un foro que cada narco era un empresario-en-potencia que perdimos en algún momento, se le echaron encima como si fuera perro con sarna. Y le fue bien. Porque hoy se apalea al que se atreve a hablar de legalización de las drogas, y hasta las viudas de la guerra son parte del mal. Alguna vez escribí que deberíamos pensar en una amnistía para los jóvenes metidos en el tráfico de drogas, sobre todo para los sicarios; ofrecerles una vida nueva, un empleo, seguridad social y estudios; me llovieron las críticas. El Estado no acepta huérfanos y, ¿saben qué?, los que pensamos que la estrategia armada es un error somos, de facto, enemigos del orden establecido por policías, generadores de políticas públicas, ciertos periodistas pagados.

Se explica muy fácilmente en la filosofía de “el que no está conmigo está en mi contra”; el que no está con “el bien” está con “el mal” y merece ser castigado. Madeleine Albright lo explicaba así, hablando del gobierno de George W. Bush: La derecha no sabe flaquear; cree que su cruzada tiene inspiración de Dios. Y Dios no tiene un plan B. Dios sólo tiene un plan, el A, y de allí no se mueve porque Él no se equivoca. Y en este sexenio es impensable ser flexibles, humanos. Dios (su dios, no mi Dios) y esta administración no se equivocan: no hay un plan alternativo frente a una tragedia humanitaria que ya lleva por lo menos 30 mil muertos.

Quería dedicar este artículo a la desesperanza. Y hasta escribí unos primeros párrafos: “La revolución es de los jóvenes. / Yo renuncio. No seré Talibán, no me iré puerta por puerta a predicar el Evangelio. No buscaré reunir masas en un concierto ni me uniré a los ejércitos de pizzeros que queman adrenalina desenfrenadamente entre los autos de las ciudades sin temor al tiempo o a los semáforos. No seré musulmán, judío, católico radicales. Llevaré, en el mejor de los casos, la vida en paz que se me asigna: la del ciudadano aburrido y asustado”.

Pensaba en la desesperanza y en los Ninis, en los cientos de miles que en este país que no tienen empleo o trabajo. Pensaba en las pocas opciones que tienen los jóvenes, a los que les fallamos como sociedad y ahora nos reclaman a tiros. Pensaba en esos miles de prescindibles que se lanzan a una guerra idiota que confronta a fregados (soldados, federales) contra fregados (sicarios, narquillos). Pensaba en que tanta sangre sólo viene al caso porque en este país se cerraron las oportunidades para millones.

Los Ninis. Qué vamos a hacer con ellos. Opino que primero reconocerlos. Y si queremos que quede país, ir después a su rescate.

Quizás nunca nos pongamos de acuerdo sobre cuántos son los Ninis. Para empezar, porque no sabremos cómo localizarlos, contarlos, clasificarlos. Porque tengo 10 amigos que no estudian y hacen como que trabajan; porque otros son autodidactas -no es broma- y de empleo, uf, no les conozco uno estable. ¿Son Ninis? Conozco los que ni trabajan ni tienen empleo y tampoco quieren alguno de los dos sino la pachanga. Y hay miles y miles de mexicanas en este momento que se dedican a su hogar, a sacar adelante con uñas y dientes a los millones de mexicanos que serán estadística mañana. ¿Cuentan? Porque miles venden drogas, miles se dedican a la piratería, miles al comercio informal en los vagones de Metro o en las afueras de las paradas de autobús en cualquier ciudad. Miles y miles venden quesadillas sin queso en el DF, burritos de asaderos en Chihuahua, tortillones en Torreón, semitas en Puebla o puros (supuestamente cubanos, que huelen a perfume) en el puerto de Veracruz o en otras ciudades playeras; esos, ¿se cuentan como Ninis? Porque tuve una novia a la que todavía quiero que vivía de propinas y antes, de bailar los batacazos de un novio hippie con el que recorrió el mundo antes de conocerme; porque miles y miles de ciudadanos nacen en pueblos que apenas tienen nombre o en barrios sin pavimento y sin drenaje (que es, señores, como no tener madre) y aunque jalan de aquí y de allá unos pesos para vivir, ni estudian ni trabajan y no reportan a ninguna institución y son indígenas o miserables en extremo y entonces pregunto: esos desaparecidos, perdidos, los fuera de la estadística, ¿cuentan como Ninis?

Porque están los enfermos mentales, los yonquis, los sicarios, los presos, los parias, los aplastados con discapacidades, los pobres de los pobres que ni ellos ni sus padres tienen escuela o trabajo. ¿Esos también son Ninis?

Porque están sus hijos, y los hijos del México que viene. Sin futuro y sin destino, sin esperanza, ¿usted les rechazaría desde ahora el perdón? ¿Que les caiga toda la fuerza de un Estado que no pudo darles educación, salud, empleo?

O que se vuelvan Trinis, el mayor producto del sexenio. Son los que ni trabajan, ni estudian, ni viven. Son esos miles ya muertos que no tuvieron tiempo para pensar en el bien o en el mal (y por lo tanto no merecían otra oportunidad) porque, engañados por el crimen organizado, estaban atareados en sobrevivir. Y un día cualquiera cayeron de rodillas, sobre el pecho, en un charco de sangre propia. Como perros machucados en las avenidas.

Son los que no merecen amnistía, una segunda oportunidad o comprensión. (Para esos, todo el poder del Estado aunque los jefes de jefes sigan despachando desde la clandestinidad). Son los que quedarán como una estadística vaga, incómoda y maldita.

Alejandro Paez Varela/eluniversal.com.mx

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El Roto

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¿El huevo o la gallina?

La antigua pregunta de qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?, ha sido tentativamente respondida por la Ciencia. ¿El veredicto?La Gallina o pollo fue primero que el huevo, para ser más precisos primero fue una proteína, con la que se pudo formar el cascarón del primer huevo.

La proteína, llamada ovocledidin-17, era conocida por unir las moléculas de calcita que forman los cascarones, pero el mecanismo detrás de esto no estaba claro hasta ahora. La proteína actúa como una máquina molecular, uniendo las nanopartículas de calcita y las guiá para que se auto-ensamblen y formen el cascarón. Este descubrimiento trae grandes ideas a la mesa para poder desarrollar métodos de auto-ensamblajes en nano-escala usando procesos naturales, y al mismo tiempo dan un fin a la pregunta que se discutía en reuniones sociales por todo el mundo.

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Volando

¡Horror al crimen! Ya estamos a treinta. Es un crimen el modo en que el mes se comió al mes. Hace ya dos semanas del magno festejo independiente. Acabo de cortarme el pelo y ya me creció. Acaban de bañar a los perros y ya están sucios. En una semana se han puestos negros como trapeadores. Hace ocho meses me invitaron a dar una platicadita en la OEA y ya viene corriendo el día cuatro en que tendré que subirme, sola, porque no invitan compañía, a un avión rumbo a Washington.

Punto: Me gustan los viajes en tertulia. Pasar por todo el predicamento de las revisiones antes subirse al avión, por el relleno de formas, la comida, el frío del aire acondicionado chismeando el asunto con alguien, es hasta divertido. Hacerlo sola es el hartazgo. Y miren que yo soy buena para ir de mis soledades a mis soledades venir. Caminar a solas me encanta, pensar, hacer ejercicio, leer, escribir, ir de compras. Todo eso, feliz. Pero comer y viajar me cuesta muchísimo trabajo hacerlo a solas. Y, diría Borges, lo cuento porque la experiencia de un ser humano puede parecerse a la de otros y entonces hablo por mí y por muchos. Y no es sólo cosa de humanos esto de tender a las manadas y ambicionar la compañía. Los perros que me duermen junto a mi escritorio también detestan la soledad. Con todo y que no viajan más que a Puebla.

Punto y seguido: El asunto es que viajaré sola a hablar del crecimiento interior en las mujeres. Algo así. Tengo uno de esos temas en que uno puede empezar en donde sea y terminar -como el alumno aquel que sólo sabía hablar de los fenicios-: en los fenicios. Pueblo de barcos, comerciantes y telas preciosas. ¿No era así la lección?

Punto y aparte: Hoy sí que he hilado fino en esto de no decir nada mientras digo y digo. Murió mi amigo Julián Dib. Tendría que presentárselos para que entiendan por qué siento su muerte y desde cuando era mi amigo, aunque haga tantos años que no lo veía. Cuando yo terminé la preparatoria, a los dieciocho, detuve el mundo un ratito. Y me puse a trabajar, es un decir, ayudando a mi papá en el lote de venta de coches usados que era su negocio. Aún resulta conmovedor pensar en los atajos de mi padre. El estudió ingeniería automotriz en Italia, pero en México la única manera de tratar con las máquinas de los autos era vendiéndolos y él tenía pasión por los autos y urgencia de mantenernos con algo. Así que vendía coches usados. Su local estaba junto al de los Dib, que tenían más vocación y destreza para las ventas que cualquiera que pudiéramos tener nosotros. Cuando un cliente caí en mis manos, lo probable es que saliera sin comprar nada. Cuando caí en las de mi padre el cliente se llevaba un coche, lo que no significaba que lo pagaría. Éramos pésimos vendedores. En cambio Julián y su padre, en el lote de junto, comerciaban todo el día. Y en los ratos de ocio nos visitábamos. Quién sabe de qué hablaríamos, porque ahora no me imagino ningún punto en común. Pero entonces Julián hijo empezaba las conversaciones diciendo: ¿Quépsógelitos? Y algo contábamos después. Era largo y flaco, tímido y escéptico. Hablaba una media lengua. De niñas su hermana Lola y yo fuimos muy amigas y su papá me regaló la primera caja de mi larga colección. Una caja de puros, vacía, oliendo a tabaco y madera que aún recuerdo como un tesoro. Los Dib eran como unos parientes sin papeles, legales y legítimos como otros. Luego el tiempo nos puso a cada quien en los suyo y no nos vimos en años. Pero yo supe que Julián tuvo una hija preciosa con una mujer sabia y feliz, que luego se casó y tuvo dos hijos y que siempre, pero siempre tuvo pasión por los coches y la velocidad. Tanta pasión que fue de los coches a los aviones y que murió piloteando uno en el que hacía piruetas. Julián era un piloto preciso aunque insensato, diestro, pero arriesgado. Creo que gozaba volando aviones. Eso se dice ahora y se dijo mucho. Así hay que pensarlo. Julián murió en el azul que tanto le gustaba. Y quien crea en otras vidas ha de mirarlo allá. Yo que creo en ésta, abro ahora la ventana, veo el horizonte rompiendo un lugar entre los árboles y me imagino que algo de su pasión por los aviones debió haberse quedado entre las nubes. De ahí voy a tomar un poco la próxima semana, para ir a Washington sin protestas: volando.

Angeles Mastretta

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Mafalda

29 de septiembre de 1964. La tira Mafalda comienza a publicarse (a razón de dos por semana) en la revista Primera Plana. Aparecen como personajes Mafalda y su papá.

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Isabelle

viviana kasses

… sí, vale, que Isabelle pertenece a una familia noble, es educada y se comporta como ha de comportarse una señorita de su categoría en cualquier acontecimiento social. Pero lo que pasó en aquella cena no tiene nombre, padre. Estuvo toda la noche intentando alcanzar con sus gruesos y grotescos dedos la bragueta de mis knickers. No le culpo, válgame Dios. Sólo digo que me sorprendió, no esperaba esa pérdida de papeles. Así que no me regañe por haber bautizado con sopa al pobre coronel Emsworth. Con lo bien que me cae… Ya sabe que soy un alma asustadiza e insegura. Perdóneme por todo aquel numerito que vino después de la tarta y de lo que le dije enloquecido a la Tata Gloria. Ni yo me lo creo todavía. Estoy tan avergonzado… Sólo espero que entienda mi situación. Isabelle siempre ha estado detrás de mí, desde que éramos pequeños. Solíamos jugar en el estanque y ella me tiraba tierra a los ojos, no a la cara, a los ojos. Era la manera de expresar su amor. Y mira por dónde, igual no es correspondida por esas pequeñas costumbres que tenía, no le descubro ahora al hijo tan rencoroso que ha criado…

El joven cambió de postura en la hamaca. El muslo de su pierna derecha ya lo tenía entumecido y ahora quería hacer lo propio con el izquierdo.

En fin, esta tarde he estado con Lionel. ¿Sabe de lo que me ha estado hablando? Del espectro visible. Estaba desquiciado, aseguraba que si los humanos respondiéramos a longitudes de onda de nueve nanómetros o algo así, la lujuria no sería tal y como hoy la concebimos, sino que nos convertiríamos en unos caníbales sexuales sedientos de huesos y cartílagos. Ha sido terrible. Ese muchacho cada día me preocupa más, está completamente perdido. Su pobre madre… bueno, cambiemos de tema. ¿Visitó al doctor como acordamos?

Del blog de Perico Romero

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Stay

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Destruirse a si mismo


No recuerdo en qué momento comencé a considerar mi vida como una enfermedad que ni siquiera la posibilidad del suicidio podría atenuar. Sin embargo, no me amargué por ello e intenté obtener de esa enfermedad un poco de conocimiento y placer. Cuando me preguntan a qué me dedico, respondo que a la lenta destrucción de mí mismo, quiero decir con esto que me encuentro de parte de la enfermedad, es decir de la vida, es decir de la nada. Durante esas noches largas en las que procuro beber hasta quedar tirado en el piso, queda siempre algo en la memoria (beber a medias me parece un desperdicio, un lujo que no puedo ofrecerme). Me gustaría tener una libreta para anotar un poco de lo que se dice en el delirio, pero no tengo paciencia y las veces que lo he intentado termino perdiendo las anotaciones. Miguel Calderón es la mejor broma que me ha jugado el diablo y su compañía es como una droga que me pone siempre en buen camino. A él también le gusta destruirse, me imagino porque el desasosiego se apodera de su ánimo, o la ansiedad, o simplemente lo hace a causa de un impulso que no puede controlar (a este respecto todas las explicaciones resultan inocentes, por no decir idiotas). Ambos tenemos también algo de solitarios pese a estar todo el tiempo rodeados de personas; casi todos los que nos rodean conforman una mala escenografía que nos dedicamos a cambiar cada vez que podemos. Ahora bien, Oscar Wilde se daba cuenta de que estaba equivocado cuando una persona se mostraba de acuerdo con él. No tiene gracia estar de acuerdo con nadie en cuestiones de arte, placer o conocimiento, en todo caso es preferible llevar la contra, entrar por la puerta donde no existen verdades y mostrar que todo podría haber sido justo de otra manera. En resumen: habitamos una equivocación que cada día se complica más, pero al menos para mí eso tiene un sentido. De pronto he visto a Miguel sacar de la bolsa de su pantalón una libreta marca Ideal para escribir una frase o hacer un garabato. La libreta está tan maltratada que parece sacada de la garganta de un perro. La frase que nos parece genial cuando estamos ebrios a las cuatro de la mañana puede amanecer muerta al día siguiente, pero nos arriesgamos. Me imagino que la escritura nocturna consiste en eso, en ser efímera y en suicidarse antes de volverse una verdad moral o una oración memorable. Sin embargo, es posible que en ese afán por la destrucción se encuentre de pronto un veneno verdadero, y entonces las cosas se vuelvan menos estúpidas. En algunas notas de Fernando Pessoa encontradas después de su muerte puede leerse esto: \\\\\\\\\\\\\\"Desde que existe inteligencia toda vida es imposible.\\\\\\\\\\\\\\" Me imagino que para el escritor portugués, como para otros artistas, la inteligencia es un obstáculo para el encuentro con la vida primitiva o esencial, pero no es así: la vida más emocionante (al menos la única que me interesa) es aquella donde la inteligencia comienza una lucha contra sí misma, una batalla que se encuentra perdida de antemano. Yo creo que Miguel estará más o menos de acuerdo conmigo, aunque nunca se sabe. Se queja de que quiero convertirlo en un intelectual, aunque hace siempre lo que le viene en gana. De entre los artistas que conozco es uno de los pocos que lee buenos libros, hecho que lo vuelve aún más malicioso, o más perspicaz si se quiere. Hay que estar alerta todo el tiempo y nunca a beber a medias.

Guillermo Fadanelli

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