Entrevista con Szymborska
Gracias a @libreros descubro una entrevista con Wislawa Szymborska. Se publicó hace unos meses en la revista semanal de La vanguardia. La poeta polaca establece de inmediato las reglas de la conversación: "Primero, no me gusta hablar de poesía. Segundo, no me gusta hablar de Wislawa Szymborska, es decir, de mí. Tercero, no me gusta hablar de política." Se muestra dispuesta a hablar de animales, de plantas, de amistad. Describe el mundo como un planeta que antes fue azul pero ahora es puro ruido:
(El mundo) es una bola que hace un montón de ruido, ¿no lo oyen?, está hablando todo el tiempo, es escandalosa, ¡una bola charlatana con un montón de palabras! Hay un montón de información, que en dos minutos recorre todo el planeta pero, si se fijan, son tonterías absolutas, informaciones que no tienen ninguna importancia.
Entrevista con Szymborska
Fuente: http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/
CUÁNDO LAS FOTOS DE MODA NO ERAN GROSERÍA
A veces algunos de mis amigos aficionados a la fotografía hablan de fotos de moda. La conclusión suele ser unánime: hieden.
Entiendo la reacción impulsiva. En mi trabajo como periodista he tenido que soportar esos productos que ahora llaman editoriales de moda: pura y simple publicidad en un packaging grandilocuente, como de pureza existencial. Me recuerdan a las personas que entran en una estancia haciendo resonar los colgantes de bisutería que pretende pasar por joyería. Dicen: “aquí estoy, soy guay y tú no lo eres”.
Los quioscos están llenos de pornografía semiótica de esta calaña (algunas mentes también, pero eso es otra historia). Fotografías de valor cero.
En el bello artículo Cómo la fotografía ha arruinado la vida de millones de mujeres, Txema Rodríguez, que además de fotógrafo es un tipo que no ha perdido el alma en el marasmo, apunta a los parásitos que han llevado las fotos de moda a un “punto grotesco” y les llama “gente que construye la imagen del otro sexo sin observarlo”.
Cuando mis amigos reniegan de las fotografías de moda están sobrados de razones, lo sé.
Tendente como soy a llevar la contraria (sobre todo para no terminar hablando de lo de siempre, o sea, reduciendo el lenguaje a la primera persona del singular), suelo meterme en camisa de once varas y les hago ver que no podemos, no debemos, quedarnos enVanity Fair, Vice (por citar a los dos extremos de las revistas parasitarias de lo femenino: la casta y la grosera) o cualquiera de sus muchas hermanastras, porque no son más que basura.
Entonces les hablo de Erwin Blumenfeld (1897-1969). O mejor, porque la verbalización no hace más que añadir ruido a la pureza emocional de las fotos, les enseño a Blumenfeld.
Cada una de sus fotos es una lección de moralidad y compromiso, una epifanía, una canción.
La erótica, que la hay, tangible y doliente, es de seda, nunca de la basta arpillera que envuelve los editoriales de moda de los basurales de hoy.
Blumenfeld, judió berlinés, hizo fotos desde los ocho años. Fue conductor de ambulancias en la I Guerra Mundial y desertor de la carnicería. Detenido y encarcelado, se exilió en Holanda. Buscó ganarse la vida como librero y peletero, pero en ambos oficios fracasó. En 1936 se estableció en París y conoció a Cecil Beaton, que le apadrina, le considera un hermano, le introduce en el circuito de las fotos de moda.
Blumenfeld no es un esteta de hielo: envuelve a sus modelos en gasas mojadas, las retrata bajo la óptica de la imperfección, las obliga a comulgar y comprometerse, jugar…
En 1939 -no sin antes firmar el más certero de los retratos de Hitler-, convence a Lisa Fonssagrives para que se cuelgue de la Torre Eiffel.
El reportaje, que publica Vogue, es un poema a la libertad, una de las obras de arte más hermosas del siglo XX.
Cuando la fotografía de lo femenino es “parafílica”, como dice Txema Rodríguez, tenemos que determinarnos en la labor crucial: “La belleza se encuentra y admira, no se construye o crea, porque sucede espontáneamente a través de quien la descubre y la muestra a otros”.
Se deben romper las reglas, desde luego. Para eso fueron concebidas, para encontrar la mano que las quiebre y las reinvente para que la siguiente mano vuelva a quebrarlas. Pero nada se rompe a través de la grosería. Como un escupitajo hacia el cielo, el insulto siempre retorna.
Blumemfeld opinaba que “la belleza está en el accidente, el mal balance, el tropiezo, la sensibilidad transtornada”.
Su carrera -que hoy utilizo en Xpo como referente y patrón de una ética que no considero perdida pese a la afluencia de tiburones reaccionarios en el mar revuelto de las fotos de moda- fue un ejemplo de trascendencia.
Incluso en los trabajos de encargo tensó el límite, buscó las pistas de aterrizaje, el gesto sacerdotal, el baile apócrifo que debemos trazar en el mundo lleno de nosotros.
Ánxel Grove
Los autores de este artículo :
Sobre nosotros

Fuente: http://tesy-ellenguajedelasflores.blogspot.com
Yo no se nada: Oliverio Girondo
Espantapájaros (al alcance de todos)
Yo no sé nada
Tú no sabes nada
Ud. no sabe nada
Él no sabe nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada.
La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era —¡sin discusión!—
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación. (Gutural,
lo más guturalmente que
se pueda.) Creo que
creo en lo que creo
que no creo. Y creo
que no creo en lo
que creo que creo.
" Cantar de las ranas "
¡Y ¡Y ¿A ¿A ¡Y ¡T
su ba llí llá su ba
bo jo es es bo jo
las las tá? tá? las las
es es ¡A ¡A es es
ca ca quí cá ca ca
le le no no le le
ras ras es es ras ras
arri aba tá tá arrí aba
ba!... jo!... !... !... ba!... jo!...
lo vi en: http://carmenlobo.blogcindario.com
Voluntad argumentativa
La conquista del diálogo no es el acuerdo, sino el reconocimiento. Cada uno reconoce el derecho del otro a hablar. El diálogo exige atención, no acuerdo. De la conversación no nace necesariamente el entendimiento. El acuerdo es apenas una posibilidad del diálogo. Los dialogantes pueden salir del encuentro con las mismas ideas con las que llegaron. El prejuicio puede, incluso, reforzarse tras el cruce de las recriminaciones. Por eso hay que tener claro que el diálogo no es la mágica solución. Pero el intercambio de palabras—sobre todo cuando éstas resuenan en público—sí es capaz de transformar de forma importante el espacio político. Convertido en una especie de ceremonia constitutiva de la democracia, logra ser la mejor escenificación de la diversidad y de la razón. El diálogo es la muestra visible del pluralismo razonante. Reconocimiento de que hay distintas percepciones, distintos argumentos, distintas percepciones y propuestas. El diálogo no es un torneo de fuerza, ni siquiera de esa fuerza simbólica que es el agregado de votos, sino, por el contrario, celebración de la idea y la razón, de la elocuencia y la sensibilidad.
El diálogo reciente en el Castillo de Chapultepec fue un evento insólito. Tras una marcha que fue recogiendo los testimonios más desgarradores del dolor mexicano, el presidente de la república se dispuso a escuchar los reclamos y se empeñó en convencer a sus oyentes. Sabia perfectamente que sus interlocutores no se reunían para elogiarlo. Sabía que los cuestionamientos que escucharía no serían marginales sino que iban al corazón de su gobierno. Sabiendo todo ésto, acudió a la cita. Algo importante ha sucedido en México, cuando vemos al presidente recibir el embate de críticas severas y llamados urgentes a cambiar la estrategia central de su gobierno. El fenómeno se explica, como han resaltado algunos, por el cambio de régimen. Hubo un régimen político que, en su peor momento, respondió con balas al llamado del diálogo. Éste escucha y habla. Pero la ceremonia del jueves no se entiende solamente por la transformación histórica del sistema político. Debe reconocerse el papel del presidente, su experiencia y su talante para apreciar esta oxigenación de la vida pública a través del diálogo. Ni el antecesor de Calderón ni quien estuvo a punto de ocupar su puesto en 2006 hubieran podido encarar la quemante inconformidad, el reclamo rabioso o la exigencia serena y honda de pedir perdón.
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El plano inmortal
Quienes han ido reduciendo el número de amigos y conocidos no saben lo que se pierden. En realidad se trataría de una manera implícita de ir perdiéndose a sí mismo. No hace falta acudir al formidable éxito de las actuales redes sociales para apreciar de qué modo la gente busca ávidamente a la gente. Del tú al otro tú se tiende la vida como un cable del que cabe penden enseguida muchos más asuntos y ese intervalo multiplica por mil los efectos longitudinales de cada cual. Y, además, con una ventaja decisiva: en la multiplicación del ego coral no se llega a un ego más pesado sino que, como las bandadas de pájaros, se logra un ego que vuela más ligero y gozoso en compañía.
El bien y el mal que se gesta en la relación múltiple crea así, casi de inmediato, una constelación en la cual perdemos importancia individual para procurar ganancia a la malla. Esta grupalidad de tendencia creciente y cada vez más surtida reparte naturalmente sus conquistas y ensancha el zurrón de cada cual con más vidas humanas. O lo que es lo mismo, la vida que imaginábamos como una línea pasa a convertirse en un plano, otra dimensión incomparable, la dimensión que acaso soñábamos como el territorio de la inmortalidad.
Vicente Verdú/http://www.elboomeran.com
Piscinas ecológicas


Esta pequeña industria ha generado múltiples modelos de piscinas naturales. Cada uno determina las plantas más idóneas en función del clima de la región donde se instale. Sólo los peces no son bienvenidos, porque sus excrementos mermarían el oxígeno en el agua, que interrumpiría el proceso del ecosistema.










