Primero los ricos
¿Cómo pretendemos combatir el crimen organizado con medio país de pobres? ¿Cómo queremos que la gente lea, estudie y se supere si 50 por ciento de los mexicanos ni siquiera alcanza a comer?
Sí, yo sé que es muy divertido tratar de adivinar quiénes van a ser los candidatos a las elecciones presidenciales de 2012 y que pocas cosas pueden ser más apasionantes que darle seguimiento a los besos, abrazos e intercambio de frases célebres en el caso Javier Sicilia.
Pero yo estoy escandalizado con los más recientes datos sobre la pobreza en México, esos que acaba de compartir el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
¿Por qué? Porque a diferencia de las candidaturas rumbo al 2012 o de las aventuras de Javier Sicilia, aquí no estamos hablando ni de fantasías ni de relaciones públicas.
Estamos hablando de algo real, tangible, que duele, que nos pega y que vemos todos los días en todas partes.
En los últimos dos años, la pobreza en México subió en 3.2 millones de personas. Imagíneselas juntas, mendigando una tortilla, sin acceso a servicios básicos, sin salud, sin educación y sin una sola oportunidad para salir adelante.
Esos 3.2 millones de mexicanos jamás van a ser profesionistas, nunca en su vida van a tener la oportunidad de convertirse en gobernador, presidente o diputado.
¿Y quién los atiende? ¿Y quién se preocupa por ellos?
Hoy, 46.2 por ciento de la población de este numerosísimo país es de gente pobre.
Dicho así a lo mejor no significa nada, pero es prácticamente la mitad de los hombres y mujeres que habitan en el territorio nacional.
¿A usted no se le hace tremendo que vivamos en un país así? ¿Usted no cree que es gravísimo que nuestro contexto sea tan patético y que todo nuestro entusiasmo esté puesto en mirar cómo pasean los huesos de los héroes de la Independencia por una avenida de la Ciudad de México?
Dígame, ¿no es un insulto que estemos así y que la noticia más trascendental de toda nuestra nación sea el pleito por el monumento al Bicentenario? ¿A quién le puede interesar construir un monumento en semejantes circunstancias?
Qué poca vocación la de nuestras autoridades y qué poco compromiso el de la mayoría de nuestros medios de
comunicación.
¿Cómo pretendemos combatir el crimen organizado con medio país de pobres? ¿Cómo queremos que la gente lea, estudie y se supere si 50 por ciento de los mexicanos ni siquiera alcanza a comer?
¿A qué clase de democracia podemos aspirar en un contexto tan aberrante? ¿Usted cree que ese medio México no daría uno, dos o 400 votos a cambio de una despensa básica y de un par de ladrillos?
¿A usted le gusta ser pobre? ¿Usted se siente cómodo viviendo en un país de pobres? Yo, no.
Casi no hay día en que no salga a la calle y me sorprenda con un cuadro de alta pobreza.
Casi no hay día en que no encienda el televisor y me vaya de espaldas con los contenidos que nuestros pobres consumen para informarse, para entretenerse, para buscar respuestas.
Es horrible, pero no tanto como la reacción de nuestras autoridades a esta situación.
¿Sabe lo que dijo el secretario de Desarrollo Social en una nota transmitida por CNN? Que el incremento de la pobreza en México se debía a la influenza y a la crisis económica de Estados Unidos.
O sea, según él, se debe a puros factores externos. Aquí no pasa nada. Todo está bien. ¿Así o más cobarde?
¿Y las políticas públicas? ¿Y los programas de desarrollo social? ¿Y la generación de empleos? ¿Y las oportunidades? ¿Y los resultados?
No, eso no importa, lo que importa es que los auténticos responsables de esta catástrofe sigan cobrando y sosteniendo sus bonitas posiciones de poder.
Lo que importa es seguir protegiendo a la autoridad, tenerla contenta, entretenida, y seguirnos colgando de la influenza, de Estados Unidos, del cambio climático o de lo que sea con tal de no asumir una responsabilidad y de hacer algo por los demás.
¿Qué va a pasar el día en que estas cifras se incrementen? ¿Alguien ya se puso a pensar en lo que va a ser vivir en un país con más de 50 por ciento de pobres?
¿A qué clase de seguridad vamos a poder aspirar? ¿Qué clase de educación vamos a tener? ¿Qué va a pasar con nuestra salud? ¿Adónde se van a ir la democracia y las oportunidades?
Si no hacemos algo ya por invertir la tendencia de la pobreza en México, nos va a llevar la tristeza a todos. ¿O usted qué opina? ¿Esto se va a corregir solo? ¿Los pobres se superarán como por arte de magia?
Álvaro Cueva/mileniodiario
El valor de la vida humana (perdón, de la vida de los mexicanos)
El hecho de que la violencia mexicana se diluya en los aconteceres de la vida diaria y forme parte de una especie de normalidad monstruosadice mucho de lo que somos: un pueblo acostumbrado a la presencia de la muerte, una comunidad que acepta los asesinatos con naturalidad. Rasgo común de las sociedades que no han consumado el proceso civilizatorio.
Si nuestros derechos, aquí, no tienen muy alta cotización es porque nuestras vidas tampoco valen demasiado en estos pagos. No he dejado de darle vueltas, en mi cabecita, al tema de Anders Breivik: el tipo perpetró una matanza abominable en Noruega, país civilizado y pacífico donde los haya. El balance de los muertos, todavía provisional en tanto que hay jóvenes desaparecidos en la isla de Utoya, no pasa de cien bajas. Pues bien, en las fosas clandestinas de San Fernando, en Tamaulipas, fueron encontrados algo así como 180 cadáveres. Una cosa no tiene que ver con la otra, desde luego, aunque ambas son manifestaciones terroríficas del Mal. La masacre mexicana, sin embargo, cometida por gente tan real como el asesino noruego pero ocurrida en circunstancias escandalosamente oscuras, no ha llenado los titulares de todos los diarios del mundo ni suscitado sesudos debates sobre la creciente amenaza de los extremistas: no ha habido un suceso concreto que reseñar, no se trata de un atentado espectacular ni de una matazón cometida por un fanático. Es, simplemente, algo que pasó enalgún momento que no está siquiera debidamente consignado. Al final, sin embargo, hay una cantidad espeluznante de personas muertas. De hecho, el doble de víctimas que en Noruega. ¿Cómo es que nos podemos acomodar a una realidad tan estremecedora? ¿Cómo es que no se ha desencadenado un movimiento nacional de indignación y repudio en nuestro país?
El mero hecho de que la violencia mexicana se diluya, por así decirlo, en los aconteceres de la vida diaria de México y que forme parte de una especie de normalidad monstruosa dice mucho de lo que somos: un pueblo acostumbrado, por lo que parece, a la presencia de la muerte y, por ello mismo, una comunidad que acepta los asesinatos con una sorprendente naturalidad. Es este, seguramente, un rasgo común a todas aquellas sociedades que no han consumado el proceso civilizatorio y que no han alcanzado todavía los niveles de desarrollo de las naciones más modernas, utilizado el término modernidad en un sentido que no sólo se refiere a la presencia de tecnologías e infraestructuras sino, sobre todo, al advenimiento de una sensibilidad social que no acepta ya lo inaceptable, a saber, la injusticia, la desigualdad, la barbarie, la violencia, el autoritarismo y la falta de reglas claras.
¿Quiénes mueren, en México? Mueren siempre los otros: los pobres, supongo, los jodidos de siempre, los olvidados y, naturalmente, todos aquellos que “se han buscado” su propia muerte porque andan en malos pasos. Pero en estos últimos tiempos han comenzado también a ser matados individuos mucho más visibles: el hijo de un poeta, la valerosa madre de una joven asesinada y personas que, por su posición irremediablemente privilegiada en un país marcado por una desigualdad social indecente, no pueden ya ser ignoradas. Tenemos así un movimiento incipiente de ciudadanos que pueden hablarle de tú a tú al poder político y tenemos, en consecuencia, algunos signos de que el asunto comienza a preocuparles de verdad a ellos, a nuestros hombres públicos. Ha hecho falta que la sangre comience a salpicarnos, ahora sí, bien cerca.
No me creo, con todo, que nos hayamos vuelto ya una sociedad genuinamente preocupada por la muerte de sus miembros. Lo repito: en Tamaulipas están las fosas de San Fernando. Ha caído ahí tanta gente —en circunstancias espantosas, además— que el suceso parece un crimen de guerra o una masacre étnica. Y repito también que lo que pasó en ese lugar es mucho más horrendo (con el perdón de ustedes, es muy importante poder advertir diferencias en la manerade matar a los seres humanos) que lo sucedido en Oslo y en la isla de Utoya. Y reitero, finalmente, que ni nuestra indignación ni nuestro horror parecen estar a la altura de parecida atrocidad. Esta es, desafortunadamente, la peor constatación que podemos hacer sobre nosotros mismos.
Román Revueltas Retes/mileniodiario
Luz de tahona
En una deliberada confusión entre la realidad y el arte, que es algo que me produce ciertas emociones difíciles de narrar, a veces miro de cerca el rostro de una mujer por si pudiese presentir en su tez las pinceladas del pintor que tendría que haberla retratado. Si se trata de una mujer madura, pienso entonces que es en las incipientes arrugas de la edad donde se escamotea con el empaste de la cosmética el pulso subjetivo del artista, y que lo que lleva estampado en la cara esa mujer no es exactamente su rostro, sino su autorretrato. Hay en la pintura una luz cordial y blanda, diría que una artesanal luz como de bollería de la que carece la realidad; una luz que de donde viene no es del sol, ni de la electricidad, tampoco de la lumbre, sino de un chispazo halógeno dentro del artista, del voltaje de su inspiración, o de la fascinación que sobre su mirada ejerce la polaridad iónica y carnal del modelo retratado. Me ocurre cuando contemplo un paisaje que conozco de haberlo visto en el cuadro de un pintor y descubro que la realidad es a menudo menos fascinante que su reproducción. El paisaje que tengo frente a mí, crudo y tangible, al aire libre, carece de la luz de la acuarela o del óleo y a mí en cierto modo me parece una lástima que a los panoramas que contemplo desde el coche no les asomen por la parte del abajo las patas del caballete del pintor que en ese instante tendría que estar retocando la realidad con las pinceladas que, al deformarla, la hagan aun más sugerente. ¿Será que, por surrealista que parezca, los paisajes pierden mucho contemplados a la intemperie? Trasladada a un cuadro, la arena de la playa en la que me fumé aquel cigarrillo una tarde de septiembre resulta sin duda lúcida y mantecosa a la vez, como si hubiese sido reproducida estirando sobre el lienzo con una espátula la luz cereal de la tahona, la nata merengada en la que convierte la imaginación del artista la solidez catastral de la geografía. El problema surge cuando al espectador le incomoda que la realidad sea menos apasionante que su reproducción al óleo y cierra los ojos frente a un paisaje para imaginar como sería en el lienzo que aguarda por la copia en la penumbra casi medicinal del taller del artista. Pero no hay que preocuparse por esa dificultad de ajuste entre la realidad y su versión pictórica. A fin de cuentas, a todos nos ocurre que en la contemplación de la belleza real somos incapaces de evitar la conjetura sobre como sería el aspecto de aquella mujer madura en el caso de que en nuestro rostro lo que se cerrase de verdad no fuese la óptica objetiva de nuestros ojos, sino la mirada ovípara del pintor.
José Luis Alvite/larazon.es
Harrison Ford se reencuentra con Chewbacca
Genial la aparición de Harrison Ford y su reencuentro con Chewbacca en una especie de sketch dentro de su promoción de Cowboys and aliens.
Lo vi en: http://cine-irreductible.blogspot.com/
¿De dónde proceden los nombres de las marcas más célebres?
How big companies got their names es el título de un buen recopilatorio de curiosidades sobre cómo las grandes compañías han terminado llamándose así... Algunas vienen con sorpresa.
YO TAMBIÉN ESTOY HASTA LA MADRE
Claro que también estoy hasta la madre. Pero también estoy hasta la madre de los que dicen estar hasta la madre. Sí, porque este miércoles 6 de abril, a la gente que apuntó con su índice para acusar lo señalaban sus otros tres dedos.
Entre quienes marcharon para recordarle al Gobierno Federal su “ineptitud para combatir al narcotráfico”, hubo muchos, demasiados culpables directa o indirectamente de lo que está pasando en el país.
Así es, entre ellos caminó aquél que compra piratería y con ella llena buena parte de los bolsillos de las organizaciones delictivas.
Se indignaron también los ejecutivos que terminando la procesión se fueron al table dance donde un grupo de extranjeras y mexicanas son explotadas por las mafias mexicanas.
Clamaron justicia los que han contratado a indígenas desplazadas de sus comunidades por la narcoviolencia y las subcontratan con sueldos infrahumanos.
Estuvieron ahí los que se han hecho de la vista gorda cuando circulan comandos armados por las calles, cuando presencian un secuestro, una extorsión, y no se atreven a levantar el auricular del teléfono para denunciar.
Se desgarraron las vestiduras los padres de los juniors que permiten que sus hijos estén en bares y cantinas desde el miércoles hasta el domingo en compañía de personas que los inducen al delito.
Presentes también quienes bajo el pretexto de su seguridad personal arman a sus escoltas con pistolas y vehículos blindados que luego utilizan para delinquir al ser despedidos injustificadamente.
Gritaron consignas los mismos samaritanos que nunca le han preguntado a su obispo, ni a su párroco, ni al cura, de dónde sacaron la camioneta último modelo que le dieron en calidad de “narcolimosna”.
Exigió justicia el empresario que presta los vehículos de su negocio para transportar droga.
Se indignó aquél que compra su ropa de “marca” ingresada ilegalmente al país. También el que dio una “mordida” para que entrara su auto extranjero a nuestro territorio.
Estaban ahí a quienes una muerte les parece más indignante que otra. Quienes creen que sí tienen derecho de exigir justicia y que su caso es más urgente que el resto de los 40 mil asesinados en este sexenio.
Estuvieron ahí quienes creen que Malverde es un héroe nacional y quienes también creen que “el que no tranza no avanza”.
Estuvieron ahí quienes bajo la protección del PRI vivieron una etapa de bonanza y añoran el regreso de “aquellos tiempos en los que se robaba, pero también se repartía”. Prepararon su discurso quienes militan en la izquierda pero surgieron del tricolor. También aquellos que brincan de un partido a otro de la forma en que les convenga.
Acudieron quienes por la mañana se sentaron a firmar un contrato fantasma para una licitación a modo de una obra que jamás se concluirá.
Estaban también quienes darán su total apoyo al “candidato” con tal de que “los deje trabajar” a gusto en lo que toda la vida y toda su familia han hecho en aquél lugar que quieren gobernar.
Fueron aquellos que publican noticias de muertos como si se tratara de perros. A quienes no les importa la vida de quien están hablando y en cuestión de dos o tres teclazos destruyen la buena reputación de aquél que les caía mal, o era detractor de la línea editorial de su publicación, o simplemente no les quiso comprar publicidad.
Si me preguntan si estoy hasta la madre les respondo que sí, claro que sí. Desde hace siete años que publico este espacio estoy hasta la madre y lo he hecho notar, sin importar partido, región, ni situación económica.
Estoy hasta la madre de tanta violencia pero también estoy hasta la madre de tanta incongruencia.
Aquí todos somos culpables directa o indirectamente. No se trata de la guerra del Gobierno Federal contra los narcos. Se debe tratar de la lucha del municipio, estado y país contra un grupo de delincuentes a los que dejamos crecer y apoderarse de nuestra capacidad de asombro, de compasión, de nuestra honradez y nuestra dignidad.
Se trata de una lucha contra nuestra forma de pensar y de la forma en que hemos dirigido o dejado dirigir a nuestra sociedad.
Estoy hasta la madre de tantos años de “dejar hacer y dejar pasar mientras no se metan conmigo y mi familia”.
Estoy hasta la madre de eso en lo que nos hemos convertido.
Contacto:columnaenelpunto@gmail.com, en Twitter http://twitter.com/thonydiaz y en Facebook en En el Punto por Antonio González Díaz.
http://www.mexicanal.com/blog-entry/antonio-gonzalez/34440
La soga
Tengo un sueño recurrente,
camino por un desierto,
me topo con un oasis y mis amigos-as me alimentan,
bebo y como.. y......soy la persona más feliz del mundo.
Luego sigo caminando, kilómetros de arena,
dunas espectaculares,
de pronto caigo en una especie de arenas movedizas,
como en las películas,
siempre es la misma persona la que mediante una vieja soga
logra rescatarme
y no es precisamente Indiana Jones
Tiempo de verano
Prendo un cigarrillo con un mechero de gasolina
es mechero porque funciona con una mecha
estoy escuchando al Pájaro, a Charlie Parker...The Bird
tiempo de verano.....
más abajo les pongo esta canción,
cierren sus ojos e imaginen
imaginen lo que quieran
¿cuantas cosas dejamos de hacer por prejuicios?,
¿por cuantas cosas que no hacemos nos sentimos unos imbéciles?







