Los gallegos volvemos a emigrar

Nadie podía imaginarse que países como Italia o España pudieran estar en el filo del abismo financiero, en el mayor agujero económico desde hace muchas décadas, tal vez desde las dos grandes guerras.

Grecia es un pequeño país cuyos gobernantes ocultaron la verdad de sus maltrechas finanzas por estar en la primera línea. En Irlanda, la crisis del ladrillo pero, sobre todo la bancaria, le ha pasado tal factura que tardará años en recuperarse. Portugal nunca salió de su recesión y su prima de riesgo terminó en forma de bono basura. Nadie confía en estos tres países. El problema es que ya nadie se fía de la mayoría de los países de la Unión Europea.

El caso de Italia es mucho más serio. ¿Cómo es posible que tengamos que salir al rescate de uno de los siete países más ricos del mundo? ¿Cómo es posible que también haya que rescatar a España cuando genera el 20 por ciento del PIB de Europa y es la cuarta potencia más rica del Viejo Continente? Pero aún más. ¿Por qué Estados Unidos, la gran superpotencia, podría tener severos problemas a partir del 2 de Agosto si no paga su deuda? ¿Qué está pasando?

Para empezar, que tenemos a unos lideres demasiado mediocres y ególatras. No hay más que ver a Rodríguez Zapatero en España, a Berlusconi en Italia o al mismísimo Sarkozy en Francia que está más preocupado en ganar las elecciones que en sacar al país a flote. Por cierto, que los mercados empiezan ya también a mirar hacia el país galo.

El asunto es muy serio, tanto que habría que preguntarse si el modelo capitalista sabrá soportar la embestida de los mercados, esos monstruos que el propio capitalismo creó para hacerse más fuerte a costa de la especulación. Es un monstruo que ahora se ha revelado, como a Shelley se le reveló Frankenstein, esa criatura demoniaca pero con atisbos inocentes.

Lo escribí hace unas semanas y lo vuelvo a hacer ahora. Aquí en el Viejo Continente seguimos viviendo de los réditos de Aristóteles y Ovidio y el Renacimiento, de la Revolución francesa y de los vanguardistas. Nos miramos nuestro propio ombligo aposentándonos en una cultura que nos dio el poso de la erudición pero no de la experiencia. Ahora, lo estamos pagando.

Somos un continente mayor y nos estamos muriendo poco a poco. La creación del euro fue un experimento para intentar ayudar al progreso. Sólo cosechamos que el virus se expandiera por todo el cuerpo. De hecho, los británicos suspiran con alivio al haber respetado su libra y no haber entrado en el euro. Ya no hablamos de los suizos o los noruegos, que nunca quisieron entrar en la Unión Europea porque entendieron que iban a dar mucho más que recibir.

Por eso España mira hacia otros mercados, los jóvenes y ágiles. Europa mira hacia Asia y África pero sobre todo a América Latina. El potencial es extraordinario. El joven continente crece a un ritmo de un tren de alta velocidad mientras en Europa se quedaron en los antiguos ferrocarriles de la revolución industrial.

Hoy vemos en España un crisol de razas. Todos los que vinieron pensaron que en España encontrarían su maná. Todos se equivocaron. El maná no está en Europa sino en América. No me extrañaría que los gallegos tuviéramos que volver a salir a América para poder vivir onerosamente. Aquí no nos comemos ni una rosca.

Joaquín Peláez/mileniodiario

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