Con la frente marchita

Los madridistas, especie de tropa que se debate entre franquistas y mourinhistas, poco o nada cambió su estilo de vida en cincuenta años, sigue creyéndose una clase superior capaz de arreglarlo todo a costillas del señorío. Pero sucede que la historia sepulta ídolos a su paso (Di Stéfano), crea nuevos patriarcas (Guardiola) y funda culturas (Barça). La madridista es una civilización enterrada en sus propios monumentos (La Cibeles), arcaica, impenetrable y martelinada por los dogmas del hispanismo más rancio. El Real Madrid representa lo mejor y peor de España, un país que advirtió el cambio, pero fingió encadenarse a la monarquía, que de paso es inocente. En fin, el Madrid de Mourinho y Florentino para entendernos piensa que vivimos en tiempos de señores feudales. Se construyó un cerco alrededor del Bernabéu tapiado de relieves góticos, y otra vez, terminó evadiendo la realidad. Vaya paradoja, el Real Madrid es una institución irreal del siglo veintiuno: villano en las redes sociales, perseguido por Greenpeace, ajeno a la cantera y cercano a Wall Street. Propenso al escándalo. En cinco años perdió la mitad del siglo, cosas de las telecomunicaciones, el sino de nuestros días, al que basta un pueblo de followers para crear nación. Mañana el Madrid se juega vs Falcao, un líder guerrillero con la frente marchita, algo más que La Liga y la continuidad de su último emperador: José Napoleón Malaparte Mourinho. El Madrid se juega la mitad de su historia. La historia que viene. La de un Club perdedor del futuro, que retó al popular Barça de Gepetto, artesano de futbolistas en épocas de Facebook y YouTube, donde tienen más likes el Aleti de Sabina y el Barça de Serrat, que el operístico Madrid de Plácido Domingo.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo

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