Dragon Mart…

Que China es la fábrica del mundo no es una novedad. Desde hace décadas, buena cantidad de los productos industriales que consumimos viene de aquel país.

Lo que se sabe poco es que China se ha ido convirtiendo,silenciosamente, en el mayor exportador de mano de obra. Efectivamente, millones de chinos y chinas están construyendo enormes infraestructuras en Angola, Sri Lanka, Kazajistán, Mozambique, Guinea, Costa Rica…

Otros cientos de miles son vendedores ambulantes en Caracas, El Cairo, Johanesburgo…

Decenas de miles más están repartidos en todos y cada uno de los países de la Unión Europea como microempresarios que venden, en pequeños comercios, productos de su país.

En los últimos 20 años se calcula que han salido de China, para asentarse en el resto del mundo, más de 30 millones de chinos.

Los usos y costumbres autoritarios a los que han sido sometidos por siglos los habitantes de aquel país, víctima también de violencia indiscriminada, han convertido a muchos chinos en seres disciplinados y sufridos, dispuestos a trabajar en las más difíciles condiciones a cambio de un salario miserable y sin ningún tipo de prestación. Eso es —tristemente — lo que los ha hecho enormemente eficaces y competitivos.

Por otra parte, el gobierno y las empresas chinas son los más ricos del mundo. Su productividad y capacidad de ahorro han hecho de las entidades chinas las mejor pertrechadas y dispuestas para otorgar créditos, presentar proyectos y… también ofrecer mano de obra barata.

Así, con tales buenas razones, los chinos han seducido a muchos gobiernos pobres o perezosos de países atrasados, ricos en materias primas.

En otros sitios, el señuelo chino ha sido acercar productos de gran demanda, vendidos a crédito en la puerta de la casa. En Egipto, venden ropa barata de algodón; en España, electrodomésticos y baratijas; en Rusia, vehículos y artículos para el confort…

Pero, la imaginación y la audacia china no tienen límite. En el antiguo Congo Belga construyen carreteras, presas y estadios de futbol (llevan 52 en toda África), a cambio de cobre y cobalto. En la amazonía ecuatoriana construyen caminos de penetración a cambio de petróleo. En Argentina han rentado enormes extensiones de tierra agrícola virgen a cambio de dólares frescos (Cardenal y Araujo. La silenciosa conquista. Ed. Crítica. 2012.)

En nuestro país se habla, desde hace meses, de la próxima construcción de un inmenso espacio comercial similar al Dragon Mart que ya existe en Dubai y que aquí estaría ubicado al sur de Cancún. Ahí, las empresas chinas expondrían mercancías y levantarían pedidos para surtir a los compradores de toda la región.

Se trata de un proyecto con facetas positivas y negativas, como lo son todos. Traería un nuevo tipo de turismo vinculado al comercio y a la industria de toda América Latina, pero implicaría la presencia de varios miles de trabajadores chinos y de una competencia, hasta hoy, desconocida.

¿Están bien informadas las autoridades de todas las condiciones y circunstancias de la inversión? ¿Es una inversión positiva y conveniente para el país?

¿Sí o no al Dragon Mart?

José Antonio Álvarez Lima/MILENIODIARIO

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