El palanganero de Mahoma

El palanganero de Mahoma; por José Luis Alvite

En alguna parte he leído que hay lugares de Bélgica y de Dinamarca en los que se ha decidido suprimir en la calle el árbol de Navidad para no herir los sentimientos religiosos de los residentes musulmanes. La noticia no me produce demasiado estupor; en realidad creo que lo que me sorprende es que, con la prolongada y evidente decadencia de los valores europeos, algo semejante haya tardado tanto en ocurrir. Obsesionados con el cambio climático, nos hemos olvidado de prepararnos para una novedad no menos previsible e inquietante: el cambio cultural. Y no se trata sólo de que el islam pueda expandirse en Europa merced a la fecundidad de sus preceptos, sino, y sobre todo, por la jubilosa  y trepidante fertilidad de sus mujeres. A los musulmanes la idea de tener cuatro hijos todavía les seduce más que el capricho de engendrar un solo hijo y tener tres coches, que es como se entiende ahora en la Europa materialista la evolución demográfica. Hemos sustituido la familia por la metalurgia; y el pensamiento, por el dinero. Sobrecoge la indiferencia con la que abandonamos nuestros criterios morales y renunciamos a las conquistas hechas con la inteligencia, para ceder ante el empuje de ese islamismo radical en el que las discrepancias no se resuelven con un debate, sino que se zanjan con un degüello. Es triste pensar que la última gran obra colectiva de los europeos haya sido la II Guerra Mundial y que después de aquello hayamos vegetado en medio de la indolencia general, entregados a una decadencia que amenaza con dejar los valores de nuestra civilización en manos de quienes se permitirían el lujo y el festín de destruirla. Ahora escondemos el árbol de Navidad y mañana les cubriremos el rostro a nuestras mujeres y les pondremos un burka a nuestras catedrales. Y a mí, que no soy creyente, me entristece la idea de que vayamos a permitir que Cristo acabe de palanganero de Mahoma.

Josè Luis Alvite/larazon.es

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