El pedo suizo de Artur Mas

Se ha organizado un cierto escándalo político y periodístico a raíz de la publicación en el diario «El Mundo» de un borrador policial advirtiendo de la existencia de unas cuentas suizas de Artur Mas y de Jordi Pujol. Yo creo que es un escándalo al que los escandalizados llegan un poco tarde porque la noticia, el verdadero escándalo, sería descubrir lo contrario, puesto que donde suelen tener su dinero muchos de los españoles más relevantes es justamente en Suiza, ese país limpísimo en el que incluso desinfectan la penicilina. A mí me sorprendería muchísimo que tantas de nuestras eminencias financieras y políticas desistiesen del paradero fiscal helvético y tuviesen su dinero en España, que es  donde lo tendrían todos los españoles normales si realmente los ciudadanos corrientes dispusiesen de dinero sobrante. Este simpático contrasentido me recuerda lo que me ocurrió cuando yo llevaba muy mala vida y salía a menudo por la noche con mujeres distintas. Tuve la inmensa suerte de que en casa nadie se enterase de aquello, hasta que un listo le fue a mi mujer con el cuento de que un amigo suyo me había visto dos noches antes alternando en la penumbra de un bar en compañía de una estupenda señora rubia. Fue una suerte que la «estupenda señora rubia» fuese justamente mi mujer. El delator se llevó un buen chasco al suponer que yo jamás haría por la noche, y a oscuras, algo que resultase razonablemente decente. Por eso digo que a lo mejor Artur Mas haría muy bien en guardar su dinero en España, donde nadie es sospechoso de irregularidades hasta que tiene la ocurrencia de transferir fondos a Suiza. El problema surge al hacer movimientos inusuales, como cuando al ser el primero en ausentarte de un almuerzo en un momento de mal olor, al instante todos los que quedan en la mesa sospechan que fuiste tú el cabrón que se tiró el pedo.

Josè Luis Alvite/larazon.es

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