El sex coach: la última moda en sexo

Desde siempre, en Europa hemos tenido la costumbre copiar e integrar en nuestra cultura muchas de las modas que emergían y se consolidaban en Estados Unidos: música, tecnología, modelos de negocio, hábitos de consumo, fiestas (recientemente lo hemos visto con la celebración de Halloween)… y así un largo etcétera de ejemplos.

Esto mismo es lo que ha ocurrido en los últimos tiempos con el fenómeno sex coaching, personificado en la figura del sex coach, una especie de “entrenador sexual” que ofrece a sus clientes (normalmente parejas) una educación sexual completa tanto a nivel teórico como práctico con el objetivo de aumentar su nivel de satisfacción en las relaciones íntimas.

Esta moda se inició, cómo no, en las entrañas de la siempre influyente la isla de Manhattan, desde donde se ha ido extendiendo progresivamente a otras partes del mundo. En España hace poco hemos visto algo relativamente parecido con la emisión del programa Sex Academy, que tuvo una muy buena acogida por parte de la audiencia. En este conocido docu-reality de educación sexual, Marian Frías -sexóloga del programa- se encargaba de dar una serie de premisas y consejos a 5 parejas, mandarles una serie de “deberes”

para hacer en casa y, a posteriori, analizar fríamente los resultados obtenidos por las mismas. En algunos casos, tanto la sexóloga como los espectadores podían ver una grabación de vídeo donde se escuchaba a las parejas mientras practicaban sus relaciones, que en realidad nunca se veían de forma explícita. En definitiva, todo entraba dentro de una cierta lógica.

Sin embargo, la figura del sex coach va mucho más allá. El entrenador sexual llega hasta el punto de conversar con sus clientes, dándoles instrucciones precisas mientras estos practican sus relaciones sexuales en casa. Esto lo hace a través del teléfono, del skype o incluso ¡en propia persona! Como lo lees. Muchos de estos “entrenadores de sexo” deciden estar presentes en el mismo momento y lugar en que la pareja se dispone a disfrutar de sus relaciones íntimas. Algo más propio de las películas, pero que ya es real como la vida misma.

De esta forma, el sex coach se convierte por momentos en un espectador sexual más, aunque a diferencia del voyeur clásico, éste interviene en el transcurso del coito ofreciendo todo tipo de consejos y recomendaciones a la pareja. No obstante, es importante recalcar que el sex coach no puede ni debe tocar ninguna parte del cuerpo masculino o femenino, pues eso se saldría por completo de las funciones para las que se ha contratado.

Lo pillè aquì: http://reflexionesdesdemisofa.blogspot.mx/

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