La agonía de las ideas

Acepto que alguien haga apología de las redes sociales en internet para que me vuelva adepto. Yo mismo soy miembro de alguna y tengo motivos para sentirme satisfecho de los resultados de mi afiliación. Lo que no entiendo es que la realidad virtual haya unido a gente en la distancia al precio de separarla de quienes estaban cerca. Es frecuente que una pareja de novios cene en un restaurante y guarden silencio entre ellos mientras cada uno teclea mensajes en su móvil.¿Será que no soportan la evidencia  matemática de que una pareja sólo son dos? ¿O que las nuevas tecnologías para lo que sirven es para proyectarnos hacia el cosmos infinito de las dichosas redes sociales y aislarnos al mismo tiempo de lo inmediato? Me incorporé hace poco a Twitter y mi actividad se ha reducido prácticamente a cero porque me cuesta entender que alguien pueda expresar una idea medianamente inteligente redactándola en

un puñado de caracteres, algo que a mi solo me parece concebible que lo haga paciente falto de aliento durante el trance de su agonía. ¿Estaremos reduciendo la gramática a la simpleza elemental de la publicidad? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que la expresividad del lenguaje sale ganando a medida que la redacción de un texto se aproxima en su laconismo a la dimensión microgramatical del silencio? A lo mejor con esa economía del leguaje lo que se pretende es que su difusión sin razonamiento sea el sepulcro de las ideas.  Mucho me temo que la reducción de la sintaxis a su estricta dimensión de urgencia  va a suponer en el futuro el exterminio de los conceptos. Y sospecho que si continuamos por ese camino, llegará el día en el que iremos al otorrino preocupados por haber sentido en la garganta algo inquietante y arqueológico, que podría ser la voz, esa cosa que ahora muchos sólo la consideran necesaria para no expectorar en silencio.

Josè Luis Alvite/larazon.es

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