Otra vez, el colapso maya

La verdad es que no entiendo: Science sale este 9 de noviembre con la “novedad” de que el colapso maya se debió a décadas de clima extremo. Y dice que ese colapso es uno de los misterios mundiales más resistentes. No hace menos de 15 años leí que el lecho de un lago en la zona maya había permitido establecer que hubo una sequía de siglos. Con algo así como un saca-bocado se obtiene un tubo de sedimento. Se datan las capas y se analiza desde el grosor hasta el contenido en materia orgánica e inorgánica.

En 2005, Jared Diamond publicó Collapse, una maravilla. Y el capítulo 5 se llama, precisamente “The maya collapses”. Su explicación se basa en una combinación de cambio climático por causas solares, agudizado por la competencia entre caciques mayas. Las hermosas pirámides estaban recubiertas de estuco pintado. El estuco se prepara a base de piedra caliza horneada por días. Los mayas no tenían otro combustible que la madera (mucha de ella caoba), así que arrasaban amplias zonas de selva para decorar sus pirámides.

La situación empeoró por la competencia entre caciques regionales. A diferencia de los aztecas, los mayas no tuvieron un gobierno central unificado, sino una multitud de ciudades-estado y pequeños reinos. Los reyes competían entre sí por territorio y esclavos. Para ostentar su riqueza, nada mejor que la pirámide más alta y más ornamentada: un refulgente BMW ante el Ford del vecino. La depredación de la selva estuvo a cargo de varias decenas de caciques y no de un solo señor o emperador.

Peor aún: la selva lluviosa, a diferencia del bosque templado, crece en la zona maya sobre una capa mínima de tierra vegetal, apenas encima de la roca blanca que vemos al descubierto en cenotes y amplias áreas de hierba escasa. El daño a la naturaleza fue mucho peor que el de los vikingos a sus bosques de pinos para hacer casas y barcos.

Y entonces el Sol entró en uno de sus ciclos. Los hay de 11 y de 22 años. Pero con picos separados por siglos. A los caciques mayas les tocó uno de los fuertes. Kaputt.

El raciocinio tras el método que determina el clima por los sedimentos lacustres es sencillo: la zona maya está toda bajo el trópico y tiene por eso lluvias en verano. La lluvia arrastra tierras, hojas, ramas y animales muertos hacia arroyos y ríos, éstos descargan en lagos y pantanos, el agua se enturbia. Al llegar los meses de sequía, en el agua inmóvil se asientan los arrastres sólidos. Así, año con año, se forma una capa de sedimento diverso en contenido y en cantidad.

Como los investigadores son muy listos, pueden determinar cuánto llovió y qué materia orgánica dominaba en el suelo de la selva lluviosa. Y entonces, ¡eureka!: el siglo X después de Cristo fue seco en el mundo entero, coincide la sequía con un ciclo solar.

Para el siglo X d.C. ya había caído Roma 500 años antes, en el siglo V, y su obispo, el Papa, se había apoderado del centro de la península italiana. A la caída de Roma, la ley y la cultura se amurallaron en Constantinopla, la segunda Roma, fundada por el emperador Constantino, cristiano, para gobernar el oriente de su imperio. Se hablaba griego y no latín, fue el Imperio Bizantino.

“Décadas de clima extremo lisiaron y finalmente decimaron la cultura política y luego la población humana de los antiguos mayas, según nuevo estudio de un equipo interdisciplinario”, señala nota de la Universidad de California en Davis. En apenas 80 años desapareció la organización social y el arte mayas.

Los monumentos mayas muestran la fecha de su construcción y las de hechos significativos. “Los investigadores notaron que el número de monumentos disminuía hacia los años del colapso”, pero sus inscripciones no hacían referencias a cambios ecológicos.

El equipo analizó una estalagmita encontrada en una cueva de Belice. Para datarla buscaron la presencia de un isótopo de oxígeno con lo que pudieron tener “un récord de lluvias de 2 mil años”.

“Periodos de alta precipitación coincidían con aumento de población en centros políticos hacia los años 300 y 660 d.C.” (que coincide con la caída de Roma y la hegemonía de Constantinopla). Las inscripciones muestran un largo periodo de disturbios entre el 660 y el 1000 de nuestra era: guerras, inestabilidad política “y finalmente, colapso político”. Los Jinetes del Apocalipsis: Guerra, Hambruna, Migración forzada, Muerte y por último reducción de la población maya a pocas aldeas perdidas en la selva… “Es un relato precautorio acerca de cuán frágil puede ser nuestra estructura política. ¿Estamos en peligro de seguir los pasos de los mayas?”, pregunta Bruce Winterhalder, co-autor del reporte en Science de este 9 de noviembre.

Luis Gonzalez de Alba/mileniodiario

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