Un portero, un líder, un estadio y un rockero

El último juego que invadió las redes sociales, Celtic Glasgow (2) Barcelona (1), estuvo cargado de símbolos. El futbol que se ha vuelto extravagante, peca de exhibicionismo en aquellos detalles más íntimos acercándose más al vouyerismo que al espectáculo. Pero en un estadio casi agrícola, repleto de tribus, el mejor equipo del mundo cayó y sin embargo salió del campo deshaciéndose en halagos para su rival. Los 125 años del Celtic tuvieron además el homenaje de su hincha más emblemático: Rod Stewart, el flaco rockero que encarna al viejo rebelde británico rompía en llanto al acabar el juego. Sentía haber escuchado historia y quizá, miró una canción de partitura irrepetible.

Al juego, debemos añadir ese espíritu que rodea a los necios equipos isleños, los escoceses en este caso defendieron como guerreros algo q

ue los poetas llaman “Our Land”. El Barça, sin agredir el encanto que lo ha hecho tan admirable, nunca perdió la paciencia que acompaña al futbol bien educado. Agreguemos un héroe y una fortaleza, Fraser Foster con apenas 24 años es un antiguo refugiado de la Premiere que encontró dentro del Celtic Park un buen lugar para vivir debajo del marco.

Al final llegamos a Messi, donde últimamente empiezan y acaban las cosas del futbol. Sobre la hora marcó el gol que el muro le impidió al Barça todo el partido, entonces se llevó una mano al rostro mientras con la otra devolvía el balón a medio campo y con un breve gesto de su dedo pulgar, festejó en absoluta intimidad dedicando el gol a su hijo Thiago. Así, sin futbolistas bailando rap, shows privados ni esnobismos, el Celtic vs Barcelona demostró que un gran juego sólo necesita un buen portero, un líder, un rockero y un estadio convertido en fortaleza.

José Ramón Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

zp8497586rq