INDIVIDUALIDAD CONTRA INDIVIDUALISMO

Una sociedad individualista carente de individualidad. Esa es la paradoja que constantemente me parece que somos. El individualismo puede carcomer a una sociedad hasta dejarla en estado terminal, en una putrefacción sin marcha atrás. Al borde de la muerte. La individualidad, en cambio, es lo único que puede sacar adelante al colectivo, a pesar de que todos los sistemas que se han impuesto con algún tipo de colectivismo como bandera, se han basado en la eliminación absoluta del individuo humano, y dependiendo de forma absoluta de un falso individuo sin rostro que es el Estado.

La sociedad no existe, es sólo una abstracción construida por los sociólogos dentro del afán decimonónico de estudiar, analizar e interpretar todo a la luz del método científico. Pero si la sociedad está compuesta de individuos libres, estudiar su comportamiento colectivo debería ser algo en realidad imposible; y como de hecho lo es, se construyó esa abstracción llamada sociedad, elaboraciones artificiales y muchas veces artificiosas de los sociólogos para poder hacer generalizaciones y desarrollar algo parecido a una ciencia.

Ahora parece que a pesar de la individualidad y el libre albedrío de cada ser, efectivamente hay comportamientos, valores e ideas colectivas que se comparten en sociedad. Habría que preguntarse con la sociología la misma aristotélica pregunta del huevo y la gallina; es decir: la sociedad se comporta de una forma y la sociología lo descubre, o la sociología establece una supuesta estructura de comportamiento y a base de insistir en ella, la impone en los individuos. Es decir, la sociología define a la sociedad como es, o le da un carácter artificial para luego poder definirla.

En la primera opción la sociología es una ciencia; en la segunda es una herramienta de control; y eso es lo que creo que es. Ninguna sociedad de millones de individuos puede ser controlada si tiene verdaderos individuos; por eso hablamos de la sociedad de masas, que es una construcción sociológica done el individuo no existe. La masa no piensa, no siente, no discrepa. Es un océano sin gotas, es tan sólo el impulso de la marea, todo moviéndose por el oleaje pero sin vida propia. La sociedad de masas mata la individualidad pero es campo fértil para el cáncer del individualismo.

Individualismo es eso que tenemos, por ejemplo, en México, mientras que la individualidad es justo eso que no tenemos. El individualismo es egoísta, narcisista, y como tantas veces se define el mexicano a sí mismo: valemadrista. Es la actitud de buscar sólo el beneficio propio, la idea de que ser chingón es chingar a los demás, y que de hecho ese es el único camino seguro para sobresalir. Una de las palabras más usadas y más vedadas en México ejemplifica muy bien el individualismo: el naco.

La palabra naco es quizás una de las más flexibles de nuestro idioma, ya que es usada de forma peyorativa por todo aquel que quiete hacer escarnio de otro grupo social, de otra clase, de otro tipo de ideas y pensamiento. Un problema para definirla es que nadie es naco; siempre los otros pero nunca uno. La definición más certera de naco quizás sería está: de mí hacia afuera, todos o cualquiera.

Sin embargo siempre he estado en contra del uso tradicional de la palabra naco, y desde más o menos el mismo tiempo he tenido y defendido mi propio uso de dicho vocablo: naco es el individualista, aquel sin educación social ni civismo, el típico personaje que nunca ha escuchado el concepto de “los demás”. Al individualista no le importa nada que no sea él; el país o la sociedad se pueden ir mucho a la chingada mientras él le saque provecho a la situación. Es el que incluso colabora con la putrefacción social con tal de ganar algo para él.

Este individualismo no conoce de clases sociales; dentro de los pobres podemos verlo y es un poco menos criticable quizás, ya que si nada obtienen de la estructura, no se sienten obligados a devolverle nada. Dentro de los más ricos sólo les importa su riqueza, muchas veces construida precisamente sobre el fango más pestilente de la sociedad. La clase media puede pensar que si todos abusan del individualismo, ellos no tienen por qué ser la excepción. El mejor pretexto del individualista es siempre el mismo: si los demás lo hacen, yo también. Y Así nadie cambia aunque todos exigen que el país cambie.

Pero la sociedad de masas parece no dejar más opciones: la rebelión del sujeto contra la imposición masiva es tratar de reafirmarse como individuo a través del individualismo. En las sociedades democráticas, que son las más masivas de todas; el problema es mayor, ya que la democracia pretende precisamente descansar sobre el respeto al individuo, respeto que se manifiesta supuestamente en el paquete de libertades democráticas, como la de prensa, la de disidencia,  y desde luego la de expresión. Cada persona puede pensar lo que quiera…, siempre y cuando todas piensen dentro de los mismos esquemas ideológicos que la sociedad ofrece en el mercado de las opiniones.

Engranes que se sienten individuos; de eso está formada la democracia, de esclavos que se sienten libres e individuos. Pero toda sociedad de masas se cimienta en sistemas de creencias, en ideologías; es decir, ideas que vienen en paquete y que no son pensadas por el individuo sino transmitidas por líderes masivos. La tendencia política, los sistemas de valores los gustos estéticos, las modas, y desde luego la religión; todos son esquemas prefabricados que la gente consume sin pensar al mismo tiempo que pretenden ser individuos.

La sociedad masiva atenta contra los verdaderos individuos, ya que le quitarían lo masivo a la sociedad, y por lo tanto el control. La individualidad es lo único que puede salvar a la sociedad, pero sus líderes no buscan en realidad esa salvación, porque sólo cuando todo va mal es cuando esos líderes tienen trabajo, sólo cuando el lobo amenaza de forma constante el pastor siempre será solicitado por las ovejas.

Como la sociedad no existe en realidad, es obvio que no puede ser salvada por la misma sociedad, sino tan solo por los individuos que la integran; que serán absolutamente inútiles si viven bajo la ilusión ideológica de su supuesta libertad individual. El individualismo mata a la sociedad, la individualidad la salva…, pero los líderes se erigen como salvadores y por eso no pueden tolerar la individualidad.

Individualidad es cuando la persona humana no sólo repite la frase masiva de ser único e irrepetible, sino que se comporta y asume como tal. No cree nada que no investigue, que no indague y que no experimente. No cree en grupo junto a los demás ni necesita a esos “demás” para justificar sus ideas. La individualidad no sabe de escrituras sagradas, ni de vacas sagradas. No se escuda en fantasmas del pasado ni en frases hechas, no necesita ser salvado porque sabe que no nació caído, y desde luego que no se compra la patraña psico-sociológica de la necesidad de pertenencia, o la obsesión de los fanáticos sobre la necesidad de creer.

La individualidad crea seres libres, creadores y creativos; independientes, autosuficientes; autónomos y no autómatas. Ese individuo no necesita ni a la familia, ni al Estado, ni al grupo, ni al partido, ni a la virgencita, ni al equipo de futbol. Ese tipo de individuo sabe que no se puede desarrollar su plena individualidad, ni disfrutarla de forma absoluta si no es dentro de la sociedad; por eso sabe que es necesaria, y por eso la defiende; pero con el individuo como verdadero valor y verdadero soberano.

El individualismo aniquila a la sociedad y por añadidura a los individuos; la individualidad rescata al individuo y por lo tanto a la sociedad.

Juan Miguel Zunzunegui/http://www.lacavernadezunzu.com/

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