¿Mejor el “acaso” que el “por si acaso”?

Por: Juan Arias

El acaso
El acaso evoca sorpresa, algo inesperado, que nos llega sin buscarlo. El por si acaso tiene sabor a miedo. Nos arrastra a la defensa. El acaso está abierto a lo nuevo y crea incertidumbre. El por si acaso nos ata a lo conocido, nos tranquiliza.

Conversaba días atrás, aquí en Brasil, con unos amigos sobre la fuerza y la riqueza de las palabras que pueden significar lo mismo y lo contrario.

Descubrí que los brasileños, por lo menos en este momento, están más abiertos al acaso, a lo que les puede esperar al doblar la esquina, que anclados en la seguridad del por si acaso.

Al revés, creo que hoy los españoles y en general la mayoría de los europeos,quizás por estar atenazados por la crisis, nos abrazamos más a la seguridad que a la aventura.

Aceptamos un trabajo que quizás no nos gusta y con sueldo bajo, por si acaso. Así nos blindamos para la sorpresa del acaso que puede que nos espere donde menos lo imaginábamos.

EL ACASO ES EL GRAN MOTOR DE TODO. LA NECESIDAD SÓLO VIENE DESPUÉS, Y NO TIENE LA MISMA PUREZA

(LUIS BUÑUEL)

El miedo se nutre del por si acaso y la esperanza habita en el acaso.

Durante nuestra conversación, descubrimos todos los amigos allí reunidos, que las cosas más importantes de nuestras vidas habían sido las que nos llegaron al acaso, nunca las buscadas y programadas.

Yo mismo recordé que los momentos claves que cambiaron o nutrieron mi vida fueron al acaso. Así llegué al periodismo; así entré en este diario a los meses de su salida; así me casé con mi mujer y así, siempre por acaso, me encuentro aquí en Brasil.

Cuando hablamos del acaso no nos referimos a algo mágico o sobrenatural,aunque es cierto que existe un cierto misterio en lo que nos ocurre por acaso, que algunos le llaman también destino.

Tanto es así que las mayores conquistas de la ciencia, y de la ciencia pura, han sido fruto del acaso y no del por si acaso.

Desde que Newton formuló la ley de la gravedad al caerle en la cabeza una manzana, hasta el inventor de una cosa tan banal como el bolígrafo, la ciencia se ha nutrido de lo inesperado.

Los radioastrónomos, Wilson y Penzias, en Nueva Jersey, estaban intentando usar una antena poderosa cuando escucharon un ruido extraño. Pensaron que era una mala conexión. No lo era, estaban por acaso escuchando unos sonidos que ayudarían a medir el límite del universo. Acabaron ganando el Nobel de Física en 1978.

Los biólogos saben muy bien que en la ciencia evolutiva los saltos hacia delante, las mutaciones en el DNA se suelen dar al acaso, hasta el punto que se dice que “el acaso es la biología evolutiva”.

EL ACASO TIENE SIEMPRE PREPARADO EL ANZUELO; EN EL RÍO EN EL QUE NADA ESPERA APARECERÁ EL PEZ

(OVIDIO)

Y los poetas, los novelistas y los artistas en general, saben muy bien que las mejores inspiraciones suelen llegarles por acaso.

Rossano André Dal-Farra afirma que “en la solidez inflexible de nuestras convicciones por arraigadas que sean, es donde se esconde el peligro”.

El acaso es el que hace a veces en el futbol ganar un partido o un mundial, no la jugada superestudiada de antemano. A veces el balón que resbala de la perna del jugador por acaso, rebota y acaba en el pie del que está al lado de la portería y acaba en gol.

El por si acaso, por prudencia, llevó un día a algunos pasajeros de un avión ruso a viajar en las puertas de emergencia. Murieron en aquel accidente 43 pasajeros. Se salvaron sólo los dos que estaban atrapados en los baños.

No nos atrevemos a decir “te amo” a la mujer o al hombre que nos encanta por si acaso nos da calabazas, y así perdemos la posibilidad de que se convierta en la persona de nuestra vida.

Un caso claro de la fuerza del acaso, que no siempre se identifica con la del destino, aunque a veces se rozan, es el del físico y escritor americano, Leonard Mlodinow. Se encontraba en el Word Trade Center el 11 de septiembre de 2001 y salió ileso del ataque terrorista. Sus padres consiguieron también sobrevivir por acaso al terror del Holocausto.

Autor del best-seller, El andar del borracho, a Mlodinow, en 1989 un médico le confesó que sus posibilidades de morir antes de diez años tenían una probabilidad de un 99%.

LOS ACASOS SÓLO FAVORECEN A LOS ESPÍRITUS PREPARADOS

(LOUIS PASTEUR)

No aceptó aquel veredicto ni se refugió en el por si acaso. Se puso a estudiar matemáticamente las posibilidades de error en los análisis presentados por el médico y concluyó que estaba equivocado. Rehicieron los exámenes y no tenía nada.

El acaso no es puro destino. Es sorpresa de la vida, pero uno tiene que estar abierto a recibirla, con las ventanas siempre de par en par. Si cerramos las puertas por si acaso, el destino resbalará a nuestro lado sin tocarnos.

Acumulamos en nuestras casas, en nuestras vidas y hasta en nuestro espíritu un montón de basura y de seguridades “por si acaso” y a fuerza de acumular por si las moscas, como también se dice castizamente, nos podemos encontrar con que el acaso que podía transformar nuestra vida dándole nuevo sentido, nuevas alas, pasó de largo dejándonos ricos de seguridades, pero pobres de nuevas posibilidades.

A veces, el acaso glorioso nos lo labramos nosotros mismos con la fuerza de nuestros deseos, así como nos creamos estériles seguridades que nos vacunan contra toda sorpresa posible.

Sí, mejor el acaso, la apertura a la vida y a lo que ella nos traiga inesperadamente, que el miedo paralizante del por si las moscas.

Brasil y los brasileños quizás despierten la simpatía de tanta gente por estar abiertos, sin miedo, a lo inesperado. No acaso, se dice, que es uno de los pueblos más creativos.

Aunque, a veces, esa creatividad se quede castrada por las fuertes e injustas desigualdades que son un freno para que pueda actuar el acaso, ya que los pobres acaban tantas veces atrapados en la búsqueda de la pura sobrevivencia.

Les falta tiempo y fuerzas hasta para esperar el acaso que les redimiría.

?Y a ustedes, lectores, que les trajo el acaso a sus vidas?

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Sorpresa

http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil 

 

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