Dios y la bicicleta

ULISES

RAÚL DEL POZO

Los poetas del Siglo de Oro cantaron con gran inspiración al pobre y despreciado Jesús, «nacido de una muy linda zagala», «entre el silbo de aires amorosos». «Danos el padre/ a su único Hijo:/ hoy viene al mundo/ en pobre cortijo», escribe Santa Teresa, mejorando el texto de los evangelios, donde se narra la historia de un vagabundo, un Sócrates del desierto.

No se han hallado documentos biográficos de Jesús, ni partida de nacimiento, ni certificado de defunción. En el trajín de creencias y negaciones, se ha llegado a negar al ser más retratado por los pintores de todos lo tiempos, el que inspira a una poderosa multinacional de la conciencia con sede en Roma. Está claro que vivió, predicó, movió multitudes y fue crucificado por consenso entre el poder político y el sacerdotal. La referencia histórica más clara es la de Flavio Josefo, también la de Tácito, escritas un poco después de la muerte del rabí. Aquel vagabundo con aura era humilde; en la última cena lavó los pies a sus discípulos y en sus mítines o sermones ensalzaba al que se humillara y humillaba a quien se ensalzara.

Aparte de sus dotes como orador y su posterior campaña de imagen, por sus palabras se deduce que estaba al lado de las prostitutas, los pobres, los esclavos y los niños. Los ilustrados lo consideraron más un filósofo estoico que un santón asiático. Carlos Marx, que fue cristiano antes que marxista, reconoció en algún escrito: «Por el amor de Cristo volvimos nuestros corazones a nuestros hermanos». Más tarde, en la época de la razón, utilizó la metáfora del opio del pueblo al referirse a la religión, sin desprestigiar al enemigo de los mercaderes. Le contestaron los ateos diciendo que la religión no era el opio del pueblo, sino una anfetamina para las guerras y las cazas de brujas.

Ni los evangelios, ni la figura de Jesucristo han sido tan combatidos como la Iglesia y los papas que invocaron el nombre de Jesús. Es que el Nuevo Testamento ya no es aquella colección de parricidios, esclavismo y fornicación de los anteriores libros sagrados. Jesús parece un ser modesto al lado de su padre, ególatra, un vanidoso sin sentido del humor que gobernó desde el poder absoluto; un señor muy inseguro, que pide que se le adore siete días a la semana. Parece que se creció cuando puso billones de globitos girando alrededor de billones de globos hace 15.000 millones de años, cuando se coció la crema de fotones y electrones.

Algunos científicos dicen que hay incompatibilidad entre el Big Bang y el Génesis, y el Papa Francisco, que es cada vez más criticado por los católicos -lo ven como el Papa negro que profetizó Nostradamus-, dijo recientemente que el Big Bang no contradice la intervención de Dios, al que no hay que imaginar como a un ilusionista con una varita mágica. A propósito del ego de Jehová pensó Quentin Crisp, escritor e icono gay del Soho: «La idea de que Él apartará su atención del Universo para concederme una bicicleta con tres velocidades es tan inverosímil que no puedo creérmela».

http://www.elmundo.es/opinion

Deja un comentario