El cáncer más letal

Toda incontinencia verbal o escrita, es sospechosa. Temo a los habladores malsanos; a los estúpidos que hablan sin ton ni son tal vez por miedo a oír, en el silencio, el vacío retumbar de sus cerebros; pero sobre todo temo a los envidiosos y egocéntricos, a los tipos arrogantes,  altaneros, orgullosos, que creen tener la mejor o tal vez la única y última palabra digna de pronunciarse. Estas personas son la esencia misma del despotismo no ilustrado, porque desdeñan la opinión del otro. Todos estos  vanidosos ya son bastante malos de por sí como simples convecinos  de la vida; pero ahora imagínense por un momento que un individuo de esas características, carente de toda medida de sí mismo y tan enajenado de la realidad, se hace con un coto poder, ya sea grande o pequeño, en su comunidad,  y establece un régimen arbitrario, sencillamente porque él siempre tiene la razón.  El poder absoluto siempre silencia y descalifica al oponente. Esa es la primera regla de la intolerancia. De modo que un charlatán obsesivo que consigue instalarse en el poder, se convierte en  fanático envidioso.Una sola idea puede contagiar al mundo: La idea de que la culpa pertenece a otros, la idea de que nuestro miedo, nuestro fracaso o nuestra desgracia han sido tramados por enemigos ajenos a nosotros y a la vez traidoramente infiltrados en nuestra cercanía, la idea de que se puede dividir a los seres humanos en puros e impuros, en inocentes y culpables, en malos y buenos,  en nosotros y ellos. A cualquiera, en cualquier parte, le puede alcanzar ahora mismo un sino de exclusión y destierro, millones de seres humanos viven y mueren en un perpetuo estado de disgregación.Pero el veneno, para extenderse, no necesita camisas amarillas, verdes  o azules para desarrollarse. Aquí  mismo, entre nosotros, los personajes que se esconden en el anonimato, han comenzado su tarea. Sin que nos demos cuenta alguien ha empezado, bajo la cobardía del anonimato,  a ver en nuestra cara los estigmas de la envidia y la avaricia, una falta de respeto al que difiere, al que no piensa de manera semejante…Una sola idea, puede ser más destructiva que el cáncer más letal. 

GERARDO MOSCOSO CAAMAÑO

http://www.milenio.com/firmas

Deja un comentario