Estupenda campaña de relaciones públicas de los narcos

Que no quepa duda. Esa gente sabe lo que hace. Ya en Monterrey habían reclutado a centenares de jóvenes para armar supuestas protestas “sociales” contra la intervención de las autoridades en el combate a las organizaciones criminales. Ya habían infiltrado Gobiernos municipales y estatales. Ya habían comprado a miles de agentes policiacos –con amenazas o con cañonazos de billetes— y ya habían inclusive logrado que los diputados del PRD introdujeran a escondidas a uno de los suyos en la Cámara Bajísima para que le fuera otorgado graciosamente ese fuero que te permite, oh maravilla, escapar a la acción de la justicia terrenal (hermano, el sujeto, del anterior gobernador de una entidad federativa, Michoacán, que, miren ustedes qué casualidad, había caído redondita en manos de las mafias delincuenciales).

Pues, vistos tan portentosos logros, permítanme ustedes, amables lectores, sospechar que, ahora, estos señores –los que no sólo trafican con esas sustancias prohibidas que tanto cautivan a los muy afables ciudadanos de nuestro vecino país del norte, cosa que a mí en lo personal me tiene totalmente sin cuidado, sino que secuestran, matan, torturan, decapitan, violan y extorsionan, lo cual, ahí sí, es francamente aterrador— estos señores, repito, es muy probable que estén detrás de la sarta de exigencias formuladas en las redes sociales y en esas manifestaciones callejeras donde se pide cualquier cosa –desde la resurrección de unos muchachos asesinados salvajemente (precisamente por los canallas) hasta la renuncia de un presidente de la República que ya encargó de que se hiciera justicia— menos el exterminio de los delincuentes.

Si hubiera un mínimo de razón en este país (o, más bien, si no existieran fuerzas ocultas que, como digo, creo que han logrado distorsionar los cauces de la inconformidad), entonces la gente, ya en plan salvaje y tan enojada como está, gritaría: “¡Peña, mata a los malditos, acaba con ellos!”

Pues, no. Le piden que se vaya y que les deje la puerta abierta. Ah…

ROMÁN REVUELTAS RETES

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