Los católicos, la libertad y la justicia

Hace algunas semanas, en República laica, programa que conducimos Pedro Salazar y un servidor en Tv UNAM, nos preguntábamos y preguntábamos a nuestros invitados una cuestión muy simple: ¿por qué si nuestro país es tan católico, hay tanta violencia en el país? La pregunta se podría extender a toda América Latina y a otros temas sociales, pues siendo la región con más católicos en el mundo no solo es la más desigual, sino que es una de las más violentas. La respuesta no es por supuesto simple ni unívoca. Para empezar, no todo se le puede atribuir a la religión, pero también es cierto que la cultura moldea en buena medida los comportamientos de las personas y que dentro de ésta las creencias religiosas y las convicciones en materia de espiritualidad o de moral son centrales. Por lo mismo, lo primero que a uno se le ocurre es que, o bien la doctrina católica no ha penetrado realmente en la cultura de los mexicanos (de hecho desde la época colonial se hablaba de la superficialidad de la evangelización), o bien hay algo intrínseco en ella que no detiene ni la corrupción ni la violencia. Pero nuestro análisis tiene que ser más profundo para poder realmente avanzar en el entendimiento de las diversas formas de ser católico en nuestro país y en nuestra región. Es por ello que me alegro cada vez que alguien realiza una encuesta y nos ofrece datos sobre las creencias y comportamiento de los católicos. Es la única manera de superar, por lo demás, las tan melosas como aburridas y distorsionantes transmisiones de algunas televisoras sobre las mañanitas a la virgen de Guadalupe. Y es lo que acaba de hacer Católicas por el Derecho a Decidir, que encomendó a la empresa Insad (Investigación en Salud y Demografía, S.C.) una encuesta nacional de opinión católica.

¿Qué nos dice de interesante dicha encuesta? Muchísimas cosas que me será imposible resumir en este breve espacio. Hay decenas de preguntas y abundante información. Pero me abocaré a revisar una que me parece central para entender cómo se comportan social y políticamente los católicos; y por qué estamos como estamos. A la pregunta: ¿cuál es el valor católico más importante para usted? había varias posibles respuestas: el amor, la libertad, el perdón, el respeto, la misericordia, la obediencia y la justicia. De manera tan interesante como significativa, los católicos mexicanos piensan en su gran mayoría (83.2%), que el valor católico más importante es el amor (33.6%), el respeto (32.3%) y el perdón (17.3%). Muy pero muy abajo hay una pequeña minoría que piensa que su valor principal como católicos es la libertad (4.4%), la misericordia (4.4%), la obediencia (4.3%) y hasta el final la justicia (3.8%). Cuando se ven con detenimiento estas cifras, puede uno realmente comenzar a comprender cómo y por qué actúa de cierta manera la mayor parte de la población mexicana, que es católica. Ya sabíamos que los católicos en México son muy ritualistas (les encantan las peregrinaciones, las procesiones, los actos de culto y todo tipo de rituales: las formas más que el fondo), poco profundos en sus convicciones doctrinales y poco apegados a ligar sus creencias a alguna forma de compromiso social. Pero esta encuesta nos descubre el fondo de dicha actuación, que se encuentra en los valores que les han sido inculcados y por lo que se rigen y mueven los católicos. Y cuando digo “les han sido inculcados” no me refiero únicamente a los religiosos, sino también a los sociales.

Tenemos entonces que los católicos mexicanos ligan su religiosidad al amor, el respeto y el perdón, pero no a la obediencia ni a la misericordia y mucho menos a la libertad y a la justicia. Para ellos, por lo tanto, ser católico (o católica) es sobre todo amar y respetar al prójimo y eventualmente perdonarlo. Pero ser católico no es para la gran mayoría de los católicos luchar por la libertad o por la justicia. Los cruces estadísticos nos dicen algo todavía más grave: el porcentaje de jóvenes católicos (entre 18 y 24 años) que liga su catolicidad a la justicia es solo de 2.4%, es decir todavía menor al promedio por edades que es de 3.8%. ¿Cuándo vamos así a salir de este hoyo?

roberto.blancarte@milenio.com

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