Pablo con ‘guaruras’

Ulises

El populismo: el caballo de la estatua ecuestre da coces a los políticos que leen discursos y éstos no salen si no es con coches de cristales ahumados. Los alevines gritan: el bipartidismo es el opio del pueblo. Como a Jacques Prevert les cantan pájaros en sus cabezas y llaman a los desesperados que están atados como perros en caseta. Ya no hay lucha de clases sino de rentas y castas.

Según dicen las últimas encuestas los votantes le darán menos apoyo del que se decía, pero aún así, se ha convertido un partido -al que muchos definen como populista, anarco-comunista- en una fuerza esencial contra el sistema. «Sus dirigentes, con la astucia y picaresca universitaria -me dice Raúl Morodo- disimulan, matizan, pulen su programa. Me caen bien. Han acertado al pensar que el sistema necesita rectificaciones y retoques».

Ahora ya no se comportan como novatos y declaran que quieren el modelo escandinavo o danés y que no pretenden latinoamericanizar España. Me cuentan que entraron la noche del viernes en 24 horas de TVE insolentes y en tropel, con autobuses que les esperan en la puerta, buscando la complicidad de los cámaras y huelguistas. «Daban miedo», cuenta uno de los contertulios. Caminan con la arrogancia de los intransigentes, pero aseguran que no quieren hacer la revolución, sino limpiar las cuadras.

Siempre hay un conspirador detrás de una revuelta -a veces un tísico a veces un poeta-. He sospechado que así cómo Raúl Morodo metió en política al Viejo profesor, habría sido uno de los instigadores de Podemos. «Pero, ¿como has pensando eso? Yo soy un moderado. Cuando estuve de embajador en Venezuela conocí a alguno de ellos, pero no he participado en la aventura». Me cuenta que los filósofos de los intransigentes son gente como Ernesto Laclau y Boaventura de Sousa, filósofo portugués-brasileño que vivió en Yale y en una favela, y del que escribió un libro Monedero.

A muchos ciudadanos les dan miedo porque ponen un mesías en la papeleta, y van rodeados de guaruras (guardaespaldas según los mexicanos). Temen que se aprovechen de la indignación popular para destrozar las instituciones democráticas. «Son la silicosis de la democracia» (Carlos Martínez Gorriarán). Algunos empresarios piensan que un líder carismático se cargue la frágil recuperación y nos empujen a la inestabilidad. Pero el caso es que el populismo nunca se ha erradicado y siempre vuelve. La república romana escuchó a los agitadores del pueblo desde antes de Jesucristo: los Graco, Julio César, hasta Espartaco. Séneca, tribuno de la plebe, escribía en mesa de oro a favor de los pobres, recomendaba tratar con humanidad a los esclavos y criticaba la crueldad de Vedio Polion, que daba de comer a sus lampreas, verdaderas serpientes, con la carne de sus esclavos. A los servidores de la plebe los castraban o los mataban cuando eran viejos o estaban enfermos.

El manifiesto comunista habla de patricios y plebeyos, de hombres libres y esclavos. Pero los marxistas clásicos siguen pensando que el populismo es reaccionario. Sin embargo, no es el partido de los comunistas el que se opone a la fusión.

RAÚL DEL POZO

http://www.elmundo.es/opinion

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