Descrédito general

Gran parte de los que practican la política usan el dinero como paño de lágrimas. No trabajan hasta oler un piscolabis. Qué leve idea de su política tienen los profesionales: han hecho de ella un complemento despectivo de su carrera personal y vacua. Salvo que no hicieran ninguna antes, en cuyo caso ésta se asemejará a la que ejercen los prostitutos, si bien con mejor entrada y salida del lecho, y brillo a voluntad. (Hay familias que fueron decentes y recomiendan el silencio pagado a sus vástagos.) Lo que no ha conseguido esa carrera (término también en común con las putas) es responsabilidad digna. El respeto de unos a otros es una comedia, rota a los cuatro días: hoy por ti, mañana por mí. Todas sus caras manejan las mismas expresiones, para que la transición de una a otra se perciba lo menos posible. (Estos tránsitos -algunos vistosos y violentos- son el pan cotidiano de esa falsa profesión decaída.) Su ejercicio desacredita de continuo a todo bicho viviente. A veces, los interesados vienen ya provistos de desvergüenzas contagiosas, y si no, en una semana pueden examinarse de reválida. Apenas razones y brilles algo, te ofrecen el oro y el moro con cuatro palabrejas adhesivas: JAMÁS es una de ellas… La prostitución es peor en las mujeres; los hombres son mucho más comprensivos entre sí. Aunque es ya hora de que a los políticos se les ponga en su sitio.

Antonio Gala

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