Día de desear

Quizà no haya nada que amemos los hombres más que la vida. Y, sin embargo, cuánto la desperdiciamos. Hasta en nuestra actitud ante los deseos es frecuente la equivocación. Si de que se cumplan o no, hacemos depender nuestra dicha o nuestro tormento, los convertimos en una esclavitud. ¿Bastará con que, si se cumplen, nos alegremos y, si no, busquemos otra alternativa? No lo sé; quizá lo más acertado fuese transformar los deseos en estímulos y el propio desear en un juego en que lo importante no sea ganar o perder, sino jugar y basta. Porque ocurre a menudo que sólo cuando perdemos algo lo valoramos de verdad. ¿Tendremos que aguardar su peligro para aprender a paladear un don? ¿Tendremos que adentrarnos en la muerte para medir por fin la absoluta importancia de la vida? Hasta Calderón de la Barca, para el que nada era más que un sueño, escribió: «Que siendo el vivir lo más, / todo lo demás es menos». Menos, en efecto; pero los mejores frutos de la luminosa posibilidad que es la vida están a nuestro alcance, o nos invitan a alcanzarlos a más o menos costo. La euforia de la salud, la libertad, la belleza, la alegría, el amor, la vida en definitiva, que se configura son la suma de todo.

Antonio Gala

http://www.elmundo.es/opinion

Pintura de:  PAOLA MURCIANO

 

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