Grecia: deuda eterna

 

 

 

 

A Hélade no toques / Ya Hélade despierta está». Lord Byron, antipatriota inglés y patriota griego, brindaría hoy con vino de Samos y cantaría con el arpa del héroe y el laúd del amador a esta segunda independencia de Grecia. «Todo se eclipsa menos vuestra gloria. ¿Quién te liberará de la esclavitud?», se preguntaba el poeta romántico que hizo suya la causa griega, hasta reclutó un regimiento para luchar contra los otomanos que dominaban las islas y murió de malaria a los 36 años en una isla. Esta vez se ha tensado el arco, no ante el dominio turco, sino ante los pachás de la Troika y el protectorado alemán.

Esta Europa a medio hacer no es la de los poemas de la nostalgia, con Hölderlin cantando a las islas que engendraron los héroes, sino la de los cheques, la de aquella Inglaterra que expolió los mármoles de Elgin en el Partenón. La Troika quiere rescatar el dinero que prestó. Está en su derecho, pero la victoria de Syriza se ha retransmitido como un terremoto con turbulencias, estremecimientos e incertidumbres en las bolsas y en el euro. Los del Bundesbank le recuerdan al ganador que Grecia necesita ayudas y esas ayudas sólo serán posibles si respetan los acuerdos. De Guindos explica que a Grecia, sin el apoyo de Europa, no le fiarán más en la tienda.

Ramón Tamames prepara un nuevo viaje alrededor de la Tierra, que iniciará en Beverly Hills y acabará en China, después de dejar en marcha su proyecto de Historia básica de España con un equipo de historiadores y polígrafos, un relato de tono épico, para las derrotas y las victorias. Ramón, decía, entiende muy bien la inesperada epopeya de Alexis. Nunca los comunistas habían ganado en Europa fuera de la zona de influencia soviética, ni siquiera en el Portugal de los claveles, ni en la Italia del eurocomunismo, hasta el domingo, cuando una mayoría de los griegos dio el poder a Syriza. Le pregunto si estamos ante una inesperada revolución o el comienzo de una aventura, si Alexis Tsipras, ateniense, ha sido escogido, como Jasón, para una expedición de los argonautas hacia lo desconocido. «No sé lo que ocurrirá -contesta Ramón-, es muy posible que Alexis Tsipras modere sus propuestas de mitin. Yo creo que la señora Merkel no va a consentir una nueva quita, posiblemente relajarán los plazos y los tipos de interés para lograr que la deuda no sea impagable. Será eterna».

Los griegos antiguos eran unos grandes patriotas y asociaban la patria a los dioses. Escribió Indro Montanelli que cuando los dioses fueron destruidos por la filosofía, los griegos, no sabiendo ya por quién morir, cesaron de combatir y se dejaron subyugar por los romanos, que todavía creían en los dioses. ¿Ahora en qué creen los griegos, siempre tan misteriosos? ¿Contra quién pelean? ¿Contra los mercados, contra la opresión extranjera o contra su propia desidia y picaresca? El caso es que donde nació casi todo lo bello, lo bueno y lo justo, estaban pasando hambre y, acosados por el paro y la deuda, se han sublevado contra su injusto destino.

RAÚL DEL POZO

http://www.elmundo.es/opinion

 

Deja un comentario