El sonido es estrepitoso, como si decenas de tambores resonaran al mismo tiempo, pero también se escuchan silbidos, cantos y un lento rumor que semeja la escala musical baja de un violonchelo; todo con suficiente coherencia como para parecer una melodía compuesta con mucho cuidado. Así suenan las ‘dunas cantoras’ del desierto, uno de los fenómenos naturales que más han hipnotizado a su audiencia, desde las caravanas beduinas hasta Marco Polo o Charles Darwin.

En 35 desiertos alrededor del mundo ocurren estas canciones producto de la precipitación de la arena que, mientras cae, produce un profundo rumor que puede durar hasta 15 minutos y reverberar a 10 kilómetros de distancia. En el siglo XIII Marco Polo dijo que estas dunas cantoras –que atribuyó a espíritus malignos del desierto– “a veces llenan el aire con sonidos de todo tipo de instrumentos musicales, e incluso tambores y el fragor de las armas”.

Pero cómo estas dunas producen su ‘canción’ permanece siendo un misterio bastante debatido. Otra fascinante pregunta es por qué distintas dunas cantan diferentes canciones, y cómo es que algunas entonan más de una nota a la vez. Hoy se sabe que no es necesariamente el movimiento del océano de arena lo que determina el tono de la nota; es el tamaño de los granos y su temperatura.

Para averiguar esto, un grupo de biólogos franceses viajó al desierto del Sahara y recreó pequeñas avalanchas en algunas dunas. Allí constataron que cuando los granos de arena más pequeños chocaban con otros de su tamaño y creaban un flujo constante de colisiones la duna emitía un tono específico y, cuando los granos más grandes se movían a velocidades más bajas, generaban otro tono en la escala musical. Así, entre más variedad de tamaños de arena contenga una duna, más tonos musicales compondrán su canción. La temperatura de la arena también juega un papel importante en la composición final: los granos más secos tienen un sonido más grave que los más húmedos.

Imaginemos a las caravanas nómadas de tiempos preislámicos, que consideraban al oído como el “padre de los sentidos”, escuchando a las dunas cantar. Seguramente muchas veces durante sus infinitos trayectos se vieron arrestados por la estruendosa y melódica avalancha de una duna que rompía el silencio sobrenatural del desierto con una composición única para ellos. Esta es una de las delicias de la imaginación. Y en lo que tenemos la oportunidad de escuchar una en vivo, en este video podemos anticipar la experiencia.

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