Somos lo que comemos

«Empezamos a convertirnos en humanos cuando empezamos a comer carne cruda»”, según un estudio de dos paleontólogos de la Universidad de Harvard,Katherine D.Zink y Daniel E. Lieberman. Este acontecimiento, unido a la utilización de las primeras herramientas, marcó un antes y un después en la línea evolutiva de los homínidos. De hecho, hace dos millones de años, el homo erectus empleaba herramientas muy rudimentarias que servían para partir y raspar.

El homo erectus era más alto y más grande que sus antecesores, por lo que consumía más energía y necesitaba comer más. Por otro lado, su mandíbula era mucho menos fuerte y los dientes, más pequeños. Según los investigadores de Harvard, este cambio en la estructura ósea de la cara se debe al hecho de introducir la carne cruda en la dieta utilizando herramientas, ya que ya no era necesario tener una mayor fuerza al masticar. Zink y Lieberman comprobaron su hipótesis con una prueba a un grupo de voluntarios actuales, a quienes estuvieron alimentando, durante un tiempo, con carne cruda de cabra y con raíces de vegetales, como la yuca, el ñame o la remolacha, y les permitieron emplear utensilios muy primitivos. Con un 30 por ciento menos de fuerza, las personas que formaron parte del experimento, al ocupar la carne un tercio de su dieta, no tuvieron ningún tipo de problema.

Katherine D.Zink y Daniel E. Lieberman demuestran, por tanto, que un alimento mucho más proteínico como la carne, unido al uso de herramientas,hizo que se relajara el rostro y tomara una forma mucho más parecida a la actual. Esta nueva forma del rostro hizo posible que se desarrollaran funciones desconocidas hasta entonces, como el habla.

 

Con los resultados de esta investigación, se puede concluir que «somos lo que comemos y nos convertimos en lo que somos, en gran parte también, por lo que comimos en su día».

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