Resultado de imagen para LAS ILUSTRACIONES DE HENRI MATISSE AL “ULYSSES” DE JAMES JOYCEResultado de imagen para LAS ILUSTRACIONES DE HENRI MATISSE AL “ULYSSES” DE JAMES JOYCEResultado de imagen para LAS ILUSTRACIONES DE HENRI MATISSE AL “ULYSSES” DE JAMES JOYCE

En 1935, el pintor Henri Matisse recibió la comisión de ilustrar una edición exclusiva de la novela Ulysses del irlandés James Joyce. Esta edición constaría de 1,000 copias firmadas por el artista y 250 firmadas por Joyce mismo; como dato curioso, una de estas copias actualmente puede encontrarse en el mercado entre $7,000 y $9,000 USD.

El libro es un objeto de culto para coleccionistas de arte y amantes del legado joyceano como Maria Popova, quien describe el volumen como “un tomo glorioso empastado en piel con detalles de oro de 22 kilates, bordes dorados, cubiertas empastadas de moaré, y un separador de páginas de satín”.

Sin embargo, no se puede hablar de una verdadera colaboración entre el pintor y el escritor, pues a pesar de que una de las primeras traducciones del Ulysses fue al francés, Matisse no leyó el libro ilustrarlo.

En la historia de los libros ilustrados —pensemos, por ejemplo, en los grabados de Doré para Don Quijote— las imágenes son una especie de traducción visual del universo literario plasmado en la página; pero en el caso de este ejemplar del Ulysses, Matisse decidió ir directamente a una de las fuentes joyceanas: la Odiseade Homero.

A pesar de que mucho se hable de la grandeza del Ulysses, lo cierto es que pocos son los aventureros que concluyen la lectura minuciosa; no obstante, como advierte Pierre Bayard en su libro Cómo hablar de los libros que no has leído, uno puede “sentirse perfectamente cómodo cuando el Ulysses aparece en una conversación… Puedo saber, por ejemplo, que cuenta nuevamente la Odisea, que su narración tiene la forma de un flujo de conciencia, que su acción tiene lugar en Dublín durante el curso de un solo día, etcétera”.

En ese sentido, Matisse –quien por cierto también ilustró una edición de Las flores del mal, de Baudelaire– tenía incluso una ventaja frente a otros no lectores de Joyce: era un dibujante magistral. Al remitirse directamente hacia la fuente imaginativa, sus dibujos son menos una ilustración literal de las palabras de Joyce que un correlato o relectura de Homero, y en ese sentido acompañan al texto joyceano sin interferirlo ni limitar las posibles interpretaciones de los lectores del libro. Corren, a la manera de Buck Mulligan, junto a Stephen Dedalus sin responder sus preguntas, sino más bien planteando nuevos escenarios y paisajes.

Así pues, la extravagancia de esta edición va más allá de la pulcritud y cuidado editorial: no es solamente un objeto de lujo para los coleccionistas, sino una verdadera pieza de arte extendido que toma como punto de partida a un poeta de la antigüedad griega —que algunos argumentan que ni siquiera existió— y se propone contar de dos maneras —una mediante palabras, otra mediante dibujos— el trayecto de un hombre que busca regresar a casa.

*Imagen: Concept Books

http://www.faena.com/aleph/es/articles