Por el suelo

Son las personas quienes parecen estar al servicio de sus móviles y no lo contrario

Un grupo de jóvenes usando sus teléfonos móviles.rn

Un grupo de jóvenes usando sus teléfonos móviles. PACO PUENTES

 

Después de que varias personas hayan sido atropelladas por ir mirando su móvil mientras caminan, se han propuesto semáforos en el suelo. Son habituales los choques entre viandantes por culpa del móvil y hasta gente se ha abierto la cabeza al chocar contra árboles o las vigas de las terrazas que han proliferado en nuestras aceras. Esa mirada no es tanto un síntoma de que andemos cabizbajos, sino distraídos. Pero de continuar la tendencia, el suelo se va a convertir en el paisaje más familiar. Asaltar los suelos parece ser nuestra máxima ambición. El móvil ha llenado todos los momentos vacíos de nuestra vida. Las transiciones. Se recurre al móvil mientras se camina o se conduce, en el transporte público, en los ratos de espera, en comidas espesas. Es un privilegio de nuestra generación, que ya no tiene momentos muertos, esa tradicional manera de quemar el rato que conocimos y que ahora, gracias a la conectividad portátil, ha terminado.

Con todos los inventos sucede algo parecido. Provocan una especie de euforia colectiva y a ratos parece que se convierten en dominadores, más que útiles. Son las personas quienes parecen estar al servicio de sus móviles, disponibles las 24 horas, en lugar de poner el móvil a su servicio. Llegará el día en que se recupere la normalidad, pasado lo novedoso. Pero esa dependencia del móvil provoca los celos. Los primeros síntomas los han dado los niños. No les gusta nada que sus padres estén pendientes del móvil en lugar de hablar con ellos, empujarlos en el columpio o devolverles la pelota. También los perros están enfadados cuando notan la correa poco tensa en el paseo y perciben que su amo está contestando mensajes en lugar de prestando atención a sus deposiciones, como era tan gozoso en otro tiempo. También están disgustados los plastas, los encuestadores y los captadores de suscriptores en calles y plazas. Cada vez que quieren atrapar a alguien, este saca el móvil y se fuga hacia una conversación ajena.

Los medios de comunicación no iban a ser menos. Se sienten abandonados por los usuarios del móvil como las parejas que se dicen eso de ya no me cuentas nada. Así que han decidido hacerse presentes aunque sea por los suelos. Adecuarse al móvil es para ellos algo parecido a dar clase de matemáticas con los alumnos en la piscina. Se distraen, se va la atención a los bañadores, cuesta explicar los algoritmos entre aguadillas. Quizá los niños y los perros encuentren una manera más inteligente de afrontar el desafío de la desatención de sus progenitores o dueños. Estaremos atentos.

DAVID TRUEBA

http://elpais.com

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