Poema 139

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En el verdadero trabajo del artista

no se incluye el desasosiego   

por acertar o no con la obra excelente.

La obra posee vida propia vida

y no come de nuestra mano,

ni se nutre de nuestro precocinado pienso.

La obra no nace, crece y termina

dependiendo de su operario.

Todo aspiramos a hacerlo mejor,

y hasta hacerlo eximio

pero la obra se exime con desdén,

escapa de nuestro plan preparado,

(siempre cohibido. 

y roído de requerimientos previos).

La obra es libre y será libre el artista

si desea copular con ella.

En la conjugación de esas pasiones

se hará  posible (o no)

el pecado exaltado o la satánica chispa.

El fulgor del  vicio extraordinario.

Es decir la inesperada y libérrima obra maestra

Puesto que la obra diferencial y sorprendente

es aquella sobre la cual

el primer deslumbrado es su autor.

Ambos enamorados y en un candente

 pecado mortal.

Ambos delincuentes compulsivos.

porque así,  en esa hampa luciente

es donde cunde

el genuino y bailable

trabajo del artista.

Pintura y poema de Vicente Verdú

http://www.elboomeran.com/blog/

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