Viaje a las entrañas más íntimas de Björk

La cantante islandesa expone una experiencia ‘inmersiva’ marcada por el desamor que transmite en ‘Vulnicura’, su último disco

Aspecto de la muestra 'Björk Digital' en el CCCB.
Aspecto de la muestra ‘Björk Digital’ en el CCCB. SANTIAGO FELIPE REDFERNS

 

En su octavo y último álbum, Vulnicura, de 2015, la cantante Björk apostó por canciones directas a los sentimientos. El disco se convirtió en una “tragedia griega”, en palabras de la propia cantante, a través de la cual quiso transmitir su dolorosa ruptura con el artista estadounidense Matthew Barney tras 13 años de relación. “Adéntrate en el dolor y baila conmigo”, reclamaba en Atom Dance, uno de los mejores temas del disco. Con esta misma idea, la islandesa ha dado un paso más, de una forma más virtual, íntima y sexual, con la exposición Björk Digital, que, tras pasar por ciudades como Tokio, Sydney, Montreal o Londres, ha llegado este miércoles al Centro de Cultura Contemporànea de Barcelona (CCCB) en el marco del festival Sónar.

La exposición es una invitación inmersiva al lado más humano y doloroso de la artista. Una metáfora orgánica de 360 grados donde la cantante se adentra por su propia laringe, sale de una vulva digital y baila con los visitantes convertida en un cíclope biónico: “La realidad virtual no es solo una continuidad natural del vídeo musical, sino que posee un potencial teatral más profundo, ideal para este viaje emocional”, escribe la cantante para dar la bienvenida a la exposición, que se podrá visitar hasta el 24 de septiembre.

 

Con esta muestra, la artista islandesa estrena su particular “triple” en el Sónar, con colofón final en una sesión de cuatro horas en el SonarHall (Fira de Montjuïc), a partir de las 20.00. Antes, da una charla sobre la relación entre la música y la tecnología, a partir de las 17.30 en el mismo recinto.

Björk Digital es un recorrido de 90 minutos que se inicia con viajes “inmersivos” y que concluye con un repaso a sus primeras colaboraciones audiovisuales en la década de los 90. A través de trabajos digitales y vídeos y utilizando la realidad virtual, la muestra recopila sus últimos trabajos con programadores y artistas como Michel Gondry, Spike Jonze y Nick Thornton Jones, entre otros.

 

El recorrido se inicia con Black Lave, un videoclip que Björk creó por encargo del Museo de Arte Moderno de Nueva York. En una cámara oscura con dos pantallas colocadas de manera frontal y repleta de altavoces, la compositora juega con el sonido y la imagen a través de una experiencia “envolvente”. El visitante permanece en el centro, en medio de una vorágine de sonidos que suenan distintos dependiendo de dónde se sitúe exactamente. Las imágenes también cambian de pantalla a pantalla y en ellas se observa cómo la artista se adentra en un volcán con lava azul.

En Mouth mantra, Björk realiza un viaje laringológico de 360 grados a través de unas gafas virtuales. La islandesa invita al espectador a uno de sus lugares más íntimos y vulnerables: su boca. Por los auriculares suena la canción homónima de Vulnicura. La cámara sube y baja por la laringe hasta acercarse a sus muelas y a su lengua. Para hacer este vídeo, en 2015, la artista se introdujo una pequeña cámara por la garganta.

La última sala de la muestra es Family VR, pieza central de la antología virtual. En ella se muestra a una Björk en tres dimensiones indefensa que pide ayuda para que le curen una herida en forma de vulva que le sobresale del pecho. A través de dispositivos que simulan ser dos manos, el visitante cura a la artista, que acaba empoderada y bailando cara a cara con él.

Por último, la exposición también permite jugar con la app educativa creada para Biophilia, su álbum de 2012. A través de unas tablets, las 10 canciones del disco forman una constelación donde cada canción es una estrella distinta.

CARLOS GARFELLA PALMER

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