El movimiento que prueba que para ser artista se necesita locura y desequilibrio mental

 
 
Vincent van Gogh: trastorno bipolar y esquizofrenia.

Edvard Munch: depresión y alcoholismo.

Séraphine Louis: psicosis.

Estos son algunos de los trastornos que, en su tiempo, se dice que padecieron el trío de artistas mencionados. La locura y el arte siempre han tenido una especie de hermandad implícita y el art brut es una clara muestra de ello.

Los orígenes

El psiquiatra Hans Prinzhorn, quien trabajaba en Heidelberg Psychiatric Clinic, publicó en 1922 Artistry of the Mentally, un estudio donde difundió sus observaciones hechas a los pacientes que de vez en cuando pintaban.

El doctor notó que no se trataba de creaciones aleatorias sin sentido, sino que se producían por una pulsión creadora surgida de una necesidad instintiva que manifestaban: «las verdades más profundas y trascendentales de la existencia». Es decir, si bien podía no haber un discurso lógico, un argumento sólido o un planteamiento estable, lo cierto es que en ellas se encontraban intuiciones universales. ¿No es eso el arte en sentido primario?

Aldolf Wölfi

Esto inspiró fuertemente a Jean Dubuffet, pintor francés vanguardista que encontró en estas pinturas una belleza y originalidad absoluta, nombrando art brut —arte en bruto— a una nueva corriente que surgiría gracias a este estilo. A él se unirían artistas como Andre Breton y Paul Klee, quienes también encontraron en estas pinturas una intuición valiosísima que difícilmente era vista en los artistas académicos. En estas obras no habían pretensiones intelectuales, las composiciones visuales no estaban viciadas por cánones caducos: se trataban de imágenes venidas del inconsciente y de ahí su genialidad.

La característica primordial de estas obras era, según Dubuffet, el hecho de que eran «producciones de carácter espontáneo y fuertemente imaginativo».

 Bill Traylor

No existían reglas; lo mismo se usaban acuarelas que arena, paja o alquitrán. Imperaban las deformaciones, era evidente la desobediencia de las reglas básicas de composición, la tosquedad y la falta de coherencia lógica. Se trataba pues, de un arte figurativo primitivista y por ello, puro.

James Castle

«Nos referimos a las obras ejecutadas por gente carente de cultura artística, para los cuales la imitación, al contrario de lo que ocurre con los intelectuales, tiene poca o ninguna importancia, por lo que sus creadores lo extraen todo —temas, elección de los materiales, medios de transcripción, ritmos, maneras de escribir, etcétera— de su propio interior y no de los estereotipos del arte clásico o de moda: operación artística “químicamente pura”, que su autor reinventa en todas sus fases y que pone en marcha sólo impulsado por sus propios motivos», explicaba Dubuffet.

Al paso del tiempo, esta corriente no sólo exaltó las creaciones de personas internadas por diagnósticos de trastornos mentales; amplió sus márgenes a los niños, personas sin hogar y con ningún tipo de instrucción académica.

Madge Gill

Episodio oscuro

El nazismo llegó hasta la clínica Heidelberg, desde donde surgieron los estudios psiquiátricos mencionados arriba. Tras la llegada de Hitler, Carl Schneider —psiquiatra nazi— propuso una “limpieza étnica”, que consistía en exterminar a las personas que amenazaran la salud física o psicológica de la raza aria. La colección de obras hecha por Prizhorn, fue cooptada y se usó como propaganda nazi para mostrar el “arte degenerado”, corruptor de la estética y la moral alemana.

Roberto Ponce

Los simpatizantes de Hitler buscaban comparar estas piezas con obras de Kandinsky, Cézanne, Van Gogh y Klee para llamar a todo aquello que estaba fuera de los cánones permitidos como “arte corrupto, horrible y desmoralizador”.

Pasada la Segunda Guerra, Dubuffet emprende la búsqueda de estas piezas. Movido por la convicción de que este arte estaba libre de los vicios de los artistas con prestigio y fama. Luego de crear la Compañía del Arte Bruto en 1948, realizó una exposición en Nueva York con estas mismas obras. A esta exposición le siguieron otras debido al éxito de la primera.

Robert Tatin 

En la actualidad, el art brut también es conocido como arte outsider o arte marginal. Esto porque sus creadores se encuentran fuera de los límites dibujados por las “autoridades” oficiales de la creación artística: las escuelas, galerías, museos, academias.

¿Por qué causa tanto escándalo el hecho de que personas sin instrucción artística sean exhibidas en un museo o galería?, ¿por qué el hecho de que no estén “bautizados” bajo la autoridad institucional los hace extraños experimentos del arte?

La genialidad ha estado emparentada desde siempre con la locura. El arte no es un ejercicio matemático ni su grandeza reside en factores técnicos ni lógicos; la conexión obra—espectador, sucede a través de la intuición, de lo que no está mediado por la razón. Probablemente sea esa la razón por la que el art brut sea un puro y franco ejemplo de las expresiones más profundas del espíritu.

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Carolina Romero

https://culturacolectiva.com/arte/

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