Imagen: Universidad de Manchester

 

Fue aislado por primera vez hace ya 13 años, pero al grafeno siguen saliéndole aplicaciones de lo más variopintas. El último milagro de uno de los materiales más finos, flexibles y fuertes que conocemos: hacer potable el agua del mar.

 

Los científicos ya habían demostrado el potencial de los tamices de grafeno para separar gases y sales grandes. Los problemas aparecían al intentar tamizar las sales minerales más pequeñas, como las que filtran las plantas desalinizadoras para obtener agua potable. Si bien las membranas de óxido de grafeno consiguen filtrar iones y moléculas de mayor tamaño, sus agujeros se inflan ligeramente en contacto con el agua y dejan pasar las sales más pequeñas junto al agua.

 

Ahora un equipo de investigadores de la Universidad de Manchester ha desarrollado unas membranas de óxido de grafeno que no se hinchan en contacto con el agua y son capaces de tamizar las sales comunes. El tamaño de sus diminutos poros puede controlarse con precisión hasta la escala atómica, lo que sirve para separar la sal disuelta en agua (así como otros iones y moléculas, si se ajusta su tamaño al de estas partículas).

Los hallazgos, publicados este lunes en la revista Nature Nanotechnology, demuestran el potencial del grafeno para la desalinización. A medida que el cambio climático reduce el abastecimiento de agua potable en las ciudades, esta nueva tecnología de desalinización puede proporcionar agua limpia a millones de personas que luchan por acceder a este recurso escaso.

[Nature Nanotechnology vía Phys]

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