Vanguardia

Vivimos condenados a consumir preguntas esclerotizadas y respuestas sin interés

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Viene Paul Auster a España para hablar de su libro y le preguntamos todo el rato por Donald Trump al modo en que cuando nos presentan a un neoyorquino le preguntamos si conoce a un primo nuestro que vive en Brooklyn. Auster extrae de sus archivos mentales una respuesta educada y de este modo averiguamos lo que ya sabíamos. A Trump, en cambio, jamás le preguntarán por Auster. He ahí una de tantas asimetrías en las que nos hemos instalado con una naturalidad atroz. El que pregunta, como se dedica a eso, a preguntar, conoce de antemano las preguntas. El que responde, por su parte, dado que tal es su oficio, conoce las respuestas y las administra sabiamente. De este modo, vivimos condenados a consumir preguntas esclerotizadas y respuestas sin interés. Deberíamos alterar esos lugares.

JUAN JOSÉ MILLÁS

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