“Todo lo que sé del sexo lo aprendí de Paco, el mono onanista”

Luis Landeira

Ríase usted de Copito de Nieve, el llorado gorila albino que marcó para siempre al zoo de Barcelona y a la propia ciudad condal. Porque en Galicia, concretamente en la localidad viguesa de Redondela, no ha mucho tiempo que vivía un mono verde africano, de los de ceniciento pelaje, enjuta anatomía, medio metro de altura, rostro negruzco, expresión taciturna y pene rojo brillante de verdimorado escroto.

El simiesco melodrama empezó en 1986, cuando un bravo marinero de Soutomaior se embarcó rumbo a África, donde vaya usted a saber por qué peregrina razón, adquirió un par de simios de la especie Chlorocebus aethiops, que atendían por Paco y Coco. Como no era menester acomodar los primates en casa, el marinero los donó al ayuntamiento de Redondela, que los metió en una jaula-caseta ad hoc en el recinto infantil de la Alameda, para regocijo de grandes y chicos.

Durante un tiempo, la vida de los micos transcurrió plácidamente como estrellas del citado parque, pero a principios de 1991 Coco falleció, dejando a Paco más solo que la una. Como consecuencia, el mono se agarró una depresión de caballo y, para horror del público de la Alameda, empezó a masturbarse de manera compulsiva.

El sicalíptico comportamiento del mono Paco hizo estallar una embarazosa controversia en Redondela, puesto que no era plato de gusto para los vecinos tener un primate enjaulado dándole al manubrio en esa zona con gran afluencia de niños y demás familia.

El caso saltó a los medios cuando, a instancias del grupo ecologista XEA, el alcalde de Redondela, Xaime Rei, le envió una carta a Antonio Nieto Figueroa “Leri”, concejal caralludo y populista que cortaba el bacalao en Vigozoo, pidiéndole ayuda para encontrarle ipso facto una pareja al mono que, según la misiva, se subía por las paredes debido a su “prolongada falta de desahogo sexual”.

El alcalde confesaba en su carta que había comprobado personalmente el furor sexual del mono Paco, fruto de una “falta de relaciones, absolutamente necesarias para el equilibrio y desarrollo normal de la especie”, y que como consecuencia de esto, “los actos de autosatisfacción se producen cada vez con mayor asiduidad”. Para subrayar la gravedad del asunto, el alcalde relató al concejal un episodio especialmente desagradable en el que una paloma “fue víctima de un ataque sexual del mono cuando se introdujo de forma imprudente en la jaula del pobre Paco”.

El revuelo mediático que provocó la carta, reproducida ad nauseam en periódicos y telediarios, hizo que los colectivos ecologistas pusieran el grito en el cielo por el hecho de tener al desdichado mono encerrado en una jaula llena de pulgas, y que las feministas se quejaran airadamente de que el edil se refiriera a las monas “como prostitutas”.

En medio de una virulenta polémica, el concejal Leri se vio obligado a hacer un gesto por la paz, personándose en Redondela armado con una cinta métrica, con la cual midió la jaula del mono, a quien calificó de “personaje extraordinario”. Leri aseguró que le haría a Paco una jaula-casa en condiciones en Vigozoo, para que allí conociera a su futura novia, una atractiva monita a la que bautizaron con el original nombre de “Vigo”.

Quiso Dios que cuando Leri se encontraba tomando medidas a la jaula de “Paco el golfo”, como él lo llamaba cariñosamente, éste empezara a menearse su encarnada varilla. Como había cámaras a porrillo, Leri salió del paso con una chusca ocurrencia: fingió entre carcajadas medirle los genitales a Paco. Este gesto generó aún más revuelo y fue tachado de “esperpéntico” por los ecologistas, ya que, como recordaría años más tarde el alcalde, “eran otros tiempos y la gente se escandalizaba por cualquier cosa”.

Bromas aparte, en marzo de 1991 trasladaron al mono Paco a Vigozoo, donde lo esperaba la mona Vigo. Y al fin pudo recuperar su alegría y disfrutar de una vida sexual sana, aunque nunca abandonó del todo sus prácticas onanistas. Por desgracia, la felicidad de Paco duró poco y en verano su compañera apareció muerta. “La mató a polvos”, dijo un gracioso. Y Paco no duró mucho más, pues en diciembre de ese mismo año un desaprensivo escondió un imperdible en su comida, cosa que le perforó el estómago y lo hizo pasar a mejor vida. “Qué va, ese se mató a pajas”, dijo un guasón.

Pero la peripecia del mono Paco no se perdió en el tiempo como espermatozoides en la lluvia. Amén de la memoria popular, de un restaurante coruñés y de un grafiti de cinco metros realizado junto al scalextric de Vigo, el realizador Piño Prego usó la historia del primate como base argumental para el documental El mono Paco (2009), que refleja la sociedad viguesa de aquellos años locos.

El film cuenta con la intervención de Julián Hernández, Michel Salgado, Antón Reixa, Iván Ferreiro, Manuel Manquiña o Karina Falagan, os de sempre, a falta de vecinos de Redondela, que se mostraron reacios a rememorar un caso que aún les incomoda. Como dice el propio Prego, “se trata de una historia tan estrambótica y absurda, con unas connotaciones morales y políticas propias de la Galicia profunda, que nos pareció perfecta como hilo conductor de un documental”.

*Contiene pelos, pulgas, pipas, plátanos, imperdibles, semen, información e imágenes de La Voz de GaliciaFaro de VigoGente DigitalEl País y el documental El mono Paco

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