El pensamiento y la lana
Salvo en el caso de las festivaleras asonadas tropicales, parece que la experiencia histórica demuestra que un pueblo con frío es incluso más revolucionario que un pueblo con ideas. Estos días tan inclementes, con nieve incluso en las hogueras huesudas de los indigentes, nos recuerdan la importancia redentora del calor y se aprecia que el descontento popular tiene mucho que ver con la circunstancia de carecer de gas para la cocina o de leña para encender la chimenea. Del mismo modo que algunas personas se acatarran con el sol, hay gente que se acalora con el frío y desprende la energía sin aliento de la que están hechas a menudo las revoluciones. A pesar de su bondad contemplativa y de su probada incapacidad para la audacia, el zar Nicolás II sabía que la lealtad del pueblo era insostenible por debajo de cierta temperatura y que en cualquier circunstancia la ira colectiva sobreviene cuando la educación y la cultura pueden menos que el frío. Cuando yo era niño, mi madre, que no era nada soviética, sabía que mis arrebatos revolucionarios eran más frecuentes en invierno, así que no tardó en darse cuenta de que para aplacar mi carácter levantisco lo mejor sería sustituir cualquier consejo por un poco de calor. Mi madre sabía que para frenar la ira del pueblo a veces no hay una sola idea que resulte más útil que una buena bufanda. Se trataba de la vieja lucha entre el pensamiento de los filósofos y la lana de las ovejas. Los gobernantes harían bien en temerle más al invierno que a las proclamas de sus enemigos políticos y tener en cuenta que el pueblo reacciona por el frío objetivo del termómetro más que por el falso calor de los discursos. Al pueblo llano es difícil detenerlo cuando para entrar en calor tiene que quemar sus propios guantes.
José Luis Alvite/larazon.es
La última vagina
Vigilar y castigar eran los dos términos que Foucault usaba para empezar el retrato del poder. Nos vigilan y nos castigan. Nos vigilan y nos castigan con la mera vigilancia. Nos castigan y nos marcan definitivamente como seres inconfundibles para ser observados en el futuro.
El recorrido de la existencia social atraviesa una calle donde las miradas del poder, un poder dividido en miles de ojos, nos unta y acribilla. Nos mata, finalmente.
Nos mata finalmente mediante la humedad de la muerte ocular pero, entretanto, estando vivos la profusión de los impactos sancionadores van saciando nuestro depósito íntimo. Nos sancionan y nos modifican. Nos hacen figuras de observación o muñecos sometidos al poder omnímodo.
Un poder que, precisamente es tal, tan omnímodo, porque no se ve.
La invisibilidad del poder le excluye de la vigilancia, la imposibilidad de vigilarle le libra de cualquier condena, la imposibilidad de atraparlo desarrolla su extraordinaria expansión. Finalmente, una fortaleza se erige en nuestro entorno. Una auténtica penitenciaría.
Uno a uno, los ciudadanos, habitan el patio de ese recinto con infinidad de torres vigías, incontables carceleros, torturadores de la vigilancia perpetua antes incluso de llegar a la celda. Carceleros o celadores feroces de los constantes panópticos que componen cárceles y hospitales, iglesias, universidades, ejércitos y escuelas.
Ser vigilado desde afuera, sin saber dónde se encuentra, ese punto óptico hace que inesperadamente por deslizamiento de lo que no se sabe desde donde ve, el sujeto se sienta todo él un objetivo. Un objetivo en lugar de un subjetivo capaz de pugnar contra el objeto. Un objetivo que, a la fuerza, su totalidad llega a ser un surtido de pupilas. Él mismo, abrumado de vigilancia, crea en su interior una pupila. La pupila que resulta del gran coito del ojo absoluto que todo lo ve sobre el último frunce que parecería libre de su incursión. La última y tenebrosa vagina que tampoco quedará exenta de la aguja luminosa que la percibe.
El bien o el mal. La buena o la mala persona se cincela mediante el arte de la mirada criminal. La mirada del vacío o el viento.
Vicente Verdú/http://www.elboomeran.com
Cosas sin las que no se puede vivir
Sin bancos, parece.
Sin religión, parece.
Sin ejército, parece.
Sin policía.
Sin mercaderes.
Sin tribunales.
Sin fútbol.
Sin guerras. (Ha habido más de 7.000 a lo largo de la Historia)
Sin mentir. (Según The Sunday Telegraph, la gente no cuenta la verdad cada ocho minutos de media. Los vendedores, las secretarias de los médicos, los políticos, los periodistas, los abogados y los psicólogos son los que más mienten.)
Sin insultos.
Sin televisión. (Los españoles dedican cuatro horas y media diariamente a ver la televisión.)
Sin líderes.
Sin calendarios.
Sin sospechar.
Sin culpar.
Sin recuerdos.
Sin miedos.
Sin incertidumbres y dudas.
Sin amor.
¿Es de buena calidad el ser humano?
¿Alguna más?
Escrtito en: http://blogs.publico.es/arturo-gonzalez
De Europa sólo quedará su nombre
Alberto Peláez

Cuando Alejandro Magno tomó posesión de Europa y media y, llegó con sus caballos a los pies de Afganistán, no sabía que se convertiría en uno de los héroes y que con los siglos se transformaría en un mito. Sí, en un mito, nuestro mito. En Europa vivimos de ellos y gracias a ellos.
Vivimos de Sócrates y del gobierno del pueblo, de Platón y Aristóteles. Vivimos de que ellos y los romanos —especialmente los segundos— crearon las bases del Derecho actual. Vivimos la creación de la imprenta del gran Gutenberg y también del Renacimiento que vio nacer la mayor etapa de esplendor cultural de Europa. Porque de aquella Europa salieron Dante y Petrarca y Boccaccio y también Rafael Sanzio y Leonardo y luego el Barroco y el Neoclasicismo y la Revolución francesa —fundamental— y Montesquieu y la separación de poderes. Nació la Enciclopedia y más tarde, el Positivismo y el Existencialismo. Y también los grandes autores de todos los siglos. Desde Racine a Molière, desde Shakespeare a Lord Byron, desde Lope de Vega a Lope de Rueda. Y así hicimos una Europa que siempre consideramos sólida como el plomo.
Fruto de la experiencia tecnológica y cultural, el hombre conquistó la luna y mucho más. También nos hicimos más longevos y mejoramos ostensiblemente nuestra calidad de vida.
Pero entonces, ¿en qué parte nos perdimos? ¿En donde nos caímos para que Occidente se desmorone como lo hizo Roma? ¿Por qué en veinte años todo el peso de la Historia se nos ha caído como una losa, como si fuese una lapida marmórea? ¿Dónde quedó nuestra famosa calidad de vida?
Cuando en los años sesenta comenzó a aplicarse el Neoliberalismo, comenzó el declive. Era fundamental dar poder a las empresas para arrogar al tejido productivo. Pero aquello se enquistó y se ha enquistado hasta hoy. Por eso, en España nos vemos con unas manos vacías de contenido pero llenas de desempleados. Por eso, no vemos la luz al final del túnel ni lo vamos a ver. Por eso, España se cae y llega a niveles como los de Rumania. Pero ¡Qué más da! Tenemos el Acueducto de Segovia y los toros de Guisando y a Cervantes y a Avicenas y a Averroes y también a Tirso de Molina y a Jovellanos y un gran vino y mejor comida.
¿De qué nos ha servido todo eso? Al final, nos damos cuenta que de poco porque estamos viviendo de las migajas.
Europa se muere y España con ella. Ya es muy mayor. Todo lo que nace tiene que morir. Cuanto más mayor se hace uno, más se aproxima a lo que nadie quiere. Pero en fin, así es la ley de vida.
Habrá que crear una nueva Europa. A lo mejor en un futuro, de Europa sólo quedará su nombre.
www.mileniodiario.com.mx
Kaliyuga
La izquierda está kaliyuga. Este término del hinduismo lo usaban algunos progres en tiempos de la psicodelia, a finales de los años sesenta del siglo pasado, bajo el humo de la marihuana, para expresar un estado de ceguera, de confusión o desánimo. Según los libros sagrados de los vedas, la diosa Kali es la dueña del terror, pero estar kaliyuga entre aquel grupo de amigos significaba, más allá de la influencia maligna de esta diosa, que una niebla rara te impedía percibir el futuro inmediato a medio metro de la nariz. Es lo que le pasa hoy a la izquierda en España. Ni siquiera está cabreada, sino simplemente ciega, confusa, kaliyuga. Con sus juguetes digitales, moviendo los dedos sobre un teclado, algunos jóvenes son capaces de convocar a decenas de miles de seres airados en una plaza y llenarla de gritos, pero, una vez reunidos, sobre su cólera se posa la niebla de kaliyuga y cuando esta se levanta ya no queda nada detrás de las pancartas. ¿Adónde ha ido a parar la movida del 15-M, que estaba dispuesta a asaltar el Palacio de Invierno armada solo con tenedores? Ha entrado en el reino de la oscuridad. En cambio, la derecha está en celo como una mona, feliz, sin complejos, en plena contrarreforma, poniendo patas arriba la ley del aborto, la píldora del día después, la Educación para la Ciudadanía, la ley de costas, lo que haga falta, mientras la economía se hunde un poco más cada día. No engaña a nadie. Estaba en su programa. La izquierda que por despecho o desgana rehusó ir a votar, no tiene ningún derecho a quejarse ahora. Incluso carece de coraje suficiente para rebelarse, porque está totalmente kaliyuga, envuelta en la confusión. ¿Quién sería capaz de pronosticar el futuro del socialismo? A medio plazo tiene menos porvenir que un submarino descapotable, como se decía entonces, cuando la marihuana de los dulces hippies sustituyó en este país a la grifa de los legionarios. En aquel tiempo estar kaliyuga era una expresión que se refería solo a un estado del espíritu. Había días transparentes en que todos los dioses te parecían azules. De pronto, sin saber el motivo, te invadía una extraña ceguera. "¿Qué te pasa?", preguntaba el colega. "Nada, que estoy kaliyuga". Eso mismo le pasa a la izquierda hoy, que está kaliyuga, nada más.
Manuel Vicent/elpais.es
«Breading», la última moda en Internet
Haga un agujero en una rebanada de pan de molde y póngasela a su gato en la cabeza, como si la atravesara con la cara. Fotografíe al animal de esa guisa y cuelgue la foto en cualquier red social. Bienvenido al "breading"

«Breading», la última moda en Internet
«El ocio es el opio del pueblo». Esta frase –inspirada en la crítica de Karl Marx a la religión en 1844- la enarbolan algunos pensadores en contra de la modernidad, con la gente «entretenida para que no piense en los problemas reales de la vida».
A buen seguro, estos grupos de opinión quedarán perplejos ante las nuevas tendencias que han surgido a través de Internet y de las redes sociales. La última extravagancia que se ha propagado como la pólvora por «Facebook» es el «breading» (del inglés, empanar). La idea fundacional de este grupo de aficionados a los gatos reunidos en la Red, es la de exhibir a sus propios felinos con un pan incrustado en la cabeza.
«Sombreros» con el trozo de una barra o pan de molde atravesado por la cara de la mascota son algunas de las modalidades más populares, que posteriormente se publican en «Facebook» y «Twitter» fundamentalmente, aunque ya han arreciado también imágenes en numerosos blogs.
Más de 9.000 fans en «Facebook»
Se trata del último «internet meme», un término usado para describir una tendencia que se propaga rápidamente a través de la web. Existe ya una web oficial en «Facebook» con más de 9.000 fans, y la tendencia cuenta además con un puesto de privilegio en la plataforma de blogs «Tumblr».
La moda surgió el 2 de agosto de 2011, cuando el primer felino «empanado» fue enviado a los canales de «Reddit» y «Tumblr», recibiendo 51.000 comentarios y votaciones en seis meses.
La foto recibió 15.000 votos y ahora la moda es tratada por el «International Business Times», «Metro», «Australia Herald Sun» o «Refinery29», entre otros medios.
www.larazon.es/reporter
El jefe del Pentágono pronostica que Israel atacará Irán en primavera
El ministro de Defensa hebreo asegura que la opción militar «es real y está lista para ser usada»
Israel e Irán se deslizaron ayer por un terraplén que puede conducir a una guerra, con manifestaciones cruzadas de sus dirigentes sobre la posibilidad de un ataque y su respuesta. No es un juego dialéctico: Estados Unidos asegura que ve la «fuerte posibilidad» de que los israelíes bombardeen en abril, mayo o junio las instalaciones nucleares iraníes sospechosas de albergar los preparativos para la bomba atómica.
El ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, ha asegurado que la opción militar contra Israel «es real y está lista para ser usada». Matizó que «será necesario considerar entrar en acción» en el caso de que «las sanciones no alcancen su finalidad de detener el programa militar de Irán».
Los servicios de inteligencia occidentales creen que Irán estaría a punto de entrar en una «zona de inmunidad», al pasar a desarrollar los elementos necesarios para la bomba (el enriquecimiento de uranio) en instalaciones subterráneas, contra las que los ataques israelíes serían inefectivos. De ahí que Barak haya dicho que Israel no puede arriesgarse a que sea «demasiado tarde». El Pentágono calcula que Irán podría estar en condiciones de fabricar la bomba dentro de un año, y ser aplicada en armamento dentro de dos o tres.
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, respondió ayer que la república islámica no cederá a la presión internacional. «En respuesta a las amenazas de embargos y guerra tenemos nuestros propios mecanismos... Ayudaremos a cualquier nación o grupo que se enfrente con el estado sionista (Israel)», declaró.
La posibilidad de un ataque de Israel para esta misma primavera ha sido apuntada por el secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, según «The Washington Post». Lo que concuerda con el aplazamiento solicitado por Jerusalén de unas maniobras militares conjuntas en mayo. De acuerdo con esa misma información, escrita por el analista David Ignatius, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aún no ha tomado una decisión. Si bien en el alto mando militar hay discrepancias sobre esos planes, existiría el criterio de que, de lanzarse, el ataque debería ser llevado únicamente por Israel, dejando a un lado a EE.UU.
Jerusalén confía en que el bombardeo pudiera tener la misma falta de réplica que hubo en 2007, cuando atacó una planta nuclear siria. En el supuesto de que la agresión fuera devuelta, Israel estima en quinientas las posibles bajas que debiera soportar. Solo un escenario bélico más amplio, con represalias iraníes contra intereses de Estados Unidos, provocaría la entrada directa de Washington en el conflicto.
Recientemente, el «Wall Street Journal» aseguró que el Pentágono aún está desarrollando una bomba que sea capaz de destruir instalaciones subterráneas tan profundas como las que al parecer tiene Irán.
Narco adentro
Por: María Teresa Ronderos | 01 de febrero de 2012
Esta semana escuché una charla sobre por qué los 'narcos' han disparado la violencia en México. De un promedio de 4 mil asesinatos por año asociados al narcotráfico entre 2000 y 2008, se pasó a un promedio de 16 mil asesinatos en los últimos años.
Para empezar la cuidadosa investigación de Viridiana Ríos, candidata a doctora de la Universidad de Harvard, derrumba el mito que de que la violencia se desató en todo México. Hay estados con menos de cinco asesinatos asociados al crimen organizado en un año, como Yucatán; hay otros dónde la violencia sí se disparó, como Nuevo León; y hay otros dónde los asesinatos se trepan súbitamente por temporadas, caen, y al poco tiempo vuelven a subir, como Veracruz y Durango.
Luego Ríos explica las razones de por qué el narcotráfico, de vieja data en ese país, en los últimos años se puso tan brutal. La primera es que de los viejos carteles familiares se pasó a verdaderas coporaciones industriales del crimen que están en plena expansión de territorios. Eso los pone a chocar entre sí con mucha mayor frecuencia, y cada guerra va dejando una estela de muertos detrás. 
El más sangriento choque ha sido entre los carteles de Sinaloa y Juárez y por eso es Chihuahua la que puso en 2011 el mayor número de muertos: 2925, casi todos en Ciudad Juárez. (ver foto típica de manta amenazante que dejó un cartel a otro en Ciudad Juárez)
La segunda explicación del incremento de homicidios es que la guerra que desató el gobierno Calderón contra los carteles hace que estos se dividan. Así que ahora hay 12 organizaciones criminales, cuando al comenzar el siglo había la mitad. Y entre más grupos nacen, más batallan entre sí, lo que profundiza el ciclo de violencia. En otras palabras, que el gobierno empezó un guerra con una estrategia que no sabía a dónde lo iba a llevar.
Y la última razón es que la descentralización y el cambio político hizo que los viejos arreglos entre políticos y carteles se rompieran, y viniera el desmadre.
Con una historia más larga de lucha frontal contra las drogas ilíticas, Colombia vio patrones parecidos. La declaratoria de guerra llevó al descabezamiento del cartel de Medellín, y después del de Cali, y del del Norte de Cali, y cada vez se fragmentaron más, se volvieron más pequeños e invisibles, pero no por ello menos violentos. Al contrario, los narcos fueron matando cada vez más allá de lo que les era indispensable para que su negocio fluyera sin problemas. Cientos de miles de inocentes cayeron con sus bombas, miles de líderes sociales que resistieron su poder corruptor fueron asesinados, mataron a los mejores políticos y a los periodistas más valientes.
La guerra contra el 'narco' en Colombia no lo sacó de la sociedad sino que lo empujó a sus entrañas: se coló con su lavandería de dinero en la economía y deslegitimó la política llevando a los corruptos elegidos con su dinero al poder. Ha servido de acicate al conflicto armado, proyevéndolo no sólo de dinero ilimitado, sino que contagió a los grupos armados ilegales de su estilo mafioso y de sus métodos brutales.
No es casualidad que el actual presidente de Colombia, después de haber vivido más de la mitad de su vida con las secuelas tremendas de una guerra en la que también nos metimos sin pensar cómo sería el final, esté hablando de que es hora de que el mundo piense en serio en la despenalización de las drogas. La guerra inventada por los estadounidenses convirtió la coca en un negocio imparable y su poder destructivo se está sintiendo con fuerza en las democracias más endebles de América Latina.
Tampoco sabemos a dónde nos conduciría una despenalización o incluso una legalización tan tardía, cuando ya el crimen organizado que originó la prohibición es multifacético. Puede pasar incluso, como dijo Ríos, que los carteles viendo que sus finanzas sufrirían un golpe mortal se vuelvan más violentos. Pero vale la pena aunque sea, romper los tabúes, y empezar a discutirlo.
El culo
¿Qué hizo Spanair con los pasajeros atrapados, por la mala fe de sus directivos, en los aeropuertos de medio mundo? Pues ofrecerles hojas de reclamaciones. No bocadillos ni bebidas ni hoteles ni biberones para los bebés, no, solo hojas de reclamaciones, seguramente llenas de casillas con preguntas indescifrables, quizá con el test de Rorschach adjunto. La hoja de reclamaciones devenía así en la última de una serie de burlas y atropellos que comenzaron al adquirir un billete falso, pues se estuvieron vendiendo billetes falsos hasta poco antes de la muerte súbita de la compañía. Las hojas de reclamaciones tienen un tacto suave, como el del papel higiénico, porque quienes las ponen en circulación las utilizan para limpiarse el culo. España está en estos momentos llena de hojas de reclamaciones y de culos. Los políticos, cada vez que nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos están enseñando el culo, a veces nos lo enseñan al tiempo de limpiárselo con sus programas electorales. Estamos hartos de culos y de hojas de reclamaciones, casi se agradece cuando, por variar, nos hacen una peineta, como la de Aznar en la universidad de Oviedo. ¿Te engaña tu operadora telefónica? Hoja de reclamaciones. ¿Te estafa tu banco? Hoja de reclamaciones. ¿Te tima tu agencia de viajes? Hoja de reclamaciones. ¿Te estabulan en el pasillo del hospital? Hoja de reclamaciones, mire, yo soy un mandado, es todo lo que puedo hacer por usted. Y llevan razón, son unos mandados a punto de quedarse en el paro, nunca hubo tantos mandados dando la cara que ocultan los que mandan ni tantas hojas de reclamaciones ni tantos culos ni tantas peinetas. Hasta los señores del Tribunal Supremo, tan serios y oscuros todos ellos, le están cogiendo el gusto a levantarse la toga y mostrarnos sus partes en un gesto de burla, perra vida.
Juan José Millás/elpais.es





