Cuando África despierte

Los europeos deben aceptar que necesitan a los inmigrantes y tener en cuenta que la economía africana no va a ser siempre el gigante dormido

Inmigrantes rescatados este jueves por Salvamento Marítimo y trasladados a Málaga.
Inmigrantes rescatados este jueves por Salvamento Marítimo y trasladados a Málaga. DANIEL PÉREZ EFE

 

La amenaza social es como la crecida de un río que se acerca, imparable, a un dique cada vez más frágil. En África viven mil millones de personas, que serán 2.400 millones en 2020, en su mayoría jóvenes y adolescentes. La ONU prevé que, en las próximas décadas, al menos medio millón intentará llegar a Europa cada año. En la otra orilla, hay 700 millones de europeos, que serán aproximadamente 600 millones en 2050, con una edad media de 50 años y un gran componente de centenarios.

La oportunidad económica inmediata es la que ofrece un mercado de mil millones de personas al lado de nuestras fronteras, de las que 600 millones no tienen electricidad. Si conseguimos llevársela, quizá con paneles solares, ¿cuántos frigoríficos podremos venderles, antes de que lo hagan los chinos? Para ahuyentar la amenaza y aprovechar la oportunidad, debemos encauzar el río. Conocer el gran reto de este siglo para Europa. Lo primero es aceptar que los europeos necesitamos a los inmigrantes. Hoy, en Europa, la pensión mensual de un jubilado la pagan cuatro personas en edad laboral. Con las tendencias demográficas actuales, en 2050, esa proporción será de 2 a 1: 38 millones de trabajadores y 20 millones de jubilados en Italia, 41 millones y 24 millones en Alemania, 24,4 millones y 15 millones en España. O aumentan los trabajadores o se duplican las aportaciones o se recortan las pensiones.

Con estos datos debería ser fácil hacer un ejercicio de realismo. La ola migratoria es un fenómeno histórico que no va a detenerse en las playas griegas o italianas, y mucho menos en las libias. Ni siquiera por motivos de seguridad. Las experiencias en Francia, Bélgica e Inglaterra demuestran que la principal amenaza contra la seguridad está en la segunda generación. Es decir, tiene que ver con la integración más que con la acogida. Está claro que, si es un fenómeno histórico, hace falta una solución a largo plazo, que imagine Europa y África más allá de 2025.

En Alemania, que en 2015 recibió un número de inmigrantes sin precedentes, el número de empresas que da trabajo a refugiados se ha triplicado en un año. En el primer trimestre de 2016, eran solo el 7%; a principios de 2017, el 22%. Son contratos de prácticas, fundamentalmente, pero es un principio. ¿Es mérito de Angela Merkel? No, más bien de los refugiados. Los que llegaron a Alemania procedían sobre todo de Oriente Próximo y especialmente de la clase media siria: ingenieros, arquitectos, profesionales cualificados, que huían de la guerra y de El Assad. En África, en cambio, las clases medias y privilegiadas se quedan allí, y los que llegan a las playas sicilianas vienen de las zonas rurales.

Es decir, es un problema cuantitativo, pero también cualitativo. Las perspectivas son favorables: en el continente africano, hoy, existe más paz que guerra, y hay firmes indicios de un despegue económico espontáneo. Es la situación idónea para poner en marcha una especie de Plan Marshall con el que Europa se garantice también su futuro. La idea ha sido planteada hace unos días en la reunión del G20 en Berlín, pero solo se ha concretado en apenas una promesa de esbozo.

África es el principal destinatario de la ayuda al desarrollo aportada por los países de la UE: más de 140.000 millones de euros entre 2013 y 2017, casi el 40% de la ayuda total. Antes de decidir si es mucho o poco dinero, hay que comprender para qué sirve. Si el objetivo es filtrar no solo cuántos sino quiénes emigran al otro lado del Mediterráneo, parece lógico pensar en programas de formación financiados por Europa. Si nuestros países siguen perdiendo población y necesitan fontaneros y enfermeros, formarlos sobre el terreno puede suponer una vía alternativa para la emigración, más atractiva que la travesía desesperada en una lancha desinflada.

Pero lo más importante son las inversiones privadas. En 2012, las empresas europeas invirtieron en África 11.600 millones de dólares; en 2015, 30.900 millones. Aunque son cifras engañosas, porque incluyen las dedicadas a prospecciones petrolíferas y porque, de esos 30.000 millones, 25 se invirtieron en Sudáfrica, la Suiza africana. Una lástima, porque las inversiones privadas pueden contribuir más que las públicas, y son el principal detonante de un desarrollo económico cada vez más visible. El FMI prevé para los próximos años un crecimiento del 3,5-4% e inversiones del 20% del PIB. La economía africana no va a ser siempre el gigante dormido, y Europa debe atreverse a estar presente cuando despierte.

MAURIZIO RICCI

 

Maurizio Ricci es analista económico y del medio ambiente en La Repubblica.

© Lena (Leading European Newspaper Alliance)

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia .

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EL DUOPOLIO DE FACEBOOK Y GOOGLE ESTÁ ACABANDO CON TODOS LOS OTROS MEDIOS DIGITALES

FACEBOOK Y GOOGLE SE ESTÁN CONVIRTIENDO EN LOS DOS GRANDES IMPERIOS GLOBALES Y DE PASO ACABANDO CON EL PERIODISMO TRADICIONAL EN BUENA PARTE DEL ORBE

El poderío de Google y Facebook sigue creciendo al tiempo que los medios de comunicación que no son también específicamente compañías de tecnología se encuentran sufriendo estragos.

El sitio Poynter reporta que esta semana la compañía Time Inc. anunció que despediría a 300 personas para intentar volverse más eficiente. También esta semana el Huffington Post anuncio que despediría 39 miembros de su staff, al tiempo que Verizon, la compañía a la que le pertenece este medio de noticias, adquiere Yahoo. El popular sitio de noticias Vocativ anunció que se desprendería de todo su staff editorial, en una decisión estratégica para centrarse solamente en producción de video. Hace dos semanas el New York Times anunció que reduciría su equipo editorial también para enfocarse en contenido visual. Se podrían citar otros casos, como por ejemplo The Guardian que en los últimos meses ha pedido donaciones a sus usuarios, etc.

El tema tiene que ver con que estos medios viven de la publicidad digital. Pero Facebook y Google, quienes no sólo controlan en gran medida la popularidad de todos los medios digitales al dirigir el tráfico, tienen también la gran mayoría del pastel de la publicidad. Reportes del primer cuarto de año muestran que FB y Google se llevan el 71% del dinero que se gasta en publicidad en línea y todos las demás compañías el 29%. En el 2015 era sólo 64% así que hay una marcada tendencia hacia el duopolio. Evidentemente, como ha quedado claro con cosas como la llamada cámara de ecos y la burbuja de filtros que fue observada en las pasadas elecciones de Estados Unidos, tal desequilibrio de poder es peligroso y afecta estratos políticos y sociales.

Esto además tiene el efecto de reducir dramáticamente la calidad de la información que se genera en los diarios, ya que cada vez más personas generan contenido gratis y el contenido viral es el que predomina, por lo cual hay pocos incentivos para invertir en contenido de calidad. Sin duda este puede ser uno de los grandes problemas que enfrentemos como sociedad en el futuro. Cuando los medios de información son ante todo compañías de tecnología, tenemos que confiar en la curaduría de los algoritmos y en su capacidad de entregarnos lo relevante. Ya que estos algoritmos están programados fundamentalmente para incrementar las ganancias de estas compañías, nos enfrentamos a la total deshumanización de las noticias. 

Por todo esto y por el hecho de que sus algoritmos son secretos y existen en una laguna legal en la cual no tienen que rendir cuentas, las académicas Ellen P. Goodman y Julia Powles llamaron a Google y a Facebook “los imperios más poderosos y furtivos que han existido en la historia de la humanidad” en este artículo de The Guardian (uno de esos artículos que quizás ya no veamos en los siguientes años). Estas profesoras universitarias hacen una interesante analogía, Facebook y Google no pueden realmente definirse: son plataformas, son medios, son redes sociales, son buscadores, etc… Lo que si podemos decir es que nosotros somos el media, el contenido dentro de estos gigantes, los usuarios somos también sus productos y esto es algo único en la historia. 

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Impresión en 3D, «la cuarta revolución»

Las impresoras ya son capaces de reproducir injertos de piel, piezas para aviones o comida

Dos corazones impresos a tamaño real por una impresora 3D
Dos corazones impresos a tamaño real por una impresora 3D – EFE

Cada vez está más cerca el día en que todo el mundo pueda darle a un botón e imprimir en casa un utensilio de cocina o una camiseta. La impresión en 3D avanza a pasos agigantados: ya utiliza plásticos, metales y resinas, y su aplicación se extiende a campos tan diversos como la medicina, la aeronáutica, la arquitectura o el marketing.

Así se puede comprobar con el centenar de objetos reunidos en la exposición que se inaugura hoy en la Fundación Telefónica en Madrid titulada «3D: Imprimir el mundo», que se podrá visitar hasta el 22 de octubre.

«Algunos lo llaman ya la cuarta revolución», explica Laura Fernández, responsable de exposiciones del espacio. Sus ventajas de producción son infinitas: desde el abaratamiento de los costes o la agilización del proceso, hasta la creación de estructuras y formas hasta ahora imposibles. Siemens ya fabrica con esta técnica turbinas de gas para aviones. Se imprimen en una sola pieza, cuando antes requería 13 estructuras diferentes. Ahora trabajan para llegar a imprimir las partes externas de metal del avión.

 

En el ámbito médico, las prótesis hechas a medida cada vez son más populares, mientras se sigue investigando otras aplicaciones. El martes, un equipo de investigadores españoles anunció que había logrado imprimir hueso y cartílago para implantarlos en pacientes con roturas o lesiones.

En otros sectores, en cambio, se sirven de esta técnica para agilizar las pruebas de producto. Hoy, el 10 por ciento de su uso industrial lo capitalizan los departamentos de márketing. A nivel global, para 2020 la impresión en 3D se cuadruplicará.

Como una manga pastelera

Aunque parezca imposible, también hay impresoras que ofrecen la posibilidad de imprimir comida. Sin embargo, según explica el responsable de Telefónica Digital, Salvador Pérez Crespo, son como «mangas pasteleras». Se usan para repostería o pasta, pero ¿se podrá llegar a imprimir un pollo? «Es complicado, porque es crear materia».

Por su parte, Estados Unidos ya ha anunciado que está desarrollando una nueva versión de «la madre de todas las bombas» y lo hará con la ayuda de una impresora 3D. «Se habla del dilema de las armas porque es una novedad, pero cuando tengamos un poco de perspectiva nadie hablará de eso. Hoy todos sabemos que se fabrican armas de otras maneras y nadie cuestiona la fabricación», dice Pérez Crespo.

EE.UU. creará una versión de «la madre de todas las bombas» utilizando el 3D

Aún le quedan muchos retos por delante a esta tecnología, que tiene sus antecedentes en los años 60. La capacidad para mezclar varios materiales en una misma impresión no está resuelto, como tampoco lograr que el proceso sea rápido. «A veces se bromea con que una ostra tarda menos en fabricar una perla —unos diez años— que una impresora 3D», señala el experto.Además, aún se debe lograr que cada persona pueda disponer de una impresora 3D para que sea una revolución completa. Aunque los precios están bajando, será difícil que el usuario cuente con toda la colección de materiales. Para los expertos, es más probable que el ciudadano acabe teniendo un modelo básico en casa y acuda al quiosco del barrio para las construcciones complejas. Así de sencillo.

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Contra los apocalipsis cotidianos

Si los mayores se quejan de no entender a los jóvenes es porque estos se esfuerzan deliberadamente en no ser comprendidos

Tres generaciones de una familia caminando en la playa.
Tres generaciones de una familia caminando en la playa. GETTYIMAGES

 

Si se leen bien, las tablillas de escritura cuneiforme, en torno al 3500 a. C., ya contienen un reproche de que la juventud mesopotámica no es como la de antes, que se pasan el día holgazaneando a la sombra de los zigurats, indolentes, como si el creciente fértil fuese a cultivarse solo. Invierten sus días en ocios vanos porque la civilización ya les vino dada por sus padres, que la levantaron a pulso desde un neolítico iletrado. Los primeros columnistas cuneiformes se preguntaban, estilete en mano, qué iba a ser de esa Mesopotamia cuando aquellos decadentes que derrochaban la vida haciéndose grabados-selfie en los muros de arcilla, asumiesen el poder.

 

Hay otro lugar común en microeconomía que dice que las empresas familiares duran tres generaciones: los hijos viven a su sombra e inercia, y los nietos, sin contacto con el esfuerzo hercúleo del fundador, la derrochan hasta malvenderla. Un reciente artículo sobre los millennialspublicado en este diario me ha despertado algunas ideas más al respecto. Sin sentirme aludido, claro, pues escapo por cuatro meses a la concepción millennial que se suele manejar y que englobaba a los nacidos entre 1980 y 2000 (generosa horquilla): yo nací en agosto de 1979. Soy, por tanto, parte de la ancianidad, pero también soy de esos ancianos que se resisten a pensar como tales y que conservan ese optimismo demencial, tan demodé como las locomotoras de vapor, acerca del progreso de la humanidad.

La idea de la decadencia está muy asentada y constituye una forma casi natural de ver el mundo. Tiene que ver con el sentido de la mortalidad y con la ilusión de que no se vive en vano: la convicción de que los hijos y nietos malograrán el legado propio lleva implícita la noción de que uno ha sido capaz de legar algo. Por tanto, la vida ha tenido un sentido y un propósito. Las elegías al mundo que se va son cierres argumentales, formas trágicas de hacer mutis. Sin embargo, la idea del conflicto generacional es muy nueva. Aparece con los románticos y alcanza su perfección en la posguerra mundial, cuando surge algo novedosísimo: la moda juvenil. Hasta 1960, como apunta Tony Judt en Postguerra, los jóvenes se vestían como sus padres. Se pasaba de la ropa de niño a la de adulto sin transición. A partir de entonces, los jóvenes sintieron tanto despego por sus viejos que crearon toda una cultura con códigos agresivos que ridiculizaba la conducta y los modales vigentes.

Si los mayores se quejan de no entender a los jóvenes es porque estos se esfuerzan deliberadamente en no ser comprendidos. Son las reglas de juego del conflicto.

Es normal, por tanto, que mucha gente no aprecie un propósito claro en la juventud. Se lo impiden, como a tantos otros, la naturaleza del conflicto y el arraigo de la noción de decadencia. Sin embargo, quienes seguimos creyendo en el progreso de las ideas, encontramos argumentos para sostener esa vieja intuición positivista, hija de la ilustración, de que los sucesores aprenden de los antecesores y los mejoran. El profundo diálogo con la tradición de una Silvia Pérez Cruz (1983) o la capacidad de actualizar y renovar debates políticos de un Owen Jones (1984), por ejemplo, son ejemplos dispares y radicales de lo que quiero decir.

Surgen nuevas corrientes feministas, como la doctrina de los cuidados. A partir del pensamiento de Bauman o de Zizek se lanzan nuevas preguntas a la condición contemporánea que tienen que ver con la ruptura de las esferas pública y privada. Artistas y escritores de muy diversos estilos rastrean en la tradición para huir de un mundo globalizado donde las diferencias y las posibilidades de vidas alternativas se achican: no es casualidad que Walden, el libro de Thoreau, sea una referencia contemporánea, como lo son otros eremitas como Wittgenstein, o que se revalorice la obra de individualistas como George Orwell.

Nada de eso está en la calle lanzando adoquinazos, como en el París del 68. Hay que buscarlo con paciencia, porque el sosiego, frente al frenesí aparente de las redes sociales, sí es un rasgo de la cultura actual: nadie (o casi nadie) espera transformar el mundo a bombazos. La muerte del padre es ya solo metafórica.

Sergio del Molino es escritor y periodista.

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‘Millennials’: dueños de la nada

¿Vale la pena construir un discurso para aquellos que no tienen la función de escuchar?

Un joven se hace un selfie durante una protesta en Rennes (Francia).
Un joven se hace un selfie durante una protesta en Rennes (Francia). J. F. GETTY

 

Cada generación que ha despuntado a lo largo de la historia, ha tenido un objetivo político y social o, simplemente, la intención de ocupar el poder. Y cada una ha tenido derecho a cometer sus propios errores. Desde los estudiantes del mayo francés —cuando los adoquines se convirtieron en un arma cargada de futuro contra los cristales de las boutiques parisinas bajo el lema: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”— hasta los baby boomers —los nacidos tras la Segunda Guerra Mundial—, todos encarnaron un salto cualitativo y social frente a sus mayores. Ahora, en estos tiempos, hay dos mundos: el que existía antes de Internet y del software y el que surgió después.

Es muy difícil explicar la disrupción que se ha producido entre los centros del poder y la representación política. Pero resulta más difícil entender un mundo en el que, uno tras otro, se producen grandes movimientos sociales —aparentemente por cansancio, fracaso e incapacidad de los modelos establecidos— que terminan aparcados en fórmulas alternativas que no constituyen en sí mismas una solución, sino una condena.

Los millennials (nacidos entre 1980 y 2000) vienen pisando fuerte. No hay empresa, organización o político que no dedique sus esfuerzos a alcanzar, convencer o movilizar a estos hijos de la revolución tecnológica. Todos tienen como objetivo conquistarles. Sin embargo, no existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad. Hasta este momento, salvo en sus preferencias tecnológicas, no se identifican con ninguna aspiración política o social. Su falta de vinculación con el pasado y su indiferencia, en cierto sentido, hacia el mundo real son los rasgos que mejor los definen. En ese sentido, es probable que el eslabón perdido de esta crisis mundial generalizada resida en el hecho de que son una generación que tiene todos los derechos, pero ninguna obligación.

Me encantaría conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram o una aplicación para el teléfono móvil. Una sola idea que trascienda y que se origine en su nombre. Porque, cuando uno observa la relación de muchos con el mundo que les rodea, parecen más bien un software de última generación que seres humanos que llegaron al mundo gracias a sus madres.

Aquellos millennials que viven sumergidos en la realidad virtual no tienen un programa, no tienen proyectos y solo tienen un objetivo: vivir con el simple hecho de existir. Al parecer, lo único que les importa es el número de likes, comentarios y seguidores en sus redes sociales solo porque están ahí y porque quieren vivir del hecho de haber nacido.

El problema es que, si gran parte de esta generación que está tomando el relevo no tiene responsabilidades, ni obligaciones y tampoco un proyecto definido, tal vez eso explique la llegada de mandatarios como Donald Trump o la enorme abstención electoral en México. Ojalá la alta participación de los menores de 35 años en las recientes elecciones británicas signifique un cambio de tendencia de esa profunda indiferencia social.

Al final las preguntas son muchas. ¿Vale la pena construir un discurso para aquellos que no tienen en su ADN la función de escuchar? ¿Vale la pena dar un paso más en la antropología y encontrar el eslabón perdido entre el millennial y el ser humano? ¿Vale la pena conocer la última aportación tecnológica y vivir queriendo influir con ella en un mundo que históricamente se ha regido por las ideas, la evolución y los cambios?

Si los millennials no quieren nada y ellos son el futuro, entonces el futuro está en medio de la nada. Por eso los demás, los que no pertenecemos a esa generación, los que no estamos dispuestos a ser responsables del fracaso que representa que una parte significativa de estos jóvenes no quieran nada en el mundo real, debemos tener el valor de pedirles que, si quieren pertenecer a la condición humana, empiecen por usar sus ideas y sus herramientas tecnológicas, que aprendan a hablar de frente y cierren el circuito del autismo. Pero, además, que sepan que el resto del mundo no está obligado a mantenerlos simplemente porque vivieron y fueron parte de la transición con la que llegó este siglo del conocimiento.

ANTONIO NAVALÓN

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El filántropo Amancio Ortega

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Con distintos argumentos, varias asociaciones para la defensa de la Sanidad pública han alzado la voz contra la donación de 320 millones de euros que ha hecho la Fundación de Amancio Ortega para la compra de equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer en hospitales del Sistema Nacional de Salud. Hay quienes han visto en el gesto un lavado de imagen del empresario y le han pedido que tribute más y done menos, quienes rechazan limosnas de millonarios de dudosa procedencia y exigen que sea el Estado quien aporte los recursos necesarios y hasta quienes han denunciado la penetración de la ideología neoliberal en el uso de la tecnología médica. Obviamente, tampoco han faltado los elogios y agradecimientos, algunos muy al borde de la petición formal de canonización para este santo varón de la moda prêt-à-porter.

La filantropía siempre nos ha parecido sospechosa y por eso tenemos grabado a fuego y con razón aquello de que nadie da duros a cuatro pesetas o, al menos, nadie se lo toma en serio, tal como demostró el artista Santiago Rusiñol a pie de calle y cartel en ristre. Nuestros ricos además se prodigan poco a la hora de llevarse la mano a la cartera, y luego está Hacienda, que es quien más desconfía del altruismo privado, y de ahí que las desgravaciones fiscales -un 25% para personas físicas y un 35% para las jurídicas- sean relativamente pequeñas en relación a otro países, donde el porcentaje sobrepasa el 60% e incluso llega al 100%.

Ortega ha construido un imperio del que recibe al año unos 1.000 millones de euros en dividendos y en vez de pisos, que eso es para rentistas de medio pelo, colecciona edificios. Su empresa Inditex a precios de hoy vale más de 113.000 millones, bastante más que Telefónica y el BBVA juntos. Da trabajo a más de 160.000 personas en todo el mundo y presume de que el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades sobre sus beneficios es del 25% y representa más del 2% de toda la recaudación por ese tributo.

No faltan claro las sombras, las denuncias de trabajo esclavo, la más reciente en Brasil, resuelta tras un acuerdo con la fiscalía previo pago de 1,3 millones de euros, y las de ingeniería tributaria por su presencia en territorios offshore. Según los datos del Observatorio de Responsabilidad Corporativa, al menos 74 sociedades del grupo estarían radicadas en paraísos o “nichos” fiscales. A finales del pasado año Los Verdes en el Parlamento Europeo denunciaron que, con su optimización fiscal, el dueño de Zara habría eludido el pago de 585 millones de euros en impuestos usando sus filiales en Holanda, Irlanda y Suiza para declarar beneficios obtenidos en otros mercados. Inditex rechazó las acusaciones y afirmó que cumple escrupulosamente la normativa de los 93 mercados en los que opera. En España, las inspecciones de IVA y Sociedades a las que ha sido sometido por Hacienda siguen sin concretarse en sanciones.

Volviendo a la filantropía de nuestras grandes fortunas, lo extraño no son las donaciones en sí sino lo raquítico de estas aportaciones. Para Ortega, al que se atribuye una fortuna de más de 71.000 millones de euros que le sitúan en el podio de los megaricos del mundo, los 320 millones que ha entregado su fundación representan el 0,44% de su patrimonio y la comparación con otros de su especie le dejan muy malparado en lo que a desprendimiento se refiere.

Y sí, lo de Ortega es una limosna si se confronta con Bill Gates, que con 39 años fundó su fundación, que antes de los 50 abandonó la presidencia de Microsoft para dedicarse a ella y que destina 3.000 millones de dólares anuales en distintos programas de educación y salud, desde campañas de vacunación contra la polio, la malaria o el sida, a la promoción de nuevas formas de agricultura en África y América. O con Marck Zuckerberg, tras su anuncio de donar el 99% de sus acciones de Facebook –más de 40.000 millones de euros- para proyectos que hagan un mundo mejor para su hija.

A iniciativa de Gates y de Warren Buffett, en agosto de 2010 cuarenta forradísimos estadounidenses pusieron en marcha The Giving Pied (la promesa de dar) por la que se comprometían a donar, ya sea en vida o en el momento de su muerte, al menos el 50% de sus fortunas para fines benéficos. Del proyecto, al que ya se han adherido más de 125 multimillonarios, forman parte Paul Allen, cofundador de Microsoft, el también cofundador de Intel Gordon Moore, el exalcalde de Nueva York Michel Bloomberg, el magnate Ted Turner, el cineasta George Lucas, Pierre Omidyar, fundador de Ebay, o David Rockefeller, entre otros. Los fondos previstos alcanzan los 125.000 millones de dólares.

Los gestos de Ortega se agradecen pero no dejan de ser el síntoma de esa arraigada cultura de la caridad con los pobres al salir de misa y de la sopa caliente de la beneficencia. Dicen que las grandes donaciones se explican por el deseo de algunos plutócratas de devolver a la sociedad parte de lo que han recibido de ella. En el caso del dueño de Zara, cuyos estiramientos de portero de futbolín le hacen a veces entregar 20 millones a Cáritas o sufragar un polideportivo en su pueblo, y en el de nuestros ricos de cabecera en general la sociedad ha debido de ser muy cicatera. En nuestra tacañería llevamos la penitencia.

JUAN CARLOS ESCUDIER

http://blogs.publico.es/escudier/

La hipocresía de las armas y la paz

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Hace unos días el Papa Francisco advirtió de una manera bastante explícita que hay potencias que hablan continuamente de la paz mientras hacen suculentos negocios con la venta de armas. Su advertencia llegó solo un poco después de que el presidente Trump firmara un gigantesco contrato para la venta de armas por valor de 110.000 millones de dólares a Arabia Saudí, y de que estableciera otros contratos multimillonarios para la venta de armas a otros países de Oriente Próximo.

Francisco tiene razón: es una hipocresía muy grande llenarse la boca con discursos pacifistas mientras se venden armas a porrillo a países que, como es lógico, luego las utilizan para iniciar y mantener guerras con sus vecinos, y las guerras siempre suelen se atroces.

Hoy justamente se cumplen 50 años del inicio de la guerra de 1967 y entre otras noticias que hemos conocido que Israel contempló utilizar la bomba atómica si las cosas no le iban bien en el campo de batalla.

Históricamente se nos ha vendido que en su momento Shimon Peres prometió al presidente Kennedy que Israel “no introduciría las bombas atómicas en la región”. Sin embargo, por lo que acabamos de conocer, estuvo a punto de hacerlo en 1967. De hecho, esto ya se publicó hace algunos años aunque sin la resonacia de ahora.

Señalar a Estados Unidos es oportuno, aunque no sería justo decir que es el único país que se dedica a la venta masiva de armas al tiempo que habla de paz. Hay numerosos países que hacen exactamente lo mismo, por ejemplo Francia, cuya compañía Dassault acaba de firmar un contrato para la venta de 57 cazas a la India. París, además, sigue vendiendo armas en grandes cantidades a los países sunníes como Arabia Saudí, aunque eso no impide que los presidentes franceses hablen cínicamente una y otra vez de la paz.

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

http://blogs.publico.es/balagan

La pintura la pillé aquí: https://www.artmajeur.com/es/artist/acquacris/collection

¿QUÉ SIGNIFICA QUE ESTADOS UNIDOS SE RETIRE DEL ACUERDO DE PARÍS CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO?

LA RETIRADA DEL ACUERDO DE PARÍS HA CAUSADO TEMOR E INDIGNACIÓN EN TODO EL MUNDO
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Hoy se anunció, ante la preocupación del mundo, que Estados Unidos dejará el acuerdosobre el cambio climático de París, el cual ha sido firmado por 195 países (sólo Siria y Nicaragua se han negado).

El New York Times, en un editorial, explica que Trump ha comprado la idea de que el acuerdo a luchar contra el cambio climático afectaría seriamente la economía. Aunque así fuera, de todas maneras sería necesario, pero esto no es cierto. Trump argumentó que el Acuerdo de París es simplemente un mal trato para Estados Unidos en términos económicos. Lo cierto es que el Acuerdo de París no obliga a los países que lo firmaron a hacer nada, solamente se ofrecen metas aspiracionales para reducir emisiones y reportes frecuentes sobre el estatus de cada país en sus esfuerzos por reducir las mismas. Esto también quiere decir que la renuncia al Acuerdo de París no hace que la política climática de Estados Unidos cambie necesariamente. Sin embargo, sí es una especie de golpe bajo en el ánimo de los esfuerzos globales y envía claras señales de que a Estados Unidos (o a su presidente) no le interesan las advertencias de la ciencia, no le importan los problemas que puedan suceder en el futuro por esto en otros países (especialmente los países pobres, que serán los primeros afectados), no acepta su responsabilidad histórica de ser el país que más dióxido de carbono ha emitido en la historia, y no tiene respeto por sus aliados y los acuerdos internacionales, es decir, no pretende cooperar. Actualmente, Estados Unidos es el segundo emisor mundial (China, país que retiró su apoyo al acuerdo, lo ha superado en los últimos años).

El popular sitio de análisis Politico.com sugiere que la verdadera razón por la cual Trump (quien ha hablado del cambio climático como un hoax) decidió retirarse del Acuerdo de París no fue por el clima (o por negar la veracidad de la ciencia) y ni siquiera para proteger a las corporaciones estadounidenses, sino simple e infantilmente porque necesitaba trollear al mundo. Trump es el troll del mundo… Se trató de:

dar el dedo medio al mundo, al tiempo que le recordó a su base de fieles que comparte su resentimiento ante las élites políticas, científicas y ante los hippies abraza-árboles que ven como menos a los estadounidenses que perforan por petróleo o excavan por carbón. El Congreso no parece querer pagar su muro fronterizo –y México ciertamente tampoco– así que rechazar el tratado de París era la forma más fácil de expresar su tema de Estados Unidos como fortaleza sin tener que pasar por la legislación.

Obama había tomado la decisión ejecutiva de firmar y ahora Trump, al desandar todo lo trazado por Obama, tomó otra decisión ejecutiva. No obstante, Estados Unidos está obligado a mantenerse dentro del Acuerdo de París hasta 2020.

Trump parece estar pensando en las personas que votaron, la clase media blanca trabajadora, sobre todo. Sin embargo, diversos datos señalan que 2/3 partes de los estadounidenses están preocupados por el cambio climático y una encuesta de Yale notó que el 70% quería que Trump se quedara dentro del acuerdo.

Consistentemente, numerosos estudios científicos muestran que las emisiones de carbono son responsables de un aumento de temperatura que seguirá incrementándose, provocando fuertes tormentas, sequías, alza en los niveles del mar y otros posibles desastres. Es imposible saber actualmente cuál será el efecto de que Estados Unidos no cumpla con los acuerdos internacionales sobre el cambio climático pero las proyecciones sobre el futuro no son nada halagadores, y este tipo de decisiones sólo puede hacer que se acelere la crisis que ya parece irreversible.

Un ejemplo de lo que puede suceder puede apreciarse en estos mapas que proyectan el año en el que ciertos cambios drásticos de orden climático afectarán a las grandes ciudades, con o sin la disminución radical de emisiones de dióxido de carbono.

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Noriega

Si hubiera conseguido resistir la invasión del ejército norteamericano, habría sido un auténtico emperador de las drogas

Manuel Antonio Noriega en junio de 1987.
Manuel Antonio Noriega en junio de 1987. JONATHAN UTZ AFP PHOTO

 

A Manuel Antonio Noriega le tumbaron los norteamericanos, los mismos que hasta entonces le habían apoyado mientras les fue útil. Noriega estaba ya, cuando George Bush dio la orden de bombardear Ciudad de Panamá, del lado de los narcos colombianos. Eso no era tolerable, porque Panamá está bien situada tanto en los caminos físicos de la zona como en los espirituales: el Canal es clave para el comercio mundial, y los rascacielos (qué palabra tan anacrónica y hermosa) de la capital dan cobijo a miles de millones de dólares fuera de control de las autoridades fiscales de medio mundo.

El ejército yanqui se empleó a modo bombardeando el barrio de El Chorrillo, donde habitaban los más humildes de los panameños, aquellos que todavía apoyaban a Noriega. El general era el sucesor de otro militar, Omar Torrijos, un nacionalista que había recuperado a base de astucia y de valor el canal para la soberanía panameña.

Torrijos no tenía una ideología clara. Era en realidad un populista, aunque había estado acompañado a lo largo de su historia por guerrilleros de la estirpe guevarista y cubana. Pero era un populista con la bodega de su casa llena de botellas de vino francés, y que usaba su avioneta presidencial para trajines sexuales que eran muy celebrados por sus subordinados.

Cuando Torrijos se mató a bordo de su avioneta, la llamada revolución panameña tuvo que optar entre convertirse en una democracia o en una dictadura. Noriega escogió lo segundo, y para ello tuvo que decapitar a quienes se lo reprochaban, como Hugo Spadafora, el militar americano más parecido al Ché Guevara. Lo de decapitar no es retórica, sino lo que hicieron los esbirros de Noriega con su rival.

El día en que Bush mandó bombardear El Chorrillo, el fotógrafo Juantxu Rodríguez encontró la muerte a la puerta del Marriot, ante los horrorizados ojos de Maruja Torres, mientras hacían un reportaje para este periódico. El ejército norteamericano arrasó el barrio de casas de madera, y mató a centenares de sus habitantes, partidarios del torrijismo.

Noriega tuvo que entregarse a sus enemigos, y pasó desde entonces, más de veintisiete años en la cárcel, en Estados Unidos, en Francia y en su país. Era una especie de Nicolás Maduro pero con un país muy pequeño, y si hubiera conseguido resistir la invasión, habría sido un auténtico emperador de las drogas.

Noriega, en realidad, había comenzado a cavar su tumba cuando decidió que Spadafora no la tuviera. Su cabeza nunca apareció. La de Noriega, sí. Devastada por un tumor cerebral. Un mal tipo.

JORGE M. REVERTE

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BILDERBERG 2017: LA ÉLITE MUNDIAL SE REÚNE EN VIRGINIA PARA REVISAR PRESIDENCIA DE TRUMP (LISTA DE ASISTENTES)

INICIAN LAS REUNIONES INFORMALES ENTRE LOS EMPRESARIOS Y POLÍTICOS MÁS PODEROSOS DEL MUNDO CON TRUMP EN LA AGENDA: BILDERBERG 2017 EN CHANTILLY, VIRGINIA
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El Grupo Bilderberg, formado por algunas de las personas más poderosas del mundo, departirá en Virginia este fin de semana, celebrando su reunión anual, uno de los acontecimientos más esperados del año para los teóricos de la conspiración.

 Charlie Skelton, reportero que lleva cubriendo estas reuniones por años ya para The Guardian (desde cuando eran “ultrasecretas”, el alimento favorito de la conspiranoia) señala que Trump recibirá calificaciones por parte “de las personas cuya opinión realmente importa”. La reunión a puertas cerradas entre poderosos empresarios de la tecnología, banqueros, políticos y hasta reyes, se realizará este fin de semana en el Westfields Marriot, una hotel de lujo no muy lejos de la Casa Blanca. La agenda de la reunió, según la prensa es “La administración de Trump: un reporte de progreso”. En respuesta a esto la Casa Blanca estará representada por el consejero de seguridad nacional HR McMaster; el secretario de Comercio, Wilbur Ross y el nuevo estratega de Trump, Chris Liddell. En otras ocasiones,  presidentes han visitado de última hora estas reuniones, así que existe expectativa de que tal vez Trump se dé una vuelta.  

Hace unas semanas, Henry Kissinger, uno de los más altos miembros de Bilderberg (especialmente después de la muerte de David Rockefeller) visitó a Trump en la Casa Blanca para discutir asuntos de política exterior particularmente de Rusia. Kissinger seguramente será uno de los ponentes en la reunión. Se espera también que el director de la OTAN, Jens Stoltenberg informé al grupo, después de las desavenencias entre Trump y ese organismo en Bruselas.

Entre otros asistentes se encuentran la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, el rey de Holanda, el director de Google y el embajador de China en Estados Unidos, quien cobrara un papel relevante ya que Bilderberg, famosos por su visión eurocéntrica, discutirá el papel de China.

Charlie Skelton, un poco en broma, un poco en serio, concluye que la interrogante es si Trump “recibirá ordenes para marcharse o será mantenido como un tonto útil”.

La reunión “ultrasecreta” tiene su propia página de internet donde publica los temas y la lista de asistentes:

Achleitner, Paul M. (DEU), Chairman of the Supervisory Board, Deutsche Bank AG
Adonis, Andrew (GBR), Chair, National Infrastructure Commission
Agius, Marcus (GBR), Chairman, PA Consulting Group
Akyol, Mustafa (TUR), Senior Visiting Fellow, Freedom Project at Wellesley College
Alstadheim, Kjetil B. (NOR), Political Editor, Dagens Næringsliv
Altman, Roger C. (USA), Founder and Senior Chairman, Evercore
Arnaut, José Luis (PRT), Managing Partner, CMS Rui Pena & Arnaut
Barroso, José M. Durão (PRT), Chairman, Goldman Sachs International
Bäte, Oliver (DEU), CEO, Allianz SE
Baumann, Werner (DEU), Chairman, Bayer AG
Baverez, Nicolas (FRA), Partner, Gibson, Dunn & Crutcher
Benko, René (AUT), Founder and Chairman of the Advisory Board, SIGNA Holding GmbH
Berner, Anne-Catherine (FIN), Minister of Transport and Communications
Botín, Ana P. (ESP), Executive Chairman, Banco Santander
Brandtzæg, Svein Richard (NOR), President and CEO, Norsk Hydro ASA
Brennan, John O. (USA), Senior Advisor, Kissinger Associates Inc.
Bsirske, Frank (DEU), Chairman, United Services Union
Buberl, Thomas (FRA), CEO, AXA
Bunn, M. Elaine (USA), Former Deputy Assistant Secretary of Defense
Burns, William J. (USA), President, Carnegie Endowment for International Peace
Çakiroglu, Levent (TUR), CEO, Koç Holding A.S.
Çamlibel, Cansu (TUR), Washington DC Bureau Chief, Hürriyet Newspaper
Cebrián, Juan Luis (ESP), Executive Chairman, PRISA and El País
Clemet, Kristin (NOR), CEO, Civita
Cohen, David S. (USA), Former Deputy Director, CIA
Collison, Patrick (USA), CEO, Stripe
Cotton, Tom (USA), Senator
Cui, Tiankai (CHN), Ambassador to the United States
Döpfner, Mathias (DEU), CEO, Axel Springer SE
Elkann, John (ITA), Chairman, Fiat Chrysler Automobiles
Enders, Thomas (DEU), CEO, Airbus SE
Federspiel, Ulrik (DNK), Group Executive, Haldor Topsøe Holding A/S
Ferguson, Jr., Roger W. (USA), President and CEO, TIAA
Ferguson, Niall (USA), Senior Fellow, Hoover Institution, Stanford University
Gianotti, Fabiola (ITA), Director General, CERN
Gozi, Sandro (ITA), State Secretary for European Affairs
Graham, Lindsey (USA), Senator
Greenberg, Evan G. (USA), Chairman and CEO, Chubb Group
Griffin, Kenneth (USA), Founder and CEO, Citadel Investment Group, LLC
Gruber, Lilli (ITA), Editor-in-Chief and Anchor “Otto e mezzo”, La7 TV
Guindos, Luis de (ESP), Minister of Economy, Industry and Competiveness
Haines, Avril D. (USA), Former Deputy National Security Advisor
Halberstadt, Victor (NLD), Professor of Economics, Leiden University
Hamers, Ralph (NLD), Chairman, ING Group
Hedegaard, Connie (DNK), Chair, KR Foundation
Hennis-Plasschaert, Jeanine (NLD), Minister of Defence, The Netherlands
Hobson, Mellody (USA), President, Ariel Investments LLC
Hoffman, Reid (USA), Co-Founder, LinkedIn and Partner, Greylock
Houghton, Nicholas (GBR), Former Chief of Defence
Ischinger, Wolfgang (INT), Chairman, Munich Security Conference
Jacobs, Kenneth M. (USA), Chairman and CEO, Lazard
Johnson, James A. (USA), Chairman, Johnson Capital Partners
Jordan, Jr., Vernon E. (USA), Senior Managing Director, Lazard Frères & Co. LLC
Karp, Alex (USA), CEO, Palantir Technologies
Kengeter, Carsten (DEU), CEO, Deutsche Börse AG
Kissinger, Henry A. (USA), Chairman, Kissinger Associates Inc.
Klatten, Susanne (DEU), Managing Director, SKion GmbH
Kleinfeld, Klaus (USA), Former Chairman and CEO, Arconic
Knot, Klaas H.W. (NLD), President, De Nederlandsche Bank
Koç, Ömer M. (TUR), Chairman, Koç Holding A.S.
Kotkin, Stephen (USA), Professor in History and International Affairs, Princeton University
Kravis, Henry R. (USA), Co-Chairman and Co-CEO, KKR
Kravis, Marie-Josée (USA), Senior Fellow, Hudson Institute
Kudelski, André (CHE), Chairman and CEO, Kudelski Group
Lagarde, Christine (INT), Managing Director, International Monetary Fund
Lenglet, François (FRA), Chief Economics Commentator, France 2
Leysen, Thomas (BEL), Chairman, KBC Group
Liddell, Christopher (USA), Assistant to the President and Director of Strategic Initiatives
Lööf, Annie (SWE), Party Leader, Centre Party
Mathews, Jessica T. (USA), Distinguished Fellow, Carnegie Endowment for International Peace
McAuliffe, Terence (USA), Governor of Virginia
McKay, David I. (CAN), President and CEO, Royal Bank of Canada
McMaster, H.R. (USA), National Security Advisor
Micklethwait, John (INT), Editor-in-Chief, Bloomberg LP
Minton Beddoes, Zanny (INT), Editor-in-Chief, The Economist
Molinari, Maurizio (ITA), Editor-in-Chief, La Stampa
Monaco, Lisa (USA), Former Homeland Security Officer
Morneau, Bill (CAN), Minister of Finance
Mundie, Craig J. (USA), President, Mundie & Associates
Murtagh, Gene M. (IRL), CEO, Kingspan Group plc
Netherlands, H.M. the King of the (NLD)
Noonan, Peggy (USA), Author and Columnist, The Wall Street Journal
O’Leary, Michael (IRL), CEO, Ryanair D.A.C.
Osborne, George (GBR), Editor, London Evening Standard
Papahelas, Alexis (GRC), Executive Editor, Kathimerini Newspaper
Papalexopoulos, Dimitri (GRC), CEO, Titan Cement Co.
Petraeus, David H. (USA), Chairman, KKR Global Institute
Pind, Søren (DNK), Minister for Higher Education and Science
Puga, Benoît (FRA), Grand Chancellor of the Legion of Honor and Chancellor of the National Order of Merit
Rachman, Gideon (GBR), Chief Foreign Affairs Commentator, The Financial Times
Reisman, Heather M. (CAN), Chair and CEO, Indigo Books & Music Inc.
Rivera Díaz, Albert (ESP), President, Ciudadanos Party
Rosén, Johanna (SWE), Professor in Materials Physics, Linköping University
Ross, Wilbur L. (USA), Secretary of Commerce
Rubenstein, David M. (USA), Co-Founder and Co-CEO, The Carlyle Group
Rubin, Robert E. (USA), Co-Chair, Council on Foreign Relations and Former Treasury Secretary
Ruoff, Susanne (CHE), CEO, Swiss Post
Rutten, Gwendolyn (BEL), Chair, Open VLD
Sabia, Michael (CAN), CEO, Caisse de dépôt et placement du Québec
Sawers, John (GBR), Chairman and Partner, Macro Advisory Partners
Schadlow, Nadia (USA), Deputy Assistant to the President, National Security Council
Schmidt, Eric E. (USA), Executive Chairman, Alphabet Inc.
Schneider-Ammann, Johann N. (CHE), Federal Councillor, Swiss Confederation
Scholten, Rudolf (AUT), President, Bruno Kreisky Forum for International Dialogue
Severgnini, Beppe (ITA), Editor-in-Chief, 7-Corriere della Sera
Sikorski, Radoslaw (POL), Senior Fellow, Harvard University
Slat, Boyan (NLD), CEO and Founder, The Ocean Cleanup
Spahn, Jens (DEU), Parliamentary State Secretary and Federal Ministry of Finance
Stephenson, Randall L. (USA), Chairman and CEO, AT&T
Stern, Andrew (USA), President Emeritus, SEIU and Senior Fellow, Economic Security Project
Stoltenberg, Jens (INT), Secretary General, NATO
Summers, Lawrence H. (USA), Charles W. Eliot University Professor, Harvard University
Tertrais, Bruno (FRA), Deputy Director, Fondation pour la recherche stratégique
Thiel, Peter (USA), President, Thiel Capital
Topsøe, Jakob Haldor (DNK), Chairman, Haldor Topsøe Holding A/S
Ülgen, Sinan (TUR), Founding and Partner, Istanbul Economics
Vance, J.D. (USA), Author and Partner, Mithril
Wahlroos, Björn (FIN), Chairman, Sampo Group, Nordea Bank, UPM-Kymmene Corporation
Wallenberg, Marcus (SWE), Chairman, Skandinaviska Enskilda Banken AB
Walter, Amy (USA), Editor, The Cook Political Report
Weston, Galen G. (CAN), CEO and Executive Chairman, Loblaw Companies Ltd and George Weston Companies
White, Sharon (GBR), Chief Executive, Ofcom
Wieseltier, Leon (USA), Isaiah Berlin Senior Fellow in Culture and Policy, The Brookings Institution
Wolf, Martin H. (INT), Chief Economics Commentator, Financial Times
Wolfensohn, James D. (USA), Chairman and CEO, Wolfensohn & Company
Wunsch, Pierre (BEL), Vice-Governor, National Bank of Belgium
Zeiler, Gerhard (AUT), President, Turner International
Zients, Jeffrey D. (USA), Former Director, National Economic Council
Zoellick, Robert B. (USA), Non-Executive Chairman, AllianceBernstein L.P.

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