Pocho

Hugo Chávez fue un dictador socialcomunista con paso previo por el golpismo militar. Gran demagogo y populista culminado. Pero de tonto no tenía un pelo. Jugaba a tres y cuatro bandas, incluída la de ETA, a la que mimaba en Venezuela. No dejó ninguna doctrina ni teoría política. El chavismo murió el mismo día de su fallecimiento. Ahora es un cadáver sin enterrar utilizado por su sucesor, aún más impresentable. Nicolás Maduro lleva muy poco tiempo en la cumbre del poder de Venezuela, un poder alcanzado de manera muy sospechosa. En los interiores de la Montaña occidental, dirían que de manera «muy sospechosísima». Le decían a Chávez el «gorila», pero Maduro, que ha empochado en pocas semanas, es como un mono aullador. Abundan en las selvas del Orinoco y en los bosques cerrados de los tepuís que se alzan en los Llanos. También en los verdes tupidos que acompañan al río Caroní desde los saltos de Canaima. El mono aullador asusta, pero no pasa de ahí. Lo cierto es que asusta un montón, porque al aullar muestra sus colmillos y triplica el volumen de sus cocochas, y parece que se dispone al ataque inminente, cuando en realidad está más atemorizado que a los que atemoriza. Nicolás Pocho es el mono aullador por excelencia, y ya no sabe a quien asustar.

Su deseo es meter en la cárcel a todos los venezolanos que no le han votado. Es decir, a la mitad de Venezuela como mínimo, porque la bruma de la trampa no se ha disipado. Amenazó con declarar la guerra a España por unos comentarios sin importancia del ministro Margallo. Resultó un aullido faltón y fallido. Los españoles nos sentimos tan inquietos como los neozelandeses, a los que Maduro aún no ha amenazado. Y ahora ha revelado que Álvaro Uribe, el anterior Presidente de Colombia, se propone asesinarlo. «Uribe es un asesino y ha planeado mi muerte».

Uribe ha sido el mandatario colombiano más valiente y decidido en su lucha contra el narcoterrorismo de las FARC. Nada de guerrilla. Ejército terrorista que se financia con el narcotráfico. Y durante su mandato, cayeron los principales dirigentes de las sanguinarias fuerzas. Dice Maduro que Uribe ha preparado un «comando selvático» para terminar con su vida. El que estuvo a un paso de ser asesinado en diferentes ocasiones fue el propio Uribe a manos de los terroristas que se establecieron en la frontera venezolana, amparados por la esquizofrenia bolivariana. Uribe es el ex Presidente de la nación más culta de Hispanoamérica, permanentemente herida por el terrorismo brutal de las FARC, y ahora esperanzada en su rendición. Es probable que el mono aullador defina a Uribe de «asesino» por los éxitos de su Gobierno frente a las FARC. Allá cada cual con sus preferencias, y las de Maduro están claramente inclinadas a favor de los narcoterroristas. Lo contrario supondría una monumental sorpresa.

Uribe no tiene poder. El suyo pasó, y Colombia es una nación civilizada que respeta a sus ex presidentes pero no los dota de aviones y batallones del Ejército. Figúrense la sorpresa si un día Hollande, el Presidente de Francia, anuncia con toda seriedad que Zapatero, o Aznar, o Felipe González planean asesinarlo. Llevarían a Hollande desde el Palacio del Elíseo a una clínica psiquiátrica especializada en zumbados de muy limitada curación mental.

Al Pocho Maduro le sucede que sabe que no da la talla. Que no es Chávez. Que ha ganado con trampa. Que han descendido en centenartes de miles los votantes bolivarianos. Y que el día que doble la servilleta Castro –el uno o el otro–, se va encontrar en pelotas. Porque el que amenaza es el que está en peligro.

Alfonso Ussía/larazon.es

Don Salvador

Dalí fue un genio. Para mí, mucho mejor dibujante que pintor. Pero esta opinión no puede ser valorada con seriedad, porque no soy un experto. Me dejo guiar por mis gustos, no los de las galerías de arte, que son las que mandan y las que se enriquecen con los pintores. En el esnobismo cultural, la mentira está muy bien considerada siempre que sea beneficiosa. Con Dalí, hoy abierto al público de Madrid con su gran exposición en el Reina Sofía, no han sido excesivamente generosos los críticos. Don Salvador evolucionó desde su apasionado amor por Federico García Lorca a la comodidad en el franquismo y su visión monárquica de la vida. Era un catalán muy poco identificado con la aldea. Convirtió su personalidad arrolladora en un negocio universal. Un negocio para él, como es de suponer. Dalí no se contentaba con asombrar con su arte. Lo que más le gustaba era escandalizar, ridiculizar a sus críticos y hacer lo que le daba la gana. Recuerdo una entrevista en TVE. Apareció con unas gafas muy aparatosas. Lo explicó con su vehemencia acostumbrada. Se trataba de unas gafas multifocales, con cristales cóncavos y convexos perfectamente ensamblados. «La gran ventaja de estas gafas es que son carísimas. Son las gafas más caras del mundo, y sólo las tengo yo». El entrevistador, llevado por la curiosidad, le preguntó: «¿ Y qué tal se ve a través de ellas?». Don Salvador respondió a bote pronto. «Fatal. No se ve absolutamente nada. Son las gafas de un genio».

Dalí protagonizaba payasadas, todas ellas espectaculares. Le obsesionaban los cuernos de los rinocerontes. Se le derretían los relojes. Para mí, que su amadísima Gala era un recurso pactado para humanizar su figura, tan despegada de la tierra. No se llevaba bien con Picasso. En Nueva York habló durante una hora a un público entregado criticando a Cézanne. Lo calificó como el pintor más torpe de la historia. Al terminar su diatriba, fue ovacionado. «Me han aplaudido por lo bien que hablo, no por poner a Cézanne en su sitio. En Nueva York no saben quién es Cézanne». Se hizo darwiniano por el mero placer de menospreciar a Picasso, que era tan buen dibujante como él y mucho mejor pintor que él. «Está científicamente demostrado que el hombre desciende del mono. Y al que lo dude le recomiendo que vea una fotografía de Picasso desnudo». Creo que al final de su vida, el entorno de Dalí estaba más pendiente del dinero que de su obra. Era monárquico por estética y soñaba reyes con mantos de armiño. Decía que un genio tenía que comportarse como tal en todas las situaciones. Los que le conocieron íntimamente aseguran que en la intimidad era una persona absolutamente normal, educada y nada extravagante. Pero su capacidad ilimitada para dorar su «ego» le llevaba a culminar las más exóticas peripecias. Dalí fue un lujo del arte, un pasmo de personaje. Creo que la esfera de la tierra se le quedó corta. Sus bigotes eran la consecuencia de un muy trabajado detenimiento, como su maestría en el manejo del bastón o el diseño de sus horrorosas levitas. El gran Dalí, dibujante excelso y muy buen pintor, se pasó la vida riéndose del mundo y del propio Dalí, al que otorgaba una condición ajena. Jamás habló de él con un «yo», sino con Dalí. «¿Cuándo volverá a Nueva York?»; «Dalí volverá a Nueva York cuando le apetezca».

Su distancia con los artistas encumbrados por su ideología le valió el desprecio de la crítica politizada que en el Arte impera. Pero el tiempo pone las cosas en su sitio, y ahí está en Madrid, recuperado, aclamado, y por desgracia, en silencio.

Alfonso Ussía/larazon.es

El sueño

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Entonces Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España, golpeó con el puño y con contundencia la mesa. Ángela Merkel amagó hacia atrás, asustada. «Me dejaron una España en la ruina. Prometí bajar los impuestos y los subí. Cuando me hice cargo del Gobierno tenía algo más de cinco millones de parados. Ahora superan la cifra de seis millones. He cumplido a rajatabla con la rígida política de ajustes que me habéis impuesto en Europa. Un cumplimiento rígido que no he sabido compaginar con un impulso al crecimiento. Te he entregado, a ti y al resto de tus esclavos de Bruselas, la soberanía de España. He anunciado una mejora para 2014, y mi ministro Guindos me ha dicho que “evientmente” no vamos a cumplir con nuestro vaticinio. Aunque no me he atrevido a reconocerlo, mi ministro de Hacienda Montoro me anima a subir el IRPF y el IVA. Le he recomendado que no mueva nada hasta que yo estime que el movimiento es imprescindible. Pero no te preocupes, Ángela, que intentaré compensarlo con otros impuestos. No he dado la cara después del Consejo de Ministros porque se me cae la ídem de vergüenza. He retardado mis explicaciones para dentro de diez días, porque ahora mismo, Ángela, en este momento en el que te hablo, carezco de argumentos convincentes.

Tienes razón en mi incapacidad para detener la hemorragia del derroche del Estado. Y no puedo negarte que estoy siendo muy pusilánime con la corrupción en mi partido, en el de la oposición, en el resto de las formaciones políticas y en la administración de las autonomías.Y también que mantengo la mayor parte de las subvenciones que despilfarraban los Gobiernos de Zapatero. Los sindicatos, Ángela, viven gracias a mí, y encima me toman la calle y me putean hasta el agotamiento. Los jóvenes no encuentran trabajo, y los universitarios más brillantes se licencian y doctoran en el paro. Muchos se han ido contigo, a Alemania. Pero tienes que reconocerme que todo esto lo he hecho porque tú y tus esclavos me lo habéis exigido. Y ya no aguanto más, Ángela. He decidido recuperar la soberanía de España. Voy a iniciar las gestiones para abandonar la zona euro y volver a las pesetas. Peor que ahora no vamos a estar, y de paso, os fastidio a todos, porque la salida de España del euro generaría una crisis en la Unión Europea de muy difícil solución. Voy a llamar a Cameron, que también está harto de ti y de tus exigencias. Estoy de acuerdo en que para España, abandonar el euro sería trágico y dramático, pero no me negarás que con el euro todo se ha encarecido, y la tragedia y el drama de millones de españoles me los tengo que desayunar un día sí y el otro también. Voy a cambiar a los ministros económicos porque no han sabido ser rigurosos y, simultáneamente, flexibles. Y con los separatismos no voy a tener contemplaciones. Ahí, Ángela, estarás conmigo. ¿Qué harías tú con una Baviera separatista? Lo contrario que yo hasta ahora. Reaccionarías inmediatamente y no ofrecerías a los bávaros componendas económicas a cambio de su lealtad. En la Constitución Española se contempla la supresión de las autonomías cuando éstas son desleales, y la inmediata recuperación de todas las transferencias por parte del Estado. Te aseguro, Ángela, que no me va a temblar el pulso. Y también estoy dispuesto a enfrentarme, política y judicialmente, al entorno del terrorismo en las provincias vascas. Pero lo preocupante es esa cifra que supera los seis millones de parados, que prueba el fracaso de mi Gobierno. Mucha parte de la culpa la tienes tú. Te he obedecido, me he humillado y te he entregado España para que la manejes. Pero se acabó, Ángela. Nos vamos. Saldremos de ésta. Dos años más de recesión pueden derivar en una revolución violenta. Si convenzo a Cameron, y España y el Reino Unido dejamos de estar a tus órdenes, nos salvaremos. Porque los españoles están hartos de mí, y con muchas razones para estarlo. ¿Lo has entendido, mona?».

Pero era un sueño.

Alfonso Ussía/larazon.es

De cul

Une fois chaque anne, et pour un simple desire de vanité, mon article se redacte en français. Demostration de ma facilité pour ecrire en tous les langues. Aujourd´hui le téme en concrete que plus me preocupe est, sans doute aucune, la absence de capacité de reaction de les membres de le Goubernement espagnol et son partie politique contre les amenaces separatistes de basques et catalans. Avec les coujenettes de cravate, les oeufs disparus, le ministre de l´Interieur, monsieur de Fernandes, concedé la liberté provisionel par raisons humanitaires a le terroriste Bolinague, malade d’un cancer terminel.

Actuelment, le malade Bolinague mostre un etat de santé envidiable, s´agarre unes trompes descomununelles en compagnie de ses amies, mange avec une apetite fabuleuse et avoir engordé de tal maniére que parait un cochon, un porc et aussi, un marrane. Simultáneament, a meme temp, le asassin De Jeane Chaos y le criminel Josú Terniére, se despelotent depuis son paradises de refuge a coste de tous les citoyens espagnoles. Bien, bien, ¡voilá!

En secrét, le President Mariane de Rajois, a recú a le palais de la Monclove a le President de l´autonomie de Catalogne, monsier Arture Plus. Monsieur Plus etait firmement decidé a organiser une consulte non legal avec le fin de declarer l´independence de la Catalogne, o lo que est egal, de les provinces de Barcelone, Tarragone, la Leride et Gerone. Monsieur Plus se passé de la langue dans la campagne electorel et como dit la sentence populaire espagñole, «a bonnes heures, mangues verts». Son probléme es la caisse. Il ni avait ni une pute euro, et precise de la financiation de L´Etat, mais non le sale de le güite renonçer a son plain separatiste. Une embrouillement de pére et beaucoup monsieur mois.

Bien, bien ¡voilá!

Par outre part, le Goubernement de l´Espagne sufre et padéce de l´acose violent de une multitude de gauchistes que en temps de la administration

–par dire quelque chose–, socialiste, ont´etait completment en silence et couchettes en ses chambres. Les sindicates, comandés pour le monsieurs Toxó et Mendes, organisent chaque deux par trois, toute clase de manifestations, mais le Goubernement mantiéne les soubventions millonaires a cette group de gorrons profesionelles. Un Goubernement clairment cobardique et blande comme un ballon de gomme. De la gomme plus fragíle, pour être sinceres. Complexe d´inferiorité. Bien, bien, ¡voilá!

A cette passe, l´Espagne, notre Patrie, notre pays, notre nation, s´irá a le caraje, a le quinte chichí, a la porre. La jeunesse emigre, les impots son insopourtables, et le ministre de le Trésor, monsieur le Montoire, seulment avait agarré par le coujons a les plus debiles, en tanto que a les millonaires de societés interpostes et a les rentistes que jamais han pegué avec un pal al eau, non les moléste. Non toute est la economie. Mais le Goubernement espagnol parait socialiste, y de continuer ainsi, le va a voter dans les urnes en la prochaine ocasión sa tante, son pére, sa mére et son fils. Moi, non. Bien, bien, ¡voilá!

Conclusion: Deception mayuscule. Promises electorelles a le cube de la basúre. Aucune personalité et firmesse. Une falte de simpatié et conviction en le discours, preocupant. Le terroristes en la rue. Les separatistes, mimés. Les citoyanes, plainement jodís. Nous avons irrité la retambufe. L´Espagne va de cul.

Alfonso Ussía/larazon.es

El globito

Kim Jong-un, el tirano globito, está capacitado para montar un lío de los gordos. Como todo dictador comunista, sus Fuerzas Armadas son beneficiarias de un altísimo porcentaje de los presupuestos. En el pueblo, el hambre, la miseria y el desconocimiento general de lo que sucede más allá de las fronteras de Corea del Norte. La renta «per cápita» de Corea del Sur se multiplica por 39 respecto a la de Corea del Norte. Sin el apoyo de China, el globito estaría pinchado, pero a los chinos les conviene la situación. China, más que un sistema o un régimen comunista, es un experimento. Zonas voluntariamente deprimidas y cuyos habitantes viven en el siglo XIX, y capitalismo a ultranza en territorios prósperos sujetos a la libertad de los mercados. En Corea del Norte sólo viven bien los altos cargos del Partido y los militares. Y cuenta con un poderoso ejército, aunque a veces se les haya ido la mano y la voz exagerando su potencial.

Se dice –allí todo es hermético–, que el cerdito consentido ha declarado la guerra a Corea del Sur y los Estados Unidos. Suena a farol. Corea del Sur es una nación libre y democrática, productiva y rica, y también tiene su fuerza para defenderse. Y lo de Estados Unidos parece de coña. Pero los mochales, y el globito lo es desde que creció junto a su lloradísimo papá, nunca son de fiar. Si dice que tiene mil barcos, puede que los buques de guerra sean doscientos, pero estarán bien armados. Y soldados de a pie le sobran. Ahora son más de un millón y si le da por el capricho, militariza hasta los árboles. Pero intuyo que la declaración de guerra de la peoncilla tirana ha sido un pasarse varios pueblos o una reacción alcohólica. A los chinos no les interesa una guerra en sus aledaños, y menos aún, una guerra comandada por un aliado que no les merece ningún respeto. Porque los chinos son chinos, pero no tontos.

Además, que una guerra no se puede ganar con unos generales tan llorones. Cuando murió el papá del ceporro sebáceo, producía risa ver llorar a tantos generales juntos. Todos con condecoraciones hasta los suburbios de la fuchinga, y todos abrazados en el llanto ante los restos mortales del fiambre canalla. Si los generales lloran, más lo harán los coroneles, y ya me contarán ustedes como sollozarán los capitanes, y los sargentos, y por último, los soldados, que nadarán entre riadas de lágrimas. Las guerras se ganan combatiendo, no con zollipos, gimoteos y perras.

Sólo faltaría que Ada Colau se solidarizara con la causa del marranete y se pusiera a llorar con ellos, que es mujer de lágrima fácil y emoción en permanente brote.

Los generales son seres humanos, y como todos los hombres, lloran y se emocionan. Pero no al unísono. Trescientos generales llorando simultáneamente no inspiran el respeto que se precisa para ordenar a las tropas que crucen un río entre el fuego enemigo. Lo curioso del caso es que el único coreano que no se desencuadernó de llantos ante su papá fue el hijo, cuando su papá se portó divinamente con él. Le compró lo que quiso, le hizo heredero de su inmensa fortuna y lo impuso como sucesor mientras sus generales lloraban como folclóricas. Los «casacas azules» de la Caballería de los Estados Unidos vencieron a los sioux, los apaches, los comanches y los arapahoes por el ruido que hacían con anterioridad a un ataque. La cercanía de un regimiento de Corea del Norte con todos sus componentes llorando como si les hubieran anunciado a todos ellos que han perdido a su madre, se me antoja una gran ventaja para los soldados de Corea del Sur.

«Mi general, ya se oyen los llantos. El enemigo está cerca».

Y ¡zambomba!

Espero que todo se solucione con la diplomacia y un poco de buena voluntad por parte del rechoncho. Corea del Sur cuenta con suficientes recursos militares para defenderse, y los Estados Unidos le queda a los llorones bastante a trasmano. No dudo del potencial, exageraciones al margen, de Corea del Norte. Pongo en duda su espíritu militar. Una guerra no se puede ganar con generales gemebundos y plañideros. Así que ya lo sabes, gordinflón. A comerse la chulería.

Alfonso Ussía/larazon.es

Humor terrorista

El humor y el terrorismo no terminan de entenderse. Definir el humor es muy complicado, como hacerlo del amor. Pittigrilli, sobrevolando con su humor, sí se atrevió a definir el amor: «El amor es un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso»… Y Jardiel, que de humor sabía, sentenció que pretender dar en la diana con la descripción del humor es tan difícil como clavar a una mariposa con un poste de telégrafos. En el fondo, el humor es la sublimación del sentido común, aunque también alcance su riqueza los ámbitos opuestos del surrealismo y el absurdo. Hay un humor blanco, un humor ácido, un humor de azufre, un negro humor de muerte, un humor para tontos y un humor sutil y sonriente. No existe el humor terrorista, porque la sangre, el dolor, la tragedia, el crimen y la cobardía no tienen sitio en los lugares del humor, por burdo y procaz que éste sea. En España, el humor está mal visto porque no somos un pueblo con humor. Nos puede el dogmatismo. Nuestro humorista más grande murió en la miseria. Se llamaba Miguel de Cervantes. Y nuestros grandes satíricos han sido siempre víctimas de persecución, cárcel, multas y demás lindezas. Quevedo, Villamediana, Villergas, Manuel del Palacio… Aquí sólo se valora lo triste, lo falsamente trascendental, lo aburrido. Hay un esnobismo,muy de izquierdas, siempre predispuesto a convertir la vida en un tostón. Un gran humorista, genial dibujante, proveniente de la izquierda más dura de su tiempo, Chumy Chúmez, lo explicaba a la perfección. Si eres de izquierdas estás obligado a darle un sentido reivindicativo a las cosas más sencillas y naturales. Y contaba lo del prefornicio políticamente correcto. El tío en la cama leyendo «El País», y ella, que al quitarse las bragas comenta: «Estoy muy preocupada con el tema palestino». Muy de izquierdas.

La diputada proetarra de Amaiur –proetarra y Amaiur es pleonasmo-, Maite Ariztegui, no ha estado graciosa ni afortunada cuando, refiriéndose a las exigencias de que la ETA entregue las armas, ha establecido una comparación con dos grandes personajes del humor. «Sólo conozco un caso en que las armas se entregan, así sin más en un descampado, y fue en Astérix y Obélix». Estoy seguro de que a Uderzo, el dibujante, y al genial Goscinny, el creador de las ideas y los textos de Asterix, les habría preocupado sobremanera saber que una partidaria del terrorismo más brutal fuera lectora de sus joyas más universales. Y más aún, que las pusiera como ejemplo para justificar el mantenimiento de las armas por parte de los terroristas.

Astérix y Obélix han consolado, con toda seguridad, la infinita tristeza de centenares de niños huérfanos por culpa de los amigos de Maite Ariztegui. Es muy probable, que una buena parte de los más de veinte niños asesinados por la ETA, en la víspera de su muerte, recibieran al sueño leyendo las aventuras de Astérix y Obélix. En las ruinas humeantes y sangradas de las casas-cuartel de la Guardia Civil despedazadas por la ETA, había con toda seguridad, ejemplares de Astérix y Obélix. Que venga esta indeseable a hacerse la graciosa con Astérix y Obélix como justificación de su miseria y perversidad, se me antoja insoportable.

Astérix y Obélix nacieron para hacer el bien, para ayudarnos a sonreír desde la mirada y la lectura. No tiene derecho esa presumible mujer a pronunciar sus nombres ni en broma. Que se ría de su familia.

Alfonso Ussía/la razon.es

Falta de respeto

Unos amigos de la otra orilla –me refiero a América, la otra orilla del Atlántico–, me invitaron a comer en un restaurante de esos llamados de «cocina de autor». Decoración gélida y como es habitual, los camareros vestidos de negro. Cuando nos ofrecieron la carta experimenté la misma sensación que en aquella lejana tarde colegial cuando me obligaron a aprenderme de memoria la «Marcha Triunfal» de Rubén Darío. Una carta interminable. Les puedo asegurar y se lo aseguro, que después de pasar la vista por los aperitivos, entrantes, ensaladas, carnes y pescados, ni una sóla oferta culinaria me sedujo. Con gran parsimonia, llegó el «maitre», muy sobrado de vanidades y distancias. Mis amigos, recién llegados a Madrid tenían hambre y se despacharon con alguna de las bobadas correspondientes. Y a mí, sinceramente, me apetecía cenar una tortilla francesa con jamón. Así de sencillo.

Cuando se lo solicité al sobrado y distante «maitre», éste me observó de arriba abajo como si fuera un delincuente. –Lo siento, pero no tenemos tortilla francesa con jamón–. Inicié el debate. –¿Tienen ustedes huevos?–. –Si, por supuesto–. –¿Y jamón?–. –Efectivamente–. –Entonces todo se puede arreglar. Le dice al jefe de cocina que rompa dos huevos y les añada jamón. Y eso es una tortilla francesa de jamón–. –Un momento, que voy a consultar–.

La consulta fue rápida. Con «maitre» se acercó hasta nuestra mesa el Jefe de cocina, de quien deduje que era el propietario del local. Muy antipático. –Le decía a su «maitre» que sólo me apetece comer una tortilla francesa con jamón. Y su «maitre» me ha dicho que es imposible satisfacer mi sencilla demanda–. Entonces, el genio de la «cocina de autor», probablemente premiado con alguna estrella «Michelín» de las que se compran, me soltó como un escopetazo una oración contudente: –Usted no me puede humillar así. Usted me está faltado al respeto–.

¿Una tortilla francesa con jamón es una falta de respeto? ¿Una tortilla francesa con jamón es una humillación profesional? ¿No será, al contrario, una falta de respeto ofrecer a un indefenso cliente «lomitos crudos de dorada del Estrecho con salsita de fresas y bellotitas dulces»? No sólo una inconmensurable falta de respeto, sino el timo del tocomocho. Esa insignificancia se sirve de la siguiente guisa. Dos lomitos –nunca mejor escrito–, de dorada bajita del Estrecho, una salsita de fresas y una bellota confitada. El precio 32 euros. Lo de la bellota dulce lo ignoraba, pero parece tener una gran aceptación en la zona machega de Albacete, de lo cual me congratulo. Una zona repleta de impresionantes dehesas, con una producción de bellotas generosísima, y cuyos propietarios o cooperativistas ignoran su desmedido valor. Porque lo más grande del plato era la bellota. Y lo más caro.

España es una joya de la gastronomía popular. Allá donde se vaya, se encuentra uno con un milagro. Pero de decenios a estos días se ha poblado de centenares de restaurantes que permanecen muy poco tiempo abiertos, pero se forran a costa de los besugos que reservan sus mesas. Algo, o mucha culpa, tienen los gastrónomos oficiales que se mueven de un lado a otro, sin necesidad de abrir la cartera. También en esto España está sometida a una mafia de gente muy educada, pero mafia al fin. El restaurante en cuestión, una porquería.

Alfonso Ussìa/larazon.es

Las momias

De los cuatro tiranos disecados, sólo he visto a Lenin. Me entero ahora, ya es tarde, de que los taxidermistas de seres presumiblemente pertenecientes a la humanidad se denominan tanatopractas. Un venado o una cebra se llevan al taxidermista, y un dictador al tanatopracta. Se diferencian los tanatopractas de los taxidermistas en que los primeros carecen de imaginación. Todos sus bichos disecados conforman figuras yacentes sin expresividad alguna, en tanto que los taxidermistas intentan en ocasiones mantener el aspecto de fiereza que tuvo en su día el animal disecado. El oso incorporado que ataca con las garras dispuestas al zarpazo definitivo o el león que muestra sus colmillos con una expresión de deseo de mutilación no apta para personas con problemas vasculares. El Museo de Ciencias Naturales de Madrid, gracias al magisterio de la dinastía Benedito, cuenta con los conjuntos de animales disecados más logrados del mundo. De haberle encargado al primer Benedito, don Luis, el fundador de la saga, hermano de don Manuel, el gran pintor y de don Rafael, el estupendo músico, la momificación de Lenin, éste estaría en una urna leyendo el «Capital», con su gorrilla bolchevique y la mar de contento. Idea que elevo al Presidente «okupa» de Venezuela, Nicolás Maduro. Los descendientes de Benedito siguen trabajando en la taxidermia, y está Juan Béjar, otro gran taxidermista, que harían con Chávez una interpretación mucho más lograda, disecándolo con el chándal bolivariano en ademán de principiar un discurso, por ejemplo. Pero parece ser que le van a encomendar la momia a un tanatopracta, y la momia de Chávez tendrá carácter yacente, como las de sus predecesores Lenin, Mao, Kim Il Sung y el filipino Marcos. Unas momias carentes de todo interés artístico.

El tirano en vida desea abrumadoramente seguir mandando después de su muerte. Impone su presencia para recordar que ahí sigue y no piensa cambiar de actitud. A Lenin le cambian de traje y corbata en los cambios de estación. En primavera y verano, telas más livianas. En otoño e invierno, franela rusa, que es muy gorda y pica una barbaridad, detalle que puede ser pasado por alto sin problemas conocidas las circunstancias. Y cada dos años, es sumergido en un baño conservante y sale del baño como si hubiera pasado con el Imserso soviético una semana en Benidorm. Mao, es de los cuatro momificados, el único que ha sido intervenido quirúrgicamente después de muerto. La momia salió mal, se le hincharon los papos y los chinos le practicaron una cirugía estética que quedó de cine mudo. El coreano Kim Il Sung, el abuelo del gordito actual, es el que más caro sale. Costó un millón y medio de euros disecarlo y para mantenerlo en perfecto estado, la dictadura comunista norcoreana desembolsa al año otros setecientos mil en concepto de conversación de momia. Y Marcos, el filipino, fue momificado por un tanatopracta muy conocido, Frank Malabed, que ha momificado a más de un millonario de Texas y que se ha ofrecido al Gobierno «okupa» de Venezuela para disecar a Chávez a un módico precio. Pero sin interpretación artística. Es decir, tumbado de decúbito supino, ojos cerrados y con el chándal. Sin mérito escultórico. Sin la imaginación del buen taxidermista.

En pocas semanas, se unirá el bolivariano al cuarteto de la tiranía momificada. Se puede convertir, como Lenin en Moscú, en un reclamo turístico de gran importancia. A no ser que Maduro quiera llevarse la momia a su casa para llorar más a gusto. Que allí, todo es posible.

Alfonso Ussìa/larazon.es

Te amo, perra

He conocido pocos casos. Tuve conocimiento directo de un amante destrozado por la lejanía de su amor. Un recluta de mi Compañía que lloraba sin consuelo todas las noches porque añoraba a su «niñita». Vivía en la sierra de Córdoba. Durante el día, con la instrucción militar, el cansancio y el continuo ajetreo, calmaba su melancolía. Pero cuando terminaba la jornada, pasaba por la cantina, empinaba el codo y le venía la llorera, consecuencia de su profundo dolor. –Esto pasa pronto, y cuando menos te lo esperes, volverás a estar con tu «niñita»–, le dije una tarde para aliviar sus espasmos lacrimógenos. Y seguí en el empeño: –Y pronto te casarás con ella y tendrás unos hijos maravillosos–. De nada sirvieron mis palabras cálidas y bienintencionadas. –No nos dejan casarnos. Mi «niñita» es una cabra–. Abandoné de inmediato mi labor misionera.

Leo la crónica de Rosalía Sánchez, corresponsal de «El Mundo» en Berlín. Hasta hoy he creído que ese tipo de amores sólo se daban en lugares recónditos y olvidados. Pero estaba equivocado. También en la industriosa, culta, civilizada y potente Alemania se produce esta degeneración amorosa. Un tipo, llamado Michael Kiok lleva siete años liado con su perra. Una hembra de pastor alemán que responde al nombre de «Cissy». Según el degradado ser humano, al separarse de su mujer, con la que convivió diez años, consideró que ya había cumplido con las normas impuestas por la sociedad y que tenía derecho a la libre elección de una nueva amada. Y dicho y hecho, eligió a su perra, a la que ha prohibido terminantemente mantener relaciones con los machos de su especie, porque Kiok, además de un depravado, es celoso.

Lo preocupante es que no se trata de casos aislados. No se promulgan leyes para las excepciones, y en Alemania, el «Bundesrat», la Cámara Alta, ha aprobado una ley por la que se prohíbe «el uso de animales para actividades sexuales», lo que nos ayuda a pensar que en Alemania se practica con asiduidad la zoofilia, que es la voz amable y culta para referirse al bestialismo. En nuestro Parlamento podría resultar divertido un debate al respecto. Divertido pero peligroso, porque una mayoría de los autodenominados «progresistas» terminaría aprobando los matrimonios entre personas y animales amparándose en el inalienable «derecho a decidir».

Pertenezco, según la retroprogresía, a los espacios de la caverna, y en mi caso particular, de la caverna mediática. Aquí tienen toda la razón. Considero que cumplir fornicio con un perro, un gato, una cabra, una oveja o un pato mandarín sólo está al alcance de los depravados. El amor es mucho más que la posesión física. Es la palabra. Y mucho me temo que en las relaciones entre un hombre o una mujer con un perro o un gato, hay poca charlita. Tan sólo si se trata de un loro o una cotorra la pasión puede endulzarse con el intercambio de palabras e imágenes, pero no lo recomiendo por el mal carácter de los lóridos y la agudeza y fortaleza de sus curvados picos.

El amoral Kiok no tiene intención alguna de cumplir con la nueva ley, y asegura que él sólo cubre a su perra cuando ésta se lo demanda «por iniciativa propia». Además, que ejerce su inclinación natural con plena responsabilidad. Lamento mi antigüedad. Me encantan los animales, pero no me ponen.

Alfonso Ussía/larazon.es

Cosas de Italia

No podemos compararnos con los italianos. Al cabo de los siglos, ellos siguen siendo Roma y nosotros, una de las provincias. Berlusconi es una anécdota sin importancia. Decenios atrás, Italia se alzó como la nación más corrupta del mundo, en la economía y la política. Ahora ganamos los españoles por varias embarcaciones de distancia. Pero aquellos políticos y financieros italianos que eran descubiertos con las manos en la masa tenían respeto por su Historia y se suicidaban con la mayor naturalidad. Hubo semanas de cuatro suicidios, tantos que dejaron de ser noticia. Aquí no se suicida nadie importante. Como católico no puedo alentar su práctica, pero creo que en situaciones como la que atravesamos en España, la Iglesia tendría que mostrarse más flexible. Aquí, los que roban y se adueñan del dinero ajeno buscan fórmulas para evadirse de sus responsabilidades y poner trabas a la justicia en pos de la prescripción de sus delitos. Me refiero, claro está, a los poderosos, tan alejados del concepto de la deshonra. Un romano no soporta el descrédito social, y su liberación es el suicidio. Aquí, últimamente sólo se han suicidado víctimas de los desahucios, incapaces de encontrar una luz en sus negros futuros. Y seguimos suicidándonos por amor, por cuernos o por cansancio vital. El gran poeta satírico Juan Pérez Creus vivía en la ruina en un piso bajo que le alquiló un amigo por una cantidad ridícula. Una mañana se cruzó con un vecino cuando subía por las escaleras. -¿Adónde va, don Juan?-; -muy sencillo. A la azotea, a suicidarme-. Y por un ataque de cuernos, siendo Santiago Amón niño y testigo del suceso, se suicidó un huevero de Baracaldo, a cuya memoria rendíamos homenaje todos los años durante una de sus clases de latín. Pero los políticos y los ricos en España no se atreven a dar el paso, porque han perdido su dolor romano, su vergüenza torera y su buena educación.

Aquí todo son recalificaciones de terrenos, facturas falsas, prevaricaciones, abusos ostentosos de nuevos ricos y demás corrupciones antiestéticas. En Italia, en cambio, roban libros. En la biblioteca más antigua de Nápoles, la Girolamini, antaño de los Jerónimos, han desaparecido volúmenes de inmenso valor. El último ladrón de libros –al menos, un ladrón abrazado a la cultura–, ha sido su director, que en sus pocas semanas al mando de la biblioteca se ha llevado de ella 4.000 maravillosos libros. Algunos los ha regalado, y uno de los agraciados por la generosidad del director ha sido Marcello Dell,Utri, senador y hombre de la máxima confianza de Berlusconi, prestigioso bibliófilo y monumental sinvergüenza al que la Policía le ha trincado en posesión de diez libros, si bien no ha aparecido el más valioso, la «Utopía» de Tomás Moro editado en 1518 y encuadernado con una maestría y riqueza asombrosas. Es lo que nos diferencia de los italianos. Berlusconi ha llenado de basura España con los programas de su cadena de televisión, y en Italia sus amigos senadores roban libros de las bibliotecas estatales sólo por el placer de poseerlos durante el tiempo que tarda la Policía en encontrarlos. Tanto el director desprendido, Marino Massimo di Caro, como el senador chorizo, han sido encarcelados. En España, para que un senador ingrese en prisión es necesario, si bien no definitivo, que sea sorprendido llevándose del Museo del Prado «El Jardín de las Delicias» del Bosco, y menciono ese formidable tríptico por ser el que yo robaría del Prado si me hicieran director.

En España somos zafios con las apropiaciones indebidas. Los ricos y políticos corruptos han perdido la vergüenza. En Italia se suicidan o roban libros. La diferencia es de una claridad cegadora.

Alfonso Ussía/larazon.es