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Tras un larguísimo rodeo, la ciencia finalmente ha llegado a dónde la tradición india arribó desde hace más de dos mil años: la respiración incide en nuestro cuerpo y nuestra mente de forma decisiva. Mucho más allá de la mecánica transformación de oxígeno en bióxido de carbono, ahora los científico han confirmado que para la homeostasis —el equilibrio del organismo— es vital la estimulación del cerebro a partir de la respiración.

Investigadores de la Northwestern University’s Feinberg School of Medicine han descubierto, entre otras cosas, que las funciones cognitivas del cuerpo y la mente funcionan mucho mejor cuando inhalamos por la nariz que por la boca, y que los ejercicios de respiración profunda mejoran nuestra memoria y nos ayudan a tomar mejores decisiones. “Cuando inhalas, de alguna forma estás sincronizando tus oscilaciones cerebrales en toda tu red límbica”, explican.

Por ejemplo, al respirar agitadamente se libera adrenalina, lo cual emite señales al cerebro que nos permiten actuar más rápido y tomar mejores decisiones, pues el hipocampo, —el responsable de la memoria—, la amígdala —nuestro centro emocional— y la corteza piriforme, son afectados al inhalar.

Gurdjieff advertía “Si usted no ha aprendido a respirar, entonces no ha aprendido nada”; además, el armenio notó que  prácticamente todas las culturas han mostrado curiosidad por el proceso físico y químico de la respiración, relacionándolo inmediatamente con la vida. La palabra latina que designa la respiración es spiritu, que se traduce también como aliento; el Antiguo Testamento relata que dios creó al hombre insuflándole su aliento; y los chinos, después de ver cómo las tortugas respiraban lentamente y vivían muchos años, comenzaron a prestarle gran interés a la respiración, lo que constituye la base del Qi Gong.

Pero contrario a la filosofía occidental, los orientales asignaron a la respiración el rol de uno de los pilares de la existencia. En el caso del pensamiento indio, se sugiere en los diálogos de los Upánisad (siglo VIII a.C.), se registró un cambio sustancial en la relación sujeto-objeto, a la cual el pensamiento indio puso un mayor énfasis en el sujeto, es decir: a lo íntimo e intangible, y no a describir el mundo visible.

Así, el problema que los ocupó a partir de entonces fue el de detonar una especie de transformación del alma. Los hombres comenzaron peregrinar a su interior, a inspirar a las divinidades y a desplegarse a favor del autoconocimiento; todo ello a partir de la meditación, del control de la respiración y de severas disciplinas psicológicas del yoga.

Con las indagaciones actuales de la ciencia, se confirma que aquello en lo que el  pensamiento indio ha insistido en cuanto a la respiración, tiene ya también argumentos científicos a su favor. De esto podemos aprovechar para sacar algunas lecciones; antes que nada, que debemos aprender a respirar —algo que dejamos de saber hacer hace mucho tiempo—, o también que podemos reinventar tradiciones filosóficas con la ayuda de la ciencia, sacando de ello valiosos aportes para poner en práctica y vivir mejor.

 

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