Poesía por otros medios

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La prosa es la continuación de la poesía por otros medios. Lo decía Joseph Brodsky pensando en los ensayos de Marina Tsvietáieva pero no se quedaba en su ejemplo. La prosa es, históricamente, derivación del canto poético. En el principio fue la poesía. La maestra, la fuente de todas las literaturas. Habría que advertir que, en asuntos de arte, el disidente ruso no era un demócrata. Miraba los otros géneros por debajo del hombro. En el trono de las letras se sentaba, sin competencia alguna, el poeta. Debajo de él, los novelistas, los dramaturgos, los cuentistas. La poesía no es un entretenimiento, dijo alguna vez. No es siquiera un arte. “La poesía es nuestra finalidad como especie. Si lo que nos distingue del resto del reino animal es el habla, entonces la poesía como la forma superior del habla es nuestra diferencia genética”. No había forma de equiparar el genio de la poesía con los prosaicos oficios de la novela. Y, sin embargo, bien sabía Brodsky que cuando el poeta incursionaba en la prosa podía elevarla hasta sus alturas.

¿Qué le enseña la poesía al ensayo?, preguntaba Brodsky. El poeta tiene una báscula que nadie más tiene. Sólo él sabe que cada palabra tiene un peso único, que cada sílaba tiene una voz irrepetible. El poeta le ordena también al prosista omitir lo obvio y cuidarse de los peligros de la grandilocuencia. Lo invita siempre a rendir tributo a la música. El oído es el órgano de la escritura. Brodsky tenía claro que el trato no era recíproco. La prosa muy poco tiene que enseñarle a los poetas. Tal vez un buen novelista puede invitarnos a prestar atención al lenguaje común, a registrar las palabras de la calle. Pero en realidad la lección auténtica está en otro lado. Un poeta puede sacar más provecho escuchando un cuarteto de Haydn que leyendo Dostoievski.

El artículo completo en nexos de diciembre

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García Márquez desvela todos sus secretos

La Universidad de Texas digitaliza el archivo del Nobel colombiano y pone a disposición de cualquier usuario de la Red decenas de miles de manuscritos, fotografías y otros documentos

Gabriel García Márquez y Pablo Neruda en Normandía, Francia. De ‘Amigos (álbum rojo), 1950s-1990s’, fotógrafo desconocido. CORTESÍA DEL HARRY RANSOM CENTER

El general en su laberinto. Séptima versión mecanografiada. Página 38. “(…) la prisa sin corazón del reloj hexagonal desbocado hacia pasado mañana a la una y doce minutos de su tarde final”. No, hexagonal, no. El reloj es octogonal. Y tampoco es la una y doce, sino la una y siete. Son correcciones a mano de Gabriel García Márquez sobre su propio manuscrito. Miles de páginas como esta llenaban el archivo personal del escritor que hace tres años, tras su muerte, compró la Universidad de Texas. Desde este lunes, las dudas más íntimas de García Márquez sobre sus propios textos son accesibles online para aficionados e investigadores.

 El archivo digitalizado abarca más de 27.000 imágenes de papeles y fotografías. “Mi madre, mi hermano y yo siempre tuvimos el compromiso de que el archivo de mi padre llegara al un público lo más amplio posible”, dijo Rodrigo García, hijo del escritor, en un comunicado de la institución. “Este proyecto permite aún mayor acceso al trabajo de mi padre, incluyendo la comunidad global de estudiantes e investigadores”. La digitalización es una joya poco habitual para estudiosos de literatura, ya que da acceso universal a secretos de edición en las obras maestras de García Márquez que solo conocía él, y menos habitual para autores contemporáneos de este nivel.

El proyecto ha hecho que se pueda buscar por palabras clave en los papeles de los cajones del despacho de García Márquez. Pero no solo eso. El archivo incluye una herramienta llamada mirador en la que se pueden comparar distintas versiones de los manuscritos. Es decir, leer el libro entero en distintas versiones una al lado de la otra, ver cómo evolucionó su construcción párrafo a párrafo. Se pueden consultar 134 borradores de novelas. Entre las obras digitalizadas están las 10 versiones que hizo de su última obra, En agosto nos vemos, que nunca llegó a considerar lista para publicar

 
 Portada de El País Semanal que García Márquez guardaba en uno de sus cuadernos personales.
Portada de El País Semanal que García Márquez guardaba en uno de sus cuadernos personales.HARRY RANSOM CENTER
 Los materiales pertenecen a libros protegidos por derechos de autor. La jefa de colecciones digitales del Harry Ransom Center, Liz Gushee, explica en el mismo comunicado que todo se ha hecho “con previa autorización de los titulares de los derechos”. “El apoyo de la familia de García Márquez ha hecho posible este importante proyecto”, del que los responsables destacan las nuevas herramientas digitales para buscar y comparar documentos online.

Entre los papeles personales también están digitalizados 22 cuadernos en los que el escritor coleccionaba críticas, comentarios sobre sus obras y entrevistas en prensa. Las 310 fotos personales publicadas incluyen a personajes como Fidel Castro, pero también fotos de su infancia o de sus abuelos, hasta todos los pasaportes caducados que guardó. Las descripciones se pueden buscar también en español. La clasificación de los materiales en español se ha hecho con ayuda del centro de estudios latinoamericanos Benson, de la Universidad de Texas.

Página corregida de 'Crónica de una muerte anunciada'.Página corregida de ‘Crónica de una muerte anunciada’. HARRY RANSOM CENTER
 Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, falleció en abril de 2014 a los 87 años de edad. Sus hijos llevaban desde un año antes negociando la venta de su archivo personal al prestigioso Harry Ransom Center, una institución única donde han acabado depositadas colecciones de James Joyce, Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway o Samuel Beckett. Tras medio siglo coleccionando, posee más de 40 millones de papeles. Más de 80.000 imágenes se pueden consultar online.

El objetivo era la protección de los papeles, cuadernos y fotografías en que García Márquez guardó para sí, pero la puesta a disposición del público siempre fue el objetivo final. “Lo adquirimos para hacerlo accesible”, decía entonces a EL PAÍS el director de la institución, Stephen Ennis. El de García Márquez fue el primer gran archivo completo adquirido por el centro de un autor latinoamericano contemporáneo, en un intento por situar la Universidad de Texas en Austin no solo como una referencia de la literatura en inglés, sino como un centro de estudios orientado a Latinoamérica.

El archivo fue adquirido por 2,2 millones de dólares y llegó a Austin, Texas, en noviembre de 2014. Literalmente, todo lo que guardaba en su casa de México ocupaba 20 cajas de cartón, incluyendo tres ordenadores personales. Antes de un año había sido clasificado en 78 cajas de documentos, 43 álbumes de fotos y 22 cuadernos de recortes y notas. En octubre de 2015, el archivo se abrió para investigadores en la sede del Harry Ransom Center en Austin, que recibe unos 10.000 estudiantes al año. Desde este lunes, por primera vez, cualquiera con una conexión a Internet puede abrir los cajones del despacho de Gabriel García Márquez y leer sus papeles, anotaciones, sus cambios y arrepentimientos en obras magistrales, y curiosear las fotos personales que guardó con él toda su vida.

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El romance de México con la muerte

“Nuestras relaciones con la muerte son íntimas”, escribió Octavio Paz, el poeta más celebrado del siglo XX en México, en su libro El laberinto de la soledad. “Más íntimas, acaso, que las de cualquier otro pueblo”.

En México, la muerte está en todas partes: en los cadáveres de las víctimas de los poderosos carteles del narco, en el modo descarado en el que la policía desaparece estudiantes que protestan, en las estrategias que emplean los políticos corruptos para desacreditar a periodistas cuyas investigaciones dañan su reputación. La muerte también está presente en el inmigrante que arriesga su vida para cruzar un muro y perseguir el sueño de una vida mejor. Se ve en el cuidado que las familias le dan a sus mayores que no tienen seguro médico y en la lucha cotidiana de las personas que trabajan en el campo en condiciones peligrosas. Los mexicanos vivimos con una cierta aceptación de la muerte, a veces hasta la celebramos.

En contraste, los estadounidenses afrontan la muerte con temor. No suelen hablar sobre el tema. La maquillan, la ocultan o la transforman en un espectáculo del horror, como Halloween, en donde los muertos son monstruosos.

En otras culturas la relación con la muerte es distinta: en el mundo árabe el significado de la muerte depende de los pecados de la persona que falleció. En China los muertos parten para dejar más espacio a los vivos.

La película animada de Pixar más reciente, Coco, es un retrato fastuoso del intenso romance con la vida después de la muerte en México. Desde mi punto de vista, Coco es la obra cinematográfica que ha representado del modo más sofisticado la cultura popular mexicana hasta ahora. Hollywood se ha equivocado tantas veces (pensemos en Bajo el volcánTráfico) que los mexicanos ya dejamos de contarlas. Coco, en cambio, es refrescante y auténtica. No matiza nuestra intimidad con la muerte, al contrario, la transforma en una travesía asombrosa.

Gran parte de la historia en Coco se desenvuelve durante el Día de Muertos, una fiesta en la que muchos mexicanos pasan 24 horas en un cementerio montando ofrendas a familiares que ya no están con ellos. He sido parte de esta celebración en numerosas ocasiones, tanto en México como en ciudades fronterizas en Estados Unidos. Es un espectáculo que vale la pena contrastar.

Mi primera reflexión es siempre sobre la naturaleza idiosincrática de los fantasmas. Mientras que en la cultura angloprotestante los fantasmas son figuras amenazantes que se aparecen para traer mensajes desagradables (como el padre de Hamlet), en México los espíritus son amables, incluso encantadores, y siempre están listos para ofrecer su consejo. No hay sustos, no hay casas embrujadas, no hay escenas que generan sobresalto. En México le damos la bienvenida a los antepasados con música, baile y conversación.

Esto no quiere decir que la muerte sea inofensiva en México. En la mitología azteca, Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl son dos de los dioses de la muerte. Ambos gobiernan Mictlán, el inframundo azteca. Cuando una persona fallece, navega por las nueve regiones que conforman Mictlán con la ayuda de Xólotl, una especie de Virgilio que es también una representación del dios Quetzalcóatl y cuya labor es proteger el sol en el inframundo. Para el recién fallecido es una odisea que toma cuatro años. Se le presentan toda clase de amenazas: en Mictlán hay un lugar en el que el viento arrastra navajas filosas y otro sitio en el que un río de sangre está rodeado de jaguares. Se trata de una travesía purificadora a través del horizonte de la memoria en busca de su linaje; esto es, de un diálogo con los muertos que lo protegieron en vida.

 
Miguel (izquierda) y Dante (derecha) viajan al inframundo en un puente de cempasúchil en la nueva película animada de Pixar, “Coco”. CreditDisney-Pixar vía AP

Miguel Rivera, el protagonista de doce años, se embarca en este viaje junto a un perro callejero llamado —acertadamente— Dante. Ambos recorren el inframundo en donde enfrentan distintas dificultades. A lo largo de la historia aparecen constantemente obstáculos y malos augurios —en México, la palabra “coco” se usa para designar a un espíritu diabólico—, pero como Coco es una película para niños los desafíos terminan en risa. Esto no es del todo lejano a la manera mexicana de abordar la muerte: el humor juega un papel indispensable. Reírse de la muerte en México es una actitud valiente.

Se ha dicho que la característica distintiva del compromiso de México con la muerte es el sacrificio. Uno se sacrifica por cualquier tipo de cosas: el bienestar de la familia, del país y Dios. Para muchos mexicanos una vida honorable es una vida de sacrificio, de martirio, incluso.

El gran aprendizaje de Miguel tiene que ver con el sacrificio. El sacrificio le enseña a no tener una idea aséptica de la muerte: a no esconderla o sentirse avergonzado por ella. Es por eso que los mexicanos montamos altares en nuestras casas, con fotografías de las personas cercanas que han muerto que conviven con fruta, pan, dulces y velas. La muerte es terrenal.

Las calaveras son el símbolo mexicano más representativo de la muerte. Sus raíces se pueden rastrear en las culturas precolombinas: cráneos y esqueletos están presentes en templos, esculturas, arquitectura e incluso se han encontrado en monedas. Algunos siglos después, José Guadalupe Posada, el célebre grabador del siglo XIX, se encargó de popularizarlas. Durante la Revolución mexicana de 1910, Posada representaba socarronamente a dictadores, políticos, empresarios y la burguesía como calaveras, al tiempo que mostraba los oprimidos —también como calaveras— con dignidad. Es difícil encontrar una figura similar a las calaveras de Posada en la cultura popular estadounidense. ¿El tío Sam? Cerca, pero no del todo. La figura, que se usa en pósteres, es más bien propagandística.

Artistas posteriores —con distintas posturas ideológicas y estéticas— ampliaron la contribución de Posada. Diego Rivera, por ejemplo, incluyó esqueletos en numerosos murales (como Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, en donde aparece Posada). También lo hicieron José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, y, claro, las calaveras son el leitmotif en la obra de Frida Kahlo. Las siguientes generaciones — incluso Gabriel Orozco, quizás el artista mexicano contemporáneo más visible—, han seguido apropiándose del arquetipo.

Hoy, las calaveras son omnipresentes: se ven en piñatas, en el juego de la lotería, en juegos de ajedrez y en disfraces. Incluso hay una marca de tequila que usa botellas en forma de cráneos (también en forma de ametralladoras). Es imposible entrar a un supermercado, restaurante, escuela o cualquier otro espacio público en México sin ver calaveras. No me sorprende que Coco sea la película más taquillera en la historia de México. Esta es una muestra más de cómo los mexicanos mantenemos de cerca a la muerte, como la hacemos tangible. Pero también revela el modo en el que la derrotamos: la muerte siempre está a nuestro lado, nos decimos, pero todavía no estamos listos para irnos: todavía estamos entre los vivimos.

De manera velada o abierta, los creadores de Coco le rindieron un tributo a Posada, Rivera, Kahlo y a una serie de artistas legendarios, como Jorge Negrete y Pedro Infante, dos íconos de la Época de Oro del cine mexicano que al día de hoy se les ha elevado a la categoría de héroes. (Tampoco se les escapó la referencia a otra criatura de la cultura popular: el chupacabras). Con acierto, la película eludió cualquier referencia a los verdaderos bad hombres de México, como el expresidente Carlos Salinas de Gortari y el presidente Enrique Peña Nieto, quienes han saboteado el futuro del país con corrupción e incompetencia.

Fue un placer ver la película de Pixar en un cine en Manhattan repleto de niños y adultos, la mayoría de origen hispano. Claramente la historia cautivó a la audiencia. La idea de que la muerte es amenazante, de que debería ser un tema prohibido, solo molestó a pocos. Una niña de siete años —cuya bisabuela acababa de ser diagnosticada con cáncer— dijo que Coco la ayudó a entender a dónde irá cuando muera. Su hermana menor, en cambio, se asustó.

El diálogo en spanglish en el diálogo se sintió natural. Incluso palabras de origen náhuatl –como “chamaco”– o de uso extendido en México –como “chancla”, que en otros países hispanoamericanos no se emplea– fluyen de manera auténtica. Una de las cosas que más disfruté fue el acento marcado de los actores en la versión en inglés. Marcan las erres sin dudarlo. En lugar de esconder su origen hispano, lo enfatizan e incluso se burlan de él.

Esto es particularmente bueno en un momento en el que Donald Trump menosprecia a los mexicanos para obtener réditos políticos y cuando las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos están en un punto históricamente tenso. Quizás es una señal de que los muertos están cuidándonos. La muerte, advertía Octavio Paz, es “un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida”. Pero también nos invita a pensar de manera más espiritual y con un toque de gracia. Sobra decir que hay mucho que sortear en este mundo nuestro, que es macabro. La muerte no necesita serlo.

 

“La historia de la política española en los últimos cien años puede resumirse en una lucha entre gallegos”

Strambotic

Dos gallegos…

A mediados de 2014, el escritor Suso del Toro se despidió del blog en gallego –Botella ao mar– que mantuvo efímeramente en El País (apenas cinco meses) con un artículo en el que lamentaba “la pérdida de libertad de expresión” y el “empobrecimiento” del periodismo,  y del escaso peso que tenía Galicia en la política española, y del centralismo, en tanto “hoy más que nunca, España es puramente Madrid”.

Pero no todos estaban de acuerdo con este análisis. Un lector del blog -que firma como Laín– daba una ingeniosa réplica (no se había inventado aún el “zasca”) a los ayes del articulista:

… Y otros dos: Pablo Iglesias y Francisco Franco.

“No creo que sea necesario aclarar que Madrid no es el gobierno, y mucho menos el Estado, y que, por lo tanto, no es una falta que a Felipe II le hubiera gustado vivir en una ciudad que aparentemente tenía muy buena caza en ese momento. Desde entonces, ni él ni la mayoría de los sucesores no hicieron nada para dar la Villa de equipo apropiado para su nueva condición, pero eso no parece importar a nadie, y menos aún el gesto de giro de pronunciar el nombre de la tierra el que yo nací.

Si lo que quiere insinuar es que la capital de Madrid ha causado el español sobre las naciones periféricas, no sé qué decir. En España el actual presidente del gobierno es gallego, los dos partidos que se alternan en el poder fueron fundados por Galicia y la democracia actual nació después de la muerte de un dictador gallego cuyo ejército se rebeló contra un presidente del gobierno gallego pocos días después del asesinato de un político de la oposición que, qué son las cosas, también era gallego. Eso sin mencionar que la República vino después del fracaso de la Restauración, fracaso que muchos atribuyen a la inestabilidad generada por los asesinatos de dos presidentes … ¡Gallegos!

Total, que, en todos los aspectos, la historia de la política española en los últimos cien años podría resumirse como una lucha entre gallegos. Por supuesto: los que viven en Madrid han contemplado la batalla en la primera fila”.

http://blogs.publico.es/strambotic

 

 

La exposición de realidad virtual en la que puedes visitar el interior de una obra de arte

El programa “Vegas: Alter your reality” presenta una galería de arte digital en el marco de Art Basel Miami.

En 1990 el filme Dreams de Akira Kurosawa nos introdujo al interior de las obras de Vincent van Gogh, y mientras perseguíamos al artista por sus paisajes y pinceladas nos invadió la sensación de que transitábamos momentáneamente por aquellos lugares donde el pintor se sentó durante horas a retratar desde su perspectiva los colores y texturas. Kurosawa nos inspiró a soñar con la posibilidad de caminar por “El puente de Arlés” y entre los “Almiares en la Provenza”, hasta llegar a contemplar la inmensidad de su famoso campo de trigo, rodeados de cuervos. Varios años después, el Internet nos permitió vivir una experiencia inmersiva de 360ª dentro del mundo onírico del genio Salvador Dalí en un video viral que parecía provenir directamente del inconsciente del pintor surrealista, despertando de nuevo en los amantes del arte el deseo de poder viajar a la mente de un artista y pasear entre sus creaciones.

 

Ambas experiencias donde se combinaron el arte y la tecnología hoy parecen lejanas a comparación de las múltiples posibilidades que nos ofrece la realidad virtual para introducirnos en una pieza de arte donde todo es posible mediante una tecnología, a la que puedes acceder sin importar dónde te encuentres para viajar entre mundos inexistentes de manera realista y vívida. Pareciera que no hay límites en este arte del futuro, que está desarrollándose en un lenguaje que involucra a todos los sentidos. Además es una manera personal e íntima de introducirte a una experiencia artística donde no sólo eres un espectador frente a un cuadro, sino que te conviertes en un viajero de laberintos de colores, formas y un turista entre paisajes sonoros y visuales.

Conscientes de que la realidad virtual es la herramienta del presente en el arte, el programa Vegas: Alter Your Reality presenta su primera galería de arte digital bajo un concepto de innovación que aún no ha sido explorado por la industria creativa y turística como una gran manera de atraer potenciales visitantes e incentivar la curiosidad del público joven. El objetivo principal de esta primera exposición es reflejar la vitalidad de Las Vegas para que los turistas se inspiren y creen su propia aventura.

Este proyecto de exposición inició como cinco viajes distintos a través de sonidos y sitios de la ciudad, pero con la participación de los artistas se transformó en una recopilación de narrativas individuales y emocionales acerca de los encuentros que sólo pueden ser posibles bajo las luces de la ciudad de los casinos y la mejor vida nocturna. Sus piezas son travesías dentro de una obra de arte que durante 2 o 3 minutos revelan el estilo, los sentimientos, pensamientos y deseos que la ciudad despertó en su interior.

De manera única, esos cinco artistas internacionales interpretaron lo que significa Las Vegas para la cultura contemporánea, y narraron de manera creativa mediante esta herramienta visual cómo es una experiencia en este destino, lo que dio como resultado una serie de vibrantes contenidos en un universo inmersivo que además puede disfrutarse desde casi cualquier parte del mundo.

Adhemas Batista (Brasil), Beeple (E.U), FAFI (Francia), INSA (R.U.) y Signalnoise (Canadá) son los artistas invitados; quienes durante la primavera pasada pudieron conocer todo lo que Las Vegas ofrece. Cada uno exploró a su manera la libertad de jugar y olvidarse de ser adultos, para ser y hacer cosas que en cualquier otro lugar suenan como ideas descabelladas, pero que ahí pueden hacerse realidad. De alguna manera, el arte es similar a Las Vegas, pues permite que el espectador se desenvuelva plenamente para crear universos paralelos y conocer personajes en los cuales la razón no cree. Vegas: Alter your reality es la fusión de arte, tecnología y un destino donde se reúnen experiencias de libertad y fantasía en una dimensión que contrapone la realidad y la ficción.

Esta experiencia en Las Vegas se estrenará durante Art Basel en el marco de la semana de arte en Miami, presentando una colección inédita de arte en realidad virtual del 7 al 9 de diciembre. Este espacio abierto a quienes buscan experiencias nuevas, ofrecerá dispositivos de realidad virtual para conocer las piezas creadas especialmente para su disfrute multisensorial. Esta muestra de arte y tecnología se realizará en la Galería de Arte Zadok y posteriormente el contenido será compartido en la aplicación gratuita Las Vegas VR, para que los usuarios de iOS y Android puedan disfrutar de esta realidad alterna donde, literalmente, se puede entrar en una obra de arte.

Conoce más de este proyecto en visitlasvegas.com

Cuando el arte y la tecnología se unen crean grandes proyectos interactivos, como las piezas de Rafael Lozano- Hemmer, obras de arte que nos recuerdan que vivimos en “Black Mirror”, o las esculturas de luz que año con año se presentan en el Festival Internacional de las Luces de la Ciudad de México.

https://culturacolectiva.com/arte/

Cómo lograr que tu mente lea

 
CreditLilli Carré

Hay personas que no son buenas lectoras. Muchas culpan a la ubicuidad de los medios digitales: estamos muy ocupados en Snapchat como para poder leer, o quizá echar rápidos vistazos en internet nos ha vuelto incapaces de leer prosa de verdad. Pero el problema con la lectura data de fechas anteriores a las tecnologías digitales. El problema no son los malos hábitos de lectura generados por los teléfonos inteligentes, sino los malos hábitos educativos generados por el desconocimiento de cómo lee la mente.

Pero ¿cuán grave es nuestro problema de lectura? La más reciente Evaluación Nacional de Alfabetización en Adultos (de 2003 es un poco antigua) de Estados Unidos ofrece un panorama de la capacidad de los estadounidenses para leer en situaciones cotidianas: cómo utilizar un almanaque para encontrar un dato en específico, por ejemplo, o explicar el significado de una metáfora utilizada en una narración. Del segmento de personas que terminaron el bachillerato pero no continuaron con su educación, el 13 por ciento no podía realizar ese tipo de tareas. Cuando las cosas se volvieron más complejas (comparar, por ejemplo, dos editoriales de periódico con interpretaciones diferentes de pruebas científicas o examinar una tabla para evaluar ofertas de tarjetas de crédito), el 95 por ciento se equivocó.

No hay razón para creer que la situación haya mejorado. Las notas de los estudiantes de último año de bachillerato en el examen de lectura de la Evaluación Nacional de Progreso Educativo no han mejorado en treinta años.

Muchos de esos malos lectores pueden emitir sonidos a partir de palabras impresas, así que, en ese sentido, pueden leer. Sin embargo, son analfabetas funcionales: comprenden muy poco de los sonidos que emiten. Entonces, ¿qué requiere la comprensión? Un amplio vocabulario, evidentemente. El conocimiento de los hechos tiene la misma importancia, aunque más sutil.

Toda la prosa tiene huecos fácticos que debe llenar el lector. Considera la frase: “Prometí no jugar con él, pero ni así mi mamá me dejó llevar mi cubo Rubik a la biblioteca”. El autor ha omitido tres hechos vitales para la comprensión: en una biblioteca debes guardar silencio, los cubos Rubik hacen ruido y los niños no pueden resistirse a los juguetes. Si no conoces estos hechos, podrías entender el significado literal de la oración, pero no sabrás por qué la mamá prohibió el juguete en la biblioteca.

El conocimiento también proporciona contexto. Por ejemplo, el significado literal del famoso titular falso del año pasado: “El papa Francisco sorprende al mundo al respaldar a Donald Trump en su candidatura presidencial”, no es ambiguo, no se necesita llenar ningún hueco. Pero la oración tiene una implicación diferente si sabes algo acerca de las posturas públicas (o privadas) de los hombres involucrados, o si sabes que ningún papa ha apoyado jamás a ningún candidato presidencial.

Entonces podrías pensar que los autores deberían incluir toda la información necesaria para comprender lo que escriben. Escribir que en las bibliotecas debe haber silencio. Pero esos detalles harían que la prosa fuera larga y tediosa para los lectores que ya conocen esa información. “Escribe para tu público” significa, en parte, apostar a lo que ya saben.

Estos ejemplos nos ayudan a comprender por qué los lectores pueden decodificar bien, pero obtienen resultados mediocres en una prueba; carecen del conocimiento que el escritor asumió que tenía su público lector. Pero si un texto aborda un tema conocido, los malos lectores deberían poder leerlo.

En un experimento, se les pidió a estudiantes cuyas edades oscilaban entre los 8 y los 9 años, algunos identificados a través de una prueba como buenos lectores y otros como malos lectores, que leyeran un pasaje sobre el fútbol. Los malos lectores que sabían mucho acerca del fútbol tuvieron tres veces más posibilidades de hacer inferencias precisas acerca del pasaje, a diferencia de los buenos lectores que no sabían mucho acerca del deporte.

Ello implica que los estudiantes que obtuvieron buenas notas en las pruebas de lectura son aquellos con amplios conocimientos; por lo general, saben al menos un poco de los temas de los pasajes del texto. Otro experimento puso a prueba la cultura general de unos estudiantes cuyas edades oscilaban entre los 16 y los 17 años con preguntas de ciencias (“¿A qué parte del cuerpo afecta la neumonía?”), historia (“¿Qué presidente estadounidense renunció a causa del escándalo Watergate?”), además de arte, civismo, geografía, deportes y literatura. Las notas en esta prueba de conocimientos generales se asociaron en gran medida con las obtenidas en la prueba de lectura.

Las prácticas educativas actuales demuestran que la lectura de comprensión está mal entendida. Se le trata como una habilidad general que puede aplicarse con el mismo grado de éxito en todos los textos. Sin embargo, la comprensión está íntimamente entrelazada con el conocimiento. Esto sugiere tres cambios importantes en la educación.

En primer lugar, apunta hacia una reducción del tiempo que se pasa alfabetizando a los estudiantes de los primeros grados. Los estudiantes cuyas edades oscilan entre los 8 y los 9 años pasan el 56 por ciento del tiempo en actividades de alfabetización y solo 6 por ciento en ciencias y 6 por ciento en estudios sociales. Este énfasis desproporcionado en la alfabetización resulta contraproducente en los grados posteriores, cuando la falta de conocimiento de los temas impide la comprensión. Otro paso positivo consistiría en utilizar textos cargados de información en los primeros grados de la educación primaria. Históricamente, han tenido poco contenido.

En tercer lugar, la construcción sistemática del conocimiento debe ser una prioridad en el diseño de los planes de estudios.

No culpes al internet, a los teléfonos inteligentes o a las noticias falsas de los malos hábitos de lectura. Culpa a la ignorancia. Modificar esta situación requiere de cambios profundos en la enseñanza de la lectura, en las pruebas estandarizadas y en los planes de estudios escolares. Como sustento de estos cambios debe haber una mayor comprensión de la forma en que la mente comprende lo que lee.

 

La masiva expulsión de españoles de América: la infame historia que escondió la independencia

Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos que habían ocupado cargos de responsabilidad

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La historiografía casi no quiso acordarse de ellos. Tal vez estaba demasiado entretenida con las mentiras de la leyenda negra como para prestar atención al éxodo que protagonizaron miles de españoles expulsados de Américaconforme se emancipaban territorios españoles en el continente. Fueron los perdedores de una guerra iniciada por los criollos (entre el 10 y el 15% de la población), los acomodados descendientes de españoles –como Simón Bolívar o José de San Martín– que se revolvieron contra la madre patria y se cobraron lo que ellos pensaban la revancha. Los últimos españoles de América sufrieron toda clase de abusos y desprecios.

La población mestiza e indígena luchó en ambos bandos

Lejos de ser una revolución popular y espontánea, los procesos de independencia de principios del siglo XIX corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU e Inglaterra, empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. En tanto, la población mestiza e indígena, la mayoritaria, luchó en ambos bandos. Siendo que al final el dominio económico ejercido por España fue, simplemente, sustituido por el de otras potencias mundiales como Gran Bretaña. Cambio de patrones, pero no de estructura.

Los españoles fuera de la vida civil

Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos peninsulares que habían ocupado cargos de responsabilidad. Si bien fueron miles los españoles que huyeron debido al propio conflicto, el verdadero acoso comenzó con leyes dirigidas a expulsarlos o evitar que pudieran entorpecer la creación de los nuevos estados.

Como suele ser habitual en estos casos de expulsiones masivas –véase la de los judíos en 1492 o la de los moriscos en el siglo XVI– los que se llevaron la peor parte fueron los ciudadanos con pocos recursos que lo perdieron todo.

Retrato de Simón BolívarRetrato de Simón Bolívar

Los miembros de la aristocracia lograron congraciarse con el nuevo régimen o, simplemente, huyeron sobre puentes de plata. Los españoles que cambiaron su nacionalidad lo hicieron por conservar sus vastas propiedades y a cambio de renunciar a sus títulos nobiliarios. El verdadero drama afectó a miles de familias humildes, que abandonaron a contrarreloj los países donde vivían y sus propiedades. En muchos casos la expulsión se realizó a través de precarias embarcaciones, hacinados y obligados por la fuerza. Una vez en puertos de la Península Ibérica tampoco les esperaban vítores precisamente. España vivía uno de sus peores momentos.

En México, el antihispanismo que acompañó a los acontecimiento revolucionarios afectó gravemente a los 15.000 españoles que allí residían. En previsión de un conflicto de puertas para dentro, se le retiraron las armas a todo individuo español y se les expulsó del estado militar. Asimismo, en febrero de 1824, se relegó a los españoles de cualquier cargo público que ocupasen. Se les negaba la posibilidad de retirar capitales, y se les obligaba a abandonar sus lugares de residencia. En este sentido, los líderes más radicales culparon a los españoles de los males del continente y justificaron por ello que ahora se les quitara todo y se les expulsara, por muy ilegal e injusto que fuera esta medida.

Al declararse la independencia, los españoles que quisieran marcharse libremente, incluso con sus caudales, lo pudieron hacer en virtud del artículo 15 de los Tratados de Córdoba. Aquella fue la mejor opción, a tenor de la radicalización que se vivió más adelante y las insistentes vulneraciones del tratado. México promulgó el 10 de mayo de 1827 una ley de empleo por la que ningún español de nacimiento podría ocupar cargo alguno en la administración pública, civil o militar. Los españoles quedaron marginados a nivel social, hasta el punto de que tenían prohibido reunirse o asociarse. Una serie de leyes a nivel local y nacional orquestaron en varias oleadas la salida de los españoles de México, con un plazo de 30 días, y la condición de poder sacar del país únicamente la tercera parte de sus bienes.

La Muerte del Libertador Simón BolívarLa Muerte del Libertador Simón Bolívar

Calcula el investigador Harold Sims (autor de «La Descolonización de México») que, entre los años 1827 y 1829, fueron expulsados de México en razón de su origen español 7.148 personas. En 1830 quedaban ya menos de 2.000 españoles en esa región. Los principales receptores de este éxodo fueron Estados Unidos, Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Europa. No así las islas británicas. Los peninsulares, a pesar de la supuesta amistad con Inglaterra, eran recibidos por las autoridades británicas en el Caribe con desconfianza y controles exhaustivos.

La situación vivida en la Gran Colombia de Simón Bolívar fue todavía más violenta que en México. Sin tiempo que perder, la guerra de Bolívar desembocó en una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821. Todos los españoles de origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

El principal lugar al que partieron estos expulsados fueron las islas del Caribe españolas, sobre todo Puerto Rico, donde arribaron 3.555 refugiados.

Los últimos de Callao

En Argentina y Perú también se aplicaron leyes para apartar inmediatamente a los españoles de la administración. Durante el conflicto fueron habituales las penas de confinamiento, «contribuciones especiales» y expropiaciones contra los españoles peninsulares con el fin de recaudar fondos militares. Los abusos fueron frecuentes. En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina debido a la actividad militar en curso.

En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina

En Perú la población española se concentraba principalmente en Lima y, dada la antiguedad de este virreinato, se sentía más protegida que en otros rincones. Su seguridad jurídica, sin embargo, se vino abajo con la llegada de la expedición militar al mando de José de San Martín, quien amparó 4.000 actos de confinamiento en prisiones contra civiles españoles. El acoso contra los españoles se tradujo en un exilio de unos 12.000 españoles en este virreinato.

El epílogo de la guerra tuvo tintes de masacre. Tras la batalla de Ayacucho en 1824, en Lima, cerca de 6.000 civiles españoles se refugiaron en la fortaleza del Callao cuya guarnición resistió hasta el año 1826 al más puro estilo de los Últimos de Filipinas. Aquel lugar fue el último refugio de un territorio que había sido hispánico desde tiempos de Pizarro. La capitulación de la fortaleza terminó con solo 400 soldados supervivientes, de un total de 700 personas vivas.

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Pueblo

Llamar así al conjunto de los ciudadanos no es pecado, es una licencia poética o sea dudosa retórica

Manifestación en Terrassa en las protestas del 3 de octubre.Manifestación en Terrassa en las protestas del 3 de octubre. CRISTOBAL CASTRO

Juan Ramón Jiménez pidió a la intelijencia (con jota, como prefería) el nombre exacto de las cosas. En efecto, es malo ignorarlos o utilizar muy convencidos la voz equivocada. A veces el error es risible (como llamar “hacer el amor” a follar) pero otras puede resultar peligroso, letal. Por triste ejemplo, creer que pueblo es la mejor denominación para el cuerpo político activo en una democracia. Porque esa palabra parece exigir una homogeneidad entre los miembros del colectivo, una identidad moral y quizá étnica que los determina y a la vez excluye a quienes no deben pretender mezclarse con ellos. El pueblo es un nosotrosque equivale siempre y primordialmente a un “no-a-otros”. Invocar al pueblo, conjurarlo en la noche de Walpurgis del nacionalismo, proclamar su infalibilidad y a la vez su pureza frecuentemente traicionada, es utilizarlo como un biombo tras el cual arrinconar bien tapaditos a los ciudadanos, cada cual dueño de la gestión de sí mismo y no obligado a parecerse por decreto a los demás. Por detrás del biombo (chino, preferentemente, como las urnas catalanas), asoma de vez en cuando irreverente la testa despeinada y sudorosa de algún ciudadano: un enemigo del pueblo, quién se atrevería a dudarlo… La solución ya la dio hace tiempo la Reina de Corazones de Lewis Carroll: “¡Qué le corten la cabeza!”.

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Disparates lingüísticos

«El independentismo busca privar a un pueblo del inmenso tesoro, cultural y económico, que supone la lengua española, una de las más importantes del mundo. Un 23 de abril, le pregunté, por la radio, a Jordi Pujol, si no le interesaba Cervantes y me contestó rotundamente: «No. Sólo me interesa Goethe». ¡Peor para él! Éste era el presunto «español del año»

No me refiero a los errores que cometemos todos, sino a muchos disparates, realizados por nuestros políticos actuales, en el terreno de la lengua: algo que tiene muy graves consecuencias para la pacífica convivencia de los españoles.

Con los Reyes Católicos, se consumó la unidad de España y lo que, hasta entonces, era el castellano, se convirtió en el español, la lengua nacional. (Resume esto el título de un importante libro de Amado Alonso, que harían bien en leer políticos y periodistas: «Castellano, español, idioma nacional»). Y esa lengua adquirió proyección universal, en Hispanoamérica.

La lengua española alcanzó cumbres estéticas en nuestros escritores de los Siglos de Oro, mientras que decaía el uso literario del catalán y el gallego. (Sólo lo recuperarán en la segunda mitad del XIX, gracias al nacionalismo romántico; la lengua vasca seguirá reducida a un uso familiar y rural, hasta el XX).

De un modo sectario e ignorante, es frecuente ahora atribuir este proceso histórico a la imposición de una lengua y la represión de las otras. Sencillamente, no es así: si cualquier español actual intenta que sus hijos aprendan el inglés, no es porque lo ordene Trump, ni tiene que ver con que estemos o no de acuerdo con sus políticas; sencillamente, sabemos que ese conocimiento del inglés les va a ser útil.

Cuando una nación ocupa un lugar preeminente, su lengua se expande. Así sucedió con el español, en el XVI; con el francés, en el XVIII; con el inglés, en el XIX y el XX.

¿Cómo se llama nuestra lengua, castellano o español? Los dos nombres son rigurosamente sinónimos: así lo consagra nuestra Constitución, por una enmienda de Camilo José Cela. Ya nuestro primer diccionario, el de Sebastián de Covarrubias, se titulaba «Tesoro de la lengua castellana o española» (1611).

Las otras lenguas que se hablan en España también son españolas, por supuesto, pero la que llamamos por antonomasia lengua española es la que tuvo su origen en el antiguo castellano. Subrayo lo de «por antonomasia», que es bien claro.

La lengua oficial de una nación suele tomar el nombre de ella, aunque haya surgido en una de sus regiones: hablamos de «lengua italiana», no «toscana». Lo comprobamos en la traducción a otro idioma: en inglés, se habla de «spanish language», no de «castilian language»; en francés, de «langue espagnole», no de «langue de Castille»…

Un tópico repetido afirma que todas las lenguas son iguales. En este caso, no es así, por una clarísima razón lingüística, no política: el español es la lengua común, en la que se entienden los españoles de todas las regiones. Un gallego y un vasco, por ejemplo, pueden entenderse en la lengua española que tienen en común y que les une.

Justamente eso es lo que también propuso añadir Cela al texto de la Constitución, en la discusión del proyecto: que esa lengua «es también la común de todos los españoles». Otro senador por designación real, Justino de Azcárate, de inequívoca tradición republicana e institucionista, intentó añadir otra frase: «Nadie podrá ser obligado a conocer o usar una lengua regional». Así, se hubiera mantenido el mismo texto de la Constitución de 1931. Por desgracia, ninguna de estas dos propuestas fueron aceptadas: ¡cuántos dislates se hubieran podido evitar!

Hoy, en todas las regiones españolas que tienen lengua propia, se suele imponer ésta, en la enseñanza; ya hemos visto a qué lamentable adoctrinamiento puede ir eso unido. Además, en las oposiciones a funcionarios, es requisito imprescindible o se da más valor al conocimiento de esa lengua que a otros criterios de competencia. ¿Quién podría oponerse a ese chantaje?

La guerra contra la lengua común de todos los españoles ha llegado al extremo de que un senador andaluz, que vive en Cataluña, se dirija, en catalán, a otro, también andaluz, y tengan que utilizar traductor: el llamado «teatro del absurdo» no había alcanzado nada comparable.

En el terreno literario, el tema de las traducciones innecesarias es flagrante. Necesitamos una traducción para leer a un gran autor solamente cuando no dominamos la lengua en que ha escrito. En la España actual, eso ya no sucede. He asistido, en Barcelona, a la representación de una obra de Pablo Neruda, «Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta», traducida al catalán, aunque todos los asistentes podían entenderla en su lengua original.

No es algo exclusivo de Cataluña. Cuando se creó el Centro Dramático Galego, se intentó traducir al gallego, para representarla, alguna obra de Valle-Inclán. Felizmente, sus herederos se negaron… y no se representó al máximo dramaturgo de Galicia.

Supone esto olvidar que la libertad básica de cualquier escritor consiste en escribir en la lengua que quiere; más exactamente, en la que le sale, de modo natural. Igual que rezamos o maldecimos, en una lengua y no en otra.

Los nacionalismos han llegado a inventarse lenguas, exigiendo que se reconozcan como tales simples variedades fonéticas, sin riqueza cultural ni literaria, como la fabla aragonesa y el bable asturiano. (Por negarle al bable esa condición sufrieron una persecución dos de las más eminentes figuras asturianas, el filósofo Gustavo Bueno y el lingüista Emilio Alarcos).

Además de la vanidad paleta que supone inventarse «hechos diferenciales», ¿qué finalidad se pretende, con todo esto? Un simple y claro negocio: que se creen cátedras, departamentos, puestos de profesores, becas; también, un mercado editorial artificial, falso: el gobierno vasco del PNV, por ejemplo, garantizaba a cualquier libro editado en euskera la subvención necesaria para que la editorial cubriera los gastos, aunque no se vendiera ningún ejemplar.

En Cataluña, de hecho, se niega el bilingüismo, se quiere imponer una sola lengua. La Generalitat sólo ha considerado autores catalanes, por ejemplo, para la Feria de Frankfurt, a los que escribían en catalán, aunque renunciara, así, a los mejores: Marsé, Matute, Mendoza, los Goytisolo, Ruiz Zafón, Cercas…

El independentismo busca privar a un pueblo del inmenso tesoro, cultural y económico, que supone la lengua española, una de las más importantes del mundo. Un 23 de abril, le pregunté, por la radio, a Jordi Pujol, si no le interesaba Cervantes y me contestó rotundamente: «No. Sólo me interesa Goethe». ¡Peor para él! Éste era el presunto «español del año»…

Supone todo esto no respetar la libertad de los que eligen hablar o escribir en una lengua; también, intentar separar a los españoles; en el fondo, usar la lengua como un arma política, no como un instrumento para entendernos.

Nuestra Constitución se basaba en la lealtad a la patria común: la permanente deslealtad de los independentistas ha conducido a este cúmulo de disparates. Para corregirlo, haría falta un notable coraje político: por desgracia, no lo veo por ningún lado.

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¿Por qué debemos leer a Virginia Woolf?

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Este vídeo animado de TED Ed, recorre la vida y la obra de Virginia Woolf. Comienza hablando del libro “A room of one’s own” y de la tragedia del genio restringido que sufren las mujeres. A lo largo del vídeo se recorren muchos de sus libros y se describe la capacidad de Woolf de recrear personajes que sufren una especie de alienación entre sus vidas internas y su existencia exterior. El video comenta también la propia biografía de Virginia, y su inclusión en el Grupo Bloomsbury, de escritores distintivamente modernistas. Woolf fue muy conciente del privilegio que tuvo de poder estudiar y escribir, y lo utilizó no sólo para crear nuevas formas de escritura, sino también para abrir nuevos espacios literarios para que las mujeres escritoras que vinieran a posterior. 

 

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