La discriminación

Las razas blanca y negra, por así decir, conviven mal. Cada poco tiempo se produce el litigio. Esta vez ha sucedido en Ferguson (Misuri), ciudad ensimismada. El origen, la decisión de un jurado: no encausar al policía blanco que mató a un joven negro. Una cosa es la ley; otra, su aplicación. Los conflictos raciales, aunque subyacen, siempre están vigentes: subyacen, saltan como pólvora impulsados por el estado de desánimo defensivo. Esta vez un gran número de jóvenes negros se ha sentido provocado por no encausarse al asesino. Las cosas son así y la convivencia es difícil. Porque existen resistencias feroces y gentes acechantes y a la que salta, que ponen de manifiesto la enemistad nativa, que se torna odio vengativo según lo que suceda, cuándo y dónde. La naturaleza, para no ser agitadora, requiere, aparte de tiempo y de meticulosa justicia, el olvido de las diferencias que saltan a la vista. La sensación de inferioridad ofendida es permanente. El comportamiento de la justicia tiene que ser muy claro, visible, igualitario. Y aun así… El ser humano se considera maltratado por algo tan visible y natural como el color: está en perpetuo acecho, previniendo su salto y defendiéndose de un viso de injusticia. Es el sino de su propia naturaleza. ¿Injusto? Según quien juzgue.

ANTONIO GALA

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Viñeta de Erlich

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