Del futuro diccionario de las redes

GONZALO TORNÉ  


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Cualquier grupo con capacidad para cerrarse sobre sí mismo durante periodos de tiempo más o menos prolongados (aunque sean intermitentes) tiende a desarrollar una serie de palabras y expresiones propias con las que no solo se define el tono verbal del grupo, sino que, a poco que los participantes sean ingeniosos, terminan reflejando cómo piensan o cómo miran la realidad más cercana. Parejas, familias, grupos de trabajo, contertulios, da igual… el fenómeno es casi universal y se infiltra en cualquier especie de grupo constituido.

No descubro nada nuevo: se trata de un efecto bien conocido y en manos de alguien talentoso se puede sacar un maravilloso provecho. Por poner un célebre ejemplo libresco véase como Natalia Ginzburg lograba en Léxico familiar un vivísimo fresco de la resistencia italiana, la vida judía y sus propias inquietudes intelectuales partiendo de la glosa (con aires cómicos, al menos en un primer momento) de las expresiones recurrentes de su familia. Un excelente retrato de época (y de los complicados, recorrido por tensas venas políticas y morales) partiendo de una colección de expresiones mundanas.

¿No podría hacerse algo parecido con el “vocabulario” de las Redes Sociales? ¿No se supone que allí destellan reflejos contestatarios de la “realidad” tal y como la emiten los medios de papel y audiovisuales? ¿Y no ha sido desde siempre una manera de desactivar el lenguaje dominante alterar el sentido de una palabra o poner una expresión nueva donde el peso político de la vieja la ha vuelto ya inservible? ¿No sirve una expresión como “cipotudo” para que de repente se condensen de manera significativa y comunicable una serie de sospechas compartidas sobre la ineficiencia de ciertos estilos?

Se me objetará que para que un proyecto así llegue a buen puerto se requiere de una Ginzburg; pero no nos confundamos, tampoco solicito que alguien escriba una obra maestra me conformaría con un diccionario servicial que mejore lo que tenemos ahora, el inane trending-topic, que apenas refleja una lista de las palabras más repetidas, rendida al criterio cuantitativo que siempre es el más previsible.

Inciso: también me consta que hay diccionarios sobre vocablos más o menos técnicos (hastag, meme, troll, retuit…) pero lo que propongo no tiene tanto que ver con los diversos “marcos” como con los usos variables que hacen los usuarios de los espacios. Nos convendría un diccionario histórico de softcore y no de hardcore, para entendernos.

Hasta cierto punto se trata de un trabajo sencillo siempre que quien lo aborde tenga algo de talento y mucha paciencia. Se deberían seleccionar aquellos términos que permitiesen entrever los principales debates, tanto políticos como estéticos, y los tonos dominantes. También ayudaría dotar al libro de cierta perspectiva temporal. Convendría apartar como a una mosca la tentación de ser sistemático o demasiado “científico”. El buen diccionario de usos debería ser impresionista, sesgado, arbitrario y un poco tendencioso.

Si tuviese tiempo (ay, si tuviésemos tiempo) me pondría ahora mismo, pero si alguien se anima y el resultado no es un completo disparate me comprometo a buscarle un editor. Aunque posiblemente a estas alturas del artículo igual hay un puñado pensándose si hacer un encargo en firme.

@gonzalotorne

El esqueleto global

Con tanto WiFi, onda, Bluetooth e inalámbrico creo que ya asociamos instintivamente la Red a una suerte de energía flotante y aérea, inmaterial, parecida al éter, y nos olvidamos de su sustentáculo físico. Lo recordé hace unas semanas leyendo a un gurú en el trance de pronosticar cuando iba a colapsarse la Red a causa de una acumulación excesiva de datos (hacia 2030 según sus cálculos). Una vez apagada la Red, ¿cómo no imaginar las extensas tuberías por donde ahora vuela la información como los huesos de un esqueleto que el sol ha ido descarnando y blanqueando? Solo su carácter medio secreto (qué tentación para gamberros) impide que se celebre abiertamente como la mayor obra de ingeniería de la humanidad, la más global, que deja en apenas nada a la Muralla China. Qué conjeturas no harán nuestros descendientes si algún cataclismo cortase la correa de transmisión de la cultura al descubrir el intrincado sistema de pasadizos y tuberías metálicas que atraviesa mares y surca desiertos para contribuir a la ficción aérea de una Red inmaterial.

http://www.elcultural.com/revista/opinion
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Erudición

En medio del bosque digital el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor

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Logo de Google. VIRGINIA MAYO AP

 

 En las tertulias de antaño siempre había un erudito que lo sabía todo. Recordaba nombres, fechas y datos con absoluta precisión gracias a su privilegiada memoria alimentada por múltiples, diversas y a veces inútiles lecturas. Ante cualquier discusión se recurría a él en última estancia para que ejerciera de tribunal de casación. Hoy el prestigio de esta clase de sabios, ganado a pulso después de quemarse las pestañas leyendo montones de libros, ha desaparecido. La erudición ya no sirve de nada. Ahora en cualquier debate en que las partes se obstinan por tener razón, mientras la disputa se alarga y adquiere una elevada temperatura, tal vez el más tonto del grupo que ha permanecido callado picotea discretamente en el iPhone y cuando la discusión alcanza un encono sin salida, exhibe el veredicto inapelable que dicta la pantalla del móvil como si fuera el ojo de halcón. He aquí la verdad sacada con la punta de los dedos del légamo digital. El prestigio está en manos de cualquier garrulo que sepa manejar mejor y más rápidas las cinco yemas para extraer la razón del Google. El inicio de la Edad Moderna lo marcó el invento de la imprenta. La edición masiva de libros terminó con el argumento de autoridad, que estaba en manos hasta entonces de clérigos, leguleyos y sanadores, como una fuente de poder frente a la ignorancia de la gente. Una revolución semejante se produce ahora en medio del bosque digital donde el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor, el paciente al médico, el analfabeto al filólogo, el idiota al científico y el reo al juez. La cultura es hoy una enloquecida barra de bar que circunda el planeta y la política mundial está presidida por un venado con una cornamenta de 14 puntas, toda de oro, un Calígula que gobierna el imperio con los dedos movidos por el odio, la ignorancia y la estupidez.

MANUEL VICENT

http://elpais.com

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No sólo Facebook

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Yuval Noah Harari explica en Homo Deus, publicado en España en otoño pasado, que un estudio encargado por Facebook y llevado a cabo con 86.220 voluntarios, revela que el algoritmo de esta red social predecía sus opiniones y deseos mejor que ellos. El trabajo concluía así: “La gente podría abandonar sus propios juicios psicológicos y fiarse de los ordenadores en la toma de decisiones importantes en la vida, como elegir actividades, carreras o incluso parejas”. Y aportaba un dato aún más inquietante: en las próximas elecciones presidenciales (el estudio se realizó hace un año), Facebook podría conocer no sólo las opiniones públicas de decenas de millones de estadounidenses, sino también quiénes de ellos son los votantes trascendentales que cambiarán su voto y en qué sentido. Escribe Harari: “Facebook podría decirnos que en Oklahoma la carrera entre republicanos y demócratas es particularmente reñida e identificar a 32.417 votantes que todavía no hayan decidido a quién votar y determinar qué es lo que cada candidato necesita decir para inclinar la balanza (…); en el siglo XXI, los datos personales son el recurso más valioso que la mayoría de los humanos aún pueden ofrecer y los estamos cediendo a los gigantes tecnológicos a cambio de servicios de correo electrónico o divertidos vídeos de gatitos”. Facebook es la gran red social con 1.700 millones de seguidores. La mitad de los estadounidenses lo consideran su medio de comunicación. Y Trump ha ganado porque supo utilizar las redes sociales mejor –y con menos escrúpulos– que su rival. Facebook está redefiniendo la democracia. O quizás adulterándola. En cualquier caso, resulta enternecedor que Trump se levante a las seis de la mañana para leer The New York Times, The Washington Post o el New York Post. Es la prueba de que sabe la capacidad de prescripción de la prensa, que ha perdido lectores, pero sigue manteniendo el pulso con el poder, su verdadero sentido.

http://www.lavanguardia.com/opinion/

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¿Cuál es el estado de salud de internet?

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Mozilla ha iniciado un nuevo proyecto open-source con el que pretende determinar el estado de salud de internet. El objetivo es saber cuán abierta es la red conjugando para ello información desde cinco perspectivas diferentes.

Mark Surman, director ejectuvio de la Fundación Mozilla, se pregunta en una carta abierta “cuando Mark Zuckerberg de Facebook aparece en la portada de The Economist retratado como un emperador romano, ¿internet se está dividiendo en grandes imperios que monopolizan las actividades de todos los días como búsqueda, conversaciones con amigos o compras?”.  Surman duda de que realmente internet puede ser abierta y descentralizada.

A continuación presentamos los cinco puntos analizados por este proyecto de Mozilla:

Innovación abierta

HTML o JavaScript son normas básicas de la web que se han convertido en una suerte de mecano de construcción para la humanidad. El lado positivo viene por el hecho de que existen más de 1.100 millones de sitios web y cada segundo aparecen nuevos, recibiendo el mismo trato de internet.

A ello se suma que existan unos 1.000 millones de trabajos con licencia de propiedad intelectual Creative Commons, que animan a reutilizar sus textos, fotos e, incluso, música. En cuanto a Linux, además de que muchos gobiernos (India, Reino Unido, EEUU…) apuestan decididamente por él, la inmensa mayoría de los servidores web lo ejecutan.

Sin embargo, el trabajo destaca que algunas de las leyes de propiedad intelectual se han quedado obsoletas y las novedades son negociadas con demasiada frecuencia a puerta cerrada (TTIP, por ejemplo). A ello se suma que continúan los enlaces de artículos sin permiso o que el software DRM (Gestión de Derechos Digitales) es tan restrictivo que, incluso, impide hacer ciertos usos legítimos del material adquirido.

Otra mala noticia es que el mundo del Internet de las Cosas está volviendo a imponer el software patentado y, con ello, la interoperabilidad, en lugar de apostar por el software libre.

Inclusión digital

En la actualidad, más de 3.000 millones de personas están en línea. Además, hay más usuarios de internet en economías emergentes que en economías desarrolladas. En ese sentido, los teléfonos móviles han sido determinantes para disparar esa diversidad de voces en la red.

Sin embargo, en este espacio también se da la desigualdad, y no sólo en los países menos prósperos es más complicado acceder a internet, sino que las mujeres tardan más en lanzarse al ciberespacio. Es importante destacar la necesidad de incrementar e incentivar la creación de contenido local.

En cuanto a la libertad por parte de los Gobiernos, las cifras hablan por sí solas: sólo en 2016 hubo 51 bloqueos internacionales en 18 países, según AccessNow.

Descentralización

¿Se están poniendo puertas al campo? Que exista más de 1.000 millones de sitios web es fruto del sistema descentralizado de nombres de dominio (DNS), de los cuales alrededor del 27% funcionan con WordPress (sistema de administración de contenido de código abierto).

Sin embargo, países, como sucede en la Unión Europea (UE) tratan de cercenar la neutralidad de internet lo que, unido a que empresas como Facebook, Google, Apple, Tencent, AliBaaba y Amazon sean las grandes dominadoras de la red, no favorece a la descentralización, que debería materializarse en el gobierno de muchos.

Privacidad y seguridad

Tras las revelaciones que en 2013 hizo Edward Snowden, ¿qué podemos decir? Cuanto más crezca esa Internet de las Cosas, en la que se conecten a internet coches, neveras, juguetes, monitores para bebé, contadores inteligentes… se multiplican exponencialmente las puertas de entrada para quienes quieren violar nuestra privacidad o nuestra seguridad.

En noviembre del año pasado, el malware Mirai infectó a más de 100.000 dispositivos, entre los que había cámaras web y monitores de bebé, coordinándolos para ejecutar un ataque de denegación de servicio (DDOS). Otro ejemplo es el incremento de los casos de ransomware.

Asimismo, y con ejemplos claros como Yahoo!, millones de cuentas de internet pueden quedar comprometidas sin que nos enteremos de ello hasta pasados varios años. Resulta crucial, además, favorecer el derecho al olvido cuando uno quiere borrar sus perfiles del ciberespacio.

Alfabetización digital

Existe una tendencia a ir incluyendo la escritura de código y saber programar en el currículo académico, algo sobre lo que no todo el mundo está de acuerdo. Más allá de conocer esa codificación básica, sí es importante que las personas conozcan los funcionamientos básicos de la red, que sepan verificar las fuentes para no dar por auténticas noticias falsas.

Incluso en los países con madurez en internet, los más jóvenes continúan sin distinguir el contenido promocional de noticias o los anuncios en los resultados de sus búsquedas. Esto requiere de cierta formación y, por supuesto, de un cambio en la manera de presentar la información.

El proyecto de Mozilla concluye que la alfabetización digital es más que codificar, así como que Gobiernos, el mundo de la Educación y, por supuesto, los padres y madres deben defender esa alfabetización digital.

DAVID BOLLERO

http://blogs.publico.es/kaostica

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El viaje al interior de Mark Zuckerberg

El fundador de Facebook se ha propuesto visitar los Estados de su país que no conoce

ROSA JIMÉNEZ CANO
Mark Zuckerberg, CEO de Facebook en una conferencia.rn
Mark Zuckerberg, CEO de Facebook en una conferencia. ERIC RISBERG AP

 

Mark Zuckerberg, fundador y máximo responsable de Facebook, es un hombre de costumbres y metas. Desde hace más de cinco años viste la misma ropa: vaqueros, camiseta gris, sudadera y zapatillas de deporte. Si refresca, una sudadera. Eso es todo.

 Si en 2016 sorprendió con una propuesta que cumplió, correr al menos una milla diaria, en 2015 decidió que leería un libro cada dos semanas. Fundó una página que seguía los patrones de los clubes de lectura universitarios, con debates y, en ocasiones, la opinión del propio autor. Poco a poco ha ido modulando estos propósitos para lanzar mensajes, como aprender mandarín. Atrás quedó la rareza de 2011: comer solo animales que él mismo hubiese sacrificado.
 En 2017 ha decidido mirar al interior. Todo un síntoma de los nuevos tiempos. Ha decidido recorrer Estados Unidos, poner el pie en todos los Estados que aún no conoce. Ha dicho que será “un año de viajes”, como si durante el último lustro hubiese estado enclaustrado en el cuartel general de Menlo Park.

Según sus cálculos, todavía le faltan 30 de los 50 Estados. Irá, siempre que sea posible, por carretera. Un guiño a los clásicos road trip.

En plena toma de poder de Donald Trump, Zuckerberg ha visitado uno de los Estados más conservadores: Texas. Hizo el tour completo, desde un encuentro con la policía para ver cómo pueden colaborar en cuestiones de seguridad, a su primera experiencia en un rodeo. “Últimamente he viajado por todo el mundo, he conocido muchísimas ciudades. Ahora lo que me ilusiona es explorar más nuestro país y conocer gente de aquí”, ha publicado en su muro.

Tras sus fotos en la Muralla China disfrazado de runner, o en la Puerta de Brandenburgo con un discreto séquito, el giro es más que notable. Sus viajes son un mensaje en sí mismos.

Queda apenas un mes para el congreso de móviles de Barcelona, en el que es un habitual. Todavía no ha confirmado su asistencia. Podría ser un síntoma más de su mirada al interior.

http://elpais.com/

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El navegador del futuro ya está aquí y se llama Neon

Este revolucionario prototipo presenta un ‘browser’ con aspecto de sistema operativo

Aspecto del nuevo navegador Opera Neon.

No hace tanto, la potencia de un ordenador se medía por la capacidad de su disco duro y la memoria. Eran épocas en las que la conexión a internet no era tan masiva como lo es ahora y el grueso de los trabajos se llevaban a cabo en él. Pero ahora todo ha cambiado y la nube se ha impuesto con autoridad, hasta el punto que Google optó por presentar una plataforma, Chrome OS, “un sistema operativo hecho para la web” como ellos mismo definen. Ahora, Opera acaba de dar un importante paso en esta misma dirección presentando un prototipo de navegador que rompe moldes con todo lo visto hasta la fecha: Neon.

¿Qué es Neon exactamente? La definición más lógica sería la de navegador, y no cabe duda de que lo es, pero en realidad Opera va mucho más lejos. Esta apuesta ofrece al usuario, en realidad, una interfaz a modo de plataforma sobre la cual los elementos (todos ellos objetos en web), son tratados visualmente como si se tratara de aplicaciones. Este enfoque es exactamente el mismo que el propuesto -con notable éxito, dicho sea de paso- por Google y sus Chromebooks (los portátiles que equipan el sistema operativo en la nube). Y no cabe duda de que tiene sus ventajas.

Lo primero que llama a uno la atención al descargarse Neon es la sencillez y limpieza visual: en la pantalla no hay prácticamente más elementos que un enorme campo de búsqueda desde el cual se inicia la aventura. Opera, en cualquier caso, ha tenido el detalle de dejar al usuario unas burbujas flotando en la parte central de la pantalla con distintas web o servicios muy populares (Facebook, Mashable, etc.) para darnos una pista de cómo funciona exactamente Neon. Desde el punto de vista del usuario, lo más importante será romper los hábitos y esquemas mentales de los navegadores previos: esto es otra cosa.

¿No se han sentido alguna vez agobiados con multitud de pestañas abiertas cuando se está trabajando en algo en concreto? Lo peor no es sólo la sensación de agobio y desbordamiento, sino que también esta disposición consume recursos y el sistema puede ralentizarse. En este sentido, la primera medida de Opera ha sido convertir todas esas páginas abiertas en burbujas que quedan minimizadas en la pantalla sin llegar realmente a molestar. Pero van mucho más allá: Neon ofrece una isla en la parte central de la pantalla en la que podremos colocar las burbujas que con más frecuencia utilicemos.

Pantallazo de Neon.
Pantallazo de Neon.
 

Es aquí donde Opera combina sabiamente el concepto “pestaña” con el de “aplicación”: Neon trata las webs como aplicaciones y es una inteligente forma de gestionarlas puesto que en realidad, en el 99% de las situaciones trabajaremos con el ordenador conectado a internet. Llegados a este punto y transcurridos apenas unos minutos de uso, el usuario se verá capaz de ir creando sus propias apps con los enlaces que visite con más frecuencia: Facebook, YouTube, el correo en web… lo mejor del asunto es que Neon permite además crear iconos con links específicos, con lo que podríamos tener una burbuja concreta dedicada a los deportes y otra a política de un mismo periódico.

El enfoque enamora en muy poco tiempo para quien realmente quiera sencillez y eficacia en el uso del ordenador, pero además Opera añade a todos estos ingredientes su sello específico: una velocidad de navegación de vértigo que facilita enormemente la experiencia de uso. ¿Defectos de Neon? Bastantes, pero centrados básicamente en el hecho de que se trata de un prototipo de partida sobre el cual se irán añadiendo complementos. Neon no sólo ha llegado para quedarse, sino que además quiere ser el centro de trabajo de su ordenador, hasta el punto que camufla el fondo del navegador utilizando la misma imagen del escritorio, algo que puede llegar a confundir. Esa es la idea, en realidad.

http://tecnologia.elpais.com/

 

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Los mejores buscadores para bucear por el ‘internet oculto’

Estas páginas permiten acceder a la ‘cara b’ de internet

Gráfica de la ‘deep web’. REZONANSOWY/WIKIPEDIA

Aunque internet nos parezca ya de por sí insondable, quizá no sepa que hay un cajón oscuro, una zona sin descubrir, que algunos afirman que es hasta 500 veces superior a la red de redes. Nos referimos a la deep web o Internet profunda, a esa zona fuera de control a la que SOLO una reducida parte de usuarios tiene acceso, porque queda fuera del uso habitual de la red. Se trata de una parte de internet cuya principal característica es que no hay un rastreo por parte de los buscadores (Google y otros buscadores apenas cubren una parte mínima de la misma) y por descontado, el anonimato es rey: el usuario es un número más, a menos que desee identificarse de forma voluntaria.

Se ha vinculado a la deep web con actividades delictivas y contenido prohibido, aunque realmente no tiene por qué ser así: las páginas existentes en esta web simplemente esquivan los bots rastreadores de los principales buscadores y quedan en una especie de limbo al que sólo se accede utilizando otro tipo de motores de búsqueda. Pero es cierto que este anonimato y falta de control han nutrido a la internet profunda de todo tipo de contenido ilegal y delictivo, que son los que han dado la verdadera fama. Es un lugar oculto e inmenso, pero ¿cómo acceder a él?

 

Lo primero que hay que hacer es instalar un navegador compatible: el principal contenido de esta red anónima se encuentra bajo el dominio “.onion” al que no pueden acceder los navegadores convencionales. Aunque hay varias formas de acceder a la internet profunda, las más sencilla consiste en instalarse el navegador TOR, acrónimo de The Onion Router, que hace referencia al tipo de red en las conocidas “redes de cebolla” que protegen el anonimato del usuario. Con TOR instalado en el ordenador no hace falta hacer nada más y ya se accede a ese mundo paralelo.

Una vez dentro de esa red fuera de control la siguiente dificultad reside en saber cómo encontrar el contenido, y para ello la mejor solución es acceder a The Hidden Wiki, un directorio en el que se muestra multitud de enlaces organizados por categorías. En cuestión de minutos, el usuario se encontrará uno buceando por multitud de sitios que están fuera de control, una red paralela sin filtros en la que se puede encontrar absolutamente de todo.

El paseo por la deep web, además de oscuro en toda la extensión del término, es lento, lentísimo hasta la exasperación, y es así por un motivo. La conexión es anónima y para que esto sea así la información viaja de nodo a nodo de forma aleatoria en los mencionados nodos de cebolla.

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DOUGLAS RUSHKOFF SOBRE CÓMO LA TECNOLOGÍA DIGITAL ESTÁ AYUDANDO A CREAR NUEVOS NACIONALISMOS

UNO DE LOS MÁS BRILLANTES ANALISTAS ACTUALES NOS PERMITE VER EL PAPEL DE LA TECNOLOGÍA DIGITAL EN LA CONFORMACIÓN DE UN NUEVO ESCENARIO POLÍTICO DONDE SE HACE PATENTE QUE LAS PROMESAS DE LIBERTAD E INTEGRACIÓN DEL INTERNET ESTÁN FRACASANDO

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Existe una fuerte tendencia global en la que estamos viendo el surgimiento de un nuevo nacionalismo, con una marcada inclinación hacia la derecha en países como Estados Unidos, Austria, Francia, Hungría e incluso la India. Algunos analistas han manifestado la inquietud de que esto podría ser la antesala de un nuevo fascismo, en tanto que ciertos movimientos políticos están teniendo éxito con bases en el proteccionismo, la xenofobia, el conservadurismo, etcétera.

Douglas Rushkoff, quizás el más brillante teórico de medios en la época posMarshall McLuhan, ha sugerido que la tecnología digital (o la nueva ecología mediática) ha contribuido de manera importante a crear las condiciones para que se originara este nuevo nacionalismo, particularmente de fenómenos como Donald Trump o el Brexit. Ruhskoff apunta que, inicialmente, se predicó el supuesto de que el Internet ayudaría a acabar con el nacionalismo. Uno de sus primeros activistas, John Barlow, en su Declaración de Independencia del Ciberespacio, dijo que el nuevo “espacio social global” estaría “naturalmente libre de tiranías”. Pero, dice Rushkoff:

 

el Internet ha tenido el resultado opuesto. No estamos avanzando a una nueva sociedad global, estamos retrocediendo otra vez al nacionalismo. En vez de movernos hacia la integración racial de los colores de Benetton, estamos encontrando que muchos añoran un pasado ficticio en el que las personas quieren pensar que las razas eran distintas, y que todo estaba bien. 

 

El Internet ayuda a tomar partidos

Rushkoff mantiene que Internet se ha convertido en un bucle [loop] de retroalimentación que se autorrefuerza, cada elección que hacemos es cuidadosamente notada e integrada por los algoritmos que personalizan nuestros feeds de noticias, aislándonos así cada vez más en nuestras burbujas de filtro ideológicas. Ninguno de los miles de personas que aparecen en mi feed de Twitter apoyaron a Trump o al Brexit. Para aquellos que sí lo hicieron, estoy seguro de que lo contrario es verdad.

Esto hace que el Internet nos ayude a tomar partidos, aislándonos por definición en un rincón del espectro y reforzando nuestra visión polarizada de la realidad. Esto también explica, entre otras cosas, por qué para muchos el triunfo de Trump parecía imposible o ridículo: todo el contenido que veían en sus feeds reafirmaba su propia noción.

Rushkoff enfatiza que los medios digitales tienen la tendencia a distinguir y dividir, mientras que medios más cálidos como la TV tenían la característica de disolver fronteras y amalgamar a las masas en nociones colectivas. Los candidatos convencían a las personas con su capacidad telegénica, como Reagan, prometiendo la unidad que se percibía al compartir ese mismo momento, una realidad común. La TV era un medio continuo, como una ola uniforme; ahora vivimos en discretos paquetes de información:

El máximo candidato digi-génico, Donald Trump, exige que construyamos un muro para protegernos de los mexicanos. Esto es porque el sesgo principal del ambiente digital mediático es la distinción. Medios análogos como la radio y la televisión eran continuos, como el sonido de un vinilo. Los medios digitales, por contraste, están hechos de muestras [samples] digitales. Asimismo, las redes digitales descomponen los mensajes en pequeños paquetes, y los rearman del otro lado. Los programas informáticos se reducen a una serie de 1s y 0s, o prendido y apagado. 

Esta lógica se traslada a las plataformas y las aplicaciones que usamos. Todo es una elección –desde el tamaño de fuente hasta el lugar del “snap togrid. Tiene 12 o 13 puntos, está posicionado aquí y no allá. Enviaste el email o no. No existen intermedios.

Así que no debe sorprendernos que una sociedad que corre en estas plataformas tienda hacia algo similar a estas formulaciones discretas. ¿Me gusta o no me gusta? ¿Blanco o negro? ¿Rico o pobre? ¿De acuerdo o en desacuerdo?

La dicotomía, la visión dualista, el reduccionismo y el enfrentamiento entre opuestos están programados en el sistema operativo de nuestra tecnología. Quizás vale la pena recordar uno de los axiomas de Rushkoff, “programa o serás programado”, el cual va muy bien con el famoso de McLuhan “el medio es el mensaje”.

http://pijamasurf.com/

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