El ‘Coco’ en la red

Tan peligrosa es una calle oscura como un chat de voces secretas que envenena la intimidad silenciosa de la infancia que juega sola

Grabado dedicado al 'Coco' de la serie los 'Caprichos', de Goya.Grabado dedicado al ‘Coco’ de la serie los ‘Caprichos’, de Goya.

Goya tiene un grabado de su serie Los caprichos dedicado al coco. Al parecer, al extraordinario pintor aragonés le parecía problemático asustar y alimentar la imaginación de los niños con fantasmas y seres inexistentes. En el grabado aparecen dos niñas aterrorizadas abrazándose a una mujer, mientras contemplan una silueta fantasmal cubierta con una manta. Esta imagen es de finales del siglo XVIII, y en ese contexto se ha llegado a interpretar desde una perspectiva condescendiente. Se definía como una superstición interesada de las mujeres de clases populares para controlar a los pequeños. Sin embargo, no ha sido un personaje tan vano como aventuran algunos. En las leyendas del folclore infantil con las que crecí estaba el inquietante hombre del saco. A los niños nos gustaba jugar en la calle, nos protegíamos los unos a los otros, y sabíamos que cuando caía la noche había que volver a casa. Éramos conscientes de nuestra vulnerabilidad y de que el mundo de los adultos tenía un lado oscuro del que debíamos desconfiar y alejarnos. Existía el coco, y tenía diferentes formas, por eso estar alerta y socorrer a nuestros amiguitos era una regla básica que teníamos que aprender, para poder salir a jugar sin supervisión.

En estos días, en que existe un mundo paralelo en la Red, trato de imaginarme cómo hacen los padres para enseñar a sus hijos de forma convincente a resguardarse de los cocos que deambulan por ella. De niña me explicaban claramente que abriera bien los ojos. ¿Estamos ahora preparados para educar a los niños y a los adolescentes a navegar de forma segura? El mundo de Internet permite compartir información y ayuda al desarrollo del conocimiento. Pero al igual que los espacios de la realidad en que nos movemos, está lleno de grietas. El coco ha descubierto la impunidad de las redes, y se frota las manos sabiendo que muchos padres son perezosos, atolondrados, y no quieren entender que sus hijos son víctimas potenciales. Hay niños y adolescentes paseando por las redes sin criterio gracias a los navegadores web incorporados a las consolas, móviles, ordenadores o tabletas. Los cocos están allí, listos para acosarlos y llevarlos a su saco. Los cocos son parte de una realidad virtual que acecha a los menores y proliferan en las ventanas de contenidos tóxicos, explícitos y violentos y dañan gravemente su desarrollo mental. Tan peligrosa es una calle oscura como un chat de voces secretas, que envenena la intimidad silenciosa de una infancia que ahora sale a jugar sola en el espacio virtual.

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Cloacas

En la actualidad la cloaca máxima discurre a través de las redes sociales

Roma, Italia 1875, vista de la cloaca máxima. Roma, Italia 1875, vista de la cloaca máxima. GETTY IMAGES

El rey de Roma Tarquinio Prisco mandó construir la Cloaca Máxima en el siglo VI antes de Cristo para canalizar y verter en el Tíber las infectas marismas junto con todos los desechos de la ciudad. Esa obra monumental ejecutada por etruscos está todavía en servicio. Con el tiempo sobre ella se levantaron templos, palacios, arcos de triunfo, el foro imperial, el Coliseo, el Vaticano y las basílicas cristianas. Por la raíz de estos mármoles sagrados discurría una corriente putrefacta y en ella navegaba toda clase de despojos. El derecho, el arte y la cultura clásica, que nos han nutrido, se elaboraron sobre esta inmundicia. La cloaca máxima, que en su origen fue una gran obra de ingeniería, a lo largo de la historia ha tomado otras formas invisibles e igualmente nauseabundas. El Estado moderno, y todos los crímenes que llevan su nombre, se asientan sobre una ciénaga semejante a la de Roma. Los bajos fondos del poder están llenos de reptiles que se pasean con un pistolón colgado de la axila y sobre este pozo ciego gritan y gesticulan los políticos, dictan sentencias los jueces, desfilan los ejércitos. En la actualidad, la cloaca máxima discurre a través de las redes sociales. El albañal que soportaba los mármoles de la ciudad eterna y la caja de Pandora, que contiene un nudo de serpientes, fundamento del Estado moderno, se han transformado en esa corriente de odio y frustración que aflora desde el anonimato en millones de tuits llenos de rebuznos, insultos, calumnias, mentiras y venganzas. Sobre la cloaca de las redes se eleva hoy el trono de un invisible rey Tarquinio con todo su poder digital, capaz de alterar el curso de la historia solo con los dedos sobre un teclado. ¿Pero, qué templos, qué palacios, qué arcos de triunfo, qué clase de cultura se puede levantar sobre este basurero?

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Nuestro romance con lo digital se ha terminado

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Hace una década compré mi primer teléfono inteligente: un pequeño y torpe BlackBerry 8830 que tenía una elegante funda de piel. Me encantaba ese celular. Adoraba la manera en que fácilmente entraba y salía de su funda, me encantaba la suave vibración que emitía cuando llegaba un correo electrónico, amaba el sonido silencioso de su rueda de desplazamiento mientras jugaba Brick Breaker en el metro y la sensación de sus pequeñas teclas bajo mis pulgares gordos. Era el mundo en mis manos y cuando lo apagaba me sentía solo y ansioso.

Como la mayoría de las relaciones en las que nos involucramos con el corazón agitado, nuestro romance con la tecnología digital nos prometía el mundo: ¡Más amigos, dinero y democracia! ¡La música gratuita, las noticias y el envío de toallas de papel el mismo día! Una risa por minuto y una fiesta constante en la punta de nuestros dedos.

Muchos de nosotros nos tragamos la fantasía de que lo digital mejoraba todo. Nos rendimos ante esta idea y confundimos nuestra dependencia con el romance, hasta que fue demasiado tarde.

Hoy, cuando mi celular está prendido, me siento ansioso y cuento las horas que faltan para que pueda apagarlo y relajarme de verdad. La aventura amorosa que alguna vez disfruté con la tecnología digital se acabó. Y sé que no soy el único.

Diez años después de que el iPhone nos sorprendiera por primera vez, es inevitable el aumento de la desconfianza en las computadoras, tanto en nuestras vidas personales como en la sociedad en general. Esta temporada de publicaciones está llena de libros que nos advierten sobre los efectos perjudiciales de la tecnología digital en nuestra vida: lo que los teléfonos inteligentes les están haciendo a nuestros niños; cómo Facebook y Twitter están erosionando nuestras instituciones democráticas; los efectos económicos de los monopolios de la tecnología.

Una encuesta reciente del Pew Research Center señaló que más del 70 por ciento de los estadounidenses estaban preocupados por el impacto de la automatización en los empleos, mientras que solo el 21 por cientode quienes respondieron una encuesta de Quartz dijeron que le confían a Facebook su información personal. Casi la mitad de los milenials se preocupa por los efectos negativos de las redes sociales en su salud física y mental, de acuerdo con la Asociación Psiquiátrica Estadounidense.

¿Y ahora qué?

Por mucho que fantaseemos al respecto, quizá no borraremos nuestras cuentas de las redes sociales ni vamos a echar a la basura nuestros celulares. Lo que podemos hacer es recuperar un poco del sentido de equilibrio en nuestra relación con la tecnología digital, y la mejor manera de hacerlo es con lo analógico: el ying del yang digital.

Afortunadamente, el mundo análógico aún está aquí, y no solo está sobreviviendo, sino que en muchos casos está prosperando. Las ventas de los libros impresos tradicionales están aumentando por tercer año consecutivo, de acuerdo con la Association of American Publishers, mientras que las ventas de libros electrónicos han disminuido. Los discos de vinilo han tenido un auge de popularidad que ya lleva una década (más de 200.000 discos se venden cada semana en Estados Unidos), mientras que las ventas de cámaras de fotografías instantáneas, cuadernos de papel, juegos de mesa y boletos para espectáculos de Broadway están creciendo de nuevo.

Este sorprendente cambio de suerte para tecnologías analógicas aparentemente “obsoletas” a menudo se califica como una nostalgia por la época predigital. Pero los consumidores más jóvenes que jamás tuvieron una bandeja para escuchar discos de vinilo y tienen pocos recuerdos de la vida antes de internet son responsables de gran parte del interés actual en lo analógico, y a menudo este segmento abarca a quienes trabajan en las empresas más poderosas de Silicon Valley.

Lo análógico, aunque es más incómodo y costoso que sus equivalentes digitales, proporciona una riqueza sensorial que no tiene equivalente con nada de lo que se vive a través de una pantalla. La gente está comprando libros porque estimulan casi todos los sentidos, desde el olor del papel y el pegamento hasta la vista del diseño de la cubierta y el peso de las páginas leídas, el sonido que hacen al cambiarlas e incluso el sutil sabor de la tinta en la punta de tus dedos. Un libro puede comprarse y venderse, darse y recibirse, y también se puede mostrar en un estante para que todos lo vean. Puede detonar conversaciones y cultivar romances.

Los límites de lo análógico, que alguna vez se consideraron una desventaja, cada vez más se convierten en uno de los beneficios a los que la gente está recurriendo como un contrapeso para la fácil manipulación de lo digital. Aunque una página de papel tiene los límites de su tamaño y la permanencia de la tinta que lo marca, hay una eficiencia poderosa en esa simpleza. La persona que tenga una pluma mientras lee esa página tiene la libertad de escribir, hacer dibujitos o garabatear su idea como lo desee entre esas fronteras, sin las restricciones ni las distracciones que impone el software.

En un mundo de interminables cadenas de correos electrónicos, conversaciones grupales, mensajes emergentes o documentos e imágenes con miles de modificaciones, el jardín amurallado de lo analógico nos ahorra tiempo e inspira la creatividad. A los diseñadores web en Google se les ha pedido que utilicen papel y pluma como un primer paso cuando proponen ideas para nuevos proyectos durante los últimos años, porque eso da como resultado mejores ideas que las que comienzan en una pantalla.

En contraste con las “comunidades” virtuales que hemos construido en línea, lo analógico verdaderamente contribuye con los lugares reales donde vivimos. Me he hecho amigo de Ian Cheung, el dueño apropiadamente necio de June Records, que vive al final de la calle donde se ubica mi casa en Toronto. No solo me beneficio de los ingresos fiscales que June Records contribuye como negocio local (pavimentar las carreteras, pagarles a los profesores de mi hija), sino también de vivir cerca. Al igual que la ferretería, la tienda de productos italianos y el carnicero en la misma cuadra, la presencia física de June le agrega a mi vecindario un sentido de lugar (como, por ejemplo, un lugar con una selección genial de Cannonball Adderley y álbumes independientes locales) y me da una sensación de pertenencia. Tampoco dudo que, a diferencia de lo que ocurre en Twitter, Ian de inmediato echaría a cualquier nazi o misógino delirante que comenzara a despotricar dentro de su tienda.

Lo analógico es perfecto sobre todo a la hora de animar la interacción humana, lo cual es crucial para nuestro bienestar físico y mental. La dinámica de un profesor que trabaja en un salón de clases lleno de estudiantes no solo ha comprobado ser resiliente, sino que una y otra vez se ha desempeñado mejor que los experimentos de aprendizaje digital. Lo digital podría ser extremadamente eficaz a la hora de transferir información pura, pero el aprendizaje ocurre de mejor manera cuando nos basamos en las relaciones entre estudiantes, profesores y compañeros.

No enfrentamos una simple decisión entre lo digital o lo analógico. Esa es la lógica falsa del código binario con el que las computadoras están programadas, la cual ignora la complejidad de la vida en el mundo real. En vez de eso, estamos ante una decisión de cómo lograr el equilibrio adecuado entre ambos. Si tenemos eso en mente, estamos dando el primer paso hacia una relación saludable con toda la tecnología y, lo más importante, entre nosotros.

 David Sax es el autor de “The Revenge of Analog: Real Things and Why They Matter”.
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Sean Parker, expresidente de Facebook: «Solo Dios sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos»

El cofundador de la red social ha admitido que sabían que estaban creando algo adictivo que explotaba «una vulnerabilidad de la psicología humana»

Marc Zuckerberg, fundador y CEO de Facebook

El cofundador y expresidente de Facebook, Sean Parker, ha admitido que sabían que estaban creando algo adictivo que explotaba «unavulnerabilidad de la psicología humana» desde el principio. Parker, que se hizo multimillonario con su participación en la red social, criticó al gigante de las redes sociales en un evento Axios en Filadelfia esta semana, según publica The Guardian.

Ahora, que es fundador y presidente del Instituto Parker de Inmunoterapia contra el Cáncer, Parker estuvo presente para hablar sobre los avances en las terapias contra esta enfermedad. Sin embargo, aprovechó la ocasión para opinar sobre la labor de las redes sociales en un momento en el que está en entredicho su poder e influencia.

Parker explicó cómo en los primeros días de Facebook algunas personas les decían que no estarían en las redes sociales porque valoraban sus interacciones en la vida real. «Y yo les contestaba: Ok, ¿sabes qué? al final estarás», relató.

«No sé si realmente entendí las consecuencias de lo que estaba diciendo», agregó, apuntando a las «consecuencias involuntarias» que aparecen cuando una red crece hasta tener más de dos mil millones de usuarios.

«Literalmente cambia tu relación con la sociedad. Probablemente interfiere con la productividad de maneras extrañas. Solo Dios sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos», confesó.

Parker explicó que cuando Facebook se estaba desarrollando, el objetivo era: «¿Cómo podemos conseguir que consuman tanto tiempo y atención consciente como sea posible?». Fue esta mentalidad la que llevó a la creación de funciones como el botón «me gusta» que daría los usuarios «un pequeño golpe de dopamina» para alentarlos a subir más contenido.

«Es un ciclo de retroalimentación de validación social … exactamente el tipo de cosa que a un hacker como yo se le ocurre, porque estás explotando una vulnerabilidad en la psicología humana», concluyó.

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Los peligros de los gigantes tecnológicos

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SAN FRANCISCO — Al inicio de esta década, la Primavera Árabe prosperó con la ayuda de las redes sociales. Ese es el tipo de historia que le encanta a la industria de la tecnología: les gusta demostrar que contribuyen a que exista más libertad, progreso y un mejor futuro para toda la humanidad.

Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, proclamó que esa era precisamente la razón por la que existía su red social. En un manifiesto para inversionistas de 2012, dijo que Facebook era una herramienta para crear “un diálogo más honesto y transparente en torno al gobierno”. El resultado, dijo, serían “mejores soluciones para algunos de los problemas más grandes de nuestra época”.

Ahora, las empresas de la tecnología son criticadas por crear problemas en vez de solucionarlos. El problema número uno en la lista es la interferencia rusa en la elección presidencial de Estados Unidos el año pasado. Las redes sociales quizá prometieron libertad al principio, pero resultaron ser unas herramientas muy útiles para avivar el enojo. La manipulación fue tan eficiente y tan carente de transparencia que las empresas apenas se dieron cuenta de que eso estaba ocurriendo.

La elección no es la única preocupación. Las empresas de tecnología han acumulado una cantidad tremenda de poder e influencia. Amazon determina cómo la gente compra; Google, cómo adquiere conocimiento; Facebook, cómo se comunica. Todos están tomando decisiones acerca de quién tiene acceso al megáfono digital y quién debe desconectarse de la red.

Su gran concentración de autoridad se parece al derecho divino de los reyes, y despierta un rechazo que está en pleno desarrollo.

“Durante diez años, los argumentos en la tecnología tenían que ver con cuál director ejecutivo se parecía más a Jesucristo. Cuál se postularía a la presidencia. Quién convencía mejor a los trabajadores para que lo apoyen”, dijo Scott Galloway, un profesor de la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York. “Ahora los sentimientos están cambiando. La víctima se rebela”.

En Facebook, Twitter y ahora Google, se está divulgando la noticia de cómo los rusos se aprovecharon de sus sistemas de publicidad y publicaciones. El 1 de noviembre, el Comité de Inteligencia del Senado realizará una audiencia al respecto. No es probable que eso mejore la reputación de las empresas.

Con el aumento de la presión, las empresas están lidiando con un ataque de relaciones públicas. Sheryl Sandberg, la directora de operaciones de Facebook, estuvo en Washington esta semana reuniéndose con legisladores y reconociendo públicamente los errores sobre lo que pasó durante la elección y dijo que “no debieron suceder”. Sundar Pichai, el director ejecutivo de Google, estuvo en Pittsburgh el jueves hablando acerca de “las grandes brechas de oportunidades en todo Estados Unidos” y anunciando un programa de subsidios de 1000 millones de dólares para promover empleos.

En el trasfondo de estas reuniones se encuentra la realidad de que internet se convirtió desde hace mucho tiempo en un negocio, lo cual implica que la prioridad de las empresas es complacer a sus accionistas.

Ross Baird, presidente de la firma de capital de riesgo Village Capital, señaló que cuando ProPublica intentó comprar anuncios publicitarios dirigidos a antisemitas el mes pasado en Facebook, la plataforma no cuestionó si esa era una mala idea: les preguntó a los compradores cómo les gustaría pagar.

“A pesar de toda la habladuría de Silicon Valley en torno a cambiar el mundo, su principal enfoque ha estado en lo que puede monetizar”, dijo Baird.

Desde luego, las críticas a la tecnología no son nada nuevo. En una exagerada lamentación publicada en Newsweek en 1995, “Why the Web Won’t Be Nirvana” (¿Por qué la web no será el Nirvana?), el astrónomo Clifford Stoll señaló que “cada voz puede escucharse sin costo e instantáneamente” en los tableros de boletines de Usenet, el Twitter y Facebook de esa época.

“¿El resultado?”, escribió. “Cada voz es escuchada. La cacofonía se parece más a la onda de radio civil, con todo y nombres clave, acoso y amenazas anónimas. Cuando casi todos gritan, pocos escuchan”.

 
Justin Rosenstein, un exingeniero de Facebook, dijo recientemente que él había programado su teléfono para evitar usar la red social en el dispositivo. CreditStephen McCarthy/Sportsfile para Web Summit

Si las redes sociales están a la defensiva, Zuckerberg es quien está en el centro de todo: un suceso extraño en una carrera impecable que lo ha convertido, a los 33 años, en una de las personas más ricas e influyentes del mundo.

“Tenemos un dicho: ‘Muévete rápidamente y rompe cosas’”, escribió en su manifiesto de 2012. “La idea es que, si nunca rompes nada, quizá no te estás moviendo con la velocidad necesaria”.

Facebook abandonó ese lema dos años después, pero los críticos dicen que ha conservado mucho de esa arrogancia. Galloway, cuyo nuevo libro, The Four, analiza el poder de Facebook, Amazon, Google y Apple, dijo que la red social aún estaba preparando su respuesta.

“Zuckerberg y Facebook están violando la regla número uno de la gestión de crisis: la hipercorrección del problema”, dijo. “Su actitud es que les resulta imposible hacer cualquier cosa que afecte sus ganancias”.

Joel Kaplan, el vicepresidente de políticas públicas globales de Facebook, dijo que la red estaba haciendo su mejor esfuerzo.

“Facebook es una parte importante de la vida de muchas personas”, dijo. “Esa es una responsabilidad enorme, una que nos tomamos muy en serio”.

Algunos emprendedores de las redes sociales reconocen que están enfrentando problemas que jamás imaginaron como empleados de empresas emergentes que luchaban por sobrevivir.

“No había tiempo para pensar en la repercusiones de todo lo que hacíamos”, dijo en una entrevista Biz Stone, un cofundador de Twitter, poco antes de volver a la empresa la primavera pasada.

Sostuvo que Twitter estaba adquiriendo una reputación injusta: “Por cada cosa mala, hay miles buenas”. Sin embargo, reconoció que a veces “las cosas se complican”.

A pesar de las crecientes críticas, la gran mayoría de los inversionistas, consumidores y reguladores parecen no haber cambiado su comportamiento. La gente aún espera con ansias el nuevo iPhone. Facebook tiene más de 2000 millones de usuarios. Al presidente Donald Trump le gusta criticar a Amazon en Twitter, pero su administración ignoró las peticiones de una revisión rigurosa de la compra de Whole Foods por parte de Amazon.

Sin embargo, en Europa, el terreno está cambiando. La participación de Google en el mercado de los motores de búsqueda del continente es del 92 por ciento, de acuerdo con StatCounter. Pero eso no evitó que la Unión Europea lo multara con 2700 millones de dólares en junio por darles prioridad a sus propios productos por encima de los de sus rivales.

Una nueva ley alemana que multa con grandes sumas a las redes sociales por no eliminar el discurso de odio entró en vigor este mes. El martes, un portavoz de Theresa May, la primera ministra de Reino Unido, dijo que el gobierno estaba revisando “con cuidado los papeles, la responsabilidad y el estatus legal”, de Google y Facebook, con miras a regularlos como editores de noticias en vez de plataformas.

“Esta guerra, como muchas otras, comenzará en Europa”, dijo Galloway, el profesor de la Universidad de Nueva York.

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280

Visto el daño que infligen algunos con 140 caracteres, da pereza imaginar el que pueden llegar a infligir con 280

Logo de Twitter.

Cuando algún editor se disculpa por haberme recortado el espacio, mi respuesta siempre es la misma: “No te preocupes, la brevedad es un género”. Lo pienso realmente, y no me faltan apoyos. “No sé por qué la gente escribe tanto”, dijo Borges, que rara vez redactó un relato de más de veinte folios. Juan Rulfo dedicó unas pocas páginas a Pedro Páramo y barrió la historia de la literatura hispánica del siglo XX. La tesis doctoral de Einstein fue la más breve de la historia de la Universidad de Zúrich, lo que me llena de satisfacción y orgullo, puesto que la mía es la más breve que ha conocido la Universidad Autónoma de Madrid. Vale que ahí se acaba mi relación con Einstein, pero si no lo digo me da un choque anafiláctico. Watson y Crick presentaron la doble hélice del ADN —el mayor descubrimiento de toda la biología— en una página y media de la revista Nature.Monterroso y su dinosaurio que aún estaba allí inventaron el género del microrrelato que ahora invade como fuego fatuo las calles de la ciudad.

 Y es ahora, justo ahora, cuando Twitter decide doblar de 140 a 280 los míticos caracteres que han constreñido durante un lustro la tendencia imperiosa de la gente, de ti y de mí, desocupado lector, a tirar líneas como si no hubiera un mañana. Las frases de los tuiteros se harán el doble de largas y de tristes, la mitad de destiladas y de reflexivas. Y otra cosa: visto el daño que infligen algunos con 140 caracteres, da pereza imaginar el que pueden llegar a infligir con 280. Eso es el doble de espacio para difamar y mentir, enredar y envenenar, disimular y posponer. Es un dolor en el cuello que de pronto se multiplica por dos.

Con todo y ello, el ángulo de la noticia que más me llama la atención es la enorme diferencia entre culturas para expresar una idea compleja con 140 caracteres, o incluso con 280. Los herederos del alfabeto griego (que en realidad se inventó mucho antes en Oriente Próximo) nos jactamos de que nuestro sistema de escritura es más simple que los demás. Solo tenemos que aprender 20 o 30 letras y con ellas construimos todas nuestras palabras. Las escrituras ideográficas, como el antiguo jeroglífico egipcio y los modernos chino y japonés, requieren aprender miles de signos, lo que puede condenar al analfabetismo a amplias capas de la población.

Cuando se trata de ser breve, sin embargo, el japonés o el chino son el vehículo ideal. Allí cada letra es una idea, redondeando un poco, así que la nueva política de Twitter puede duplicar sus ideas, ¿no?

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Naturaleza muerta

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Internet es una gran exposición flotante. ¿De qué?

 

Expone mercancías que no puedes tocar: expone fotografías, datos, actitudes, tendencias, personajes, teorías más o menos congeladas, políticas más o menos muertas.

Es una especie de artefacto que se dedica a exponer, como un supermercado más que como un museo, si bien eso que expone ni siquiera lo puedes consumir simbólicamente porque en el momento de aparecer está en sí mismo consumido, está extinguido. Internet es en realidad un gran expositor de extinciones. Algo parecido a la pornografía: catálogo estereotipado del sexo extinguido más que del sexo vivo o revivido.

Hemos pasado de la naturaleza viva a la naturaleza muerta. Comparado con el libro que vive y revive en las manos del lector, el libro digital es el libro muerto. El libro despojado de Eros. ¿Y si a la literatura le estuviese pasando lo mismo?

Por definición lo que se expone es siempre una imagen de la muerte: es algo muerto.

Exponemos naturaleza muerta. Los parques temáticos en que se están convirtiendo las ciudades son eso: naturaleza muerta y concebida para personajes que al contemplar esos lugares, convertidos en no lugares, contemplan su propia muerte. ¿Por anticipado? No, contemplan su propia muerte en presente.

Ahora pasear por los centros más emblemáticos de las ciudades es como pasear por un decorado, por un simulacro. La ciudad convertida en simulacro de sí misma.

Algo nos está condenando a no poder salir de un presente muerto.

La vida está en otra parte: en las personas que conoces, en los libros que llevas contigo, en los que aún no has escrito, en los que viajan en tu maleta, en los que te pasan los amigos, con sus huellas y sus notas a lápiz. Ayer, mientras tomaba una copa, un amigo me pasóLa agonía de Eros, de Byung-Clul Han. Un buen libro de un buen discípulo de Baudrillard, os lo recomiendo. No es nada ajeno a lo que estoy diciendo.

La primera vez que entré en las redes sociales me parecieron galerías inmovilizadas en las que cada internauta iba configurando su pequeño panteón de mierda. Y las primeras sensaciones suelen ser las más certeras. Ahora ya me he acostumbrado y participo en ellas. Soy un fantasma entre otros fantasmas.

El mundo es un holograma. 

Jesús Ferrero

http://www.elboomeran.com/blog-post/74/15504

Twitter, campo de batalla de la Historia

De la destrucción de Pompeya a la Segunda Guerra Mundial: proliferan los proyectos que utilizan la red social para revivir en tiempo real acontecimientos del pasado

Lancha de desembarco en la batalla de Normandía, en 1944.
Lancha de desembarco en la batalla de Normandía, en 1944. ARCHIVOS NACIONALES DE EE UU

Mientras se escriben estas líneas, Hitler realiza una visita sorpresa a las tropas en la recién invadida Polonia. Hace días, el 1 de septiembre, la Wehrmacht asaltó el país vecino, y el Führer está “asombrado tras conocer la eficacia de los tanques”… Tranquilos, estamos en 2017 y la historia solo se repite en Twitter –en el mundo real ocurrió hace exactamente 78 años-, donde más de 486.000 personas (y subiendo) siguen en vilo las noticias del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Son los seguidores de la cuenta @RealTimeWWII, pionera en el creciente universo de proyectos dedicados a narrar en tiempo real, gracias a la documentación histórica existente, acontecimientos del pasado: desde la destrucción de Pompeya hasta los grandes conflictos del siglo XX.

“Cientos de personas jóvenes y mayores me han escrito para decir que están fascinados por ver cómo se desarrollaron los acontecimientos sin los años de mitología y conocimiento posterior que hemos construido alrededor de la historia”, cuenta por correo electrónico Alwyn Collinson, el creador británico de un proyecto que comenzó en 2011. A mediados del pasado agosto, más de 10.000 tuits después, el historiador terminó de narrar por primera vez la contienda, pero apenas descansó: el 31 de ese mismo mes, a la hora exacta en que la Operación Himmler desencadenaba la invasión polaca de 1939, comenzó una segunda vuelta que durará otros seis años, hasta 2023.

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 “Creo que con un acontecimiento tan largo, Twitter es útil para enfatizar su duración”, asegura Collinson, que compagina este hobby con su empleo en el Museo de Londres. “Me fascina la forma en que la guerra afectó a cosas a las que la Historia oficial no ha prestado mucha atención, como millones de personas de los imperios británico, soviético y japonés que se vieron atrapadas en un conflicto global sobre el que apenas entendían nada”, dice, y pone un trágico (y a la vez algo cómico) ejemplo de su amplia documentación: un soldado coreano, Yang Kyoungjong, se vio reclutado, sucesivamente, por los ejércitos japonés, soviético y alemán.

Mientras Hitler invade Polonia, un grupo de estudiantes del Máster de Historia Contemporánea de la Universidad de Luxemburgo inspirados por Collinson está inmerso en la Primera Guerra Mundial. “Queremos dar a la gente del mundo actual la impresión de lo que significa vivir un conflicto global”, cuenta Mechthild Herzog, la coordinadora de la cuenta @RealTimeWW1, que ganó el Premio Europeo Carlomagno de la Juventud 2015. “Nunca contamos en un tuit más de lo que aquellas personas de hace 100 años hubieran sabido entonces”, afirma la líder de una iniciativa que comenzó en 2013 –ya han colaborado en ella cerca de 60 estudiantes- y que continuará “al menos hasta el Día del Armisticio, el 11 de noviembre de 1918, y posiblemente hasta el Tratado de Versalles”. Es decir, hasta 2019.

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Pero #1917LIVE va más allá que otras iniciativas similares: no es una, sino hasta 45 cuentas oficiales que representan a medios, embajadas y personajes de la época (Lenin, Stalin o el último zar, Nicolás Romanov) para crear un “universo histórico tuitero”. “Tenemos cuentas administradas por historiadores publicados. Por ejemplo, la renombrada historiadora británica Helen Rappaport lleva la de las hermanas Romanov”, revela Karnovich-Valua, que se enorgullece de que entre los casi 50.000 seguidores de @RT_1917, el perfil principal, haya investigadores de universidades como Oxford, Georgetown o Cardiff.

“Intentamos que la cuentas sean coherentes con las figuras históricas que representan. Los bolcheviques, por ejemplo, son muy activos en Twitter, ya que en la vida real su propaganda era incendiaria y estaba por todas partes”, añade el estratega de redes Gleb Burashov, que añade que cualquiera puede crear su propia cuenta y tuitear, con el hashtag #1917CROWD, como si fuera testigo de aquel año decisivo. “Preveemos que la comunidad crezca intensamente a medida que nos acerquemos al clímax del proyecto en noviembre [cuando se cumplirán 100 años de la Revolución de Octubre]”.

Aunque la mayoría de estas cuentas de Twitter están en inglés –si bien algunas cuentan con aliados que traducen los tuis al castellano-, también existen exitosas iniciativas españolas como la del periodista Carlos Hernández de Miguel, que en 2015 contó día a día la historia de su tío Antonio, uno de los 9.300 españoles que vivieron y murieron en un campo de concentración nazi. Otras como Antigua Roma al Día han narrado este año in situ, cual noticia de última hora, acontecimientos tan remotos como el asesinato de Julio César (44 a.C.) o, hace solo unos días, la destrucción de Pompeya (79 d.C.).

“Plinio el joven fue un espectador directo de la tragedia desde la casa de su tío, el gran naturalista Plinio el viejo -que murió por la acción del volcán-. Gracias a sus escritos sabemos la hora a la que entró en erupción el Vesubio y, por supuesto, el día, 24 de agosto”, cuenta el arqueólogo Néstor F. Marqués, líder de un proyecto que encarna su obsesión: aplicar la tecnología al patrimonio histórico para acercarlo al gran público. “Cada vez son más los museos e instituciones culturales que se dan cuenta que somos nosotros -los que investigamos y difundimos la historia- quienes debemos adaptarnos a la sociedad para mantener los valores del respeto y el interés por el pasado. Y la historia solo se acuerda de aquellos que miran hacia delante”.

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13 REGLAS BÁSICAS PARA COMPARTIR INFORMACIÓN EN FACEBOOK Y NO SEGUIR CONTRIBUYENDO A LA IGNORANCIA

POSTEA DE MANERA EDUCADA Y RESPONSABLE. UNA SERIE DE DIRECTRICES PARA SUBIR EL NIVEL DE LA REFLEXIÓN Y NO SER VÍCTIMA DEL NARCISISMO, EL ENOJO Y LA IGNORANCIA QUE SON TAN FRECUENTES EN ESTA RED SOCIAL

En el último par de años de años Facebook ha sido criticado por analistas de medios, sociólogos y demás investigadores por convertirse en lo que llaman una “cámara de ecos” y una “burbuja de filtros”, esto es, un sitio cuyo algoritmo sólo refuerza las opiniones y prejuicios ya establecidos, regresando a los usuarios más de lo mismo (bajo la premisa: “si te gusta esto, te gustará esto también”). Esto parece haber sido instrumental en que, por ejemplo, durante el Brexit y las elecciones en Estados Unidos un electorado polarizado sólo recibió información que parecía confirmar su propia postura y sesgo, sin exponerse al diálogo o a información que cuestionara sus propias ideas. A ello hay que añadir la circulación de las fake news, que apelan también al deseo de ver confirmada una creencia en la realidad.

Así las cosas, Facebook y otras redes sociales se han convertido en una especie de pecera en la cual predomina la información superficial bajo la tiranía democrática del algoritmo. Buena parte del mundo está en Facebook, así que es difícil salirse, ya sea por cuestiones sociales, de trabajo o simplemente porque es el medio de comunicación más poderoso de la historia. Sin embargo, aunque el algoritmo parece promover información de baja calidad, lo cierto es que somos los usuarios quienes generamos el contenido, por lo cual existe una responsabilidad en lo que compartimos.

 

El escritor Andrew Sweeny ha escrito una serie de puntos que pueden ser una guía para que al postear en Faecbook no contribuyamos a seguir distribuyendo ignorancia y subamos el nivel de la reflexión. Y también para que tengamos presente cómo funciona el sitio y no compremos la ignorancia, el enojo, el narcisismo y la animadversión de los demás. Algo así como una guía antiséptica para postear en la era de la distracción masiva. Esto es, según Sweeny, solamente una obra en construcción y puede mejorarse, pero creemos que hay puntos que merecen rescatarse y reflexionare. 

1. Comparte textos completos, artículos, poemas, etc. Un pensamiento completo y no uno fragmentario, derivativo.

2. Habla con tu propia voz. No seas un mimo de la sabiduría…

3. No gastes tu tiempo discutiendo con personas que ya tienen una posición fija o una agenda. Personas que son “militantes ateos”, “cristianos renacidos”, “budistas tibetanos estadounidenses”, o lo que sea.

4. No tengas una conversación seria con alguien de quien te rehúsas a aprender.

5. Sé autor de tus propios pensamientos; esto significa que hablas desde tu posición o autoridad, no de la alguien más.

6. Sé original. Pero no en la forma del avant-garde o de manera freak, sino en el sentido de no ser derivativo (de buscar “el lenguaje vivo” que viene de tus propias entrañas, del origen).

7. Evita perogrulladas, lugares comunes, eslógans y todo tipo de frases hipnóticas que atraen a ciertas personas que son como parásitos que promueven un cierto estupor y entumecimiento, aunque esto parezca fácil felicidad.

8. Eleva el nivel de la inteligencia y la consideración de los sentimientos, en vez de bajarlo. Toma el riesgo de aislarte. No te disculpes por tus pasiones excéntricas.

9. Date cuenta de los límites (y posibles peligros), del medio y ve más allá de ellos. No esperes que los algoritmos o las máquinas sean tus amigos.

10. Date cuenta de que tus emociones están siendo usadas para generar dólares.

11. Comparte lo que creas que dará luz, no sólo posturas cargadas hacia un bando.

12. Abandona el juego del enojo y la indignación. Date cuenta de sus raíces narcisistas. 

13. No tomes la carnada [clickbait].

 

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El youtuber como tonto de pueblo

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La tecnología proporciona una pátina de modernidad a categorías laborales bastante antiguas. Por ejemplo, los youtubers, los haters y los influencers ya existían mucho antes de la invención de internet. En concreto, la figura del youtuber existía desde hace décadas, sólo que antes se lo denominaba “tonto de pueblo” y también vivía de lo mismo. Es cierto que los tontos de pueblo andaban muy lejos del dineral que pueden agenciarse algunos youtubers de fama mundial; por lo general, después de varias horas de actuación, no se llevaban más que unas monedas, un poco de lástima y dos o tres collejas. Pero también es verdad que por un youtuber que alcanza la gloria y se dedica a hacer anuncios de refrescos y a petarlo en las redes sociales, hay centenares que se quedan en la cuneta y se ganan una hostia en la jeta. En esto, los canales de video se parecen bastante a los gimnasios de boxeo: por cada campeón mundial hay centenares, quizá miles, que terminan en el hospital, en el cementerio o en casa de sus padres, tomando la sopa boba.

En Almuñécar, un hermoso pueblo de la costa granadina en el que descansaba de mis vacaciones en Motril, había a comienzos de los ochenta un tonto de pueblo certificado cuyas principales características eran los andares patizambos, la mandíbula adelantada un palmo y una marquesina con pelos en el entrecejo. Lo llamaban el Neanderthal, el Cromagnon y, más frecuentemente, el Hombre Prehistórico: bastaba darle una voz para que saliera corriendo detrás de la chiquillería que huía deliciosamente aterrorizada. Hoy, de haber subido los videos de aquellas persecuciones a youtube, el pobre hombre no sólo sería un fenómeno viral y estaría haciendo anuncios de refrescos sino que hasta podría haber fundado un partido político.

En cuanto a la tarea de provocar y dirigir corrientes de opinión, poco tenían que envidiarle a cualquier influencer de hoy día el párroco, el sacristán o el cura de pueblo. De hecho, hay arzobispos al estilo de Cañizares que incluso en la actualidad disfrutan de su propia pasarela de moda. Truenan contra la homosexualidad, el ateísmo y los matrimonios gays utilizando el púlpito con tarifa plana, aunque no tienen tanto éxito como sus homólogos islamistas, que son capaces de influenciar a sus seguidores a varios continentes de distancia.

El fenómeno del hater estuvo mucho tiempo circunscrito a la crítica literaria, musical y artística: abundaban los haters del impresionismo, del conceptismo, de Mahler y de Wagner. Pero también los había que se dedicaban a la política y así Cicerón fue hater de Catilina, Quevedo del Conde Duque de Olivares y Savonarola de todo el mundo. Aunque parece novedosa, la técnica de los youtubers está establecida desde tiempos remotos: aprovecharse a fondo de la hilaridad y la simpatía que ocasiona su aparición para vaciar los bolsillos del público. Un amigo me contó su estupor cuando conoció al tonto del pueblo en la barra de una discoteca: el tonto entró por la puerta, la gente se echó a reír, el tonto sobó a todas las tías que pudo, bebió a morro de cinco cubatas, gorroneó un cigarrillo y salió otra vez entre vítores. Góngora, quizá el youtuber más indescifrable que haya existido, lo explicó en un estribillo resplandeciente: “Ande yo caliente y ríase la gente”.

DAVID TORRES

http://blogs.publico.es/davidtorres

Pintura de Ramón Castellano de Torres