EL DUOPOLIO DE FACEBOOK Y GOOGLE ESTÁ ACABANDO CON TODOS LOS OTROS MEDIOS DIGITALES

FACEBOOK Y GOOGLE SE ESTÁN CONVIRTIENDO EN LOS DOS GRANDES IMPERIOS GLOBALES Y DE PASO ACABANDO CON EL PERIODISMO TRADICIONAL EN BUENA PARTE DEL ORBE

El poderío de Google y Facebook sigue creciendo al tiempo que los medios de comunicación que no son también específicamente compañías de tecnología se encuentran sufriendo estragos.

El sitio Poynter reporta que esta semana la compañía Time Inc. anunció que despediría a 300 personas para intentar volverse más eficiente. También esta semana el Huffington Post anuncio que despediría 39 miembros de su staff, al tiempo que Verizon, la compañía a la que le pertenece este medio de noticias, adquiere Yahoo. El popular sitio de noticias Vocativ anunció que se desprendería de todo su staff editorial, en una decisión estratégica para centrarse solamente en producción de video. Hace dos semanas el New York Times anunció que reduciría su equipo editorial también para enfocarse en contenido visual. Se podrían citar otros casos, como por ejemplo The Guardian que en los últimos meses ha pedido donaciones a sus usuarios, etc.

El tema tiene que ver con que estos medios viven de la publicidad digital. Pero Facebook y Google, quienes no sólo controlan en gran medida la popularidad de todos los medios digitales al dirigir el tráfico, tienen también la gran mayoría del pastel de la publicidad. Reportes del primer cuarto de año muestran que FB y Google se llevan el 71% del dinero que se gasta en publicidad en línea y todos las demás compañías el 29%. En el 2015 era sólo 64% así que hay una marcada tendencia hacia el duopolio. Evidentemente, como ha quedado claro con cosas como la llamada cámara de ecos y la burbuja de filtros que fue observada en las pasadas elecciones de Estados Unidos, tal desequilibrio de poder es peligroso y afecta estratos políticos y sociales.

Esto además tiene el efecto de reducir dramáticamente la calidad de la información que se genera en los diarios, ya que cada vez más personas generan contenido gratis y el contenido viral es el que predomina, por lo cual hay pocos incentivos para invertir en contenido de calidad. Sin duda este puede ser uno de los grandes problemas que enfrentemos como sociedad en el futuro. Cuando los medios de información son ante todo compañías de tecnología, tenemos que confiar en la curaduría de los algoritmos y en su capacidad de entregarnos lo relevante. Ya que estos algoritmos están programados fundamentalmente para incrementar las ganancias de estas compañías, nos enfrentamos a la total deshumanización de las noticias. 

Por todo esto y por el hecho de que sus algoritmos son secretos y existen en una laguna legal en la cual no tienen que rendir cuentas, las académicas Ellen P. Goodman y Julia Powles llamaron a Google y a Facebook “los imperios más poderosos y furtivos que han existido en la historia de la humanidad” en este artículo de The Guardian (uno de esos artículos que quizás ya no veamos en los siguientes años). Estas profesoras universitarias hacen una interesante analogía, Facebook y Google no pueden realmente definirse: son plataformas, son medios, son redes sociales, son buscadores, etc… Lo que si podemos decir es que nosotros somos el media, el contenido dentro de estos gigantes, los usuarios somos también sus productos y esto es algo único en la historia. 

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La era de Facebook desbordaría a Jack el Destripador

El crimen perfecto era el que quedaba impune, pero ahora parece ser el que se retransmite en directo. ¿Acaso la fama desencadena más violencia?

Jiranuch Trirat, de 22 años, consolada por sus amigos frente al retrato de su bebé, asesinada por su padre.

Jiranuch Trirat, de 22 años, consolada por sus amigos frente al retrato de su bebé, asesinada por su padre. GETTY

 

El crimen perfecto siempre fue aquel que quedaba impune, en el que ni los mejores sabuesos lograban cazar a un culpable que se escurría para siempre. Jack el Destripador bordó la perfeccióncriminal por antonomasia al permanecer anónimo tras asesinar y mutilar a cinco mujeres en las calles neblinosas del Este de Londres. Aunque dejara pruebas.

Pero las redes han cambiado muchas cosas y una de ellas es la forma de asesinar. La pulsión de exhibición pública que ha desencadenado la posibilidad de que te observen los demás sin intermediarios, la llamada extimidad, no solo ha generado un desnudo integral de la vida, las relaciones y los egos a la vista de todos, sino también un acicate extra para algunos homicidas. ¿Habría asesinado Steve Stephens a un anciano que tuvo la desgracia de cruzarse en su camino en Cleveland mientras retransmitía en Facebook su intención de matar al primero que se encontrase, despechado porque su novia le había abandonado? ¿Lo habría hecho sin el aliciente perverso de tener espectadores para su venganza? ¿Habría muerto la bebé filipina de 11 meses, ahorcada por su padre en riguroso directo en Facebook, si no hubiera tenido público?

The Guardian publicó esta semana los criterios de censura que aplica Facebook a fenómenos violentos, incluido, agárrense, el canibalismo. 4.500 moderadores, a los que se unirán 3.000 nuevos contratados tras estos escándalos, deben decidir en segundos conforme a criterios escalofriantes: se permite transmitir en directo amenazas de suicidio y autolesiones para ayudar a localizar y ayudar al protagonista, aunque se eliminarán cuando no haya oportunidad de ayudar. Se permite transmitir imágenes de violencia contra los animales para concienciar, pero no con mensajes sádicos o de celebración. No se permite una amenaza a Trump, dada su condición de miembro de una categoría protegida por su cargo, pero sí explicar cómo estrangular a una mujer: “para partirle el cuello a una zorra, asegúrate de que presionas todo lo que puedes en el centro de su garganta”. O expresiones como: “vamos a dar palizas a niños gordos”. Se llama libertad de expresión. En caso de abusos a niños, como en la violencia a los animales, se eliminarán si se comparten con “sadismo o celebración”. Las amenazas, no.

Jamás perdonaríamos a Telecinco o La Sexta una retransmisión en directo de un asesinato y su permanencia en bucle en antena durante horas, como han estado los crímenes de Cleveland y Tailandia. Sabemos que Facebook no es un medio de comunicación sino un canal, una red, una herramienta, pero eso no le exime de responsabilidad en los contenidos violentos que aloja. Cambiamos por las redes y suponemos que eso es positivo, o al menos sabemos sacarle provecho, pero no podemos permitir que a los crímenes perfectos habituales se sumen los que se animan con el estímulo del público y la notoriedad. ¿O acaso Jack el Destripador habría preferido la fama a la impunidad? Por fortuna no podremos preguntárselo.

BERNA GONZÁLEZ HARBOUR

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Quiero llorar

Acabaremos hablando de un tratado de no proliferación de armas informáticas y de la prohibición de armasdestrucción masiva digitales

El ataque informático originado en el virus WannaCry (“quiero llorar”) nos sitúa en la antesala de un 11-S informático. En aquel ataque, unos pocos pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de muchos, cambiando para siempre la manera de entender nuestra seguridad.

Ahora, este ataque, que ha alcanzado a 150 países, expone la fragilidad de una tecnología, la informática, a la que hemos confiado por completo e inadvertidamente nuestro futuro. Si con el 11-S despertamos de las utopías pacifistas inducidas por el fin de la guerra fría, con este ataque comenzamos a vislumbrar a qué se parecerán las pesadillas que nos va a tocar vivir en el siglo XXI.

El 11-S fue el paradigma del ataque “asimétrico” (el que busca, frente a un enemigo muy poderoso, explotar sus puntos más débiles). Lo mismo puede decirse del WannaCry: ¿qué país o grupo terrorista no sueña con un arma barata pero altamente efectiva cuyo uso deja pocas o ningunas huellas para los forenses? Alta impunidad, poco riesgo, mucho benefico. ¿Quién da más?

No sabemos todavía los motivos de los atacantes: hay quien sospecha —observando a China y Rusia entre las víctimas— que muy bien podríamos estar ante un “accidente”, es decir ante un vertido involuntario a la red de un virus con el que alguien estaba experimentando (y que seguro alguien va a pagar muy caro pues no se juega así como así con rusos y chinos).

Sin embargo, la hipótesis del accidente es tan poco alentadora como la de un ataque deliberado. En ambos casos, queda muy erosionada la principal moneda sobre la que se sostiene la economía digital: la confianza en la seguridad de la tecnología que la sostiene. Igual que el 11-S instauró la “securitización” física de nuestras sociedades (arcos de metal, cacheos, detectores de explosivos y armas), este ataque nos lleva de cabeza a la “securitización” digital: viviremos en un mundo dominado por costosos parches, actualizaciones, pesados chequeos y una vigilancia constante de las redes. Y, ¿quién sabe?, después del próximo ataque o accidente, que será más grave aún, acabaremos hablando de un tratado de no proliferación de armas informáticas y de la prohibición de armas de destrucción masiva digitales. Es cuestión de tiempo. Se acabó la utopía libertaria-informática: lloremos. @jitorreblanca

JOSÉ I. TORREBLANCA

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Jekyll, Hyde y Facebook

Desde 2004, casi todos tenemos una segunda personalidad; si no en Facebook, en Linkedin, en Instagram o en cualquier otra red social

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook
Mark Zuckerberg, fundador de Facebook REUTERS

 

El desdoblamiento de personalidad es uno de los argumentos universales, esos que están tan arraigados en la historia de cada uno y en la historia de todos nosotros que apenas podríamos explicar la historia de la civilización sin ellos. Junto con los relatos de amor prohibido, otros en las que una persona aparentemente normal se convierte en héroe y muchos más, la idea de la doble personalidad ha sido reiteradas veces explotada en diversas novelas, cómics y películas, desde Dr. Jekyll y Mr. Hyde hasta Hulk, La Máscara o Sra. Doubtfire. Pero nunca ha sido tan cierto como hoy que casi todos los seres humanos somos, simultáneamente, dos personas. Y con el ya aparentemente imparable avance de los sistemas de realidad virtual para consumo masivo, como es el caso de Oculus Rift, Playstation VR o Daydream View, cada vez lo seremos más.

Una de ellas es la que siempre ha existido, desde el comienzo de los tiempos, y es ese yo de carne y hueso que tiene familia y amigos, que trabaja y descansa, y que ama u odia. Y la otra es la que nació aproximadamente en 2004, que es el año en que se fundó Facebook. Desde entonces, casi todos tenemos una segunda personalidad. Si no en Facebook, en Linkedin, en Instagram o en cualquier otra red social.

La presentación en directo que realizó Mark Zuckerberg en Oculus Connectrecientemente ha dejado claro que, con estos avances, más tarde o más temprano, vamos a tender a creer que esa otra personalidad nuestra, que vive en el mundo virtual, es más real de lo que se podría pensar.

Nuestro doble en la red representa lo que querríamos ser. Siempre nos mostramos más guapos, más simpáticos, más aventureros e incluso más interesantes o inteligentes

Es verdad que ese otro personaje es también nosotros, pero desde luego es una versión muy mejorada. Hoy casi nadie sube fotos malas a su perfil en las redes sociales, nadie dice que su pareja le engaña, y desde luego es poco frecuente ver que alguien comparte que le ha salido un herpes o que sufre trastornos intestinales. En la vida de Instagram, Linkedin o Facebook todo es colorido, nuestra actividad es incesante, somos divertidísimos o profundos, y nuestras fotografías nos revelan como personas seductoras, misteriosas o arrebatadoras. Es cierto que, a diferencia de la historia de Jekyll y Hyde estas dos personalidades no representan el bien y el mal, pero en el resto de características es sorprendente el paralelismo que existe entre el relato de Stevenson y nuestra propia vida.

En primer lugar, nosotros, como el Dr. Jekyll, escogemos voluntariamente crear un segundo personaje en las redes sociales. No es algo sobrevenido ni a lo que nos haya forzado imposición alguna. Lo hacemos porque nos apetece y, como en el caso de la transformación del científico en su otro yo, es un proceso laborioso que ha conllevado esfuerzo por nuestra parte.

En segundo lugar, nuestro doble en las redes sociales, como también ocurre en la historia de Stevenson, representa lo que querríamos ser. Siempre nos mostramos más guapos, más simpáticos, más aventureros, e incluso más interesantes o inteligentes. De hecho, un estudio con estudiantes universitarios comprobó que si simplemente dedicaban tres minutos a observar su perfil de Facebook se producía un aumento significativo en su autoestima.

La tercera coincidencia es la más inquietante de todas porque, al igual que Hydefue creciendo en poder y al final Jekyll solo podía volver a ser él mismo tomándose un antídoto, cualquiera puede comprobar que nuestra vida digital cada vez tiene más importancia e influencia en nuestra vida real.

Quizá deberíamos pensar más en nuestra persona real que en la virtual y, por ejemplo, en cuidar más la salud de nuestro cuerpo físico en lugar de resistir la tentación de cuidar la apariencia de nuestro cuerpo virtual. O reflexionar más acerca de cómo crecer personalmente o profesionalmente, en vez de representar una vida personal o profesional que no vivimos, o al menos no exactamente como la relatamos.

Sin embargo, la pregunta que desvelan los crecientes avances en realidad virtual no es si deberíamos dedicarnos más a nosotros mismos en lugar de hacer crecer más nuestra otra personalidad. La pregunta más importante ni siquiera es si en el fondo nos creemos la imagen que divulgamos en Internet acerca de nosotros mismos, o si el tiempo que le dedicamos es excesivo, o si merece la pena. La pregunta es si tenemos otra opción.

Jesús Alcoba es director de la International Graduate School of Business de la Universidad La Salle

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El ciberataque afecta a varios países y es muy virulento

Según los expertos, estamos ante un tipo de virus que se instala en el ordenador, «encripta y secuestra» los ficheros y luego pide rescate en «bitcoin», una moneda virtual que no se puede rastrear

Ataque informatico virus WannaCry: 
El ciberataque afecta a varios países y es muy virulento

 

El ciberataque sufrido hoy por Telefónica y otras compañías españolas ha sido «indiscriminado», ha afectado a otros países como el Reino Unido, Taiwán, Ucrania, Rusia o Turquía, y es «especialmente virulento» ya que combina un «malware» con un sistema de propagación que utiliza una vulnerabilidad detectada en Microsoft.

Este tipo de virus suele llegar habitualmente a través de e-mails de «origen desconocido»

Así lo asegura a EFEfuturo el director ejecutivo de S21sec, Agustín Muñoz-Grandes, una empresa española especializada en ciberseguridad, según los datos preliminares del ciberataque sufrido hoy por la compañía española y que podría haber afectado a otras entidades. El «ransomware», en este caso una variación del denominado «Wannacry», es un tipo de virus que se instala en un ordenador, «encripta y secuestra» todos sus ficheros, para, a continuación, pedir un rescate en «bitcoin», una moneda virtual, que no se puede rastrear, explica.Este tipo de virus suele llegar habitualmente a través de correos electrónicos de «origen desconocido» que adjuntan un documento y que el usuario abre por error o desconocimiento.

 

Según el socio director de la empresa de ciberseguridad S2Grupo, Miguel Juan, la singularidad del caso de Telefónica es que a priori parece que se ha producido una expansión del virus sin intervención aparente de usuarios. Las medidas adoptadas por la compañía ha sido, a su juicio, las correctas –apagando los ordenadores o desconectándolos– de la red, hasta que se produzcan nuevas instrucciones del Centro Criptológico Nacional o el Incibe.

Otra de las novedades de este ciberataque, es que ha estado combinado con un «gusano» que ha infectado a otros ordenadores de la red de la compañía a través de un agujero detectado hace unos meses en Windows, señala a EFEfuturo el experto de la empresa de ciberseguridad Trendmicro, David Sancho. «La seguridad total no existe», advierte este experto en antimalware quien recuerda que hace décadas las actualizaciones de antivirus se hacían cada ciertos meses y manualmente, mientras hoy se efectúan cada hora y aún así «son insuficientes», advierte.

Según el socio director de la empresa de ciberseguridad S2Grupo, Jose Rosell, para evitar este tipo de ataques se debe tener el nivel de parcheo adecuado, el bloqueo de las comunicaciones locales, efectuar copias de seguridad extraordinarias y apagar los equipos no esenciales, de cuyo uso se pueda prescindir.

Afectará a particulares

Todos los expertos consultados creen que 2017 registrará un incremento de este tipo de ataques que serán cada vez «más sofisticados» y que afectarán tanto a empresas como a particulares, y, probablemente, llegará a los «smartphones» (teléfonos inteligentes), que hasta ahora no se ven afectados por este tipo de secuestros.

No es ni será el último caso. Todos somos vulnerables: la realidad supera a la ficciónDeepak Daswani

El ataque sufrido por Telefónica «es significativo, pero no sorprende, no es ni será el último caso» señala el experto en ciberseguridad y colaborador de EFEfuturo Deepak Daswani, quien ha recordado otros casos relevantes como el ataque a Yahoo en 2015 con robo masivo de correos o a Sony en 2014. «Todos somos vulnerables, la realidad supera a la ficción», enfatizó Daswani, quien coincide con el resto de expertos en que si una empresa que sufre este tipo de ataques y no tiene copias de seguridad bien gestionadas, suelen acabar aceptando la extorsión.La mayoría de empresas del IBEX35 han tenido en algún momento un ataque similar sin llegar a la magnitud del de Telefónica, ha sostenido el experto en seguridad y director del programa Mundo Hacker de TVE, Antonio Ramos.

«Aunque lo habitual es no pagar, se ha detectado que la gente está comprando bitcoins para el pago de rescates», advierte sobre esta moneda virtual e ilegal, que es prácticamente imposible de rastrear por la policía.

El director del Equipo de Seguridad para la Coordinación de Emergencias en Redes Telemáticas de la Universidad Politécnica de Cataluña, Manuel Medina, ha advertido en declaraciones a Efe, la facilidad para generar este tipo de ataques, ya que en el «mercado negro» se pueden adquirir «kit» para fabricarlos a precios relativamente bajos y muy rentables cuando se compara con el daño que son capaces de hacer.

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Mosquitos

De forma ingenua la gente cree que nuestros secretos, confidencias, pensamientos y opiniones están a salvo

Icones de WhatsApp y Facebook messenger.rn

Icones de WhatsApp y Facebook messenger. PHIL NOBLE REUTERS

 

Como mosquitos, que alegres y confiados desafían a la araña, nos intercambiamos secretos por SMS, e-mails, WhatsApp, Twitter, Facebook, blogs e Instagram con la creencia de que ese caudal de imágenes y palabras, algunas calientes y comprometidas, la mayoría estúpidas o banales, sale de estos dispositivos electrónicos y se posa aleatoriamente en una nube donde permanece preservado a nuestra exclusiva disposición. De forma ingenua la gente cree que nuestros secretos, confidencias, pensamientos y opiniones están a salvo en ese trastero celestial, puro e incontaminado, cuando en realidad esa nube es una gigantesca computadora situada bajo tierra donde la humanidad a modo de enjambre de alegres y confiados mosquitos se encuentra cada día más atrapada. En ella se almacenan todos los mensajes que emitimos con nuestros cacharros digitales y que las grandes empresas de comunicación, el poder y la policía utilizan a su conveniencia. Los secretos de nuestra vida están secuestrados y disponibles en esa telaraña, puesto que el acuerdo de confidencialidad es pura falacia. Se trata de un robo y a la vez de una amenaza en toda regla. Imagínense que en vez de bits se almacenaran en un gran depósito general nuestras cartas y documentos escritos. Habría que ser idiotas para creer que estarían allí bien guardados sin que nadie los leyera, los utilizara o revendiera. Las redes sociales se han convertido en verdaderas redes físicas, similares a las de las arañas más peligrosas que atrapan nuestros pensamientos para convertirnos en víctimas de algún depredador. Pero existe algo peor. Si dentro de mil años esa nube digital desapareciera por un cambio climático o la gran computadora universal fuera bombardeada, la humanidad sin memoria tendría que volver al neolítico, comenzar por la pintura rupestre e inventar al final el papel y el lápiz.

MANUEL VICENT

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Del futuro diccionario de las redes

GONZALO TORNÉ  


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Cualquier grupo con capacidad para cerrarse sobre sí mismo durante periodos de tiempo más o menos prolongados (aunque sean intermitentes) tiende a desarrollar una serie de palabras y expresiones propias con las que no solo se define el tono verbal del grupo, sino que, a poco que los participantes sean ingeniosos, terminan reflejando cómo piensan o cómo miran la realidad más cercana. Parejas, familias, grupos de trabajo, contertulios, da igual… el fenómeno es casi universal y se infiltra en cualquier especie de grupo constituido.

No descubro nada nuevo: se trata de un efecto bien conocido y en manos de alguien talentoso se puede sacar un maravilloso provecho. Por poner un célebre ejemplo libresco véase como Natalia Ginzburg lograba en Léxico familiar un vivísimo fresco de la resistencia italiana, la vida judía y sus propias inquietudes intelectuales partiendo de la glosa (con aires cómicos, al menos en un primer momento) de las expresiones recurrentes de su familia. Un excelente retrato de época (y de los complicados, recorrido por tensas venas políticas y morales) partiendo de una colección de expresiones mundanas.

¿No podría hacerse algo parecido con el “vocabulario” de las Redes Sociales? ¿No se supone que allí destellan reflejos contestatarios de la “realidad” tal y como la emiten los medios de papel y audiovisuales? ¿Y no ha sido desde siempre una manera de desactivar el lenguaje dominante alterar el sentido de una palabra o poner una expresión nueva donde el peso político de la vieja la ha vuelto ya inservible? ¿No sirve una expresión como “cipotudo” para que de repente se condensen de manera significativa y comunicable una serie de sospechas compartidas sobre la ineficiencia de ciertos estilos?

Se me objetará que para que un proyecto así llegue a buen puerto se requiere de una Ginzburg; pero no nos confundamos, tampoco solicito que alguien escriba una obra maestra me conformaría con un diccionario servicial que mejore lo que tenemos ahora, el inane trending-topic, que apenas refleja una lista de las palabras más repetidas, rendida al criterio cuantitativo que siempre es el más previsible.

Inciso: también me consta que hay diccionarios sobre vocablos más o menos técnicos (hastag, meme, troll, retuit…) pero lo que propongo no tiene tanto que ver con los diversos “marcos” como con los usos variables que hacen los usuarios de los espacios. Nos convendría un diccionario histórico de softcore y no de hardcore, para entendernos.

Hasta cierto punto se trata de un trabajo sencillo siempre que quien lo aborde tenga algo de talento y mucha paciencia. Se deberían seleccionar aquellos términos que permitiesen entrever los principales debates, tanto políticos como estéticos, y los tonos dominantes. También ayudaría dotar al libro de cierta perspectiva temporal. Convendría apartar como a una mosca la tentación de ser sistemático o demasiado “científico”. El buen diccionario de usos debería ser impresionista, sesgado, arbitrario y un poco tendencioso.

Si tuviese tiempo (ay, si tuviésemos tiempo) me pondría ahora mismo, pero si alguien se anima y el resultado no es un completo disparate me comprometo a buscarle un editor. Aunque posiblemente a estas alturas del artículo igual hay un puñado pensándose si hacer un encargo en firme.

@gonzalotorne

El esqueleto global

Con tanto WiFi, onda, Bluetooth e inalámbrico creo que ya asociamos instintivamente la Red a una suerte de energía flotante y aérea, inmaterial, parecida al éter, y nos olvidamos de su sustentáculo físico. Lo recordé hace unas semanas leyendo a un gurú en el trance de pronosticar cuando iba a colapsarse la Red a causa de una acumulación excesiva de datos (hacia 2030 según sus cálculos). Una vez apagada la Red, ¿cómo no imaginar las extensas tuberías por donde ahora vuela la información como los huesos de un esqueleto que el sol ha ido descarnando y blanqueando? Solo su carácter medio secreto (qué tentación para gamberros) impide que se celebre abiertamente como la mayor obra de ingeniería de la humanidad, la más global, que deja en apenas nada a la Muralla China. Qué conjeturas no harán nuestros descendientes si algún cataclismo cortase la correa de transmisión de la cultura al descubrir el intrincado sistema de pasadizos y tuberías metálicas que atraviesa mares y surca desiertos para contribuir a la ficción aérea de una Red inmaterial.

http://www.elcultural.com/revista/opinion

Erudición

En medio del bosque digital el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor

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Logo de Google. VIRGINIA MAYO AP

 

 En las tertulias de antaño siempre había un erudito que lo sabía todo. Recordaba nombres, fechas y datos con absoluta precisión gracias a su privilegiada memoria alimentada por múltiples, diversas y a veces inútiles lecturas. Ante cualquier discusión se recurría a él en última estancia para que ejerciera de tribunal de casación. Hoy el prestigio de esta clase de sabios, ganado a pulso después de quemarse las pestañas leyendo montones de libros, ha desaparecido. La erudición ya no sirve de nada. Ahora en cualquier debate en que las partes se obstinan por tener razón, mientras la disputa se alarga y adquiere una elevada temperatura, tal vez el más tonto del grupo que ha permanecido callado picotea discretamente en el iPhone y cuando la discusión alcanza un encono sin salida, exhibe el veredicto inapelable que dicta la pantalla del móvil como si fuera el ojo de halcón. He aquí la verdad sacada con la punta de los dedos del légamo digital. El prestigio está en manos de cualquier garrulo que sepa manejar mejor y más rápidas las cinco yemas para extraer la razón del Google. El inicio de la Edad Moderna lo marcó el invento de la imprenta. La edición masiva de libros terminó con el argumento de autoridad, que estaba en manos hasta entonces de clérigos, leguleyos y sanadores, como una fuente de poder frente a la ignorancia de la gente. Una revolución semejante se produce ahora en medio del bosque digital donde el alumno puede sacarle el ojo de halcón al profesor, el paciente al médico, el analfabeto al filólogo, el idiota al científico y el reo al juez. La cultura es hoy una enloquecida barra de bar que circunda el planeta y la política mundial está presidida por un venado con una cornamenta de 14 puntas, toda de oro, un Calígula que gobierna el imperio con los dedos movidos por el odio, la ignorancia y la estupidez.

MANUEL VICENT

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La viñeta de Malagón

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Malag on line

No sólo Facebook

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Yuval Noah Harari explica en Homo Deus, publicado en España en otoño pasado, que un estudio encargado por Facebook y llevado a cabo con 86.220 voluntarios, revela que el algoritmo de esta red social predecía sus opiniones y deseos mejor que ellos. El trabajo concluía así: “La gente podría abandonar sus propios juicios psicológicos y fiarse de los ordenadores en la toma de decisiones importantes en la vida, como elegir actividades, carreras o incluso parejas”. Y aportaba un dato aún más inquietante: en las próximas elecciones presidenciales (el estudio se realizó hace un año), Facebook podría conocer no sólo las opiniones públicas de decenas de millones de estadounidenses, sino también quiénes de ellos son los votantes trascendentales que cambiarán su voto y en qué sentido. Escribe Harari: “Facebook podría decirnos que en Oklahoma la carrera entre republicanos y demócratas es particularmente reñida e identificar a 32.417 votantes que todavía no hayan decidido a quién votar y determinar qué es lo que cada candidato necesita decir para inclinar la balanza (…); en el siglo XXI, los datos personales son el recurso más valioso que la mayoría de los humanos aún pueden ofrecer y los estamos cediendo a los gigantes tecnológicos a cambio de servicios de correo electrónico o divertidos vídeos de gatitos”. Facebook es la gran red social con 1.700 millones de seguidores. La mitad de los estadounidenses lo consideran su medio de comunicación. Y Trump ha ganado porque supo utilizar las redes sociales mejor –y con menos escrúpulos– que su rival. Facebook está redefiniendo la democracia. O quizás adulterándola. En cualquier caso, resulta enternecedor que Trump se levante a las seis de la mañana para leer The New York Times, The Washington Post o el New York Post. Es la prueba de que sabe la capacidad de prescripción de la prensa, que ha perdido lectores, pero sigue manteniendo el pulso con el poder, su verdadero sentido.

http://www.lavanguardia.com/opinion/