Andariega

La felicidad que la embarga en todo momento es la euforia de la tierra madre

Vista panorámica de la Bahía de Vizcaya, Hondarribia, País Vasco
Vista panorámica de la Bahía de Vizcaya, Hondarribia, País Vasco

 

Así que un día, María Belmonte, que es de Bilbao, se dijo que ya iba siendo hora de conocer la costa vasca. Armó una mochila, engrasó las botas, se hizo con una gran capa impermeable y se lanzó al camino. Sin embargo, ese objeto, la costa vasca, no es fácil de conocer. Puede hacerse por mar y verla de lejos, pero para conocerla a fondo, para entender las tierras que tocan a mar, las rocas que forman la muralla marina, los árboles y arbustos que sujetan el límite verde, los colores, olores y sonidos costeros, sólo hay un modo: caminarla de principio a fin. Es una empresa muy fatigosa, pero María Belmonte quería conocer la costa vasca porque la ama.

Áspero, intrincado, rocoso, acantilado, pura sucesión de subidas y bajadas rompe piernas, el sendero del litoral arranca de Bayona, pasa por Biarritz, llega a Hendaya y luego sigue kilómetros y más kilómetros por Fuenterrabía, San Sebastián, Zumaya, Deva, Guernica, Bilbao… En realidad, lo esencial no está en los centros populosos, sino en el senderillo que los une y que suele permanecer desierto y en silencio. Esa es la costa que nos cuenta María Belmonte, la de la soledad del caminante sumido en sus pensamientos, como el Wanderer de Schubert, extasiado ante unas rocas, unos musgos, una sima, unos líquenes, unas raíces de roble que rasgan la tierra, la cambiante luz del mar con tempestad o serena, el sabor de las gotas de agua en la cara, el olor de la marisma, los fósiles, entrar en un bosque de helechos y salir al claro, los arenales.

Hay algo transparente y luminoso en el libro de María Belmonte titulado Los senderos del mar. Seguramente es su alma. La felicidad que la embarga en todo momento es la euforia de la tierra madre. Ya lo predijo Freud: bel monte. Este es un libro escandalosamente feliz.

FÉLIX DE AZÚA

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Explora. Sueña. Descubre

“Dentro de 20 años lamentarás más las cosas que no hiciste que las cosas que hiciste. Así que suelta amarras y abandona el puerto seguro. Atrapa los vientos de tus velas. Explora. Sueña. Descubre”

Mark Twain

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‘ANDÁBAMOS SIN BUSCARNOS’, LA PELÍCULA DE RAYUELA DE JULIO CORTÁZAR

A 50 años de la publicación de la novela emblemática de Julio Cortázar, por primera vez se intentó su transposición en imágenes. El proyecto se llamó “Del libro al libro”, que parte de un autor, lo traslada a distintas manifestaciones artísticas y luego vuelve al formato libro.

Rayuela nunca fue llevada al cine. Pero sí alguien se atrevió a rendir homenaje a los 50 años de su publicación desde su puesta en imágenes.

   La encargada de la empresa fue Daniela Lozano con su cortometraje Andábamos sin buscarnos, que toma los capítulos 1, 2 y 7 —Del lado de allá— y 93 —De otros lados—, algunos de los que tocan el amor entre Horacio Oliveira y la Maga en Rayuela, y hacia el final alterna con fragmentos de Reino Crepuscular, de Lozano. “Nos interesaba cómo en Rayuela se hablaba de la creación de un nuevo mundo, no sólo en la literatura, sino en las relaciones”, cuenta.

  De entre todas las posibilidades, elige mostrar el amor entre ellos y no el de Talita, Pola o Lilith. “Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige”, escribeCortázar en el capítulo 93. En Andábamos sin buscarnos, en cierto modo a la Maga tampoco se la elige, porque sin ella no hay juego ni posibilidad de ir de la tierra al cielo.

Trailer

 Generación tras generación, la emergencia de ese “mundo Maga” basado en modos, ceremonias y costumbres todavía sigue impactando y ganando adeptos entre los nuevos lectores. Ese lugar de libertad e intuición, menos intelectual, que desconoce el código cultural del clan del Club de la Serpiente y que Oliveira intenta andar para poder generar otra cosa que la Maga ya tiene resuelta desde el principio. Ella está y transcurre. Pero esa no-elección de abordar a la Maga sí conllevó otra elección: ese mundo-recorte de Andábamos sin buscarnos de besos y caricias y encuentros casuales y ligeros en París, se desentiende de los planteos existenciales de Oliveira, del triángulo formado por él, Talita y Traveler, del trasfondo sórdido del amor y no-amor entre ellos, del lado oscuro de esa libertad aparente de la Maga, que acarrea una maternidad de a ratos, atolondrada e inconstante con bebé Rocamadour.

  Y aunque sabemos que las imágenes responden a la Maga y Oliveira y la escritura de Cortázar en la voz de Horacio Peña le devuelven ese aire romántico y nostálgico propio de las lecturas afrancesadas del autor de Rayuela, las escenas nos introducen inevitablemente en una relación tipo soft love que para nada expresa las complejidades del vínculo.

¿Es posible una antipelícula?

En el Cuaderno de Bitácora, justo después del boceto de la habitación en la que transcurriría “La Araña” —capítulo inicial escrito de un tirón y que después eliminaría de la totalidad del libro por la reiteración de hechos—, Cortázar escribió “Novela” y luego encerró la palabra con un círculo. A la página siguiente escribió: “De ningún modo admitir que esto pueda llamarse una novela”. Quizás lo mismo valga para su transposición en imágenes que pueda dar lugar a una película sobre Rayuela.

   “Rayuela no fue concebido como una arquitectura literaria precisa sino como una especie de aproximación desde diferentes ángulos y desde diferentes sentidos que poco a poco fue encontrando su forma” explica Cortázar .

  Mientras escribía su novela (o antinovela, como luego sería caracterizada por los críticos) fue acumulando citas literarias, fragmentos de poemas, anuncios periodísticos, noticias, que no quiso o no pudo dejar afuera de la estructura del libro. “No quería poner todos los elementos al final a modo de apéndice porque nadie los lee. Comprendí que el único sistema viable era crear un sistema de intercalación de esos elementos en la narración novelesca”. Entonces derramó los 155 capítulos en el suelo y armó el paquete dejándose llevar por el azar que es parte de todo juego.


  Pero justamente ese juego que plantea Cortázar con la estructura —que hoy, con los lentes de Internet, se lee como hipertexto— en el cine es más difícil de plantear. No desde el fragmento (que ya fue visto en el cine incontables veces) sino desde la posibilidad de ir para adelante y para atrás, y la elección por parte del espectador de seguir las dos opciones que propone Cortázar en su “Tablero de direcciones” o bucear en cuanta combinación se le venga a la cabeza.  

Para disfrutar

Pero la cuestión no es sólo la forma de Rayuela o su repetición de modo probablemente degradado y estereotipado en su conversión al cine. Para Cortázar, escribir Rayuela respondió a tres motivos fundamentales. El primero fueron las preocupaciones de orden metafísico. “En el fondo, Rayuela es una larga meditación —a través del pensamiento e incluso a través de los actos de un hombre sobre todo— sobre la condición humana, sobre qué es un ser humano en este momento de desarrollo de la humanidad en una sociedad como la sociedad donde se cumple el libro: en Rayuela todo está centrado en el individuo”, explica como lector de sí mismo.
Se trata de las angustias existenciales de los personajes, tratadas desde las propias visiones y experiencias personales de su autor. Por eso Oliveira existe en tanto se opone a la realidad tal como se le aparece.

En Rayuela no había ninguna lección magistral pero había en cambio muchas preguntas que respondían al tipo de angustia típico de una juventud que se interroga también sobre la realidad en la que está creciendo”, afirma. Quizás eso es lo que logra propiamente Cortázar: salir de ese lugar erudito para cuestionar, con esa facilidad que tenía para decir las cosas que uno quisiera decir.

Pero para cuestionar el mundo, Cortázar necesitaba también lidiar con el lenguaje establecido. Por eso, el segundo nivel es idiomático. “¿Cuál es el problema del escritor ahí en su máquina de escribir frente a las únicas armas que tiene, que son las de la escritura, las de las palabras?”, se pregunta. De ahí la desconfianza de Oliveira sobre el modo de decir las cosas (“palabras, perras negras”, las llama). Por eso escribe, por ejemplo: “hodioso Holiveira hampuloso” o mezcla palabras e idiomas. A través de humor, Oliveira mantiene el lenguaje a raya.

Y estos dos niveles son los que llevan directamente al tercero: el lector activo. Un lector cómplice, que puede seguir las disposiciones preestablecidas o construir sus propios itinerarios.

Entonces, si se piensa desde estos tres puntos, hay dos que están centrados de lleno en lo literario. ¿Es posible extrapolar esas apuestas a la literatura como material audiovisual?Según Lozano, en el proyecto Del libro al libro hay algo de esas tres propuestas. “Por un lado, nosotros también nos preguntamos por qué las cosas son como son, estamos en la búsqueda de un nuevo lenguaje —por eso la transposición de lo literario y el cruce entre disciplinas—, y buscamos un lector activo, porque queremos que a partir de un texto pueda buscar y generar otra obra”, resume. Allí es dónde hace coincidir los tres componentes, que por supuesto, trascienden a lo meramente audiovisual.

Un acercamiento sensorial

  Para escribir, Cortázar dibujaba las escenas y las acciones. Por entre ensayos de rayuelas, dibujos ocasionales, narraciones y planteos estructurales, en Cuaderno… también figuran los planos como aproximaciones sensoriales a las locaciones imaginarias en las que Cortázarubicaba a sus personajes y sus relaciones: las habitaciones unidas por un tablón de Traveler y Oliveira, el circo o el manicomio.

En Andábamos sin buscarnos, los bocetos cobran vida en las calles actuales de Buenos Aires que simulan el París de los 60, y vemos exactamente cómo Oliveira encuentra a la Maga, entra en su delgada cintura y ella sonríe sin sorpresa. Así, literal: casi todo el tiempo, las palabras de Cortázar coinciden exactamente con las imágenes. La lucha contra la univocidad de los signos está perdida. Las imágenes inevitablemente cierran las posibilidades.

Pero como el corto nunca se planteó como versión de Rayuela en cine, sino como creación a partir de la novela como homenaje por sus 50 años, se respetan las licencias y el recorte inevitable.
Afortunadamente, en algún lugar de nuestra imaginación todavía perviven los rostros, las siluetas imposibles de la Maga y Oliveira, el mechón de pelo perfectamente derramado sobre la cara de ella, su departamento sucio de remolacha y crema, con el bidet de apoya discos y libros y olor a algodón sucio del bebé Rocamadour mientras el jazz suena de fondo, el amor en gíglico, el alocado encuentro con Berthe Trépat, Talita en el tablón con el paquete de yerba entre Traveler y Horacio, la noche de Oliveira en el manicomio, el itinerario de los hilos tendidos de mueble a mueble, Talita y Oliveira en la morgue, Oliveira mirando a Talita y Traveler en la rayuela del patio desde alguna ventana del manicomio.

 Fuente:  IVANNA SOTO, para Clarín.

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‘Pinches jipis’, humor contra el horror cotidiano

Publican cien años después la novela con la que Tolkien superó la guerra

«Beren y Lúthien» es una historia de amor recordada en la lápida de la tumba del autor de «El señor de los anillos»

El escritor J.R.R. Tolkien, autor de «El señor de los anillos»
El escritor J.R.R. Tolkien, autor de «El señor de los anillos» – AP

 

John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) es el mago inglés que publicó en 1954 «El señor de los anillos», del que se han vendido 150 millones de ejemplares y cuya taquillera saga cinematográfica ganó once premios Oscar. Pero cuando se llega a su biografía suele despacharse con que fue la aburrida vida de un profesor burgués, católico, felizmente casado y padre de cuatro hijos. Un lingüista superdotado, que se divertía inventando idiomas, cuya mayor aventura era divagar con su amigo C.S. Lewis en un pub de Oxford ante unas buenas pintas.

Portada del nuevo libro de Tolkien
Portada del nuevo libro de Tolkien

 

Pero la vida de Tolkien, que murió con 81 años, contiene pasajes más azarosos. Nació en Sudáfrica, donde estaba destinado su padre, un inglés empleado de banca. Allí le picó una araña (las odiaba) y allí murió su progenitor por unas fiebres cuando él solo tenía tres años y se encontraba con su madre y su hermano pasando una estancia en Inglaterra. Luego falleció también su progenitora y quedó al cargo del padre, Francis Xavier Morgan, un sacerdote católico, mitad español mitad galés, al que consideraba su segundo padre.

Además de ser un huérfano que logró salir adelante, Tolkien participó en uno de los hechos más espantosos de la historia de la humanidad: la ofensiva del Somme en Francia, en la que murieron un millón de soldados entre el 1 de julio y el 18 de noviembre de 1916. Fue el epítome de la barbarie de la cruel guerra de trincheras, impulsada por unos imperios decadentes que inmolaron toda a una generación de jóvenes.

El soldado Tolkien

 

Tolkien resultó un soldado reticente. «Tengo demasiada imaginación y poco valor físico», reconocía. Cuando se declaró la guerra y los chicos se alistaban en oleadas embriagados por los fervores nacionalistas, él se escabulló pretextando sus ocupaciones estudiantiles, para oprobio de algunos de sus familiares. Recién casado y a punto de terminar su carrera, no se alistó hasta aprobar sus exámenes finales en julio de 1915.

Tolkien, como soldado
Tolkien, como soldado

 

A comienzos de julio de 1916 llegó al frente del río Somme como teniente en los Fusileros de Lancashire y retornó a Inglaterra el 27 de octubre siguiente, enfermo de lo que se llamaba «la fiebre de las trincheras», provocada por los piojos que proliferaban en aquellos estancamientos insalubres, húmedos y terrosos. Fue licenciado por mala salud y enviado a casa. Su fragilidad lo salvó de una carnicería, en la que nada más llegar perdió a dos de sus mejores amigos. Su batallón quedó prácticamente aniquilado. Más tarde contó que cuando se despidió de su mujer, Edith, sabía que iba a un matadero: «Mataban a jóvenes oficiales a docenas por minuto. Separarme de ella era como ir a la muerte».

Tolkien, que por entonces gastaba bigote castrense, volvió a casa destrozado. Se pasó el invierno de 1916 convaleciendo. «Allí había visto morir a sus amigos. Su interior debía estar tan roto como su físico», ha explicado uno de sus biógrafos, John Garth, a la BBC. En el barrizal de las trincheras, Tolkien, de familia de clase media que llegó a Inglaterra desde Alemania en el siglo XVIII, simpatizó con unas clases bajas que apenas conocía. Los soldados rasos, apodados los Tommy, son la pasta que compone a sus estoicos hobbits.

Demonios bélicos

Para exorcizar los demonios bélicos, Tolkien escribió un cuento de amor y prueba, «Beren y Lúthien», publicado hoy en el Reino Unido, cien años después de salir de su pluma. La historia ya se relata en el «Silmarillion», el largo y complejo libro tolkiniano que viene a ser como su biblia de la Tierra Media. Pero ahora su hijo Christopher, de 92 años, pone al alcance del público la versión primigenia, en una edición en la que además la compara con las revisiones posteriores, pues Tolkien volvió al asunto incluso con un poema en verso. El libro, editado por HarperCollins, cuenta con ilustraciones de Alan Lee, que ya trabajó con Peter Jackson en las películas de «El Señor de los Anillos».

Una de las ilustraciones de Alan Lee
Una de las ilustraciones de Alan Lee– ALAN LEE

 

Beren es un hombre, un mortal, y Lúthien es una elfo inmortal, que por lo tanto le queda grande. El padre de ella está en contra de la relación y somete a Beren a una prueba: solo podrán unirse si logran robar una joya al más temible de los diablos, Melkor, también conocido como Morgoth.

Edith Mary Bratt, la mujer de Tolkien
Edith Mary Bratt, la mujer de Tolkien– ABC

La importancia que tenía esta historia para Tolkien radica en que era un trasunto de su amor por su mujer, Edith Mary Bratt, con la que se casó en marzo de 1916 tras un complicado noviazgo. Durante tres años no pudo verla por orden de su preceptor, el cura católico de sangre española, que rechazaba su relación con una mujer protestante y tres años mayor que él. El sacerdote le impuso que se centrase en sus estudios y rompiese toda relación con ella hasta cumplir los 21 años. Tolkien obedeció. Ni una carta. Pero nada más alcanzar los 21 le pidió su mano. Edith ya estaba comprometida, anillo incluido, pero logró hacerla cambiar de opinión, en una memorable y extraña petición de mano a la sombre de un viaducto ferroviario.

Tolkien creía que él era el Beren de su historia y Edith, la elfo Lúthien. La prueba de ello todavía puede verse en el cementerio de Wolvercote, en Oxford, donde marido y mujer reposan juntos bajo una lápida donde aparecen grabados sus nombres de la Tierra Media: Beren y Lúthien.

Amante de los árboles y el verde, Tolkien recordaba como una epifanía un paseo con Edith por un bosque de East Yorkshire, en el que al llegar a un claro ella se soltó a bailar sobre un prado pintado de flores blancas. «En aquel momento sintió una especia de alegría que antes había sentido, pero que ya nunca volvió a sentir», explica el biógrafo John Garth. Y es que después vino el Somme. La sombra de Mordor que ya nunca lo dejó, ni siquiera en la placidez de sus pipas y sus libros. Edith murió dos años antes que su marido y se convirtió al catolicismo a petición de él y un tanto a regañadientes.

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Lizalde y la monstrua

eduardo-lizalde

El poeta nombra con un grito, escribió Eduardo Lizalde en uno de sus poemas tempranos. El poeta habla con un silencio que aúlla la oscura cosa. El mundo que toca su palabra es el de los trastos rotos, roídas: el aserrín de los montes.

El grito
que ha de roer la nube
y destrozar al pájaro
reventado en el aire
cuando empiece a sonar:
será el poema

Biógrafo de su propio fracaso, sabio de la desesperanza. Es de amor ese poema en el que avisa que “algún veneno oscuro de serpiente has inventado para destruir las rocas.” No hay en su poesía asomo de ilusión, de festejo. Celebracion, si acaso, de nuestra condición ruinosa. Asombro ante el desamparo. No necesitamos mapas, no tiene utilidad las brújulas, sobran las palabras. Conocemos la catástrofe. Por eso advirtió a los activistas que el principal deber de un revolucionario es “impedir que las revolciones lleguen a ser como son.”

Las flores no lo son.
Silencio. El tiempo vuela.
La realidad se ha reducido
a este mal sueño.
Sólo el crimen es real.

La pesadilla sola
–nunca el sueño–
conforma el mundo.

La entrega del Premio Carlos Fuentes al poeta Lizalde resalta un parentesco entre ellos: su fascinación por la catástrofe que habitamos. Veo en el Fuentes que se entrega al tigre no al muralista de La región más transparente sino al autor del Cristobal nonato. El escritor que pinta la más pestilente de las urbes, que describe la ciudad del hacinamiento y la polución rinde homenaje al cantor de la Tercera Tenochtitlán. Entre 1982 y el 2000, Eduardo Lizalde escribió ese largo llanto por la ciudad de México. Vale leer el poema hoy, para abrevar del necesario vocabulario del veneno y la destrucción. La ciudad es una araña que nos atropella; una vieja coyota que nos nutre y emponzoña; una rata, un vampiro milenario; una mancha oscura recorrida por ríos que mienten. El poema de Lizalde es deforme, como la ciudad misma. Como ella, un gemido desmesurado y vil.

La ciudad de Lizalde es “nuestra monstrua.” El “cadáver de una vieja laguna corrompida,” un pozo sangriento. Un ogro lleno de “mierda eminentemente histórica” que perfecciona cotidianamente el plan maestro de su demolición. Una mancha que carece de cuerpo y, sin embargo, se expande incesantemente. Pero el poeta lo reconoce: la culebra es nuestra, es nosotros: “soy parte de su ajado, roto cuerpo.” Es nuestra monstrua.

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La estafeta romántica

Andrés Trapiello
UNO de los cuarenta y seis Episodios Nacionales se titula así: La estafeta romántica. La novela está contada a través de las cartas que una docena de personajes se cruzan por media España. Es fascinante la novela y asombrosa, genial, la pericia de Galdós  para embelesarnos, como si nos llevara embebidos o con baba de buey (que así se les llamaba en Castilla a esos hilillos de araña que andan flotando por el aire, dando a entender que llevar a alguien con ronzal tan sutil es conducirlo sin esfuerzo).
Y lo primero que se nos viene a la memoria son aquellos tiempos en que la gente escribía cartas que tardaban días, semanas, meses en llegar. Internet ha hecho del presente  algo abrumador, invasivo. “En vivo y en directo” es lema de periódicos e informativos, casi una caricatura. En el momento en que los personajes de esa novela galdosiana rasgan el sobrescrito y leen la carta, todo lo que se cuenta en ella puede ser ya historia, agua pasada. Los hechos tienen, pues, la importancia relativa que tienen y los corresponsales aprovechan para expresar en ellas sentimientos, ideas, temores y esperanzas intemporales, a las que no atropellen las circunstancias. Busquen, lean y admírense de las Cartas privadas de emigrantes de Indias que hace años recopiló Enrique Otte. Las escribieron a finales del siglo XVI y principios del XVII indianos a los que se les desgarraba el corazón pensando en sus lejanos seres queridos.  No menos románticas que las novelescas de Galdós, están sembradas de informaciones veraces, exactas, preciosas de la realidad. Son, con el Quijote, el gran tesoro de la lengua castellana por su emoción y naturalidad, sentimientos que tienen que ver más con la vida que con la literatura, o si prefieren, que nos enseñan a hacer que la literatura sea algo más que literatura, por lo mismo que las cartas galdosianas hacen que pensemos, sobre todo, que la literatura vale poco si no es vida.Va leyendo uno La estafeta romántica y estas cartas de indianos. No podemos dejar de sentir cuántas cosas nos ha dado internet, y cuántas nos ha quitado. A nuestro móvil llegan por whatsapp, puntuales, perentorios, los sucesos, pero paradójicamente estos nos hacen sentir nostalgia de aquellas largas cartas que llegando con días, semanas, meses de retraso, traían un providencial alijo de palabras imperecederas.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 14 de mayo de 2017]
ANDRÉS TRAPIELLO
http://hemeroflexia.blogspot.mx/

Pensamientos no tan malos

Santiago Rusiñol (1861-1931)

Si los jueces fuesen juzgados después del juicio, algunos de ellos irían a prisión.

El escritor que cuida demasiado el estilo lo hace porque tiene pocas cosas que decir; el que no lo cuida nada, mejor sería que no las dijera.

Quienes buscan la verdad merecen el castigo de encontrarla.

Llamar hábil a un artista es censurarlo, llamárselo a un político es alabarlo.

La urbanidad es el conjunto de reglas para hacer más llevadera la estupidez,

La mejor época del matrimonio es el principio y el final. La peor son los treinta años de intervalo del consorcio.

(Santiago Rusiñol, Máximas y malos pensamientos. Piensa mal y no errarás. Traducción de Francisco Fuster, Vaso Roto Ediciones, 2014).

“El azúcar es más peligroso que la pólvora” (Homo Deus)

Resultado de imagen de homo deus "Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más"

La mayoría de la gente rara vez piensa en ello, pero en las últimas décadas hemos conseguido controlar la hambruna, la peste y la guerra. Desde luego, estos problemas no se han resuelto por completo, pero han dejado de ser fuerzas de la naturaleza incomprensibles e incontrolables para transformarse en retos manejables. No necesitamos rezar a ningún dios ni a ningún santo para que nos salve de ellos. Sabemos muy bien lo que es necesario hacer para impedir el hambre, la peste y la guerra…, y generalmente lo hacemos con éxito.
Es cierto: todavía hay fracasos notables, pero cuando nos enfrentamos a dichos fracasos, ya no nos encogemos de hombros y decimos: «Bueno, así es como funcionan las cosas en nuestro mundo imperfecto» o «Hágase la voluntad de Dios». Por el contrario, cuando el hambre, la peste o la guerra escapan a nuestro control, sospechamos que alguien debe de haberla fastidiado, organizamos una comisión de investigación y nos prometemos que la siguiente vez lo haremos mejor. Y, en verdad, funciona. De hecho, la incidencia de estas calamidades va disminuyendo. Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más personas por comer demasiado que por comer demasiado poco, más por vejez que por una enfermedad infecciosa, y más por suicidio que por asesinato a manos de la suma de soldados, terroristas y criminales. A principios del siglo XXI, el humano medio tiene más probabilidades de morir de un atracón en un McDonald’s que a consecuencia de una sequía, el ébola o un ataque de al-Qaeda. (…)
De hecho, actualmente, en la mayoría de los países, comer en exceso se ha convertido en un problema mucho peor que el hambre. En el siglo XVIII, al parecer, María Antonieta aconsejó a la muchedumbre que pasaba hambre que si se quedaban sin pan, comieran pasteles. Hoy en día, los pobres siguen este consejo al pie de la letra. Mientras que los ricos residentes de Beverly Hills comen ensalada y tofu al vapor con quinoa, en los suburbios y guetos los pobres se atracan de pastelillos Twinkie, Cheetos, hamburguesas y pizzas. En 2014, más de 2.100 millones de personas tenían sobrepeso, frente a los 850 millones que padecían desnutrición. Se espera que la mitad de la humanidad sea obesa en 2030.[4] En 2010, la suma de las hambrunas y la desnutrición mató a alrededor de un millón de personas, mientras que la obesidad mató a tres millones. (…)

 Resultado de imagen de homo deus "Por primera vez en la historia, hoy en día mueren más"La tercera buena noticia es que también las guerras están desapareciendo. A lo largo de la historia, la mayoría de los humanos asumían la guerra como algo natural, mientras que la paz era un estado temporal y precario. Las relaciones internacionales estaban regidas por la ley de la selva, según la cual incluso si dos sistemas de gobierno convivían en paz, la guerra siempre era una opción. Por ejemplo, aunque Alemania y Francia estaban en paz en 1913, todo el mundo sabía que podían agredirse mutuamente en 1914. Cuando políticos, generales, empresarios y ciudadanos de a pie hacían planes para el futuro, siempre dejaban un margen para la guerra. Desde la Edad de Piedra a la era del vapor, y desde el Ártico al Sahara, toda persona en la Tierra sabía que en cualquier momento los vecinos podían invadir su territorio, derrotar a su ejército, masacrar a su gente y ocupar sus tierras.
Durante la segunda mitad del siglo XX, finalmente se quebrantó esta ley de la selva, si acaso no se revocó. En la mayoría de las regiones, las guerras se volvieron más infrecuentes que nunca. Mientras que en las sociedades agrícolas antiguas la violencia humana causaba alrededor del 15 por ciento de todas las muertes, durante el siglo XX la violencia causó solo el 5 por ciento, y en el inicio del siglo XXI está siendo responsable de alrededor del 1 por ciento de la mortalidad global.[22] En 2012 murieron en todo el mundo unos 56 millones de personas, 620.000 a consecuencia de la violencia humana (la guerra acabó con la vida de 120.000 personas, y el crimen, con la de otras 500.000). En cambio, 800.000 se suicidaron y 1,5 millones murieron de diabetes.[23] El azúcar es ahora más peligroso que la pólvora. (…)
Entonces ¿qué pasa con el terrorismo? Aunque los gobiernos centrales y los estados poderosos han aprendido a moderarse, los terroristas podrían no mostrar tales escrúpulos a la hora de usar armas nuevas y destructivas. Esta es ciertamente una posibilidad preocupante. Sin embargo, el terrorismo es una estrategia de debilidad que adoptan aquellos que carecen de acceso al poder real. Al menos en el pasado, el terrorismo operó propagando el miedo en lugar de causar daños materiales importantes. Por lo general, los terroristas no tienen la fuerza necesaria para derrotar a un ejército, ocupar un país o destruir ciudades enteras. Mientras que en 2010 la obesidad y las enfermedades asociadas a ella mataron a cerca de tres millones de personas, los terroristas mataron a un total de 7.697 personas en todo el planeta, la mayoría de ellos en países en vías de desarrollo.[25] Para el norteamericano o el europeo medio, la Coca-Cola supone una amenaza mucho más letal que al-Qaeda.
Homo Deus: Breve historia del mañana.
Yuval Noah Harari
Penguin Random House, 2015 
http://arrebatosaliricos.blogspot.mx

LLEGÓ EL “NETFLIX DE LOS LIBROS”

El sueño de todo buen lector se ha hecho realidad con esta aplicación que revolucionará el modo en que leemos. Funciona como una especie de “Netflix de los libros” que se puede bajar por Android o Iphone y te permite descargar y leer miles de libros de todos los géneros y autores. Todos absolutamente todos, en tu bolsillo.

La exitosa plataforma ya cuenta con casi ocho mil suscriptores

  El continuo avance de la tecnología hace que las industrias culturales deban actualizarse todo el tiempo, para poder brindar soluciones y facilidades a los nuevos problemas (y posibilidades)  que surgen por su propio uso. Y una de las principales cuestiones a las que deben amoldarse, es a los nuevos hábitos de consumo de sus diferentes públicos. Todo esto conlleva un vertiginoso ritmo de adaptación en el que las viejas costumbres, por arraigadas que estuvieran, cambian a diario. 

 Uno de los proyectos más originales y que más promete en cuanto a los libros es Leamos

  La tecnología ha invadido todos los espacios de la sociedad, muchas veces para bien…y otras para no tanto. ¿Por qué no iba a llegar para transformar, entonces, esa ceremonia tan íntima y tan universal como es la lectura?
  Así como dice la hermosa canción de Mercedes Sosa, “cambia, todo cambia, cambia todo en este mundo…“, y en ese transcurrir del tiempo, a pesar de que resulte un verdadero sacrilegio para los románticos, la tecnología lega a la industria editorial y provoca grandes cambios.Leamos es una invitación y una declaración de principios: nació para cambiar el paradigma del lector.


 Leamos aporta innovación y creatividad al hábito milenario de la lectura. Como un “Netflix de libros“, concede la generosidad para elegir cuándo, dónde y cómo descubrir la magia de títulos y autores. Por supuesto, es necesario prescindir del papel físico, pero en cambio se puede acceder, desde una misma plataforma innovadora, a una vasta cantidad de opciones. Una verdadera experiencia del siglo XXI.
  En Leamos los libros no se agotan. Sólo un click separa al lector de la obra: aguardan ahí, en la órbita digital, a la espera de ser consumidos. Y si un libro no resulta ser de agrado, se devuelve y se retira otro. Sin demoras, sin excusas, sin culpas. La libertad plena del lector.
  Todo el amplísimo catálogo de libros está disponible se puede tener por un pago mensual que reviste un gasto inferior a la tercera parte de un libro en papel: 79 pesos (algo menos que 6 dólares), con cancelación inmediata y un período gratuito de quince días. Los libros pueden leerse en computadoras, teléfonos, tablets y lectores compatibles.
  Como si fuera poco, se pueden asociar seis dispositivos con la misma cuenta -tres fijos y tres móviles- y es posible disponer de hasta dos libros descargados en simultáneo.

 Esta novedosa propuesta presenta una gran variedad de géneros y autores a disposición de los lectores que van desde la ciencia ficción, literatura romántica, best sellers, de aventuras, las sagas juveniles más exitosas hasta la autoayuda, novela negra y policiales. Sus autores incluyen reconocidos nombres a nivel mundial como Nicholas Sparks hasta Michel Houellebecq, pasando por Paul Auster, Neil Gaiman y Emmanuelle Carrere.

  Todas las semanas se incorporan nuevos títulos y autores. ¿Qué estás esperando para sumergirte en este nuevo mundo de libros sin límites?

Fuente: Infobae
http://www.elclubdeloslibrosperdidos.org