El misterio de las «playas de los cristales» españolas

Dos calas de Asturias y Galicia están cubiertas de miles de cristales de colores

Playa de los Cristales de Laxe
Playa de los Cristales de Laxe – Flickr

Existe en España lugares en la costa que bien merecen ser visitados, calas escondida en bellas localidades donde perderse por sus callejuelas y disfrutar de su gastronomía. Asturias y Galicia son buenos ejemplos de ello y viajar hasta sus costas permitirá, además descubrir dos calas cubiertas con miles de cristales de colores.

En el sur de la villa marinera de Luanco, en Antromero, una pequeña cala surge para sorpresa del visitante, su nombre, playa del Bigaral, para todos conocida como «playa de los cristales».

Resguardada por la costa, este arenal de apenas setenta metros de largo y treinta de ancho, fue utilizado durante decenios como vertedero de vidrio. Con las mareas y la acción del mar muchos de los cristales fueron rompiéndose formando una playa de cuentas de cristal pulidas y redondeadas. Hoy en día aún quedan cientos de cristales de colores que cubren la playa y que en días soleados desprenden reflejos verdes y marrones aunque cada año se ve con preocupación como disminuyen por la acción de muchos visitantes que se llevan los cristales de recuerdo.

Luanco
Luanco
 

No podemos marcharnos sin visitar la villa marinera de Luanco y pasear por sus calles de origen medieval en las que abundan los edificios palaciegos del siglo XVIII o recorrer el puerto pesquero y su paseo Marítimo.

Playa de los Cristales de Laxe

En la Costa da Morte, en el municipio gallego de Laxe (La Coruña), se encuentra una misteriosa cala que seduce a los visitantes más curiosos atraídos por la historia que cuenta que la corriente devuelve a esta cala el cristal, ya pulido, que años atrás fue arrojado al mar por los vecinos de la zona.Miles de cristales de colores cubren el arenal dando un aspecto casi irreal de esta preciosa zona de Galicia. Un ejemplo de como la naturaleza ha sido capaz de transformar en hermoso algo tan incívico como utilizar la costa como vertedero de cristales.

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Los 12 castillos medievales más guerreros de España

Castillo de la Mota

Fuente: Mario

Josep Pla escribió del Castillo de les Sitges, en Lleida, que “tiene una crispación guerrera”. Y era verdad porque parecía que vibraba al contemplarlo como si pudieras escuchar a los guerreros afilando las espadas y a los cascos de los caballos sobre las piedras. Si no miré a mi espalda fue por vergüenza, pero creí que tendría en la colina una horda enardecida. Hay más castillos que parecen conservar esa crispación medieval y los hemos recopilado en este post. ¡Al ataque!

 

 

1. El Castillo de Bellver

El Castillo de Bellver está en Palma de Mallorca, sobre el cerro del bosque a 112 m de altura y en línea marítima con la catedral. Ambas construcciones pertenecen al estilo gótico mallorquín. Fue levantado en el s. XIV, bajo mandato de Jaime II. Es el castillo de planta circular más antiguo de Europa y cuenta con la triste honra de haber sido la cárcel de Jovellanos. Su nombre es la descripción emocional del paisaje: “bella vista”.

 

2. El Castillo de la Mota (Valladolid)

Castillo de la Mota

Fuente: Mario

Deshilvanar la historiografía de un castillo de sus leyendas tiene más ciencia que llegar a la Luna. Del Castillo de la Mota, Medina del Campo, se conocen historias desde el s. XI: traiciones, conspiración, juegos de tronos. Con la Batalla de Olmedo en 1445 el Castillo de la Mota perteneció a la corona de Castilla definitivamente. La construcción de una línea de artillería potentísima acabó con el recinto de la ciudadela, de la que se conserva parte de la muralla primitiva. Además de crispación guerrera, del Castillo de la Mota se desprende el lamento de prisión, la seriedad de los alumnos y el júbilo de los turistas, según los usos que ha ido teniendo en más de 8 siglos de historia. Cómo llegar al Castillo de la Mota.

 

3. El Castillo de Butrón (Vizcaya)

El Castillo de Butrón es el castillo de Walt Disney español. Se encuentra en Gatika, muy cerquita del mar. Es una rareza arquitectónica. Se remodeló con gusto germano en el s. XIX. Hay quien dice que fue una extravagancia del marqués de Cubas, Francisco de Cubas y González-Montes. No obstante, el Castillo de Butrón se levantó en el s. XIII. La crispación que se imagina ante su puerta llegaba de las luchas intestinas de la nobleza vizcaína. La última rareza de la que hace gala es que está en venta, aunque la mayoría de torres no tengan un espacio habitable. Un castillo muy fotogénico sepultado, aunque pie, por la extravagancia. Cómo llegar al Castillo de Butrón.

 

4. El Alcázar de Segovia

Alcázar de Segovia

Fuente: Armando Reques

Alcázar de Segovia

Fuente: Mariano P.

Alcázar de Segovia

Fuente: M. Peinado

Después del Acueducto, el Alcázar es lo más conocido de Segovia. Su planta sigue la rigidez del cerro sobre el que se asienta, que a su vez ha sido moldeado por la confluencia de dos ríos: el río Eremas y el río Clamores. Fue una fortaleza-palacio hispano-árabe. Se erigió en el siglo XII, aunque en el XII, estando Alfonso X en su interior, se hundió. El aspecto actual corresponde al reinado de Felipe II. Como en otros casos, también el Alcázar sirvió de prisión y como sede del Colegio Real de Artillería. Hoy no solo se puede imaginar la crispación, sino ponerle los detalles guerreros y las charlas entre nobles en sus salas, como la del Trono. Cómo llegar al Alcázar de Segovia.

 

5. El Castillo de Loarre (Huesca)

Castillo de Loarre

Fuente: Juanedc

Castillo de Loarre

Fuente: Jorge

La Hoya de Huesca es un territorio que visitar por su belleza, con y sin castillo. En este paraje estupendo se encuentra el Castillo de Loarre, erigido en el s. XI y bien conservado. Era un punto estratégico de avanzadilla sobre la llanura de Bolea, controlado por los musulmanes. Un siglo después de la construcción principal se levantaron las murallas, que recogen una parte considerable de la ladera. La crispación fue materializada por Ridley Scott, que escogió el Castillo de Loarre para rodas El reino de los cielos, con Orlando Bloom, Liam Neeson y Eva Green. Cómo llegar al Castillo de Loarre.

 

6. El Castillo de Belmonte (Cuenca)

Castillo de Belmonte

Fuente: Manuel López

Castillo de Belmonte

Fuente: rosidc53

Sobre el Cerro de San Cristóbal se encuentra el castillo de Belmonte, Monumento Nacional. Este 2014, el Castillo de Belmonte se convertirá en mayo en la sede mundial de Combate Medieval, organizado desde hace 5 años, con más de 500 luchadores de todo el globo. Las murallas del castillo descienden hasta la localidad en un paseo histórico. Se empezó a construir en el s. XV, antes del descubrimiento de América, y llegó a ser propiedad de la emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, que se casó con Napoleón III. Cómo llegar al Castillo de Belmonte.

 

7. El Castillo de Coca (Segovia)

Castillo de Coca

Fuente: Pato I.R.

Castillo de Coca

Fuente: Eivisso

Castillo de Coca

Fuente: Isabel

Allí estaba el Arzobispo de Sevilla en 1453 recibiendo la orden del rey Juan II de Castilla de levantar una fortaleza en Coca. La ejecución siguió el planteamiento del maestro Alí Caro y hoy es una de las mejores muestras del arte gótico mudéjar español. Además de gritos guerreros en su interior se conserva el ambiente de las historias de amor con final infeliz, como el del marqués de Cenete, que acabó escaldado con brasas por pretender a María de Fonseca. En la actualidad es propiedad de la Casa de Alba y pasa por ser una de las pocas fortalezas medievales que no se construyó sobre un cerro. Cómo llegar al Castillo de Coca.

 

8. El Castillo de Ampudia (Palencia)

Castillo de Ampudia

Fuente: albolm911

Castillo de Ampudia

Fuente: Alfonso Benayas

Pasa por ser el “mejor castillo de Palencia” y se puede visitar aunque es de propiedad privada. Se levantó en el fragor del s. XV y su propiedad se disputó entre una madre y su hijo, el Conde de Salvatierra contra su madre María Sarmiento. Más tarde, en el XVI, un obispo (Antonio de Acuña) acaudilló unas tropas y se enfrentó a los partidarios de Carlos I, emperador de España, en lo que se ha llamado la Batalla de Ampudia. La crispación mantiene las piedras tensas, todavía preparadas para soportar los golpes de un asedio. Cómo llegar al Castillo de Ampudia.

 

9. El Castillo de Manzanares el Real (Madrid)

Castillo de Manzanares el Real

Fuente: Jim Anzalone

Previo al 1475 existía una ermita románica sobre la que se construyó este castillo. Se levantó por orden de Diego Hurtado de Mendoza, I Duque del Infantado y II Marqués de Santillana. A su nieto del mismo nombre se le atribuye el Lazarillo de Tormes. Antes que como fortaleza se erigió como palacio a orillas del Manzanares, en una tierra rica en bosques y pastos, por lo que fue el escenario de disputas frecuentes. Actualmente es un equipamiento vivo con visitas teatralizadas y concierto de música clásica durante el verano. Cómo llegar al Castillo de Manzanares el Real.

 

10. El Castillo de Peñafiel (Valladolid)

Castillo de Peñafiel

Fuente: Pablo Sánchez

Un cerro estrecho y alargado es la base del Castillo de Peñafiel, fortaleza original del s. X de la que se adueñó almanzor y a quien se la arrebató Sancho García. El hecho pasó a la tradición oral a través de los cantares: “desde hoy en adelante esta será la peña más fiel de Castilla”. Es una época de leyenda y fundaciones de la época española, un museo al aire libre de la historia crispada y cruenta de la Castilla de fronteras. En la actualidad, Peñafiel es sede enoturística, la cuna de la Ribera del Duero. Cómo llegar a Peñafiel.

 

11. El Castillo de los Templarios de Ponferrada

Castillo de Ponferrada

Fuente: Juantiagues

Castillo de Ponferrada

Fuente: amaianos

Castillo de Ponferrada

Fuente: Elentir

Justo antes de cruzar la frontera gallega durante el Camino de Santiago se llega a un monumento excepcional: el Castillo de los Templarios de Ponferrada. La Orden del Temple, monjes guerreros, ha dado para la historia misterios y leyendas de poder. En este caso, los reyes del Reino de León concedieron a la Orden en 1178 la donación de Ponferrada. Amplían y mejoran la defensa, en pleno itinerario peregrino. La crispación principal en esta fortaleza la protagonizó Alfonso IX de León contra los Templarios en el s. XIII. Unos años más tarde, en Francia, comenzaron los juicios contra la Orden: el final de los templarios y el inicio de su historia legendaria.

 

12. El Castillo de Vélez-Blanco (Almería)

Castillo de Vélez Blanco

Fuente: Ozelico

Castillo de Vélez Blanco

Fuente: Juan Heredia

El Castillo de lo Vélez Blanco cruza los límites historiográficos de la Edad Media y comienza a construirse en 1506, al comienzo de la Edad Moderna. El impulso que mueve su construcción es, en cambio, medieval: una fortaleza noble con potencial artillero. Con el tiempo sí que fue tomando elementos renacentistas, signo de una nobleza más culta, acorde con su tiempo y más que una defensa fue un palacio. Mantuvo hasta principios de siglo el Patio del Horror, lo que se considera una de las joyas del renacimiento español, vendida por 80.000 ptas. a principios del XX y finalmente reconstruido en el Metropolitan de Nueva York. Hay quien dice que el horror es la reconstrucción. Cómo llegar a Vélez Blanco.

 

13. Extra: El hombre que construyó su propio castillo

Castillo de Cebolleros

Fuente: Txemi López

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La Hermida, el desfiladero más grande de España

Desfiladero de la Hermida (5)

En el occidente de Cantabria, marcando el límite de los Picos de Europa, nos encontramos con este escarpado desfiladero de 21 kilómetros de largo, lo que lo convierte en el más largo de la Península Ibérica.

Por su interior discurre el río Deva, flanqueado por paredones de roca que llegan a alcanzar los 600 metros de altura, lo que hace que el desfiladero de la Hermida sea un auténtico espectáculo paisajístico.

Valle de Liébana en Cantabria

A parte del río Deva, por el Desfiladero de la Hermida apenas queda espacio para la sinuosa carretera N-621 que comunica Unquera con Lebeña (final del desfiladero) y Potes, capital del Valle de Liébana. Esta ruta es el único acceso rodado al valle desde el Cantábrico.

En el interior del desfiladero podemos disfrutar de varios miradores situados a los lados del camino, convenientemente señalizados, siendo uno de los más impresionantes el de Santa Catalina.

Desde el mirador de Santa Catalina observaremos el desfiladero desde las alturas, con los Picos de imponente fondo, y si tenemos suerte, incluso veremos a los quebrantahuesos volando justo delante de nuestros ojos. Todo un espectáculo.

A parte de las excelentes vistas, al lado del mirador de Santa Catalina están los restos de una fortaleza, la Bolera de los Moros, del siglo VIII.

Vía Ferrata de la Hermida, Cantabria, España

Vía Ferrata de la Hermida

Si nos gustan los deportes de aventura, estamos de suerte, pues en el desfiladero de la Hermida hay una de las primeras Vías Ferratas que se hicieron en Cantabria, llamada la de la Hermida.

Una vía Ferrata es una ruta de escalada con ayudas en forma de escalones de acero, por lo que podemos subir por la montaña fácilmente, sin saber nada de escalada, con total seguridad, pues siempre estamos enganchados a un cable de seguridad.

Valle de Liébana en Cantabria by machbel

Uno de los puntos más espectaculares de la Ferrata son los puentes tibetanos, desde los que literalmente estaremos suspendidos entre las altas montañas. Una experiencia muy recomendable para los que no tienen vértigo.

Tras tanto ejercicio, qué mejor que relajarse en las aguas termales de las pozas del río Deva que manan del subsuelo a 40º. Encontraremos las pozas tras pasar el pueblo de la Hermida, debajo del puente que lleva al balneario.

En un lateral del puente hay una escalera que nos permite bajar a la altura del río, y disfrutar de estas aguas libremente durante todo el año. Es toda una experiencia, sobre todo en invierno.

En el desfiladero de la Hermida encontraremos un rico patrimonio histórico, aunque su agreste orografía pareciera indicar lo contrario.

Desfiladero de la Hermida (3)

Uno de los lugares más especiales que podemos visitar es la Iglesia de Santa María de Lebeña, posiblemente la iglesia prerrománica más bonita de Cantabria, donde la guía del templo nos transmitirá todo su cariño por la historia del lugar y sus curiosas leyendas.

Y entre espectaculares vistas, inmensas montañas, rápidos de río y un rico patrimonio, llegamos a Lebeña, que marca el final del desfiladero. Nos estamos adentrando en el Valle de Liébana, lugar de Santo Toribio de Liébana, de Potes, del funicular de Fuente Dé, pero esa será otra historia.

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Un road trip por la gastronomía española en tres minutos

Roadtrip - 1

En tres minutos de vídeo han conseguido resumir los aventureros de The Perennial Plate su road trip por la gastronomía española. Desde el País Vasco a Barcelona, pasando por Galicia y Andalucía. Se han dejado por el camino muchas cosas como mi querida Valencia y su paella, Asturias y su fabada y Madrid y su cocido, pero se lo perdono.

He de confesar que, antes de ver el vídeo, tenía mis muchas reservas sobre lo que podía depararme, porque no es lo mismo ver un resumen de una gastronomía extranjera, como el que hicieron de Japón, donde no puedes distinguir los fallos, que ver cómo alguien trata de resumir toda tu riqueza gastronómica en tres minutos. Pero ved el vídeo y opinad.

A mi, lo que más me gusta del vídeo es que, a pesar de haber sido grabado por extranjeros —el chef Daniel Klein y la cámara y co-productora Mirra Fine son de Minnesota— transmite bastante bien el espíritu gastronómico de las zonas que visitan, desde los pintxos en Euskadi hasta el “pa amb tomàquet” de la Ciudad Condal, sin saltarse el ritual del jamón en Andalucía y muchas cosas más.

Quizás chirría un poco la música flamenca de fondo —aunque pensándolo bien, ¿cuál nos representa más? que no mejor— pero el vídeo es bastante acertado y hecho con mucho gusto, pasión y alegría. No renuncia a los tópicos pero están muy bien traídos, así que felicidades a The Perennial Plate por el buen trabajo realizado, ahora confiaré mucho más en la veracidad del resto de vídeos que han publicado sobre la gastronomía de otros países.

http://www.directoalpaladar.com/cultura-gastronomica

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La ruta del Cares a vista de dron. Espectacular

Fuente: http://eltomavistasdesantander.com

 

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BARCENA MAYOR

 

En el valle de Cabuérniga, siguiendo el curso de los ríos Saja y Argoza, a través de parajes incomparables, llegar a Bárcena Mayor provoca en el viajero la sensación de retroceder varios siglos en el tiempo. El regular trazado de sus calles, lo pintoresco de sus casas y su entorno natural, hacen del lugar uno de los rincones más bellos de Cantabria.
A orillas del río Argoza, en pleno corazón de la Reserva Nacional del Saja, se encuentra Bárcena. Su nombre, de origen preindoeuropeo, es antiquísimo y viene a significar recodo pequeño, llano y cultivable formado por un río. Bárcena Mayor conserva aún el ambiente típico de su remoto origen. Situado entre montañas y en zona de tránsito entre el valle y la meseta, todavía quedan restos de la antigua calzada romana, aunque los primeros datos históricos se remontan a la Edad Media. Algunos autores sitúan su origen en el siglo IX, dependiendo del monasterio de Santa María de Yermo, pero es probable que las fechas sean algo más tardías. Ya en el siglo XII, en época de Alfonso VIII, pasó a depender del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña. Durante el resto de la Edad Media, el lugar de Bárcena Mayor vivió inmerso en los avatares históricos del valle de Cabuérniga, en relación con la casa de la Vega. Cerca de Bárcena Mayor debió pernoctar Carlos I en 1517, en su primer viaje a España, enfermo según las crónicas y pasando muy mala noche debido al frío y la lluvia. Hasta mediados del siglo XVIII apenas existen noticias, pero el pueblo debió ir prosperando, tal y como indican los datos del Catastro de Ensenada, donde destacan las casi doscientas casas, su abundante ganadería y la artesanía de la madera.

Durante la segunda mitad del presente siglo el pueblo sufrió el habitual proceso de despoblación. En los últimos años, el auge del turismo rural ha propiciado el acondicionamiento del entorno y la progresiva restauración de las casas.

Jose Eduardo Tobes

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Fuente Dé, nombrado una de las ‘7 Maravillas Naturales de España’

Fuente Dé forma parte, desde este viernes, de ‘Las 7 Maravillas Naturales de España’ y pasa a convertirse en uno de los destinos de una nueva ruta medioambiental que recorrerá otros enclaves naturales como la playa de Las Catedrales (Lugo), Cabo de Gata (Almería) o Somiedo, en Asturias. El alcalde de Camaleño, Oscar Casares, ha recibido este viernes la placa identificativa en la base del teleférico de Fuente Dé, en un acto conmemorativo.

Este paraje natural fue elegido como una de las siete bellezas naturales de España en una votación organizada en junio por Allianz Global Assistance, en la que se registraron más de 80.000 votos de los internautas. Tras la votación, se convocó una plaza de ‘Explorador de las 7 Maravillas’. La elegida fue Mar Morales, periodista especializada en información sobre Medio Ambiente, y será quien realice una ruta turística inédita en España. El viaje podrá ser seguido a través de la web www.7maravillas.es donde se colgarán textos, fotos y vídeos de la aventura.

Su mirador, desde el que observar un circo glaciar con paredes de hasta 800 metros, y el amplio poblado de hayedos que habitan en él, son las señas de identidad de Fuente Dé, en pleno corazón de los Picos de Europa. Otros enclaves que han recibido esta misma consideración son el peñón de Gaztelugatxe, en Bermeo (Bizkaia), seguido del Parque Natural de Somiedo, en Asturias, y el Parque Natural de Cabo de Gata, en Almería. Completan la lista el paraje leonés de Las Médulas, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, en Castilla-La Mancha, Fuente Dé (quedó en sexto lugar) y la playa de As Catedrais, en Ribadeo (Lugo).

http://www.eldiariomontanes.es/

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Encierros de Pamplona: pero ¿qué hago yo aquí?

Primer encierro de los Sanfermines de 2014, con los toros de Torrestrella. / JESÚS DIGES (EFE)

La idea de saltar una valla para correr delante de seis toros bravos que pueden liquidarte en cualquier momento no es explicable a partir de parámetros lógicos, así que hemos de archivarla definitivamente en los territorios que cabalgan entre el acto surrealista, la inconsciencia de vocación suicida y la necesidad adrenalínico-irremediable de probarte, de probar la vida, de probar la muerte. Sospecho que algo parecido a eso esgrimen los psiquiatras desde sus divanes. Desde luego, es lo que argumentan los corredores desde sus emociones y sus miedos.

A las ocho de la mañana repican las campanas de la iglesia de San Cernin y repican las agujas invisibles bajo los pies y las almas de cada corredor del encierro. Retumba el primer cohete: la manada está en las calles. ¿Por qué estoy yo aquí? La boca seca, las ganas de decir hola sin parar a todo bicho viviente, lo conozcas o no, el tic irremediable de anudar y reanudar el reanudado de los cordones de las zapatillas, la noria de la locura, ¿por qué estaré aquí si no tengo saliva que tragar?, una suerte de hermandad invisible con los otros corredores, el sudor en las manos, el sol de julio asomando entre los tejados de Pamplona, la imagen tan lejana y deseada de verte en una terraza de la Plaza del Castillo o en la calle Mañueta desayunando un chocolate con churros.

Pero estás ahí.

Si has elegido la Cuesta de Santo Domingo los tienes bien puestos. Los ojos, queremos decir: puestos exactamente en el punto en el que crees que vas a empezar a correr. No esperes a tener la manada encima para arrancar. Ni siquiera a 10 o 12 metros. Toma como referencia una distancia de algo que creas que se parece a unos 20 o 25 metros, salta al medio de la calle y corre, corre, corre. Corre mirando hacia atrás sin parar, miradas cortas, de décimas de segundo, para evitar que el grupo te gane el terreno antes de tiempo y (en el mejor de los casos) no te enteres de la misa la media o (en el peor) te cace sin solución de continuidad. Alterna esas miradas con miradas hacia adelante, sin parar también, para evitar tropezar con otro mozo. La masificación es tan peligrosa como los toros. Vamos, procura tener cuatro ojos en lugar de dos. ¿Complicado? No haber venido.

La manada subiendo por Santo Domingo, derrotando hacia los primeros corredores pegados a los muros, es el toro bravo en su máximo esplendor. También en su estado máximo de pavor, téngase en cuenta que anteayer pisaba la hierba serena de la dehesa y hoy pisa el adoquín duro y desconocido. Animales de más de 600 kilos remontan estos 280 metros de 6% de desnivel como almas que lleva el diablo, su anatomía se lo permite, y en cosa de 20 segundos pisan ya la Plaza del Ayuntamiento. Aquí fue empitonado, el 13 de julio de 1995, Matthew Peter Tassio, 22 años, el primer estadounidense muerto en un encierro. A Tassio, que había conocido Pamplona dos días antes y el encierro esa misma mañana, nadie le transmitió, por desgracia, una de las reglas de oro del encierro. Si te caes, quédate tumbado, boca abajo, besa el suelo, protege tu cabeza con tus manos y antebrazos y reza a San Fermín, si es que eres de rezar, y si no, también. Tassio cayó y trató de levantarse. Para cuando se quiso dar cuenta tenía encima los pitones de Castellano, una fiera de la ganadería de Torrestrella. En total han sido 15 las muertes infligidas por los toros en los encierros de Pamplona desde 1922, año que se considera como el inicio de la Edad moderna del encierro y desde el que se mantiene invariable el recorrido de 848,6 metros: desde los corrales de San Domingo hasta los toriles de la plaza de Pamplona.

Entre el final de la Cuesta de Santo Domingo y el inicio del tramo de Mercaderes los mozos corren unos 80 metros en diagonal: es la zona más ancha del recorrido. Tras una leve curva a la izquierda, la manada, que a menudo ya ha comenzado a romperse, enfila por Mercaderes hacia uno de los puntos más espectaculares y peligrosos del encierro: la curva que separa Mercaderes de la calle Estafeta. Prácticamente un ángulo recto.

Ahí, bajo los objetivos de fotógrafos de medio mundo (entre ellos el extraordinario Jim Hollander, el estadounidense que se pasó 30 años fotografiando los encierros para la agencia Reuters y para otros medios y muy probablemente el periodista gráfico extranjero que mejor conoce esta curva, esta ciudad y estas fiestas) los toros chocan contra el vallado y acometen la autopista de la Estafeta. Aviso a navegantes primerizos: cuidado con tomar la curva por la parte exterior, a no ser que tengas vocación de sándwich. Alerta roja. Siempre la curva corta, o por el medio de la calle.

La Estafeta son 305 metros de línea recta con una leve pendiente. Cada uno de los 2.000 o 3.000 mozos del encierro (depende de los días, aunque la masificación es ya preocupante en cualquiera de ellos) tiene su lugar favorito para arrancar, pero un punto especialmente fascinante es el que se sitúa en algún lugar entre 20 o 30 metros después de que los toros hayan girado hacia Estafeta: tras haberse frenado en la curva —aunque cada vez menos: desde la supresión de las aceras y la sustitución de los adoquines por losetas en 1998, además del uso de productos antideslizantes en el suelo, los morlacos negocian cada vez mejor la curva— los animales están reanudando la fuerza de su trote poderoso. Es un punto y un momento mágico para correr el encierro de Pamplona.

Tu referencia antes de echar a correr será —deberás saltar sin descanso para tenerla clara y no perderla— un montón de astas blancas dando tumbos. El pavor primero, y el estrés por buscar tu hueco a codazos después, no impedirán que tus sentidos te transmitan el runrún del encierro: el ruido de 56 pezuñas (seis toros bravos y ocho cabestros acompañantes) chasqueando el suelo de Pamplona machacona, obsesivamente, chas, chas, chas, chas, chas, chas. El rugido y los chillidos de pánico de la gente instalada en los balcones (pagados por algunos visitantes a precio de oro para ver el encierro). Y el olor. El olor a toro. El inconfundible, acre, intenso olor a toro.

El ‘pero ¿qué hago yo aquí?’ de los momentos previos ha venido a quedar disuelto en la feroz inmediatez de un no pensar en nada, solo mirar, empujar, pisar, correr, saltar, esquivar, gritar, rectificar si es preciso, caer, levantarse, y saber salir, echarse a un lado de la calle con rapidez y solidaridad para no entorpecer al que viene detrás.

Estafeta remata en una pronunciada curva hacia la izquierda. Es el tramo de Telefónica, siempre atestado de gente y con una altísima densidad de patas por metro cuadrado (los patas son esos que nadie sabe qué hacen en el trazado del encierro, que no corren, que están ahí para mirar, para sacar fotos o vídeos, o para citar o tocar al toro, o sea, los dos actos más proscritos del encierro de Pamplona). Son apenas unos 60 metros, y una peligrosísima antesala al callejón de entrada a la plaza. Abstenerse idiotas de vocación aventurera o mamarrachos con ambiciones de subir a Facebook, YouTube o Twitter sus hazañas con el móvil.

El callejón es el lugar donde más incidentes se han producido en la historia de los encierros. Son unos pocos metros sin escapatoria para el corredor en caso de encuentro indeseado con el morlaco. Aquí, más de 20 montones humanos se han formado en la historia del encierro. Especialmente trágico fue el del 8 de julio de 1977, con un muerto por asfixia (o por pisotón de uno de los toros, nunca quedó del todo claro), el joven pamplonés de 17 años José Joaquín Esparza. También en el callejón fue corneado de forma dramática hasta en seis ocasiones en 2004 el guipuzcoano Julen Madina, uno de los corredores con más horas de vuelo entre la gran familia de los encierros.

Y el encierro llega por fin a la Plaza de Toros de Pamplona. Si has llegado aquí, ábrete en abanico a derecha o izquierda en cuanto pises la arena. Jamás sigas corriendo hacia el centro del ruedo.

Tu encierro ya es Historia. Recuperas, poco a poco, saliva que tragar. Te sientas en el suelo. Piensas. Recuerdas. Y no olvidas. Nunca.

No te preguntes por qué. No servirá de nada. Tampoco en el caso de que hagas surf entre tiburones blancos o practiques paracaidismo. O si pasas tus tardes entre los gorilas de Ruanda. O husmeando el rastro del tigre de bengala.

Los toros corriendo por las calles de Pamplona. Y tú delante de ellos.

Seguiremos leyendo a Freud.

http://cultura.elpais.com/cultura/

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