El funeral

La paz social parece una misión en el filo de lo imposible hoy en Cataluña

El parque de la Ciutadella de Barcelona, con lazos amarillos para reivindicar la libertad de los encarcelados por el proceso independentista. El parque de la Ciutadella de Barcelona, con lazos amarillos para reivindicar la libertad de los encarcelados por el proceso independentista. QUIQUE GARCÍA EFE

Los que suelen ir a misa los domingos saben que durante la ceremonia llega el momento en que el cura desde el altar dice a los fieles: “Hermanos, daos la paz”. Los fieles se vuelven hacia sus vecinos de banco, a derecha e izquierda, y amagan una especie de abrazo o apretón de manos. Tener que abrazar a personas que no conoces de nada no deja de causar cierta incomodidad. De hecho, la mayoría sale del paso con una leve inclinación de cabeza acompañada con una mueca más o menos afectuosa. Pero en el caso de un funeral donde suelen asistir a la misa ciudadanos, que salvo por compromiso social, no pisan nunca una iglesia, ese gesto de darse la paz produce una violencia insuperable y más si, como pasa a veces, en el duelo participan juntos y revueltos herederos y desheredados, amigos y enemigos que en vida ha generado el difunto. No es extraño que alguien en plena misa aproveche el abrazo para arrancarle una oreja de un mordisco a un primo hermano. Algo semejante podría suceder en el sepelio de este magnífico cadáver en que se ha convertido el proceso soberanista de Cataluña, expuesto para unas honras fúnebres. Las elecciones autonómicas se presentan como la forma de llevar este fiambre a la sepultura, unos para que se pudra del todo, otros a la espera de que resucite al tercer día. El esfuerzo principal de un gran gobernante, independentista o no, debería consistir en restañar heridas, en pacificar y restablecer la convivencia entre familias, amigos y ciudadanos, pero la paz social parece una misión en el filo de lo imposible hoy en Cataluña. El político equilibrista, que en medio de los bandos enfrentados a cara de perro, diga: “Catalanes, daos la paz”, será tomado por un blandengue y desde el fondo de un iberismo irredento oirá la respuesta: “¡Por encima de mi cadáver!”. Y es que en este funeral las campanas doblan por todos nosotros.

https://elpais.com/

Almuerzo

Las grandes hecatombes modernas hoy se sirven entre plato y plato sin que ninguna sea tan importante como para alterar una buena digestión

Un hombre observa el misil lanzado por Corea del Norte en un telediario desde Corea del Sur.Un hombre observa el misil lanzado por Corea del Norte en un telediario desde Corea del Sur. AHN YOUNG-JOON AP PHOTO

Este ciudadano corriente durante el almuerzo tiene un grave problema: no sabe si debe coger los espárragos con los dedos o hay que tomarlos con cuchillo y tenedor. Mientras se debate en esa duda vuelve los ojos hacia el televisor donde en ese momento el exgeneral bosniocroata Slobodan Praljak, con pinta de un fiero y barbado Agamenón, se suicida en directo tomándose la cicuta con determinación después de soltar una agónica soflama ante el tribunal de La Haya que lo acaba de condenar a 20 años por crímenes de guerra. Meterse un trago de veneno entre pecho y espalda como un brindis airado tiene mucha más fuerza que cualquier tragedia de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Este ciudadano corriente y sus compañeros de mesa saben que a estas alturas no hay ficción dramática que pueda superar a un telediario vulgar. En las tragedias griegas se requería que los dioses estuvieran implicados en las pasiones de los humanos; en cambio las grandes hecatombes modernas hoy se sirven entre plato y plato sin que ninguna sea tan importante como una buena digestión. El ciudadano corriente ha resuelto el problema cogiendo los espárragos con la mano. La agradable conversación de sobremesa la interrumpe ahora la noticia del último proyectil lanzado por Corea del Norte, que ha alcanzado los 4.475 kilómetros de altura. Este misil intercontinental es capaz de trasportar una cabeza nuclear y dejarla caer sobre Washington o Nueva York. El gordinflón Kim Jong-un, que en televisión no se distingue de un muñeco de dibujos animados, puede poner el mundo patas arriba, pero este ciudadano corriente tiene otro problema no menos grave. No sabe si pedir el solomillo al punto o poco hecho, casi sangrante. Esta duda en la mesa se ha convertido en un tema de debate. ¿Y el Apocalipsis? De postre, con un poco de nata, por favor.

https://elpais.com/elpais

Cloacas

En la actualidad la cloaca máxima discurre a través de las redes sociales

Roma, Italia 1875, vista de la cloaca máxima. Roma, Italia 1875, vista de la cloaca máxima. GETTY IMAGES

El rey de Roma Tarquinio Prisco mandó construir la Cloaca Máxima en el siglo VI antes de Cristo para canalizar y verter en el Tíber las infectas marismas junto con todos los desechos de la ciudad. Esa obra monumental ejecutada por etruscos está todavía en servicio. Con el tiempo sobre ella se levantaron templos, palacios, arcos de triunfo, el foro imperial, el Coliseo, el Vaticano y las basílicas cristianas. Por la raíz de estos mármoles sagrados discurría una corriente putrefacta y en ella navegaba toda clase de despojos. El derecho, el arte y la cultura clásica, que nos han nutrido, se elaboraron sobre esta inmundicia. La cloaca máxima, que en su origen fue una gran obra de ingeniería, a lo largo de la historia ha tomado otras formas invisibles e igualmente nauseabundas. El Estado moderno, y todos los crímenes que llevan su nombre, se asientan sobre una ciénaga semejante a la de Roma. Los bajos fondos del poder están llenos de reptiles que se pasean con un pistolón colgado de la axila y sobre este pozo ciego gritan y gesticulan los políticos, dictan sentencias los jueces, desfilan los ejércitos. En la actualidad, la cloaca máxima discurre a través de las redes sociales. El albañal que soportaba los mármoles de la ciudad eterna y la caja de Pandora, que contiene un nudo de serpientes, fundamento del Estado moderno, se han transformado en esa corriente de odio y frustración que aflora desde el anonimato en millones de tuits llenos de rebuznos, insultos, calumnias, mentiras y venganzas. Sobre la cloaca de las redes se eleva hoy el trono de un invisible rey Tarquinio con todo su poder digital, capaz de alterar el curso de la historia solo con los dedos sobre un teclado. ¿Pero, qué templos, qué palacios, qué arcos de triunfo, qué clase de cultura se puede levantar sobre este basurero?

https://elpais.com/

La ofrenda

Salvator Mundi ha vuelto al altar de Christie’s, donde rige un acervo más profundo que la fe: la codicia

Subasta de la tabla de Leonardo da Vinci "Salvator Mundi". Subasta de la tabla de Leonardo da Vinci “Salvator Mundi”. TIMOTHY A. CLARY AFP

Mientras Leonardo da Vinci pintaba en su taller de la vía Ghibellina de Florencia la pequeña tabla con la imagen del Salvator Mundi a su alrededor cacareaban docenas de gallinas. Los artistas del Quattrocento solían pintar al temple y necesitaban muchas yemas de huevo para ligar los pigmentos. Esta pequeña tabla de nogal, como La Gioconda y todas las Madonas con el Niño, fue creada en un auténtico gallinero y probablemente sería un encargo de los Médici, sus mejores clientes, para el oratorio de palacio y allí la imagen del Salvador atendería las súplicas de perdón de Lorenzo el Magnífico después de haber acuchillado a alguien. La figura del Salvator Mundi adopta con la mano el gesto de bendecir o de mandar formando una pinza con el pulgar y los dedos anular y meñique. El índice queda inhiesto como un símbolo fálico, que entre los pintores florentinos era una contraseña homosexual. Esa pinza fue la conexión energética a través de la cual la inteligencia pasó de la acción de la mano al cerebro del primate. A lo largo del tiempo la pintura religiosa, mientras permanece en el altar, absorbe las oraciones de los fieles y en la imagen sagrada se posa como una veladura toda la carga de miedos, milagros, esperanzas. Así sucedió con este Salvator Mundi, pintado como un elegante joven nórdico, absolutamente humano, casi profano. Pero un día esta tabla fue apeada del altar y comenzó a absorber otras pasiones. Pasó por salones reales, por alcobas de amantes, por mansiones burguesas; soportó el vilipendio de los restauradores; se extravió y reapareció en chamarilerías para ser zarandeada por la especulación y finalmente ha sido devuelta de nuevo al altar, esta vez al altar de Christie’s y allí ha recibido una ofrenda de 372 millones de euros. Esa cantidad es una oración, que nace de un acervo más profundo que la fe, que es la codicia.

ttps://elpais.com

Delirio

Tras la euforia que acompaña a cualquier declaración de independencia, la primera decepción aparece a la mañana siguiente

Un independentista vestido con una bandera estelada.
Un independentista vestido con una bandera estelada. ALBERT GARCÍA

 

Sin duda fue un día histórico aquel en que este ciudadano anónimo decidió declararse independiente por su cuenta y riesgo sin esperar a que se cumpliera el programa político de su partido. No reconocía otra nación que su propia persona cuyas fronteras las constituyan el suelo que pisaban sus zapatos, el horizonte hasta donde alcanzaban sus ojos y el cielo que brillaba sobre su atormentada cabeza. Este ciudadano creía, como Unamuno, que “el nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia”, pero que bastaba con desearlo con toda la fuerza del espíritu y de repente uno se convertía en un ser libre e independiente como una aventura individual irrebatible. Pasado el momento de euforia que acompaña a cualquier declaración de independencia, la primera decepción la tuvo a la mañana siguiente, cuando después de una noche en que fue visitado por algunos sueños de gloria, al mirarse en el espejo del baño descubrió que seguía siendo el mismo individuo de siempre sin más atributos, ni más alto ni más guapo. Nada había cambiado. Sus pantalones estaban confeccionados en China, el café del desayuno era colombiano, la mantequilla era francesa, el coche que conducía era alemán, la fábrica donde trabajaba era japonesa y el jefe que le mandaba era danés. En general todo lo que comía y bebía cada día este ciudadano independiente, las series de televisión que veía, la música que oía o bailaba, los medicamentos que tomaba, el móvil que lo unía al mundo tenían origen fuera de país que habitaba. Tanto su cuerpo como su alma, que eran su única nación, estaban atrapados en poder de otros, pero él siguió en su delirio, pese a que solo eran suyos, absolutamente suyos, los cuatro metros cuadrados de su amada tierra que necesitaba para llevarse consigo a la fosa sus sueños de gloria.

https://elpais.com

Sobre el caos

Ese vuelo de mariposa con que se expresa la teoría del caos se cierne ahora sobre la frustración y la quiebra social que se han apoderado de la política en Cataluña

Un furgón de la Guardia Civil sale de la Audiencia Nacional, tras conocerse la decisión de la juez Carmen Lamela.Un furgón de la Guardia Civil sale de la Audiencia Nacional, tras conocerse la decisión de la juez Carmen Lamela. EMILIO NARANJO EFE

Durante los cinco años que duró la Segunda República, según cuentan algunos historiadores, Gil Robles, líder de la derecha e Indalecio Prieto, jefe de filas del Partido Socialista, nunca se dieron la mano, ni siquiera se saludaron en los pasillos del Congreso. Nadie sabe qué habría sucedido si estos políticos enfrentados en bandos irreconciliables hubieran decidido un día sentarse a tomar café simplemente para charlar un rato. Según la teoría del caos, una acción sutil como el vuelo de una mariposa puede desencadenar una catástrofe en cualquier lugar del planeta, pero también un acto irrelevante es capaz de salvar de una gran hecatombe a toda una nación. Algunos analistas creen que si aquellos líderes hubieran tomado ese café, se habría evitado la Guerra Civil. Hitler quería ser pintor. Si el oscuro profesor de dibujo de la Academia de Bellas Artes de Viena que lo suspendió en su examen de ingreso le hubiera dado un notable, convertido Hitler en un feliz pintamonas, la humanidad se hubiera ahorrado la Segunda Guerra Mundial. Ese vuelo de mariposa con que se expresa la teoría del caos se cierne ahora sobre la frustración y la quiebra social que se han apoderado de la política en Cataluña. El delirio independentista ha llevado a sus líderes a la cárcel. La ley se ha cumplido de forma inexorable. Las manifestaciones callejeras producto de la emoción herida de millones de catalanes, la salida a la superficie del espíritu nacional y el españolismo reactivo de la extrema derecha puede que se acaben disolviendo en la rutina gris de cada día, pero bastará un hecho anodino imprevisible, una voz incendiaria que rompa el equilibrio inestable, para que suceda como cuando una pequeña roca se desprende de una ladera y provoca un alud que se lo lleva todo por delante hasta el fondo del barranco.

https://elpais.com

Picasso-Lautrec, a la luz del aguardiente

Picasso es un genio diabólico que se sirvió de la inspiración de otros artistas para escalar la cima del arte

Exposición Lautrec-Picasso, en el museo Thyssen de Madrid.
Exposición Lautrec-Picasso, en el museo Thyssen de Madrid. B. P.

 

Ignoro si existen pruebas de laboratorio capaces de descubrir las reacciones anímicas que producen las obras de arte. En este caso, si a un esteta muy refinado le colocaran unos sensores en las sienes y en el pecho conectados a un aparato programado para detectar las emociones estéticas y a continuación le mostraran un cuadro de Picasso, no resultaría extraño que en algún punto muy sensible del cerebro de este espectador se produjera una descarga negativa con una primera reacción de repulsa. La obra de Picasso raramente genera una sensación placentera, no despierta en el espectador el deseo de convertirse en una de sus figuras.

Sucede lo contrario con Matisse, un pintor tan goloso y habitable. ¿A quien no le gustaría sumarse a su rueda de cuerpos desnudos que danzan al son de un caramillo de pastor o vivir en una de sus cálidas alcobas de luz color tortilla en las que se ve el mar entre cortinas o acompañarle en su viaje al profundo sur de palmeras y huríes recostadas en los divanes o participar en la alegría de vivir entre muchachas campestres que se desperezan sobre la hierba? Picasso es un pintor admirado, pero no amado. En cierto modo es un genio diabólico, creador de formas, que se sirvió de la inspiración de otros artistas para escalar la cima del arte hasta conseguir su destrucción.

“Esconded a vuestras mujeres”, avisaba algún amigo ante la llegada del seductor Petronio a una fiesta romana. Lo mismo decían de Picasso sus colegas cuando los visitaba en su estudio. Matisse, Braque y Juan Gris solían esconder sus últimos trabajos, porque sabían que se podía apropiar de sus secretos. Ved aquí a Juan Gris en el Bateau Lavoir de Montmartre, alimentado con sopa de huesos de aceitunas tomándose con una seriedad y rigor absolutos su trabajo. A Picasso le bastaba con mirar de soslayo por encima del hombro el cuadro que estaba realizando su amigo con el cartabón para absorber como un mago su contenido y convertirlo luego en una obra propia llena de libertad, humor y descarada soltura sin esfuerzo alguno.

Pablo Picasso ya conocía la pintura de Toulouse Lautrec cuando en 1904, después de dos viajes preliminares, a los 23 años se instaló definitivamente en París, ataviado de joven bohemio con pipa y chambergo. Picasso en Barcelona había sido asiduo de la taberna de Els Quatre Gats, donde Ramón Casas e Isidro Nonell le habían hablado y ponderado el trabajo de ese aristócrata de aspecto deforme, nacido en Albi, en 1864, de cabeza grande, con apenas metro y medio de estatura debido a las piernas atrofiadas por dos caídas del caballo cuya figura se había convertido en un icono emblemático de aquel mundo de cafés cantantes, cabarets, prostíbulos, salas de baile, circos y teatros de Montmartre.

Lautrec seguía el consejo escatológico de Ingres: “Dibuja un buen perfil y cágate dentro”. Bajo la luz pegajosa que exhalaba el vapor del aguardiente en los tugurios, Lautrec había tomado imágenes en directo con el pulso nervioso de aquellas criaturas a quienes la historia, como a él mismo en su divertida perversión, había arrojado al estercolero social y se habían acogido a los últimos placeres malditos.

Pablo Picasso, desde Montmartre, se abatió sobre esa estética y entró a saco en la misma galería de personajes cuando Lautrec ya había muerto a los 37 años. Llegado a este punto, si uno visita la exposición en el Museo Thyssen donde se muestran los cuadros de la época azul de Picasso superpuestos a la obra de Lautrec, cabe preguntarse cuál de estos dos formidables artistas es el verdadero creador, a quién pertenecen en propiedad intelectual estas criaturas desesperadas, en qué cuadros hay más técnica, más verdad, más compasión. Es una cuestión muy difícil de dilucidar. En Lautrec hay dolor y vicio, él mismo era una de esas figuras ebrias y malditas, un señorito calavera, que formaba parte del paisaje nocturno. Picasso solo era un artista superdotado, un profesional que levantó acta de una miseria ajena.

En 1906 se celebró en París la exposición retrospectiva de Cezànne. En ella, Picasso descubrió que Cezànne, al modular las figuras por planos con espátula, había desestructurado la materia. El cubismo había empezado y Picasso libre, diabólico y feliz llevó esta destrucción hasta las últimas consecuencias, empezando por el rostro de sus amantes. No es ilícito pensar que Picasso pudo sentir un supremo gozo creativo a la hora de descuartizar a las mujeres, reinventar sus cuerpos y extorsionar su expresión para hacerlas completamente suyas creándolas de nuevo a su antojo. “Cuando un cuerpo de mujer no cabe en el cuadro, se le cortan las piernas y se ponen al lado de las orejas”, decía Picasso. Los sensores en las sienes y en el corazón de un esteta refinado podrían detectar esta verdad: Picasso será siempre un revulsivo.

https://elpais.com/cultura

Terror solar

El buen tiempo inmutable será una maldición que acabará creando pánico

Reportaje sobre cambio climático en La Manga del Mar Menor, Murcia.
Reportaje sobre cambio climático en La Manga del Mar Menor, Murcia. CARLOS ROSILLO

 

Una eterna primavera puede convertirse en una forma de terror. Si uno consulta en Internet la temperatura del valle de Josafat, donde se va a celebrar el Juicio Final, resulta que allí siempre brilla un sol radiante, de 27 grados, con ligera brisa y noches estrelladas, un clima ideal para acoger la ingente masa de una humanidad culpable. Esa gente feliz que a estas alturas del año, camino ya de la Navidad, llena las playas del Mediterráneo y chapotea con toda inocencia en el agua, no sabe que en cierto modo está viviendo un ensayo del Apocalipsis. Hasta ahora se nos ha hecho creer que el fin del mundo se producirá con una lluvia de fuego bajo un sonido de trompetas que los ángeles fieros tocarán para despertar a los muertos. Pero también podría suceder que este espectáculo escatológico en medio de las tinieblas fuera sustituido por un perenne cielo azul, producto de un anticiclón ferozmente anclado en las Azores, de forma que la caricia de un sol azucarado en la piel se convierta en un placer insoportable. La eterna primavera producirá la locura en las semillas y la gente sabrá que el fin del mundo está cerca cuando haya que segar el trigo en enero y se vuelvan carnívoras todas las flores de mayo. El buen tiempo inmutable será una maldición que acabará creando pánico, pero lejos de flagelarse como los penitentes en las procesiones medievales, la gente seguirá chapoteando en aguas del Mediterráneo y sobre esa convulsa masa carnal extendida en las playas, extenuada en la propia felicidad, se abrirá el Séptimo Sello y el veredicto fatal de la historia será emitido. El siniestro oficio de los antiguos profetas que se relamían anunciando toda suerte de calamidades en las postrimerías lo ejercerán ahora los hombres del tiempo y sus pronósticos de un Sol primaveral, deslumbrante e interminable serán nuestra condena.

https://elpais.com

A la sangre

Por fortuna el himno español no tiene letra. Nada hay más elegante que permanecer con la boca cerrada ante versos que llaman a degollar al enemigo

Vecinos de Castellón despiden con gritos de ánimo a guardia civiles destinados a Cataluña para reforzar el dispositivo policial ante el referéndum del 1 de octubre.
Vecinos de Castellón despiden con gritos de ánimo a guardia civiles destinados a Cataluña para reforzar el dispositivo policial ante el referéndum del 1 de octubre. DOMENECH CASTELLÓ EFE

 

Todos los himnos nacionales están cargados con la pólvora de unas letras fatuas, violentas e incluso sanguinarias. Cuando suenan en los estadios al iniciarse un encuentro deportivo internacional los jugadores de cada equipo abrazados por los hombros en la cancha las entonan, unos con ardor, otros con desgana, y entre ellos siempre hay uno que oficia de gran patriota, al que solo le falta aporrearse el pecho como un gorila en celo mirando hacia lo alto. En LaMarsellesa se pide que la sangre impura inunde nuestros surcos; los germanos gritan: “Alemania sobre todo el mundo”; los británicos exclaman: “Oh, señor, nuestro Dios, levántate y dispersa a los enemigos”; “Listos para morir, Italia llama a sus hijos”, cantan los italianos; los norteamericanos con la mano en el corazón invocan la tenebrosa lucha, el rojo fulgor de los cohetes, las bombas estallando en el aire; y en Els segadors, para no ser menos, se anima a defender a la patria catalana con golpes de hoz. Por fortuna el himno español no tiene letra. Nada hay más elegante que permanecer con la boca cerrada ante esta clase de versos crueles elaborados por poetas mediocres, que llaman a degollar al enemigo. Mas cuando ya parecía que ese himno, hasta ahora en poder de la derecha, empezaba a ser emocionalmente aceptado por la izquierda a través de los éxitos deportivos, la reacción contra el independentismo catalán lo ha puesto de nuevo al servicio de un españolismo en algunos casos rancio y muy burdo, servido por una testosterona de muy baja calidad. Ahora la letra del himno español la constituyen, por un lado los infames abucheos de los independentistas en los estadios y por otro los mazazos de Manolo el del bomboy los gritos de ¡a por ellos!, bajo el amparo del toro de Osborne, una marca de coñac, estampado en la bandera nacional. Los dioses ciegan a los que quieren destruir.

https://elpais.com

¿Existe todavía la España de Zuloaga?

Un público compuesto en su mayoría por personas de edad consolidada y de diseño antiguo admiran la obra del pintor vasco

Exposición de Ignacio Zuloaga en la Fundación Mapfre, en Madrid.
Exposición de Ignacio Zuloaga en la Fundación Mapfre, en Madrid. B.P.

 

Cuando un artista es muy poderoso, acaba siempre por crear un público a su propia imagen y semejanza. En la muestra del pintor Ignacio Zuloaga, que se celebra en la sala Mapfre de Madrid, se puede comprobar una vez más esta relación mágica. Consiste en que la mayoría de espectadores de la obra de un gran artista suele tener un diseño físico muy parecido a las figuras de los cuadros. Esta misteriosa atracción mutua se da a menudo en los grandes eventos artísticos en galerías y museos. El arte joven produce espectadores jóvenes, la pintura abstracta atrae a espectadores desinhibidos, la estética pop se ve rodeada de espectadores alegres y desenfadados, el realismo social engendra espectadores serios y comprometidos, el informalismo genera estetas informales, las instalaciones, performances y happenings disparatados acumulan siempre gente loca alrededor, que juega a convertirse ella misma en obras de arte. En este caso al mundo recio y oscuro de Ignacio Zuloaga, compuesto de damas de negro, caballeros severos, toreros y manolas, retratos adustos con galgos puntiagudos, castillos y paisajes bajo nubarrones morados, que se corresponde con un público compuesto en su mayoría por personas de edad consolidada, hombres y mujeres de diseño antiguo, que contemplan los cuadros como quien se mira en un espejo de luna del armario con una actitud reverente y educada. Parecen ser españoles muy españoles los que deambulan en silencio por el aire denso y penumbroso de la sala, admirados por la maestría del pintor que, en su momento, pese a ser vasco, encarnó el espíritu nacional castellano.

Esta mutua atracción como fenómeno estético se manifestó públicamente por primera vez en la exposición que en 1964 Andy Warhol realizó en Filadelfia. Por un percance del transporte los cuadros no llegaron a tiempo a la galería; no obstante, la inauguración se celebró con las paredes vacías. Warhol desde un altillo descubrió que la sala se parecía a una pecera llena de crustáceos que se movían, excitados unos por otros, como única fuente de energía. A nadie le importaba que no hubiera cuadros. Estaban allí solo para mirarse en el espejo del artista como única forma de existir. En ese momento, Warhol tuvo la revelación de que aquellas criaturas que llenaban la sala eran su obra de arte. Si un bote de sopa Campbell es un icono americano, ¿por qué no podemos serlo yo ─se dijo el artista─ y cada uno de los espectadores? Su verdadera creación eran aquellos extraños seres que había conseguido reunir entre cuatro paredes blancas y que no se parecían en nada al resto de los habitantes de Nueva York, sino solo a sí mismos como tribu, el rostro blanco con polvos de arroz, adornada la cresta roja con plumas de marabú y el cuerpo anoréxico alicatado con cristales de colores.

Esta relación mágica no solo se produce en las galerías y en los museos; se expresa también en la historia de un país y conforma la imagen de una sociedad. Ignacio Zuloaga, nacido en Eibar en 1870, es el pintor coetáneo de la Generación del 98 y asume plásticamente la estética de la España Negra, con el derrotismo de una literatura amarga, que trata de revivir el espíritu castellano como símbolo de lo español. Pese a que se formó en París en 1890, donde pudo absorber todo el aire de la modernidad y las alegres vivencias del arte como una fiesta feliz, de regreso al país, adherido a un clasicismo pictórico, frente a la España luminosa de Sorolla adoptó el aire conservador, tradicionalista e incluso reaccionario. Su talento y poder como artista está fuera de discusión, pero Zuloaga tiene una dimensión política, puesto que puso su arte al servicio de una opción ideológica franquista hasta el punto de pintar al propio dictador como figura histórica y al general manco Millán Astray como modelo de heroísmo. Si Pablo Picasso con el Guernica produjo un grito mundial contra la violencia fascista, Zuloaga trató de plasmar como réplica el asedio del Alcázar de Toledo en 1936 por las fuerzas republicanas. El contenido nacionalista de su obra está aliado a la celebración de tradiciones populares, escenas de labriegos segovianos a la sombra de su boina, de señoras con mantilla negra, de poblachos con campanarios envueltos en nubes atormentadas. Más allá de esta plástica potente, pero estéticamente rancia y tenebrosa, la pregunta que uno se formula ante la exposición de Zuloaga es si la España de este pintor existe todavía, si esos espectadores de aspecto grave que deambulan por la sala son figuras escapadas de los cuadros en busca del autor. Junto a la muestra de Zuloaga, en la sala contigua se exhiben unas pinturas de Joan Miró. La sala estaba deshabitada y llena de luz. Solo una joven, abanicándose con un catálogo, contemplaba un óleo surrealista lleno de estrellas. Esta única espectadora, de belleza transparente, era también una criatura de Miró.

https://elpais.com/cultura