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17may/130

Low – Words

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13may/130

EL BARRIO & Todo Tiene Su Fin

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11may/130

El gran archivo digital de una banda mítica: los Grateful Dead

Foto: Jefferson Airplane and Grateful Dead Concert Souvenir Pin (CC) Toronto History @ Flickr

Este artículo se publicó originalmente en Trend It Up, un blog de Sony Mobile donde colaboramos con anotaciones sobre el mundo de las tendencias combinadas de la tecnología, el diseño y las artes.

Los amantes de la música en general y de los proyectos sociales sobre contenidos multimedia en particular apreciarán el inmenso trabajo realizado en el Archivo Online de los Grateful Dead, una especie de archivo polifacético construida alrededor de 45.000 piezas digitalizadas de música, fotografía, vídeos y otros contenidos. Lo ha puesto a disposición del público la UCSC (Universidad de California en Santa Cruz, Estados Unidos).

La famosa banda de rock nacida en la época hippie de los 60 pasó con el tiempo por toda una variedad de influencias musicales, lo que le proporcionó un estilo único. A los ritmos del rock añadieron muchas veces el reggae, el folk o incluso el jazz y otras formas de improvisación. Por el grupo han circulado todo tipo de aristas, aunque Jerry Garcia (fallecido en 1995) fue considerado siempre el líder de la banda. El ciberactivista John Perry Barlow (en Twitter@jpbarlow), conocido por ser uno de los pioneros de Internet y las comunidades digitales, fue uno de los letristas de la banda.

Archivo Online de los Grateful Dead

Al igual que con la recopilación de la vasta colección de vinilos de John Peeluna característica impresionante de este archivo es su tamaño: es bien sabido que la producción de los Deads fue numerosa, tanto en álbumes cono en especial por las grabaciones en vivo de conciertos. La banda de rock psicodélico hizo las rondas por todo el mundo desde mediados de los años 60 a mediados de los 90 casi sin interrupción; los años en que celebraban solo tres o cuatro conciertos se consideraban «prácticamente de vacaciones».

A diferencia de otras colecciones, en ésta también destacada la gran variedad de formatos que han logrado reunir: desde grabaciones de los fans en países remotos a fotos, vídeos, fanzines, postales, carteles y papeles firmados por los miembros de la banda, camisetas creadas por los fans, entradas de conciertos, entrevistas de radio y muchos más.

En la experiencia han participado tanto expertos de la UCSC como deadheads,los incansables fans de la banda que han proporcionado los materiales para completar el archivo. La Universidad realizó el trabajo de pedir meticulosamente los permisos a todos los propietarios de los derechos o bien investigar si ya estaban en el dominio público y podían utilizarse dentro de los denominados usos justos debido a que se trata de una web educativa y no-comercial.

Ahora todo el arte de los Deads, su música y lo que ha rodeado a la mítica banda durante tantos años está a solo unos clics del ratón ¿Se puede pedir más?

{Foto: Jefferson Airplane and Grateful Dead Concert Souvenir Pin (CC) Toronto History @ Flickr}

fuente: http://www.microsiervos.com/

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Gravity (Live) by John Mayer

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Mozart, Sinfonía Nº 40 en sol menor K550

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El dolor y la sinfonía “pastoral”

Una violinista narra la intensa experiencia física de interpretar una pieza de Beethoven.

¿No es hermosa la sinfonía “Pastoral” de Beethoven? Una música encantadora que vaga con el oyente por arroyos, praderas y toda esa bendición que son los cantos de las aves. Es una obra que te lleva de la mano y te pone a soñar y te recrea. ¡Es magnífica! Ahora la estoy tocando en una gira europea con la Orquesta de Cámara de Escocia, bajo la dirección de Robin Ticciati.

Pero me gustaría contarles acerca del dolor. Aguanten conmigo. El dolor es una parte importante del placer. Vengan. Siéntense en mi puesto por un minuto. Estoy en la segunda silla, al lado del violín principal, bastante cerca del codo derecho del director. Si se le zafara la batuta, podría caerme en el ojo.

Ahora bien, como segundo violín, mi trabajo consiste en ir desplazando las partes interiores de la música. En esta obra, como en muchos otros casos, hay que tocar un montón de semicorcheas. Por ejemplo, en el segundo movimiento, la música se derrama, representando el agua de una quebrada que cae sin cesar. Mi consejo en este caso es hacer ejercicios de estiramiento para lograr flexibilidad en los brazos. Y esta quebrada en particular se demora mucho tiempo fluyendo, de modo que uno le pide al cielo que el director no la vaya a hacer demasiado lenta.

En ese sentido, es una suerte tener a Ticciati en el podio. Sus tempos son preciosos. El movimiento de los brazos se siente perfecto. Incluso uno se puede relajar. Durante tres movimientos, toda va a estar bien.

Pero entonces, recordarán ustedes, viene una tormenta. La mente tiene que estar preparada para un cambio dramático de actitud. En ese momento hay que pensar como un atleta que va a correr una larga distancia: la carrera más importante de la vida. Al comienzo vienen unos pocos compases de gotas de lluvia, pero luego llega la locura, el infierno. Agárrense del mástil. Toda la orquesta sobre el escenario va a desgarrar el aire con truenos, rayos, viento, lluvia, sin parar durante dos páginas. Hay que tener presente que no todos los compases son de igual importancia: uno se puede desgastar con tanta emoción. Si uno le pone mucha energía al comienzo, es improbable que llegue al final.

Más o menos a la mitad de la tormenta, ¿por qué no levantar la vista? A través del sudor, con la vista empañada, puedo divisar las violas al otro lado. Son mis socias en este movimiento sin descanso, barriéndolo todo. Asumiendo que los músicos estén todavía erguidos en sus sillas, será fácil ver los ceños fruncidos y las mandíbulas apretadas, signos de que están luchando con toda esa acumulación de ácido láctico en los músculos del brazo derecho.

Y justo cuando piensas que la tormenta te va a destruir y que no vas a aguantar un segundo más, aparece en el horizonte esa señal de esperanza: una redonda, una nota larga, una nota lenta. El brazo derecho cae, el cuerpo se desbloquea de aquel espasmo, los oídos zumban un poco. Aflojando, uno se arrastra hacia el cambio de tono. En esa línea Beethoven escribe “dolce”. La flauta se eleva desde los escombros hasta un plano elevado de alivio, de dicha, y aquí estamos en el último movimiento. Lo has logrado. Los vellos de la nuca se erizan ante toda esa belleza.

Ese pasaje del dolor físico a la bienaventuranza es una sensación muy poderosa. Tan poderosa que está marcada en algún lugar profundo de mi cerebro. Una vez estaba en una cama de hospital, recuperándome de una operación, con enfermeras que me daban morfina. La morfina no estaba haciendo efecto, pero me dijeron que ya no podían suministrarme más. Entonces pedí que me trajeran mi iPod.

En aquella sala de recuperación descubrí que la experiencia de tocar la sinfonía “Pastoral” se había asentado en mis conexiones neuronales. Mientras escuchaba, mi cerebro iba repasando la música que conocía tan bien, aun cuando mi cuerpo estuviera inmóvil. Y ese contento y ese alivio que emergieron en mi mente en el último movimiento fueron los mismos. Ese día la música probó ser más potente que la anestesia. Con las notas de Beethoven en mi flujo sanguíneo, de repente ya no había más dolor.

© Gramophone, 2012

Rosenna East

Fuente: http://www.elmalpensante.com

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2may/130

El blues y la armónica. Soplar, aspirar y también llorar

Por: Fernando Navarro |

 

Armonica-Blues1

Amantes del blues, amigos de la música norteamericana, hoy puede ser un buen día para disfrutar con el recorrido que nos propone nuestro invitado en la sección Parada para repostar. Christian Val, periodista que ha pasado por Radio 3 y La Sexta Noticias, nos hace viajar de Mississippi a Chicago, pasando por más lugares emocionales impulsados por el sonido afilado de la armónica, ese instrumento que rasga como pocos el espíritu. Disfrutad del viaje. Es un recorrido maravilloso, perfecto para los caminos que transitamos en este blog.

Texto: Christian Val

La silueta de un hombre negro en el porche de una roída casa de madera es lo único que alcanzan a ver tus ojos, chico. Llega el ocaso en el delta del Mississippi, en un lugar en mitad de la nada cerca de Parchman Farm, donde se ubica la penitenciaría del Estado de las consonantes duplicadas. El polvo difumina su perfil, dotándolo de tonalidades ocres en un paisaje bello en su austeridad. Su cuerpo reposa exhausto sobre una mecedora, y sus manos, ajadas por el esfuerzo en el agro, aprietan contra su boca un instrumento de regusto metálico que posee características estrictamente humanas. Dicen que la armónica es capaz de llorar.

Blues armonicaEl bueno de Muddy Watersaseguraba que el Blues tuvo un hijo y lo llamó Rock and Roll. Nieto por tanto del Jazz, pensarán algunos. El vástago nos salió rebelde, alejado de la estricta disciplina parental, renegando de los característicos doce compases y tres acordes que férreamente abrazaba papá y rasgando la cortina melancólica que teñía las composiciones de Blues para pasar a engatusarnos con sonidos de festiva algarabía. El estado de ánimo depresivo de los esclavos que provienen de África se convierte en eléctricos impulsos con el cometido de acelerar las caderas de los jovenzuelos estadounidenses. La amplificación de la guitarra hizo el resto. Y en este acto de poética adolescencia, renegar de las raíces es solo una cuestión de tiempo. La armónica quedó relegada a un segundo plano, escondida en una caja de cartón dentro de la despensa, en la balda donde se guardan las cosas que acaban dándose por perdidas.

Bien es cierto que los grandes del conglomerado-conocido-popularmente-como-rock han usado habitualmente en alguna de sus composiciones el instrumento que nos ocupa. Nombres tan conocidos y a la vez tan dispares como Bob Dylan, The Rolling Stones, Bruce Springsteen, Stevie Wonder, The Beatles, Van Morrison, Jethro Tull, Billy Joel, Johnny Cash, The Doors, Led Zeppelin, Pearl Jam, Aerosmith, Alice in Chains y hastaAlanis Morrisette (todos rebuscados al azar en mi frágil retentiva, pero hay miles de ejemplos más) se han valido de nuestra pequeña amiga para adecentar sus canciones en alguna ocasión.

Ni qué decir tiene que está más que presente dentro del Country, el Folk y en otras ramas de la Americana. Pero su lugar no es ese. La armónica, desde sus metálicos recovecos internos, solo conoce un idioma. Gime en forma de lamentos. Sabe llorar Blues.

Y es en ese caldo de cultivo, sumergida entre los tiempos difíciles y la opresión racial, donde la armónica florece. Regada por un sempiterno compás de 4/4. Se basa en el desplazamiento del aire en su interior, que hace vibrar una serie de lengüetas insertadas en sus diez agujeros (si se trata de las diatónicas, las más usadas y conocidas genéricamente como “armónicas del blues”). Soplar y aspirar. Tan fácil como su somera descripción es su manejo. Todo el mundo que haya intentado tocarla por primera vez se habrá sentido medianamente satisfecho tras una torpe ejecución. Pero otra cosa muy diferente es saber arrancar en sus notas todo el sentimiento que atesora.

Harmonica2El término “Harmonica Blues” hace referencia a cualquier estilo de blues en el que la armónica lleva el peso imperante. Aunque estuvo presente desde los comienzos en muchas grabaciones de Country-Blues, es en la década de los cincuenta cuando se convierte en elemento esencial, gracias a la amplificación de su sonido, convirtiéndose en un elemento reconocible del Electric Blues, particularmente en su vertiente de Chicago.

Cabe reseñar que todos los grandes de este instrumento se valen de una técnica similar, llamada Cross Harp, que para no entrar en enrevesados tecnicismos diremos que se basa fundamentalmente en aspirar las notas, y no tanto en soplarlas, para generar un efecto de vocalización. Ahora la armónica no solo llora, también quiere hablar.

El precursor de este modo determinado de tocar que se convertiría en la biblia del armonicista fue Sonny Boy Williamson I, (de nombre John Lee Curtis Williamson y nacido en Tennessee) un auténtico virtuoso que junto con Sonny Terry o Slim Harpo sentarían las bases del blues rural, caracterizado por el uso de técnicas de acompañamiento mediante las manos y la propia lengua.

Lejos de juicios sumarios sobre quién es la gran leyenda de la armónica, los eruditos en la materia suelen converger al asegurar que existe un triplete de grandes maestros. Uno de ellos tenía por nombre Big Walter “Shakey” Horton, un hombre extremadamente tímido, que recibía ese apodo por padecer nistagmo, una enfermedad en la visión que hace que los ojos se muevan frenéticamente de forma involuntaria. De él Willie Dixon, otro grande en la materia, aseguró que se trataba del mejor armonicista de la historia.

Sí, parece que Big Walter no se andaba con chiquitas, aunque Little Walter no le iba a la zaga, pese a que la comparativa de sus apodos le sitúe en mal lugar. Pero no teman, estamos ante el gran renovador de la armónica, al nivel que pudieron mostrar Charlie Parkercon el saxo o el mismísimo Jimi Hendrix con la guitarra. Hasta el punto de ser considerado el adalid del Electric Harmonica Blues. Alcohólico y adicto al juego, acabó muriendo de una trombosis tras una pelea callejera.

En los dos casos anteriores, Big y Little Walter se decantaron por amplificar el sonido mediante micrófonos, pero el tercero en discordia quiso alejarse de esa pomposidad sonora. Se trata de Sonny Boy Williamson II (no confundir con el primero, anteriormente citado, entendemos que la cotidianidad con la que ciertos caballeros del Blues adoptaban el nombre de sus ídolos puede llevar a equívoco), de nombre real Rice Miller, que colaboró con artistas de la talla de Muddy Waters o Jimmy Page y bandas como The Animals o The Band. Considerado por muchos la última gran leyenda del Blues.

Sin desmerecer a este trío de ases, podemos incluir entre los más grandes del género a una gran cantidad de artistas. Por ejemplo un tal George “Harmonica” Smith , devoto del buen hacer de Little Walter e integrante durante varios años de la banda de Muddy Waters. También Junior Wells, colaborador habitual de los Rolling Stones, al igual que Sugar Blue(memorable su interpretación en “Missing You”, archiconocida tonada de sus satánicas majestades). James CottonCarey BellJimmy Reed, Jazz Gillum, Jason Ricci, Billy Branch o Howlin´Wolf son sólo algunos de los eslabones de una cadena muy bien engrasada. Y si a solas son brillantes, cuando les da por juntarse la tierra tiembla. Para muestra, cuatro fueras de serie hacen de las suyas en un maravilloso trabajo editado en el año noventa llamado Harp Attack.

 

El perfil de los grandes nombres de la armónica se corresponde con una descripción física concisa y apabullante. Si tuvieran que elaborar un retrato robot sobre su fisonomía, apostarían más de dos centavos sin miedo a perderlos al afirmar que se trata de un hombre de raza negra. Y es que pocas mujeres han podido levantar la voz dando muestras de su sobrado talento. Annie Raines, Cheryl Arena, Christelle Berthon o Big Nancy son algunos ejemplos paradigmáticos. Una de las más reconocidas es Big Mama Thornton, pura energía y todo actitud, como se aprecia en esta jam session de armónica junto al idolatrado John Lee Hooker.

Sería igualmente injusto no reconocer el trabajo de grandes artistas blancos en la materia. Entre ellos, Charlie Musselwhite, célebre en las últimas fechas por su colaboración con Ben Harper,  Paul Butterfield, el archiconocido Eric Clapton, Paul deLay, John Mayall (la cara más visible del Blues inglés) o un auténtico orfebre del sonido, Buddy Greene.

Y así, tras el acercamiento sumarísimo al ingente panorama de tan peculiar instrumento, la silueta de un hombre negro en el porche de una roída casa de madera separa sus labios de la armónica. Los seca con la manga de una camisa de cuadros, que utiliza también para quitar cuidadosamente la humedad aún latente en el instrumento. Se incorpora, y la mecedora se pone a temblar al verse desprovista de su peso, mientras él implora para que los sonidos apesadumbrados que ha escupido al viento echen raíces en la tierra yerma. Quizá mañana.

Texto: Christian Val, periodista ávido de colaboraciones que ha pasado por Radio 3 y laSexta|Noticias, autor del blog El día que murió la música.

http://blogs.elpais.com/ruta-norteamericana

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