El arte contemporáneo, ¿a punto de explotar?
Por: Miguel Ángel García Vega
La Plaza del Duomo (1968) de Gerhard Richter es la obra más cara de una artista vivo adjudicada nunca en una subasta. Se acaba de rematar por 28,85 millones de euros.
“Es repugnante que una pintura mía se venda por 15 millones de euros”. La frase reverbera en las paredes acristaladas y sobre los muros de hormigón de la racionalistaNational Galerie de Berlín. Quienes escuchan, callan. Gerhard Richter (Dresde, Alemania, 1932) es un mito en vida de la pintura contemporánea. Tiene 80 años y una de las carreras más sólidas del mundo de arte. Al igual que Bob Dylan, que tuvo una etapa acústica y otra eléctrica, la trayectoria del creador alemán ha dejado dos grandes momentos: el realista y el abstracto. En los dos ha innovado. En los dos ha creado escuela.
Pero Gerhard Richter, que continúa manteniendo su célebre genio, se pelea con el insensible mercado del arte. Los 37,1 millones de dólares (28,85 millones de euros) que acaba de pagar en Sotheby’s el financiero neoyorkino Donald Bryant por el lienzo realista La Plaza del Duomo de Milán, pintado en 1968, le han convertido en el artista vivo más caro del mundo. Y también en uno de los más enfadados. Quienes le conocen saben que ver sus obras rematadas por esas cifras le produce una sincera aversión. “El arte es ajeno al mercado”, repite, como una letanía.

Dustheads se ha convertido en la obra más cara de Basquiat vendida en subasta al rematarse por 38 millones de euros la semana pasada en Christie's Nueva York. © 2013 The Estate of Jean-Michel Basquiat/ADPAP, París/Ars, Nueva York.
Sin embargo, el mercado ignora todas las opiniones. Incluso las de un maestro como Gerhard Richter. Tiene sus propias leyes de atracción. Su propia gravedad. Los precios que suben no siempre bajan. Aun así, nadie esperaba lo ocurrido en los últimos días. En la subasta del pasado 15 de mayo, Christie’s recaudaba 495 millones de dólares (385 millones de euros). Nunca antes, en la historia, se había alcanzado semejante cifra en un solo día y en una sola sesión. Incluso el todopoderoso Larry Gagosian, el marchante más rico del mundo, se frota los ojos. “Es asombroso que Christie’s haya vendido arte por valor de 500 millones de dólares”. Y hace una comparación reveladora en un país como Estados Unidos. “Pocas películas recaudan esa cifra a lo largo de toda su vida comercial. Y la venta duró casi lo que dura una proyección. Es una muestra del poder del mercado”.¿Pero no será también el comienzo de la burbuja? ¿Está el mercado del arte a punto de explotar?
Arte y Bolsa, disparados
“No”. La negación, categórica, procede de Alexander Rotter, responsable del departamento de arte contemporáneo de Sotheby’s. Una sala que también se dio un atracón de dinero al conseguir, en la subasta que, escribámoslo así, contestaba a la de Christie’s, unos 294 millones de dólares (228,6 millones de euros). “Esa cifra estaba dentro de nuestras estimaciones antes de la venta. De hecho, la subasta despertó el interés de un amplio grupo de coleccionistas de todo el mundo”, apunta Alexander Rotter.
Onement VI (1953) de Barnett Newman. La pintura se vendió hace pocos días en Sotheby’s por un precio récord de 34,07 millones de euros.
Estas son las palabras que hemos recogido desde Estados Unidos e Inglaterra. Pero, ¿y en España? ¿Qué piensan nuestros coleccionistas? ¿Hay burbuja? ¿Les afecta? “No hablaría de burbuja, si bien es cierto que algunos artistas pueden estar sobrevalorados. Desde aquí vemos las cosas bajo un prisma muchas veces viciado debido a la terrible crisis que sufrimos, que no es distinta a la que han pasado otros países y mercados. Incluido el del arte.Las subastas de Estados Unidos baten récords, pero también la Bolsa estadounidense se encuentra en máximos históricos y sube desde marzo de 2009”, describe el coleccionista y empresario Carlos Pérez.
Hay más opiniones y miradas. Algunas con más recelo y otras con un aire de resignación. “El arte se mueve acorde con todos los demás mercados. Hay mucha liquidez y la gente está buscando activos desesperadamente, y esto provoca que suban los precios”, reflexiona la coleccionista Estefanía Meana. ¿Burbuja? “No lo sabría decir” –avanza Meana–, “pero creo que las buenas obras no van a desplomarse dramáticamente. Sobre todo porque el arte es un bien escaso”.

Piero Manzoni alcazó con Achrome (en la imagen), un obra realizada en caolín sobre lienzo y fechada en 1958, su récord personal al adjudicarse el 15 de mayo pasado en Christie's por 11,06 millones de euros.
Una vida en diez minutos
Sin embargo, sumando los años de Estefanía Meana y Carlos Pérez casi alcanzan a los de Marcos Martín Blanco. Es la suya una mirada de otro tiempo y, también, acumula otras vivencias. La de un coleccionista que quizá alberga la mejor colección de pintura americana de los años ochenta y noventa de Europa y que, todavía, sigue muy activo en el mundo de las subastas. “La competencia por los mejores lotes es feroz. Se vende, y mucho. Sobre todo las piezas maestras, lo que yo llamo museables. Esas, vuelan”. ¿Y quiénes las compran? “Han llegado nuevos coleccionistas, que representan a las economías emergentes (América Latina, Oriente Medio, Turquía e incluso África), y se están mostrando muy agresivos a la hora de pagar elevados precios. Lo que a algunos nos ha llevado toda una vida, ellos quieren conseguirlo en diez minutos. Tal es la voracidad”, se lamenta Martín Blanco.

Rehin, una fotografía de gran formato (186 x 222 cm) del alemán Andreas Gursky, encontró comprador el 16 de mayo pasado en la sala de subastas Phillips por 1.497.370 euros.
Y esto, como fichas de dominó que se empujaran unas a otras, deja fuera de juego a bastantes coleccionistas. “Es una pena que los precios suban tanto, ya que muchos de los artistas que sigo ya no los podré comprar. No he participado nunca en subastas y jamás he vendido una pieza pero, aunque lo veo algo lejano, al final te afecta”, reflexiona Carlos Pérez. Es más, “esos grandes compradores y esas ingentes cantidades de dinero de que disponen te impiden acceder a ciertas obras. Así que si ya es difícil coleccionar, por el esfuerzo económico que representa, lo llevan hasta lo imposible. Al extremo”, cierra el coleccionista y abogado Paco Cantos.
Gursky ya es más rentable que el S&P 500
La envidia
Imagen de "La Envidia" de Giotto di Bondone, Capilla de los Scrovegni 1302-5 en Padua.
Esta joya del primer artista que contribuyó a la creación del Renacimiento italiano pone rostro a las miserias del alma: de todas la peor "La Envidia" protagonista de esta obra.
Acompañamos fantástica reflexión sobre la misma:
"el envidioso acaba odiando a quien más lo ayuda, pues evidencia su mediocridad"

Imagen del dìa: El reflejo

Título: El reflejo
Técnica: Carboncillo y lápiz conté sobre papel Ingres
Medidas: 75 x 55 cms
Año: 2013
Nombre y País del Creador: Gustavo Vega VasquezChile
Renacer

Técnica: dibujado a mano alzada con lápiz grafito,y coloreado digitalmente.
Autor: Sebastián Gutiérrez
(Chile)
Demencia
El Gobierno lleva meses haciendo ojales a la espera de que se manifiesten mágicamente los botones. Y hemos dicho ojales por no decir agujeros, pues los hace sin cuidado alguno, introduciendo la tijera a lo bruto, dañando la tela, sin remates, sin fruncidos, sin la sensualidad labial que se le supone a esa hendidura. Lo malo es que detrás de la tela estamos usted y yo, están nuestros cuerpos, llenos de heridas, algunas de carácter grave. Heridas en la sanidad, en la educación, en la cesta de la compra, en la investigación médica y tecnológica; heridas en la alimentación infantil, en el cuidado de los dependientes, en el respeto a los ancianos, en la limpieza de las ciudades, en la economía doméstica; heridas en el estado de ánimo, en la democracia, en el orden público, en las bibliotecas, en el cine, en el teatro…
No hay aspecto de la vida comunitaria que no hayan atravesado brutalmente con la punta de la tijera. Es para hacer ojales, dicen, de manera que cuando lleguen los botones tengan donde abrocharse. Pero los botones no llegan; es más, los botones huyen espantados porque son amigos de las proporciones, de las cosas bien hechas, y no se abrochan así como así a cualquier abertura. Y a la furia con la que vienen haciendo lo que venimos llamando eufemísticamente ojales se le añade la ceguera loca del que no está dispuesto a aceptar la realidad. Ayer mismo, Rajoy y Báñez y Guindos aseguraban que la reforma laboral, uno de los grandes rotos de estos sastres chiflados, está dando ya sus frutos en lo que se refiere al empleo. ¡En lo que se refiere al empleo! Empezaron mintiendo, y a base de repetir la mentira como una letanía han acabado delirando. Y mientras ellos deliran, los bárbaros del norte nos aprietan las tuercas. Lo raro es la fascinación catatónica con la que la oposición asiste al espectáculo.
JUAN JOSÉ MILLÁS/elpais.es
La pintura es de: ROBINSON TAPIAS GUARIN Pinturas al pastel y fotografia BOGOT
Enrique Gran

Enrique GRAN. De sus figuras enigmáticas al mundo del cómic.
Fuente: http://www.facebook.com/pages/Fundación-Enrique-Gran
Aquel muchacho de Hoboken
A mí siempre me pareció que Frank Sinatra sonreía con cierta desgana, como si supiese que la felicidad no fuese realmente otra cosa que un pasajero mal sabor de boca. Quince años después de su muerte, nadie ha ocupado su lugar en los escenarios y es dudoso que haya alguien capaz de hacerle sombra en el cementerio. Será difícil que aparezca otro como él, no sólo porque su voz es irrepetible, sino porque cuesta creer que la naturaleza se prodigue en la recreación de otro tipo humano tan peculiar como Frankie, aquel muchacho pendenciero de Hoboken que envejeció con la certeza de que no había en su vida un solo vicio que en el caso de renunciar a él no supusiese el desprestigio de su mala fama y la ruina de su voz. Quienes condenan su mala vida, en el fondo le admiran precisamente por lo mismo que le reprueban. Fue tan duro, tan correoso, y fue tan trasnochador el jodido de Frank, que cuesta creer que la muerte no se quedase dormida cinco minutos antes de fijarse en él. Llegó muy joven a lo más alto y puso luego el mismo empeño en caer hasta donde ningún otro se habría levantado. Fue violento y generoso, sincero y socarrón, un tipo entusiasta y a la vez con un sofisticado sentido de la soledad y una elegante intuición para convertir la tristeza en una refinada variante del placer. Unas cuantas mujeres disfrutaron de su amor y a otras no les importó presumir de haber sido objeto de su desprecio. ¿Qué tenía Sinatra para que todo le fuese perdonado? Fui a un concierto suyo en A Coruña seis años antes de su muerte y había poca gente. Le costaba moverse y subió al escenario con ayuda, pero fumó y bebió mientras ofrecía una actuación inolvidable. Los hombres aplaudimos de pie. Ellas se lo agradecieron sentadas, supongo que mientras esperaban a que secasen sus asientos... (A Santi González)
José Luis Alvite/larazon.es



