Pintura de Susana Reberdito

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Susana Reberdito

Obras de Nicholas Roerich

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Del implacable peso de la Fortuna

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El peso de la sociedad es tan avasallador que apenas queda margen de acción para el individuo. Nos arrastra la corriente. Si el individuo no es ciudadano, sino consumidor, como sucede en nuestros días, sólo vale en la medida en que pague gasolina, recibos de luz, seguro, hipotecas, facturas de teléfono, gastos escolares, el pan nuestro de cada día, etc etc. Un error que me parece fundamental señalar es el error de creer que con esfuerzo lograremos lo que nos propongamos. Esto es totalmente falso. Sería como si una piedra creyera que cae por propia voluntad, cuando es la fuerza de la gravedad la que la impulsa. Las condiciones sociales, la familia, la época, los golpes de destino, nuestro carácter (que no escogemos) nos condicionan de una manera decisiva. Frente a esto bien poco podemos hacer. Esto no es derrotismo, sino lucidez. Preferimos engañarnos, o mejor dicho, nos engañan con ese camelo. Descubrir ese error tiene algo que consuela. Nuestras fuerzas son limitadas. La vida es una cruda lucha por la supervivencia para cientos de millones de casi personas. La pobreza oprime y como se sabe cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana. 
           El azar determina la inmensa parte de nuestra vida. Es un azar nacer. Es una lotería tener o no tener talento. ¿Por qué la naturaleza hace a unos tontos y a otros listos? ¿A unos fuertes y a otros débiles? ¿Aunos vivos y a otros apáticos? 
         Si no sabemos quiénes somos, a dónde vamos ni de dónde venimos, poco más podemos hacer que soportar los caprichosos giros de la Fortuna. Para una persona con suerte (trabajo, familia, dinero) es fácil la virtud y el equilibrio. El afortunado cree, por vanidad, que su felicidad y su virtud se deben a su propio mérito. Y así camina ufano por el mundo, creyéndose invulnerable, mirando por encima del hombro a tantos desgraciados. No, amigo: si tienes una familia ordenada, dinero suficiente, buenas condiciones de vida, es, sobre todo, porque el Destino no te ha mirado con sus ojos verdes y tenebrosos. 
        Construir una vida digna como una zanahoria requiere grandes dosis de sensatez, anfetaminas y desparpajo. ¿Exigirnos mucho? No creo que “si te esfuerzas lo suficiente conseguirás lo que te propongas”.¡Falso! La Fortuna tiene casi siempre (concedamos un margen para no desesperar) la última palabra.  
        Somos huéspedes fugaces en este mundo extraño, marionetas de la suerte. ¿Quién nos conoce? Lo decía Unamuno: “toda vida a la postre es un fracaso”. Pues sí, fracasaremos todos, ¿y qué? ¿Fracasan los gorriones, las medusas, las arañas, las piedras? ¿Qué son el éxito y el fracaso? Un par de impostores. Mejor será que modere mi ambición, que la acomode a la pequeñez de mis fuerzas. ¡Qué minúscula se ha quedado! ¡Qué arrugada! Dejo de divagar. El asunto me supera.

http://selvadevariaopinion.blogspot.mx

Pintura de Raquel Barnatán

Obras de ALFONSO FERRO

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Obras de HECTOR FRANK

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Obras de Ion Pacea

Midnight Sun - Ion Pacea

Still Life With Pomegranates - Ion Pacea

Marina - Ion Pacea

Tree Coming Into Bud - Ion Pacea

Composition with Evanescent Butterfly - Ion Pacea

Cuatro poemas sobre la pintura Su Tung-p’o (Su Shih)

Traducción y versiones de Octavio Paz

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Sobre la pintura de una rama florida
(Primavera precoz) del secretario Wang

¿Quién dice que la pintura debe parecerse a la realidad
El que lo dice la mira con ojos sin entendimiento
¿Quién dice que el poema debe tener un tema?
El que lo dice pierde la poesía del poema
Pintura y poesía tienen el mismo fin:
Frescura límpida, arte más allá del arte
Los gorriones de Pien Luen pían en el papel,
Las flores de Chao Ch’ang palpitan y huelen,
¿Pero qué son al lado de estos rollos,
Pensamientos-líneas, manchas-espíritus?
¡Quién hubiera pensado que un puntito rojo
Provocaría el estallido de una primavera

 

Sobre una pintura de Li Shih-Nan

Serpea por el prado. En sus márgenes todavía
Estragos de la crecida. Claros en las arboledas:
Las raíces quemadas por la helada asoman, oblicuas.
Un botecito de un solo remo —¿adónde va?
Al sur del río, a un pueblo de hojas amarillas.

 

Cuando Yu – K’o pinta…

Cuando Yu-K’o pinta bambúes
Todo es bambú, nadie es gente.
¿Dije que no ve a la gente?
Tampoco se ve a sí mismo:

Absorto, bambú se vuelve,
Un bambú que crece y crece.
Ido Chuang-tse, ¿quién otro tiene
Este poder de irse sin moverse?.

 

 

 

Poema escrito sobre una pintura
de Wang Chin-Ch’ing

Flotan, grises y verdes, sobre el pecho del río:
¿son montes o son nubes? De lejos no se sabe. 
Pero las nubes pasan, se dispersan las nieblas,
aparecen montañas, colinas, arboledas. 
Por riscos verdinegros cien cascadas bullentes. 
Se cuelan por los bosques, saltan entre las peñas,
son de jade y serpean, torrentes son espuma, 
blancas se precipitan entre verdes abismos.
Al llegar a los llanos, los rápidos se juntan
en las aguas pacíficas del río poderoso.
Un puentecillo lleva a una posada rústica,
asida a un farallón. Ir y venir de gente
bajo los quietos árboles. Una motita allá,
donde el azul del río se ha vuelto azul del cielo:13
una barca en lo inmenso perdida…
                                                     Tus pinceles
reviven estas vistas y al mirarlas deseo
un pedazo de tierra, un pedazo de cielo.

Pasé en Wang Cheng tres años: primaveras airosas,
las aguas encrespadas, sereno el firmamento;
del monte a la llanura bajan, de lluvia grávidas,
las tribus de las nubes, nómadas del verano; 
en el otoño límpido, los vuelos de los cuervos
de los arces en llamas a las barcas dormidas;
mediodías de invierno: sobre el mundo en letargo
la sacudida nieve de los pinos enhiestos.
También son de este mundo, no sólo de inmortales,
Wu-ling y la corriente con la flor de durazno14.

 

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Comentario de Octavio Paz

CUATRO POEMAS SOBRE LA PINTURA. POEMA ESCRITO SOBRE UNA PINTURA DE WANG CHIN-CH’ING. Hace más de veinte años traduje algunos poemas de Su Shih (Su Tung-p’o), gran poeta, político y enamorado de la pintura. Entre esos poemas, recogidos en la primera edición de Versiones y diversiones (1974), hay uno que tiene por tema una pintura de Wang Chin-ch’ing: Neblina sobre el río Yang-tse y las colinas circundantes. El pintor Wang Chin-ch’ing fue amigo cercano de Su Tung-p’o y sufrió la misma pena del poeta cuando éste, caído en desgracia, fue desterrado en 1080. El cuadro -o más bien, rollo pintado con tinta negra- ha desaparecido pero, gracias al poema célebre de Su Tung-p’o, su memoria perdura. El otro día, hojeando el precioso libro ilustrado que han publicado el Museo Metropolitano de Nueva York y la Universidad de Princeton (Words and Images: Chinese Poetry, Calligmphy and Painting) me encontré con una doble sorpresa: una hermosa versión caligráfica del poema y dos paisajes de dos notables pintores, ambos inspirados no en la obra perdida sino en el poema. La caligrafía es de Chao Meng-fu, que vivió dos siglos después de la muerte del poeta (1254-1322); uno de los paisajes es de Weng Cheng-ming (1470-1539) y el otro, que a mí me gusta más, de Shen Chou (1427-1509).

Su ‘rung-p’o fue el primer poeta que en China, como Horacio en nuestra tradición, subrayó las afinidades entre la poesía y la pintura. Es verdad que otros poetas, además de practicar la caligrafía, fueron también pintores. Entre ellos el más famoso fue Wang Wei. Sin embargo, con Su Tung-p’o aparece algo nuevo: una teoría de las relaciones entre la poesía y la pintura. Para que la pintura sea realmente un arte, dijo varias veces, tiene que ser también poesía. En un poema dice: «Poesía y pintura tienen el mismo fin… arte más allá del arte». Quiso decir: más allá de la habilidad técnica, sea el instrumento la palabra o el pincel. Para ilustrar sus ideas se me ocurrió ofrecer a los lectores de Vuelta la caligrafía de Chao y los dos paisajes de Weng y de Shen, así como una nueva versión al español del poema. Esta traducción difiere considerablemente de la primera. Como en otros casos, ofrezco más bien una paráfrasis del poema o, como se decía antes, una imitación. Pero una imitación en la que he procurado conservar todos los elementos del original. Me he servido de varias traducciones, entre ellas, especialmente, las de Burton Watson y Yu Min-chuan. Añadí otra pintura de Shen Chou, también en tinta negra como las anteriores: Poeta en una colina. No tiene relación directa con el poema pero sí con su tema. Caligrafía, pintura y poesía: las tres perfecciones, según la crítica tradicional china.

Verso 14: El Yang-tse Kiang se llama también el río Azul. Al confundirse, en la lejanía, con el cielo, las aguas del río se vuelven realmente azules.

Versos 26 y 27: Respuesta de Su Tung-p’o al poema de Li Po, Pregunta y respuesta:

¿Por qué vivo en la colina verde-jade?
Sonrío y no respondo. Mi corazón sereno,
flor de durazno que arrastra la corriente. 
No el mundo de los hombres,
bajo otro cielo vivo, en otra tierra.

La «flor de durazno» de los poemas de Li Po y Su Tung-p’o alude a la alegoría Noticia de la Fuente de la Flor de Durazno del poeta T’ao Yíían-min. (T’ao Ch’ien 365-417.) Un pescador descubre accidentalmente, en las cercanías de Wu-ling, una floresta de árboles de durazno, un sitio encantado que alimenta una fuente. Hay una montaña, una caverna y, al otro lado, una comunidad de, campesinos libres y felices, que viven aislados del mundo e ignorantes de los asuntos públicos. Una sociedad antes de la historia. El pescador regresa a la civilización y, aunque después intenta volver al rústico paraíso, no encuentra jamás el camino. El poema de Su Tung-p’o también es una respuesta a T’ao Ch’ien: él  conoce el camino de regreso pero no puede volver. Conflicto de ideas y deberes: el hombre público (Confucio) frente al poeta (taoísmo).

El paisaje de Wang Chin-ch’ing, así como los de Weng y Chou, nos muestran un momento de la naturaleza: los cambios en la atmósfera y en los montes, el furor de las cascadas y la paz del río, la gente que atraviesa el puente y la barca lejana. Todo aparece en un momento de inmovilidad. El arte de los pintores -sobre todo el de los paisajistas chinos- consiste en hacernos ver que esa inmovilidad es ilusoria: la naturaleza está en perpetuo movimiento. Pero el poema de Su Tung-p’o vuelve explícitos esos cambios que la pintura sólo insinúa: el horizonte se aclara, aparecen las colinas y los bosques, las cascadas saltan de los peñascos y mezclan sus aguas a las del gran río. Más adelante, en ocho versos, el poeta evoca el tránsito de las cuatro estaciones. El poema, al terminar, rompe bruscamente con la manera descriptiva y nos presenta un conflicto ético y filosófico: el ideal confuciano del hombre público frente al del sabio que renuncia al mundo y escoge la vía solitaria de unión con la naturaleza.

Las pinturas no reflejan los cambios del mundo natural y menos aún el conflicto ético y-psicológico. Y en esto reside la gran diferencia entre la literatura (la poesía) y las artes no verbales.

México, a 19 de marzo de 1995

 

Fuente: Versiones y diversiones. Traducciones de Octavio Paz. Galaxia Gutenberg.

http://fronterad.com/?q=16246

Cómo el surrealismo predijo que nos convertiríamos en seres ausentes de reflexión

El movimiento surrealista representa un punto significativo en la historia que abarca entre la Primera y Segunda Guerra Mundial. La corriente comenzó en 1924 en París, Francia, con la publicación del Manuscrito Surrealista de André Bretón. Debido a todos los desastres causados por la guerra, los artistas usaron su realidad como fuente de inspiración y elemento liberador del subconsciente. Esta manifestación del subconsciente era una alternativa en lugar de pintar exactamente la situación que ellos vivían; a esto le denominaron automatización.

La filosofía de los surrealistas consistía en dejar ir el método tradicional de hacer arte, el cual funcionaba como un espejo de la realidad de ese entonces. Una de las técnicas o mecanismos que ellos utilizaban era la automatización, que era un estado mental que les permitía expresarse libremente sin el constante juicio de lo racional y las reglas sociales que limitaban su expresión artística. Era una forma de alimentar el fuego de sus inventos casi incoherentes.

Los artistas surrealistas la utilizaban para dejar fluir todas las ideas y crear obras de arte. Por ejemplo, el cadáver exquisito, el cual consiste en el ejercicio de una escritura automática de manera grupal. Cada quien escribía en un pedazo de la misma hoja lo que quisiera, doblaba su parte y se la pasaba al siguiente sin que éste viera lo que antes se escribió. Al final se leían todos los escritos de manera continua, el resultado era algo totalmente diferente a lo que cada quien plasmaba al inicio.

Actualmente las formas de hacer guerras se han transformado, la sociedad se enfoca en una idea de progreso orientada hacia el desarrollo tecnológico y las vanguardias han quedado atrás. Sin embargo, hoy en día aún arrastramos algunas características del surrealismo: la automatización. Fueron las inventores de las máquinas quienes adoptaron dicha expresión artística y la aplicaron hacia la industria mecánica.

Antes, lo automático —la idea de desconectar la conciencia humana y enfocar los sentidos en un esfuerzo mecánico no razonado— era utilizado por seres humanos para crear obras de arte. Ahora las máquinas reflejan ese modo de producción con el elemento masivo o de gran escala, ausente de todo carácter personal e imaginativo. El individuo se ha vuelto un receptáculo neutro debido al consumo excesivo de la tecnología que las máquinas producen, y ese consumo mantiene el carácter mecánico e inconsciente por parte del ser humano. Nos vemos desde la juventud consumiendo información, ausentes de reflexión, en un automatismo perpétuo, el llamado scrollear contemporáneo. Imitamos el movimiento de las máquinas: rapidez sin el uso del raciocinio.

Este suceso tiene como consecuencia el uso trastocado de la automatización.Los surrealistas la usaban para liberarse de los filtros de la conciencia y soltar su lado creativo alejado de la razón; sin embargo, el ser humano ha dejado de reflexionar sobre sus actos cotidianos, a pesar de que los problemas actuales exigen más de la reflexión y el cuestionamiento de nuestros actos.

https://culturacolectiva.com/arte

LUNA NEGRA (Dark Moon)




                             SIRENA

   Tengo la convicción de que no existes

         y sin embargo te oigo cada noche

         te invento a veces con mi vanidad

         o mi desolación o mi modorra

         del infinito mar viene su asombro

         lo escucho como un salmo y pese a todo

         tan convencido estoy de que no existes

         que te aguardo en mi sueño para luego.

                                                     (Mario Benedetti)

Pinturas de Lucía Polanco
Fuente: http://www.nochepinturaysoledad.com/

Modigliani, el príncipe vagabundo de Montparnasse

Ángel caído, el artista italiano bajó a los infiernos en el París de la bohemia antes de reinar en el paraíso del arte. Su amigo André Salmon recuerda en un libro sus días de furia, ahogados en alcohol

Amedeo Modigliani
Amedeo Modigliani

La vida le jugó una mala pasada. Amedeo Modigliani (Livorno, 1884-París, 1920) tenía tanto talento como belleza –todo lo necesario para triunfar–, pero también tan mala salud (padecía desde la infancia una lesión pulmonar) y tanta afición al alcohol, las drogas y las mujeres que la muerte le sorprendió a los 35 años, justo cuando se empezaba a reconocer su trabajo y le sonreía, también al fin, el amor. La envidiosa suerte no fue su aliada. El artista italiano se bebió a tragos el París de la bohemia en noches de furia, borracheras, juergas, visitas a la comisaría y la frustración de ver que las musas pasaban de largo al llegar a su estudio. Vivió en la miseria. Hoy, Modigliani es uno de los artistas más cotizados y codiciados del siglo XX. También de los más falsificados. El pasado mes de julio fueron incautados 21 cuadros en una exposición del artista en el Palacio Ducal de Génova por dudosa autoría.

«Desnudo recostado», de Modigliani, que se subastó en 2015 por 170 millones de dólares
«Desnudo recostado», de Modigliani, que se subastó en 2015 por 170 millones de dólares– 

El bello Amedeo, siempre fiel a su traje de pana, es uno de los dioses del olimpo artístico. Un «desnudo recostado» se subastó en 2015 en Nueva York por 170 millones de dólares. Habría soltado una carcajada al saberlo y habría brindado con ron. Sus pinturas y esculturas se hallan en los mejores museos del mundo y en las colecciones de los grandes coleccionistas. El 29 de noviembre, la Tate Modern de Londres le dedicará una gran retrospectiva con un centenar de obras.

Una vida apasionada

Modigliani, Picasso y André Salmon, en París
Modigliani, Picasso y André Salmon, en París– 

Pero, ¿cómo fue su vida en el París de principios del siglo XX? Nos lo cuenta, de primera mano, uno de sus amigos, el poeta y crítico de arte André Salmon, en «La apasionada vida de Modigliani» (Acantilado). Quien lea esta biografía comprobará que no es una exageración el adjetivo apasionada. Se apasionó por la vida, la pintura, las mujeres, el alcohol, París, Dante y su «Divina Comedia», que se sabía de memoria… Pero pagó por ello un precio demasiado alto.

 

El pequeño Dedo (así le llamaban) era el menor de cuatro hermanos. Su padre, un comerciante de carbón y pieles en Livorno. Su encuentro con los grandes maestros en Roma, Florencia y Venecia, amén de su amor por los etruscos y los prerrafaelitas, despertaron en Modigliani las ansias de pintar. En 1906 puso rumbo al París de Durand-Ruel, George Petit, Ambroise Vollard, Clovis Sagot…, los marchantes que dictaban los gustos de la época. La timidez del joven Amedeo no le impidió abordar en la calle al dios Picasso e incluso tomarse un trago con él. Fue el malagueño quien le sugirió que se instalase en Montmartre. Allí, en el Bateau Lavoir, dio vida Picasso a sus «Señoritas de Aviñón». Le hizo caso. También siguió otro de sus consejos: «Nunca se dibuja lo suficiente».

Solitario y atormentado

Detalle de «Retrato de Jeanne Hébuterne» (1919), de Modigliani
Detalle de «Retrato de Jeanne Hébuterne» (1919), de Modigliani– The Metropolitan Museum of Art, New York

 

No perteneció a su círculo de amistades («no me va el rollo de Picasso» y el cubismo le dejaba frío), ni frecuentaba los populares «Lapin Agile» y el «Moulin de la Galette». Culto, seductor, solitario y atormentado, con pinta de extravagante pequeñoburgués, tenía, según su colega Maurice de Vlaminck, «una mirada autoritaria y unas manos inteligentes. Nunca le vi falto de grandeza y generosidad». Pero no encajaba en ese ambiente bohemio donde reinaba el pequeño gran Toulouse-Lautrec. Modigliani dudaba una y otra vez de su talento. Vendía a un franco dibujos que esbozaba en un café. Sufría y se refugiaba en el vino, el ron, la absenta, el hachís. Y en brazos de Gilberte, Lola, Marcela, Gaby, Lulu… Jóvenes que hacían cola para posar ante él… y algo más. Alguna incluso dijo haberse quedado embarazada de él. Entre sus pocos amigos, Maurice Utrillo, Manuel Ortiz de Zárate, Tsuguharu Foujita y Chaim Soutine, célebre en todo París por su aversión al agua y el jabón.

«Retrato de Beatrice Hastings». Dibujo de Modigliani
«Retrato de Beatrice Hastings». Dibujo de Modigliani– Museo Guggenheim de Nueva York

Hastiado de Montmartre, se trasladó al Montparnasse del Dôme y la Rotonde. Tras años buscándose a sí mismo, el príncipe vagabundo de Montparnasse, en apenas cinco años (1915-1920) desarrolló una corta pero deslumbrante carrera. El coleccionista y marchante Paul Guillaume apostó por él y no se equivocó. Gracias a Brancusi, Modigliani había coqueteado con la escultura («era un maestro del dibujo que pensaba en piedra»), pero se consagró como un grandísimo pintor, con sello propio, reconocible a primera vista: alargaba en exceso el cuello de sus modelos. «Crea una paleta propia, inventa formas… Sólo se parece a sí mismo. Es inimitable», advierte André Salmon, quien lo define como «el pintor de la purificación». Antimilitarista convencido («pensaba que Garibaldi era uno de los grandes fraudes del siglo pasado», relata su biógrafo), era tal su amor por Francia que decidió alistarse para luchar en el frente, pero fue rechazado por su mala salud.

Las dos mujeres de su vida

Jeanne Hébuterne
Jeanne Hébuterne– 

De todas las mujeres que pasaron por su vida (y su cama) solo dos dejaron huella. Según André Salmon, ambas «hicieron posible la obra imperecedera de Modigliani. Una despertó su genio, la otra le dio fuerza mediante la fe». Son Beatrice Hastings y Jeanne Hébuterne. La primera, que compartía nombre con la musa de su adorado Dante, era una poeta británica que viajó a París en busca de aventuras. Lo suyo no fue un flechazo, pero vivieron un tórrido romance. El whisky y los celos fueron malos compañeros de un viaje al infierno que acabó en frecuentes y violentas peleas. Llegaron incluso a las manos. Beatrice le abandonó y regresó a Inglaterra.

Pero, según André Salmon, el primer y último amor de su vida fue Jeanne Hébuterne (la llamaban Noix de Coco), una jovencita angelical de ojos claros y largas trenzas rubias, que hacía sus pinitos como pintora en una academia de París. «Parecía una virgen de Colonia perdida en Montparnasse», advierte Salmon. Pero, justo cuando Amedeo empezaba a ser feliz, la vida se le esfumaba. Tampoco Jeanne escapó a su furia. Tuvieron una hija, que se crió lejos de ellos, y Jeanne volvió a quedarse embarazada. Una meningitis cerebral de naturaleza tuberculosa, que no entiende de genios, acabó con la vida de Modigliani. Dicen que en su lecho de muerte susurró: «¡Cara Italia!» Su hermano Emanuele, diputado socialista italiano, mandó un telegrama: «Enterradlo como a un príncipe». Jeanne, a punto de dar a luz, no pudo soportar el dolor y se tiró por la ventana en casa de sus padres. Ambos reposan juntos en el cementerio Père Lachaise de París.

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