Randy Mora y El Collage

 

“Cuando en el cole mandaban hacer un collage, yo me echaba a temblar. ¡Oh, dios mío!, ¿cómo hago esto? Años más tarde, en la escuela de diseño me seguía pasando lo mismo, no lo había superado. Me cuesta, se me resiste, oigo “hacer collage” y se alza un muro. Por eso me fascina tanto. El collage une cosas que de otro modo, estarían siempre separadas. Con reconcilación o sin ella, es capaz de juntar cualquier cosa a otra, por muy distante que parezca. Es valiente, atrevido, descarado, a veces rudo, pero siempre, siempre, te obliga a mirar más allá y descifrar su contenido. Es como un jeroglífico”. (1)

 

 

 

Publicidad, ilustraciones para ediciones de libros, para botellas de licores, imágenes para revistas, realización de carátulas para cd’s… Todas estas formas de creación son el campo de trabajo de Randy Mora ( Bogotá, Colombia, 1986). Utiliza como vehículo para expresarse el collage digital uniendo, como bien dice en el texto que abre esta entrada, imágenes que nunca estarían juntas.

 

 

 

El resultado: espectacular. 
 
 

 

 

Las imágenes han sido extraídas de su página web ( Aquí)   y también de Behance
http://olga-totumrevolutum.blogspot.mx/
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Viaje a la nada (II)

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Navego hacia la nada

Con marineros muertos

Que fuman en pipa con un capitán

Que tiene el mismo destino que yo

Vamos hacia el inicio de todo

Ponemos el rumbo al silencio

Con un techo infinito

Hoy nos toco una lluvia de lágrimas

Dejamos el paraguas abajo

Guardado en un baúl 

LLeno de cosas que no hacen falta

Salvo una pipa de agua de mar

Solo necesito una pluma y un papel amarillo

Para escribir 

Por si algún día te olvidas de mi

Traje una botella mensajera

Tiene vino de Rioja

Unas algas rojas atoradas en el ancla 

Sirvieron para la cena

No combinan mal con el vino

Hoy pasé la noche fumando 

Con los muchachos muertos

Con los ojos encendidos de sangre

Esperando los cantos desentonados

De las sirenas

Juan A. Pérez

Fragmento de Viaje a la nada (2017)

Pintura de Remedios Baro

 

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Viaje a la nada (I)

Imagen relacionada

Estoy abordando un barco
De silencio
Y de colores
Nos dirigimos a la nada
Para alguno de los marineros
Es algo conocido
Dicen que las sirenas solo te dicen cosas al oído
Y que cantan bastante mal
Tienen las caracolas desafinadas
Y también sudan
Las estrellas de mar salen a saludar a sus primas
Y los corales tienen un cartel de no molestar
A estas horas ya estamos cansados
Vamos a comernos unas sardinas de lata
A pesar de que tenemos un banco de ellas debajo
Hay un cielo claro arriba
La cama esta dura
Y la vela del buró
Alumbra lo suficiente
Para lo que quiero.
Los marineros siguen fumando.

Juan A. Pérez

Fragmento Del cuento Viaje a la nada, 2017

La pintura la vi aquí: http://coloresypoemas.blogspot.mx/

 

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Pinturas de Kenneth Noland

El pintor Kenneth Noland (1924-2010) nació un 10 de abril.

Ha sido uno de los más importantes cultivadores del estilo color field.

Trabajó con pintura acrílica aplicada directamente sobre el lienzo, con lo que creaba en sus obras una sensación de vibración óptica, producida por la yuxtaposición de colores.

Sus temas principales son círculos concéntricos, galones, rombos y líneas paralelas, dejando a menudo grandes espacios de lienzo en blanco, como parte de la composición.

Texto: https://ztfnews.wordpress.com

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E-ratas

Enfermos se hallan hoy los textos en las redes sociales, en los libros, los periódicos, los panfletos…

El nombre de “Casimiro” no alude sólo al recio medio del Real Madrid que se encarga de taponar los espacios que abren los ataques del rival. “Casimiro” es también el nombre de una editorial pequeña, pero recia, que no deja pasar desidias en la vida intelectual.

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Una de sus breves publicaciones, prologada por Miguel Catalán, es un texto de Karl Kraus titulado La tarea del artista y difícilmente pueden exponerse tantas verdades como puños en un escrito tan enhiesto y eficiente. “Casimiro” como marca.

Karl Kraus, a quien le sobraba carácter y no cesó de atacar las ideas de Freud y sus complejos, publicó —sin complejos— Literatura y mentira (Literatur und Lüge) donde zurraba a los malos críticos y escritores de su tiempo. Y les atizaba no ya por su dudosa calidad —cuestión irremediable— sino por sus diferentes desaliños. Para Kraus lo estético y lo ético-político se enroscaban en un mismo fuste. Un mismo poste de bondad y de maldad.

Por ejemplo, así como no podríamos admitir una pintura o una música ramplona no habríamos de aceptar una escritura con erratas, desgreñada y sucia. No se critica pues tan sólo la idea sino su mala presentación. Es decir, censura Kraus la desabrida presentación de un producto literario (u oral como ocurre hoy en el Hemiciclo) convertido en un lenguaje grosero y zarrapastroso.

El fenómeno —entonces y ahora— se resumiría en vocablos mastuerzos o en la insufrible polución de erratas. “Pústulas de un organismo enfermo”, porque así de enfermos se hallan hoy los textos en las redes sociales, en los libros, los periódicos, los panfletos o los crawls al pie de la pantalla televisiva.

Kraus se quejaba del desarreglo general en los años veinte pero si se compara la atención que tanto la ortografía como todo su universo regía entonces, podría decirse, de hecho, que hemos sido infectados por una plaga de erratas (o ratas) capaces de corroer el lenguaje y con ello el respeto tanto a su condición estética como moral.

¿Moral? La “errata” —dice Catalán— no carece de acepciones morales. “Tanto mendacium (mentira) como mendax (mentiroso) provienen del sustantivo mendum que significa error o errata. Y también en el Diccionario de Autoridades, “mentira se llama a la errata o equivocación que se hace en los escritos”.

Y esto pasa de continúo “rateramente” sobre pantallas y páginas, más los dichos que se retuercen oralmente para decir “me puso los pelos de gallina” en vez de “me puso la carne de gallina”. U otro célebre, entre muchos, con cuyo comentario gané el premio Miguel Delibes de Periodismo comentando el “hacer la vista sorda” en lugar de “hacer la vista gorda”, expresión que chiflaba a un primo mío y que nunca jamás enmendó nadie ante el temor, supongo, de que la errata (esa rata) se lo comiera por los pies.

VICENTE VERDÚ

http://cultura.elpais.com

Pintura: Retrato de Karl Kraus (1925), óleo de Óskar Kokoschka.

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