Fogwill: Poesía y coca cola


Rodolfo Enrique Fogwill, o simplemente FOGWILL, fue un escritor y sociólogo argentino que alcanzó renombre, primero, como directivo de empresas de publicidad y de marketing y, luego, como escritor. Muchas son las leyendas y anécdotas que se han tejido en torno a su figura. Fogwill se construyó a sí mismo como un personaje procaz, hipersexual, siempre polémico. “Cada escritor tiene su máscara y arma su pose”, decía. “Mi pose es ésta: yo siempre aspiro a mentir con la verdad”.

El mito del escritor argentino se completa con la velocidad, las drogas y el dinero. En la década del ochenta escribió el relato “Muchacha punk” en tres horas y “Los pichiciegos” (una novela magnífica que trata de la guerra de Malvinas) en tres o cuatro días y con veintiún gramos de cocaína en el cuerpo.
Coca Cola aparece dos veces en la vida literaria de Fogwill. La primera vez cuando la empresa patrocinó un concurso literario que Fogwill ganó con el cuento “Muchacha punk”. Cuando Coca Cola quiso publicarlo, el escritor pidió más dinero. Resultado: el cuento salió en un libro autoeditado.
Treinta años después, la agencia de publicidad Santo le propuso a Coca Cola utilizar un poema de Fogwill para una publicidad de Coca Light. Los gerentes de Coca Cola, que eran jóvenes y desconocían lo sucedido treinta años antes, aceptaron. El resultado de este crossover entre poesía (se utilizó un fragmento del poema de Fogwill “Llamado por los malos poetas”) y publicidad es el que sigue:

El resultado, en mi opinión, es una interpretación edulcorada, apta para todo público, en la que la fuerza del poema se desvanece. Ironías de la vida: es como si Coca Cola se hubiera vengado de Fogwill, sin saberlo, utilizando su propio poema. Pero para que puedan juzgar el resultado del crossover y el poema, copio aquí el Llamado por los malos poetas en toda su extensión y esplendor.

Llamado por los malos poetas

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles…).

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web…).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor…)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!

https://losamigosdecervantes.com

Extracciones: Espuma de Bulldog [Daniel Bencomo]

Espuma de Bulldog - Daniel Bencomo.png

Poemas extraídos de Espuma de Bulldog (Luzzeta, 2016)

 

CALZADA MCCARTHY

Una tribu de apaches cruza el lago
su calzada una aguja de luz heroína.

Tú la miras e inflamas el iris sobre el fuego.

La luz del zodiaco sobre el rostro
llagando como lipstick
con su brillo fósil.

Se corroen las tuberías del submarino,
las medusas se infiltraron en el lago:

tu rostro es un mäelstrom que absorbe las noticias,
las flechas saben exquisitas ahumadas,

tu espalda es el dorso, minado,
de Caspar David Friedrich,
residuos de tiempo real en tus labios.

Una horda de apaches cruza de regreso,
el vaquero te sonríe mientras escupe un oráculo.

Sientes el confín de tu cuerpo.
Ahí espumará la teoría,
ponla a freír con el sazón de polilla.

La horda es olfateada por el vaquero,
el vaquero se ha calzado
las medusas en los ojos:

alguien te ha escalpado y amanece.

COLERIDGE

La fuga es perceptible. Un vástago bombea
realidad con realidad.
El mar, a miles de sueños de distancia, apareció.
Fueron a nado hasta su centro:
pusieron una flor de dinamita.
En onda concéntrica brotó una liebre,
y la liebre, ama bondage del murciélago,
tatuó sus fotogramas en mi espalda.

La espalda no veía las consignas políticas.
Sólo echaba hacia adelante.
Preguntando por las rastas de la noche,
por el petróleo robado de la noche, algo escupió.
Alguien mordió el cogollo explosivo.

Su índice nutricional
marcó un exceso de amor.

Saña de osos polares que eructan un salmón.

 

 

Esta calle tiene humus,
gigantomaquias pendientes,

va de vida y vuelta

hasta Formosa, Peloponeso.

Se borraron las pistas para hundir al maleante.

El cielo ha negociado su huella digital.

Nadie combate el interior de un ladrido.

¿Hay noción más fina, “buen carburo en droga dura”,

para el neón que mancha los recuerdos?

Tendremos que seguir muy solos, tendremos que tomar atajos.

Cayó Uno Mismo por seguir las instrucciones.

NO ES SAFARI

Noche, rumor de jeeps intoxicados con luz.

Las palabras no presentan,
el deseo presentifica de manera constante.
El poder de la cópula
los teslas de la cópula
los tickets para el viaje:

el deseo como un leopardo,
el habla un paquidermo con fracturas expuestas:

pero no es un safari.
Ni el jeep ni el panamá,
sólo una bobina energizada,
su corazón malaquita.

La llevo en un carrito robado de la tienda.
Está en un gabinete perfecto:

Tengo agujas para ti.
Tengo un par de agallas de heroína para ti.

Es mi gabinete callejero
probeta tropical
mi guirnalda alotrópica.

Podrías carbonizarme con el alto voltaje:
una rueda queda en giro, invisible,
presa de otra inercia.

Podrías filetearme y no encontrarías nada.

 

 

Sólo en el lenguaje una savia, gramática sabia, puede devorar a otra savia yser más fuerte. Es hora que descanses, no opongas resistencia. Anda y hazte cargo de una mínima tragedia, ofrece tu silueta al holograma de Yo. Gestalt estulticia. Clama. Consulta oráculos, científicos, videos. Fagocita. Finge y esfinge. Inhala otros vapores, más dobles o maleables, llenos de barro entre la encía, focos rotos. Aquí te esperaremos.


Daniel BencomoDANIEL BENCOMO (San Luis Potosí, 1980). Poeta y traductor mexicano. Sus libros de poesía más recientes son Lugar de Residencia (2010, Fondo Editorial Tierra Adentro), al cual le fue concedido el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2010, y Alces, Rejkyavik (Magenta Libros-Conaculta, 2014). Como traductor de poesía ha publicado La calma entre el cero y el uno de Björn Kuhligk (Bonobos, 2015) y Canon previo a la huida de Tom Schulz (Cuadrivio, 2015). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en la categoría Jóvenes Creadores durante los períodos 2010-2011 y 2012-2013. Espuma de bulldog es su último libro (Luzzeta, 2016).

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Cuatro poemas sobre la pintura Su Tung-p’o (Su Shih)

Traducción y versiones de Octavio Paz

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Sobre la pintura de una rama florida
(Primavera precoz) del secretario Wang

¿Quién dice que la pintura debe parecerse a la realidad
El que lo dice la mira con ojos sin entendimiento
¿Quién dice que el poema debe tener un tema?
El que lo dice pierde la poesía del poema
Pintura y poesía tienen el mismo fin:
Frescura límpida, arte más allá del arte
Los gorriones de Pien Luen pían en el papel,
Las flores de Chao Ch’ang palpitan y huelen,
¿Pero qué son al lado de estos rollos,
Pensamientos-líneas, manchas-espíritus?
¡Quién hubiera pensado que un puntito rojo
Provocaría el estallido de una primavera

 

Sobre una pintura de Li Shih-Nan

Serpea por el prado. En sus márgenes todavía
Estragos de la crecida. Claros en las arboledas:
Las raíces quemadas por la helada asoman, oblicuas.
Un botecito de un solo remo —¿adónde va?
Al sur del río, a un pueblo de hojas amarillas.

 

Cuando Yu – K’o pinta…

Cuando Yu-K’o pinta bambúes
Todo es bambú, nadie es gente.
¿Dije que no ve a la gente?
Tampoco se ve a sí mismo:

Absorto, bambú se vuelve,
Un bambú que crece y crece.
Ido Chuang-tse, ¿quién otro tiene
Este poder de irse sin moverse?.

 

 

 

Poema escrito sobre una pintura
de Wang Chin-Ch’ing

Flotan, grises y verdes, sobre el pecho del río:
¿son montes o son nubes? De lejos no se sabe. 
Pero las nubes pasan, se dispersan las nieblas,
aparecen montañas, colinas, arboledas. 
Por riscos verdinegros cien cascadas bullentes. 
Se cuelan por los bosques, saltan entre las peñas,
son de jade y serpean, torrentes son espuma, 
blancas se precipitan entre verdes abismos.
Al llegar a los llanos, los rápidos se juntan
en las aguas pacíficas del río poderoso.
Un puentecillo lleva a una posada rústica,
asida a un farallón. Ir y venir de gente
bajo los quietos árboles. Una motita allá,
donde el azul del río se ha vuelto azul del cielo:13
una barca en lo inmenso perdida…
                                                     Tus pinceles
reviven estas vistas y al mirarlas deseo
un pedazo de tierra, un pedazo de cielo.

Pasé en Wang Cheng tres años: primaveras airosas,
las aguas encrespadas, sereno el firmamento;
del monte a la llanura bajan, de lluvia grávidas,
las tribus de las nubes, nómadas del verano; 
en el otoño límpido, los vuelos de los cuervos
de los arces en llamas a las barcas dormidas;
mediodías de invierno: sobre el mundo en letargo
la sacudida nieve de los pinos enhiestos.
También son de este mundo, no sólo de inmortales,
Wu-ling y la corriente con la flor de durazno14.

 

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Comentario de Octavio Paz

CUATRO POEMAS SOBRE LA PINTURA. POEMA ESCRITO SOBRE UNA PINTURA DE WANG CHIN-CH’ING. Hace más de veinte años traduje algunos poemas de Su Shih (Su Tung-p’o), gran poeta, político y enamorado de la pintura. Entre esos poemas, recogidos en la primera edición de Versiones y diversiones (1974), hay uno que tiene por tema una pintura de Wang Chin-ch’ing: Neblina sobre el río Yang-tse y las colinas circundantes. El pintor Wang Chin-ch’ing fue amigo cercano de Su Tung-p’o y sufrió la misma pena del poeta cuando éste, caído en desgracia, fue desterrado en 1080. El cuadro -o más bien, rollo pintado con tinta negra- ha desaparecido pero, gracias al poema célebre de Su Tung-p’o, su memoria perdura. El otro día, hojeando el precioso libro ilustrado que han publicado el Museo Metropolitano de Nueva York y la Universidad de Princeton (Words and Images: Chinese Poetry, Calligmphy and Painting) me encontré con una doble sorpresa: una hermosa versión caligráfica del poema y dos paisajes de dos notables pintores, ambos inspirados no en la obra perdida sino en el poema. La caligrafía es de Chao Meng-fu, que vivió dos siglos después de la muerte del poeta (1254-1322); uno de los paisajes es de Weng Cheng-ming (1470-1539) y el otro, que a mí me gusta más, de Shen Chou (1427-1509).

Su ‘rung-p’o fue el primer poeta que en China, como Horacio en nuestra tradición, subrayó las afinidades entre la poesía y la pintura. Es verdad que otros poetas, además de practicar la caligrafía, fueron también pintores. Entre ellos el más famoso fue Wang Wei. Sin embargo, con Su Tung-p’o aparece algo nuevo: una teoría de las relaciones entre la poesía y la pintura. Para que la pintura sea realmente un arte, dijo varias veces, tiene que ser también poesía. En un poema dice: «Poesía y pintura tienen el mismo fin… arte más allá del arte». Quiso decir: más allá de la habilidad técnica, sea el instrumento la palabra o el pincel. Para ilustrar sus ideas se me ocurrió ofrecer a los lectores de Vuelta la caligrafía de Chao y los dos paisajes de Weng y de Shen, así como una nueva versión al español del poema. Esta traducción difiere considerablemente de la primera. Como en otros casos, ofrezco más bien una paráfrasis del poema o, como se decía antes, una imitación. Pero una imitación en la que he procurado conservar todos los elementos del original. Me he servido de varias traducciones, entre ellas, especialmente, las de Burton Watson y Yu Min-chuan. Añadí otra pintura de Shen Chou, también en tinta negra como las anteriores: Poeta en una colina. No tiene relación directa con el poema pero sí con su tema. Caligrafía, pintura y poesía: las tres perfecciones, según la crítica tradicional china.

Verso 14: El Yang-tse Kiang se llama también el río Azul. Al confundirse, en la lejanía, con el cielo, las aguas del río se vuelven realmente azules.

Versos 26 y 27: Respuesta de Su Tung-p’o al poema de Li Po, Pregunta y respuesta:

¿Por qué vivo en la colina verde-jade?
Sonrío y no respondo. Mi corazón sereno,
flor de durazno que arrastra la corriente. 
No el mundo de los hombres,
bajo otro cielo vivo, en otra tierra.

La «flor de durazno» de los poemas de Li Po y Su Tung-p’o alude a la alegoría Noticia de la Fuente de la Flor de Durazno del poeta T’ao Yíían-min. (T’ao Ch’ien 365-417.) Un pescador descubre accidentalmente, en las cercanías de Wu-ling, una floresta de árboles de durazno, un sitio encantado que alimenta una fuente. Hay una montaña, una caverna y, al otro lado, una comunidad de, campesinos libres y felices, que viven aislados del mundo e ignorantes de los asuntos públicos. Una sociedad antes de la historia. El pescador regresa a la civilización y, aunque después intenta volver al rústico paraíso, no encuentra jamás el camino. El poema de Su Tung-p’o también es una respuesta a T’ao Ch’ien: él  conoce el camino de regreso pero no puede volver. Conflicto de ideas y deberes: el hombre público (Confucio) frente al poeta (taoísmo).

El paisaje de Wang Chin-ch’ing, así como los de Weng y Chou, nos muestran un momento de la naturaleza: los cambios en la atmósfera y en los montes, el furor de las cascadas y la paz del río, la gente que atraviesa el puente y la barca lejana. Todo aparece en un momento de inmovilidad. El arte de los pintores -sobre todo el de los paisajistas chinos- consiste en hacernos ver que esa inmovilidad es ilusoria: la naturaleza está en perpetuo movimiento. Pero el poema de Su Tung-p’o vuelve explícitos esos cambios que la pintura sólo insinúa: el horizonte se aclara, aparecen las colinas y los bosques, las cascadas saltan de los peñascos y mezclan sus aguas a las del gran río. Más adelante, en ocho versos, el poeta evoca el tránsito de las cuatro estaciones. El poema, al terminar, rompe bruscamente con la manera descriptiva y nos presenta un conflicto ético y filosófico: el ideal confuciano del hombre público frente al del sabio que renuncia al mundo y escoge la vía solitaria de unión con la naturaleza.

Las pinturas no reflejan los cambios del mundo natural y menos aún el conflicto ético y-psicológico. Y en esto reside la gran diferencia entre la literatura (la poesía) y las artes no verbales.

México, a 19 de marzo de 1995

 

Fuente: Versiones y diversiones. Traducciones de Octavio Paz. Galaxia Gutenberg.

http://fronterad.com/?q=16246

LUNA NEGRA (Dark Moon)




                             SIRENA

   Tengo la convicción de que no existes

         y sin embargo te oigo cada noche

         te invento a veces con mi vanidad

         o mi desolación o mi modorra

         del infinito mar viene su asombro

         lo escucho como un salmo y pese a todo

         tan convencido estoy de que no existes

         que te aguardo en mi sueño para luego.

                                                     (Mario Benedetti)

Pinturas de Lucía Polanco
Fuente: http://www.nochepinturaysoledad.com/

Haiku

El verano como la poesía, no necesita de grandes sucesos para discurrir, al revés: se desliza más rápido cuando más vacío, más repetido y lleno de tranquilidad

Matsuo Bashō según Katshunika Hokusai, grabador del periodo Edo.
Matsuo Bashō según Katshunika Hokusai, grabador del periodo Edo.

 

“Noche corta de verano: / entre los juncos, fluyendo, / la espuma de los cangrejos”.

El haiku de Yosa Buson, autoproclamado él mismo discípulo de Matsuo Bashô pese a que no llegó a conocerlo y tenido por algunos como mejor escritor de haikus que su maestro, que además ilustraba con delicadas pinturas, pues era también pintor, es un ejemplo glorioso de cómo el vacío poético, esa nada existencial que desafía a la vanidad de los hombres, puede lograr los dos objetivos que la poesía persigue y en particular el haiku, la brevísima composición japonesa de solo tres versos y 17 mantras o sílabas en total: la belleza y la emoción. No se necesita más para describir la tranquilidad y la paz de una noche de verano a la que el lector se ve transportado, mecido como los juncos del haiku por las palabras del poeta.

El haiku es una emoción pero también el asombro de descubrir que no se necesita mucho para trasmitir el máximo, que en ocasiones, como en el haiku de Yosa Buson, coincide con el vacío, con el silencio profundo de una corriente bajo una noche de verano con cangrejos deslizándose entre los juncos inmóviles. No hay que ir tan lejos para sentir ese mismo asombro ni la emoción que se experimenta al paladear los versos de un verdadero poeta: “Estos días azules y este sol de la infancia”, fue el último que escribió Antonio Machado en su exilio francés de Collioure y que quienes lo enterraron encontraron en el bolsillo de su chaqueta escrito a lápiz en un papel. ¿Se puede decir más con menos?

El verano es un haiku que pasa volando. Como la poesía, no necesita de grandes sucesos para discurrir, al revés: se desliza más rápido cuando más vacío, más repetido y lleno de tranquilidad. Como los haikus, las vacaciones son tiempos de suspensión, vacíos en el calendario que apenas dejan notas en las agendas más allá de una comida, un paisaje o el recuerdo de una noche pero que nos acompañarán ya siempre precisamente por su intemporalidad. Haiku significa corte, enfrentamiento entre dos ideas que vienen a ser la misma y entre las que se interpone otra, como las vacaciones hacen con nuestro tiempo presente. Por eso —y por su brevedad— hay que aprovecharlas, no porque nos lo diga la industria del ocio, que ignora conscientemente, puesto que vive de ello, que aprovechar el tiempo no significa llenarlo de obligaciones y citas; al revés: aprovechar el tiempo consiste en dejarlo fluir libremente, como los cangrejos del haiku de Yosa Buson, y con él nuestros pensamientos. “Un año más ha pasado / Una sombra de viajero en mi cabeza / Sandalias de paja a mis pies”, escribió su maestro Matsuo Bashô.

JULIO LLAMAZARES

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Un poema inédito de Víctor López Zumelzu

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Sólo quiero que llegue la primavera
con su concentración de polen-dice la madre

Los pensamientos vagan y se oscurecen dominados
por algo que en otros tiempos se llamó remordimiento

y que ahora no es otra cosa
que viento quemado

Hay una salpicadura allí donde se pone el sol-dice el hijo.
Destilaciones de amarillo vagan desde la punta del ojo
hasta tocar la corteza blanda de un cartílago

El hálito alcohólico del padre al besar a la madre
inunda la habitación y atraviesa su piel como una sierra

Los sonidos nocturnos hacen imaginar el bello cuerpo de los halcones
cuando por la noche se alimentan

Era tan brillante el vestido que ocupé cuando nos casamos-dice ella
que ahora es irrecuperable

Una garganta abierta,
un lugar donde esparcir el corazón

Ayer atropellaron al gato y hoy el padre guarda su cuerpo
en una bolsa de plástico y lo deja en la calle

El niño imagina un cementerio construyéndose en la parte trasera de la ciudad
mientras observa en su libro la imagen de una cruel Mantícora,

pero él aún es joven para aprender la conjugación verbal de la separación
él aún es joven para ver las raíces profundas soltándose de las rocas

¿No escuchas acaso el sonido invasivo, penetrante, caudaloso
que hacen los pájaros en la noche?

¿No escuchas acaso en los pliegues la savia oscura que fluye perfecta
en la posibilidad de un nombre?

Si me preguntaras-No sé dónde está la línea en que comenzó la fractura,
y dónde el filamento de acero

Es quizás por eso que con un solo golpe eléctrico
el simio se retuerce, con dos golpes eléctricos el simio al parecer
sonríe perdido en busca de alguien
y con tres golpes eléctricos el simio cierra los ojos,
aprieta los labios y se duerme en paz

https://jampster.cl/

BLOG DE PATRICIO PRON “El hombre que bebía demasiado” / Thomas Harris / Cita

imagen descriptiva

EL HOMBRE QUE BEBÍA DEMASIADO 

Et tu bois cet alcool brûlant comme ta vie
Ta vie que tu bois comme une eau-de-vie.
Apollinaire

 

Hubo una madrugada sentada sobre mi pecho oprimiendo
con sus nalgas oxidadas mi duermevela y un cielo que se sacudía
de todas sus constelaciones como un perro sus pulgas friolentas
en esa misma madrugada sin techo que cobijara sus fantasmas
       desfallecidos,
una madrugada como diosa oquedal sobreviviente a la matanza
       del paganismo,
una madrugada así donde creí que inventaba la sed.
Recuerdo mis manos temblorosas
en el acuario lívido de esa madrugada
donde nadaban como peces jabonosos
buscando una botella en cuyo fondo vacío
se resumían las formas del Universo.
Recuerdo mis manos en la tembladera,
incapaces de pacer como dos mansas bestias
sobre cuerpo de mujer ninguno, dos flores marinas
agitadas por el alcanfor de la sed,
dos nenúfares, dos corales, mis temblorosas manos,
en esa madrugada donde yo inventaba la sed, la primera sed.
Yo soy el hombre de la primera sed
porque inventé en mí la sed.

Yo soy el hombre de la primera sed,
antes de mí ninguna sed se expandió
hasta el tamaño de la bola del mundo,
hasta el tamaño de las inaccesibles constelaciones,
del tamaño de Orión, de Omega, de Alfa Centauro,
mi sed galopó aguijándole los ijares sudorosos a Alfa Centauro,
acezante, relinchando,
media hombre, media caballo, centauro
jadeante, espumosa,
ola que no halla costa donde morir su hervor,
mi sed se desató con la primera explosión,
con cualquiera de los inicios del Universo,
de Génesis en Génesis errabundos por libros sagrados de
       mustias civilizaciones.

Al principio, era apenas una humedad
insinuada en las raíces primordiales de los helechos,
pero se desató como esas tormentas de agosto al sur del mundo,
esos aguaceros sin más aviso
que el viento norte y el aroma a plesiosaurio
sobrenadando las nubes grises,
esas tormentas que desatan a la multitud
despavorida en las ciudades
entre las luces de los autos
y los reflejos que confunden lo real y lo aparente,
lo dual y el reflejo, el cristal, el espejo y lo reflejado.
Y se expandió mi sed por los núcleos informes,
que hervían amalgamados en los pantanos
del Primer Día de la Creación y ardí de garganta en garganta
de los primeros organismos insinuados en lo informe,
antes del mismo ADN ya estaba posada mi sed
en su taburete de cristal glauco, acuoso,
en el tiempo bárbaro de las licuefacciones,
y se vino espirituosa por los hipotéticos
torrentes sanguíneos de la humanidad recién apareándose,
se metió entre esas cópulas niñas, torpes, hermafroditas,
de sexos entreverados con el barro,
hasta desembocar en los torrentes sanguíneos
en istmos temblorosos,
de glóbulo en glóbulo,
una viuda vinagre montada en un esparadrapo,
un ponche orgánico,
mi sed se detuvo en la garganta de los primeros desesperados,
en praderas fetales,
mi sed navegó sobre los dones de todos los diluvios
       menguantes.
Mi sed con alma propia
muda desolada agreste
oscilante con la perplejidad del bruto
exasperada
entre las ferias y los malecones.
Yo soy el hombre que tuvo sed una mañana mustia
de un mes derruido
en una hora detenida
en un segundo coagulado
en un instante reseco de un día varado en el Mar Muerto.
Había madrugadas, había noches, había tardes, había
       mediodías,
en los que despertaba en una playa
una playa de zarzas incendiándose,
y abría mi boca y mi garganta
era una especie de vulva reseca,
el sexo del cadáver de una muchacha muerta en esa playa,
el sexo de una muchacha
muerta hacía algunos días semienterrada en la arena,
(una muchacha asesinada por un padre celoso)
cubierta de huiros,
aristas de botellas rotas y percebes en sus muslos,
del que emergían corales, esporas, pedúnculos,
sargazos de alcohol puro
que comenzaban a trepar como hiedra
por unos acantilados de cartón piedra, falsos,
hacia un cielo de nubes pedregosas,
hacia un sol blanco,
un ojo nublado cuyo iris era mi propia garganta desflecada
que cubría el panorama numinoso inverso de la playa
donde el día anterior se había librado una batalla sangrienta,
un desembarco atroz,
y eran cadáveres o sandías reventadas, podridas,
papel higiénico, astillas,
algas mustias, un pequeño monstruo marino
adobando sus vísceras al sol, hojas de afeitar ensangrentadas,
y los pájaros costeros correteando sobre mi cuerpo,
persiguiendo los flujos y reflujos de la resaca,
la madre resaca, la resaca madre.

Porque hay borracheras, como hay mujeres,
que pueden cambiar nuestra vida.

Porque hay borracheras, como viajes,
que pueden quedar tatuadas en nuestro destino.

Porque hay borracheras, como viejos sabios,
que pueden susurrarnos koanes
en nuestros oídos.

Para desvanecerse a la mañana siguiente,
donde sólo es real la sed.

 

En:
Thomas Harris
En el mismo río (antología personal)
Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2017
http://www.elboomeran.com/blog

Xirau y el conacimiento

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Ramón Xirau se apropió de una línea del Cántico de Jorge Guillén:

Soy, más: estoy, respiro.

Cuatro palabras, cada una de ellas hilada a la otra con un signo. Xirau las sentía suyas: la nuez de su pensamiento. Por eso regresaba una y otra vez a ellas. Nuestro idioma nos ofrece un privilegio que no tienen todas las lenguas para apreciar la condición humana. Ser no es estar. Más que ser en el mundo, estamos en él. Serán las piedras, nosotros solo estamos. “El soy, dice Xirau, es una asfixia; el estoy es respiración.”

Xirau escribiría poesía en catalán y la filosofía en español pero tenía bien claro que las dos hermanas iban en busca de lo mismo. Poesía y filosofía eran dos formas de habitar el mundo, dos caminos hacia el asombro de lo sagrado. Su manual de historia de filosofía, más que una historia, es una invitación a filosofar. La filosofía, “encuentro con la verdad” era, para él, “una cuestión de vida.” Más que eso: “una cuestión de supervivencia más allá de la vida.” Dice bien Julio Hubard que Xirau no exponía el pensamiento de los filósofos sino que pensaba con ellos, desde ellos, quizá. “Cuando se dilata con Hegel, es un hegeliano; cuando con Platón, platónico.” El maestro no trasmite pensamiento, lo hospeda. La poesía, la más intuitiva de las hermanas, la que brota sin aviso era para Xirau la hermana mayor. La poesía iba siempre un brinco adelante porque la captación poética entreveía sin reflexión el sentido profundo de la existencia. Después vendría el reposo de la reflexión. La poesía palpa el sentido del tiempo, es decir, de la muerte. Vivir es ir muriendo, decía de la mano de Pere March, un poeta valenciano medieval:

En cuanto se nace se empieza a morir
y muriendo, se crece y creciendo, se muere de continuo,
que ni un momento se deja de hacer vía
ni para comer, ni yacer, ni dormir.

A este crecer muriendo dedicó ensayos luminosos. Nuestro tiempo no es el presente sino la presencia. Durante su estancia en el mundo, el hombre contempla, comprende, siente. Estar presente es entrar en contacto con las maravillas del mundo: nombrarlas. Fugaz es la caricia del mundo. “Tiempo continuadamente nuestro, en nuestra estancia en el mundo, la presencia es constantemente un ahora, atento al mundo, atento a los demás, atento al Otro, a los dioses, a la divinidad.” Sus poemas están llenos de música, de aire, de naranjas y de ríos, es decir, de pájaros.

Xirau es puente, dijo Octavio Paz. Una tabla para cruzar la brecha de las generaciones, de los continentes, de las lenguas, de los saberes. Poesía y filosofía eran rutas para el encuentro con el mundo, lo humano y lo sagrado. Ciudades y ríos, árboles y viajes, cuadros y música aparecen constantemente en su poesía. “Conocer es, al mismo tiempo, percibir, sentir, nacer con el mundo, con los otros, con el otro. ¿No decía Claudel—preguntaba Xirau—que el conocimiento es co-naissance?” Conocer es conacer.

Me pasa el río que pasa
y yo soy este río
si la ventana abierta
hace contagio de ojos y de aguas.

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Poema del día: “Mientras perder sea habitar con exactitud…”, de Casé Lontra Marques (Brasil, 1985)

Mientras perder sea habitar con exactitud:
esta
voluntad de habla – nuestro gesto ninguno –

nos seguirá impulsando: (nos seguirá oprimiendo):

¿manteniendo
los ruidos abiertos?

preparo otros márgenes
para
la incomodidad

que dejé descansar

bajo
la anemia

– aún insistir es principalmente una amenaza –

nuestras sedes
no
alcanzan a secuestrar

siempre
las mismas

pantomimas

nadamos (y nadamos y nadamos)
con
la tensión que antecede

– otra vez –

el reconocimiento
del
lapso donde encajar

(donde
enclavar)

un cuerpo;

aun
sin extinguir
esa
impaciencia:

¿por
qué yo no soportaría anochecer
también?

Casé Lontra Marques, incluido en Inventar la felicidad. Muestra de poesía brasileña reciente (Vallejo & Co. Internet, 2016, selec. de Fabricio Marques y Tarso de Melo, trad. de Rafaela Scardino y Sebastián Huber).

https://franciscocenamor.blogspot.mx

Un poema de Hugo Mujica

Hugo Mujica

HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO

Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
tiemblan.

Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
donde morir de carne,

pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.

HUGO MUJICA (Buenos Aires, 1942)

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