Francisco San Martin Serra

Francisco San Martin Serra

La vejez vista por un viejo

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Hombre en la playa. Cecilio Pla y Gallardo
Aquel no es país para viejos, los jóvenes en los brazos unos de otros, pájaros en los árboles -esas generaciones moribundas- en su canción; cascadas de salmones, mares poblados de caballas, peces, carne, aves, elogian a lo largo del verano lo que se engendra, nace y muere. Atrapados en esa música sensual todos descuidan monumentos del intelecto imperecedero.
Un hombre viejo es una cosa miserable, un abrigo andrajoso en un palo a no ser que el alma bata palmas y cante, y cante en voz alta, por cada jirón en su mortal vestido. No hay otra escuela de canto sino estudiar monumentos de su propia magnificencia. Y por eso navegué los mares y llegué a la ciudad sagrada de Bizancio. 
Oh sabios que estáis en el divino fuego de Dios, como está el oro en el mosaico de una pared, venid desde el fuego divino, girando en la espiral, y sed los maestros cantores de mi alma. Consumid mi corazón, enfermo de deseo, atado a un animal agonizante, no sabe lo que es, y juntadme al artificio de la eternidad.
Cuando esté fuera de la naturaleza nunca volveré a tomar mi forma corporal de ninguna cosa natural, sino la forma que dan los orfebres griegos con oro martillado y esmaltado de oro para mantener despierto a un emperador somnoliento, o la que ponen en una rama dorada para cantar a los señores y damas de Bizancio lo que pasó, lo que pasa y lo que vendrá. 
 
Dicho así, en pedestre traducción, no suena mal: las ideas son magníficas. Cuánta renuncia, cuánta nostalgia, cuánta lucidez. En el inglés de W.B. Yeats el poema es maravilloso. 
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Extracciones: El vaquero sin agua en la cantimplora [Rafael Espinosa]

Portada El vaquero sin agua en la cantimplora

 

Un caballo árabe

Ahora que no es fundamental la respiración
tengo tiempo de discernir cosas. Distichlis spicata
es el nombre de la planta que abunda junto al litoral.
Pero no me gusta el litoral, es un hermafrodita de mitos.
Amo los surcos de las paredes aunque no exudan
indulgencia. Cuando la tristeza forma una trenza de novia,
es de suponer que concederán algún día
perdón. Pero a quién, a los solitarios
o a los cazadores de momentos,
incapaces de soportar nuestro perfume.
Ahora estoy confuso para saberlo. Afuera
la vida escogió a un ciego y la ardilla crea al árbol.

Las aves causan bullicio como de costumbre,
irritantes porque en mi interior existe una pista musical.
Creí en su sendero y de hecho se encuentra ahí
colmado de artes visuales, con escombros de agendas,
una angustia repetida simulando la felicidad.
No me gustan las aves, no me gusta que su renombre
me persuada a creer tan fácilmente de nuevo.
Son lo que son y aun así guerrean. Como si sol con desventura.
Pero obro como ellas: hago poemas de la descomposición.

 

Las importaciones

Es enternecedor por las abejas
y su música evangélica
pero al cabo resulta tonto
alegrarse porque se incrementaron
las ventas de miel al extranjero.

¿En verdad crees que valga la pena
otra hiperproductividad que la del sexo?

Yo lo veo así. La vida es como una interminable helada y un deshielo breve,
donde se pasa del bloqueo creativo a los pensamientos y la idea voladora
siempre se dirige a acariciar otra anatomía.

Entonces nacen los sentimientos,
semejantes a escuchas telefónicas
donde espiamos al mundo:
sentimos a los árboles ser derribados,
los sentimos caer sobre las poblaciones
como bombas de racimo
y al viento guardar esos infantes.

Puede ser terrible esperar al cuerpo
a tocar sin descanso. Hace frío
y podemos refugiarnos en cualquier vertedero,
hasta confundirnos con papelería.

El juego de la orquídea y la abeja
por multiplicar las plantas epífitas
no nos despertará.

A mí me ocurrió que aguardando
arrojé tantos guijarros por los farallones
que terminé por hacer una vida.
Mientras, Pietro se camuflaba
tras la oferta respiratoria
soñando con los muslos de los corredores
sudorosos en los parques.

¿En realidad distingues entre
un pensamiento y segregar cera?

¿En serio crees que los viejos aman
y el perdón no nace
de ser insaciables en el sexo?

Un poema y su lector son insaciables.

 

Jubiloso

Estoy jubiloso, me hablaron de binoculares en los que
se ve gente echada sobre sus sentimientos y recién los tengo.
Están inmóviles, están contemplando
pero son como fragatas de bondad. Tomé
clonazepam y si me acompañas también puedes verlo.
“Primero una vaga fusión con el sonido y después la abeja
se separa de su zumbido para regresar
a morir sobre nuestro brazo”. Más tarde
agregué marihuana y alcohol, además de otro
blíster de pastillas, y fue alucinarse. En pleno vuelo
el capitán desertaba el mando: quería ser una sequía.
Aparecían las sirenas para salvar las formas tal como existen
desmintiendo a los que dicen que no sirven de nada en la poesía.
La voz interior, que usé tantas veces de balde,
decidió tomar acciones.
“¿Es que pretendes cometer suicidio?”
—Jajajajá, como si hubiéramos tenido vida. Pese a todo
la guerra terminó. Parabienes! Nuestra miseria es nuestra.
Ahora dame un beso que tenga moscas adentro.

 

Altura de los regueros

Algo debe haber pasado.
Algo que torna la compasión en cefalea.
Los edificios se perciben muy erguidos
como una pila de padres severos.
Tal vez hace mucho
fui demasiado a las piscinas
a nadar hasta quedar adormecido
por el ritmo de mis propias brazadas:
soñé que cometía una falta
y se perdía con una burbuja de cloro.
Pudo entrarme entonces cualquier bicho,
esos microorganismos que medran en las piscinas
y causan daño neurológico.
Desde ahí las noches se tensionaron entre
la parquedad y la desesperanza
junto al recuerdo de un cuerpo que deja
un sendero de gotas porque ha nadado.

Hubo dolor, hubo
presión atmosférica y
a estallar!, quedó el yo de los arbustos
despedazado al lado de las costas, embelleciéndolas

 

Aparejos del desierto

Tal vez es cierto que existen
impulsos policiacos entre
las flores y que se excitan
los jóvenes escuchando
crujir la comida rápida

Tal vez es cierto que miente
el lenguaje y esclaviza
a las comisuras

Quisiera saber hacer el signo
de absolución con la boca

Aguas pluviales quisiera

El vaquero sin líquido en la cantimplora
está frente a la inmensidad donde
espejean unos pocos cactos
y monta, si ya no ha muerto,
su caballo colorado

Como nosotros, no tiene
enemigos. Se desperdigaron
fascinados por el género musical
de los balazos y la forma
en que un cadáver captura
la soledad en un gesto

Cómo se sentirá y nadie
piensa en ayudarlo, ni con recuerdos
ficticios. Yo abrí asimismo
mis cortinas y vi un horizonte
clínicamente muerto

No sé qué pasó. Todo pasó

y él tuvo una vida. Fue amigo
de su caballo y durmió bajo sus patas
ante el cielo en que los astros
se apelotonaban como cerdos

El aire en duelo fue prenatal

Nadie piensa que un ángel cuya
blancura debería hacerlo feliz,
sufre por no haberle dado nunca
agua a un caballo

Alas de arroyo

 

Encuentro con el contador

Tonto, me digo, la vida no es talleres de serigrafía.
Es un asunto de inexhaustibilidad, inextinguibilidad
mas nunca de fiabilidad. Prueba
a distinguir los sabores del durazno y el albaricoque,
para conocer cuán poco es fiable, y luego discierne
la inquietud que su recuerdo agita en desconocidas coordenadas,
ahí donde estamos teniendo una primera cita
en una euforia de salinidad. Solo
queda un efecto de superficie, que podría embriagarnos
con llamados inexhaustibles, inextinguibles si la vida,
además de interminablemente expansible,
no fuera a la misma vez finita.

Estamos por cierto en campos muy amenos
pero como existe asimismo la ingeniería militar,
debajo de los rizomas y los tallos se ocultan
minas personales. Una para cada uno,
del mismo modo que a los niños pobres
les está asignado su transbordador de piojos.
Y les pica el cuero cabelludo como frustrada astrología.

En vez de estar comprimiendo cada vez más perversiones
en aparatos cada vez más diminutos,
como una cuatridimensionalidad del cerebro,
deberíamos quizá entonces estar ganando horas. Siquiera
emprender una privada Toma de la Bastilla
en vista de que no asaltamos el Parlamento
y sustituir la política de las noticias
por una juridicidad de las prístinas eras: cómo
el viento es en sí un mamut de analogías individuales,
cómo el fuego, por contraste, relata
la oscuridad de un alma. Y así
sucesivamente revisar las unidades de medida
para que la vida tenga factibilidad,
la imaginación obre, las olas insistan.

 

El penacho de una larga caña

El único lugar común que acepto hoy es el de una elegía.
Ahora tengo que escribirla y no sé cómo hacerlo.
Alguien que escribe un poema debe actuar como
un ingeniero, interesado solo en que la obra se sostenga,
pues en los alrededores hay arbustos y pájaros
y abajo pasan personas. A ellas quisiera pedirles
perdón, tal vez plagiando la performance
del pez volador. Con las branquias del pez y el ansia del volador.
No sé cómo hacerlo. En un argumento que casi he olvidado
un hombre usa las piletas azules como sendas
para encontrar que su casa ya no es su casa. Encogido
sobre la puerta, solloza bajo la lluvia y la lluvia se compadece
y le limpia las escoriaciones del ego. Descalzo,
recibe el don del arrepentimiento. Con las puntas
de mi corte mohicano yo también herí muchas cosas,
pisé larvas de la ternura y me amé a mí mismo
como si el cielo, en todas sus versiones, tuviera
que abastecerme de placer oral. Y cuando las gotas
también resbalaron por mi pelo no supe reverenciar el modo
en que un ojo comprime el mundo para hacernos un presente,
ya que somos amados y nos mira. No supe, no pude
porque había desarrollado un fetichismo por las tormentas eléctricas
y, como descendiente de una especie de raptores, me gusta
el sufrimiento. Quisiera pedir perdón. En medio
de un afluente encontré flotando una silla
y me senté para intentarlo. Observo en torno
el flujo de un día. Pasan por su curso sustancias
que son atrayentes y enseguida nos causan asco.
No entendí nunca nada. Pueda que un bolígrafo
sí comprenda. El etanol recoge mi lamento.

 


Foto Rafael EspinosaRAFAEL ESPINOSA (Lima, 1962). Publicó Aves de la ciudad y alrededores (2008), Amados transformadores de corriente (2010), Los hombres rana (2012), Hoyo 13: Novela barrial (2013), El portapliegos (2016) y El vaquero sin agua en la cantimplora (2017).

 

 

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Poesía por otros medios

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La prosa es la continuación de la poesía por otros medios. Lo decía Joseph Brodsky pensando en los ensayos de Marina Tsvietáieva pero no se quedaba en su ejemplo. La prosa es, históricamente, derivación del canto poético. En el principio fue la poesía. La maestra, la fuente de todas las literaturas. Habría que advertir que, en asuntos de arte, el disidente ruso no era un demócrata. Miraba los otros géneros por debajo del hombro. En el trono de las letras se sentaba, sin competencia alguna, el poeta. Debajo de él, los novelistas, los dramaturgos, los cuentistas. La poesía no es un entretenimiento, dijo alguna vez. No es siquiera un arte. “La poesía es nuestra finalidad como especie. Si lo que nos distingue del resto del reino animal es el habla, entonces la poesía como la forma superior del habla es nuestra diferencia genética”. No había forma de equiparar el genio de la poesía con los prosaicos oficios de la novela. Y, sin embargo, bien sabía Brodsky que cuando el poeta incursionaba en la prosa podía elevarla hasta sus alturas.

¿Qué le enseña la poesía al ensayo?, preguntaba Brodsky. El poeta tiene una báscula que nadie más tiene. Sólo él sabe que cada palabra tiene un peso único, que cada sílaba tiene una voz irrepetible. El poeta le ordena también al prosista omitir lo obvio y cuidarse de los peligros de la grandilocuencia. Lo invita siempre a rendir tributo a la música. El oído es el órgano de la escritura. Brodsky tenía claro que el trato no era recíproco. La prosa muy poco tiene que enseñarle a los poetas. Tal vez un buen novelista puede invitarnos a prestar atención al lenguaje común, a registrar las palabras de la calle. Pero en realidad la lección auténtica está en otro lado. Un poeta puede sacar más provecho escuchando un cuarteto de Haydn que leyendo Dostoievski.

El artículo completo en nexos de diciembre

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Extracciones: Alternarse [Juliana Spahr]

Portada Alternarse

Dentro de las buenas noticias que suelen llegarnos de México, una que nos alegró especialmente es la publicación por Stomias Boa de las plaquettes Absolutamente moderno del chileno Mario Verdugo y Alternarse de la norteamericana Juliana Spahr. Con esto, el sello que dirigen los poetas Daniel Bencomo y Luis Eduardo García da el salto del digital al papel con dos autores imprescindibles de la poesía contemporánea de ambos extremos del continente.

 

Para que se hagan partícipes de nuestro entusiasmo, les compartimos un pequeño fragmento de Alternarse, poema largo extraído del libro Fuck You-Aloha-I Love You (Wesleyan, 2001) y cuya traducción estuvo a cargo del poeta y traductor mexicano Román Luján.


En un cuarto nos sentamos en torno a una mesa.

La mesa es de madera oscura.

Tiene patas gruesas.

Es un espacio para reunirse con límite de madera.

En otro cuarto, en un cuarto de hotel, nos desvestimos apresuradamente.

Usamos la mesa como barrera y dejamos nuestras cosas sobre ella.

Valoramos la mesa como decoro.

Una mesa que es de madera, que es dura.

Una cama es suave y nosotros, las dos personas en el cuarto de hotel, deslizamos nuestras manos sobre el cuerpo del otro mientras nos reclinamos en ella.

Nos gusta la sensación del cuerpo del otro.

Esto es placer.

Esto también es hablar.

Nosotros en el cuarto de la mesa hablamos a través de la mesa.

Nosotros en el cuarto de la mesa hacemos gestos.

Debatimos cómo desear acción.

Señalamos.

Hablamos de discurso no comprometido.

Confesamos.

Problematizamos.

Nos hablamos en frases de patrones elaborados.

Nos parecemos al otro. Nos vemos como el otro. Nos entendemos hasta en una discusión.

In a room we sit around a table. / The table is dark wood. / It has thick legs. / It is a space for gathering with a boundary of wood. // In another room, in a hotel room, we hurriedly undress. // We use the table as a barrier and we rest our things on it. / We value the table as decorum. / A table that is wood, that is hard. // A bed is soft and we, the two people in the hotel room, run our hands over each other’s bodies while reclined upon it. / We like the feel of each other’s bodies. / This is pleasure. / This is also speaking. // We in the room with the table speak over the table. / We in the room with the table gesture. / We debate how to want action. / We point. / We speak of uninvested discourse. / We confess. / We trouble. / We speak to each other in elaborate patterns of sentences. / We are similar to each other. We look like each other. We understand each other even in argument.


Foto Juliana SpahrJULIANA SPAHR (Chillicothe, Ohio, 1969). Poeta, crítica y editora estadounidense. Entre sus publicaciones destacan los libros de poemas Response (1996), por el que obtuvo el National Poetry Series Award, Fuck You-Aloha-I Love You (2001), Well Then There Now (2011) y That Winter The Wolf Came (2015), y el volumen de crítica Everybody’s Autonomy: Connective Reading and Collective Identity (2001). En 2009 recibió el O.B. Hardison Jr. Poetry Prize.

Foto Román LujánROMÁN LUJÁN (Monclova, Coahuila, 1975). Poeta y traductor mexicano. Autor de los libros de poemas Instrucciones para hacerse el valiente(2000), Aspa Viento (2003; en colaboración con Jordi Boldó), Deshuesadero (2006), Drâstel (2010) y Nigredo: antología personal (2013). Obtuvo los premios nacionales de poesía Abigael Bohórquez en 1997, Francisco Cervantes Vidal en 2005 y Amado Nervo en 2013.

 

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Nadie

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Me libraré de la opresión y del ruido exigente de una voz familiar. En los aludes soy un copo de nieve y en las tempestades una gota de frío. Cuando salgo incandescente de la pistola y busco con determinación el pecho de mi adversario mi voluntad se concentra en un glorioso impulso de penetración. He perdido todos los trenes del mundo y jamás llegué tarde a ninguna cita, porque nadie me esperó jamás. Soy divinamente inútil, no estoy registrado en ningún censo, ni pertenezco a ningún partido, ni tampoco fabrico cosas para uso cotidiano. He dejado que se pudrieran dócilmente las hojas caídas de pasados otoños. No acudo a ningún río sin una buena provisión de lágrimas, como aquel pueblo errante y milenario. Piso la tierra con esfuerzo y me tumbo bajo la sombra de estatuas mutiladas hasta que los rayos del sol asoman por detrás de edificios en ruinas. En cada rostro humano veo la codicia y la ternura. Cada vez que me ignora la muchedumbre siento un deseo irrefrenable de confundirme con el cobre inmemorial que yace escondido en las entrañas de un paisaje desolado y remoto. Me han crecido excrecencias de silencio. Tengo que perseguir fracasos aún más vulgares atravesando barreras de fuego. Aunque las verduleras que venden sus productos dando gritos cobren la forma de mis padres y me llamen a casa y sonrían al niño. Adiós, adiós, les dirá mi solemne vocación. Con qué ilusión emprenderé el camino cuando comience a levantarse el viento. Tengo que pasar bajo arcos derrumbados, en las augustas ciudades del desierto, a través de un gran círculo de arañas. Levantaré las piedras para aplastar con ellas al astuto escorpión. Caminaré descalzo para llegar a ser nadie.
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Miradas

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Nosotros engendramos la luz

al mirar al sol.

Nosotros provocamos la lluvia

al mirar las nubes.

Nosotros inventamos la oscuridad

al mirar la noche.

Nosotros concebimos lo divino

al mirar las almas.

Nosotros proclamamos la belleza

al mirar los cuerpos.

El universo no existiría

sin nuestra humilde mirada.

El mundo se desvanecería

si nuestros pobres ojos no se posaran sobre su piel.

Rafael Argullol Murgadas

http://www.elboomeran.com/blog/

 

La pintura la pillé aquí: https://abrelosojosarte.com

LOS CABALLOS SALVAJES

De pronto cuidas a tu madre y no te reconoce. Tu madre quiere leche. Le da miedo tu figura y te llama Ernestina. Los caballos salvajes son tan solo una bonita ilusión. Nunca serás uno de ellos. Dios no existe y los santos ahora son hombres locos que aprenden con maestría a querer a los extraños. Ese extraño ahora eres tú, que sonríes y quieres a tu madre enferma. Porque solo un personaje se ilumina la cara y comprende que nada existe. Y que las madres, se supone, quieren a los hijos. Y que los hijos, se supone, deben adorar a las madres. Y que las madres deben adorar a otras madres y confundir sus manos con manojos de llaves. Por eso las madres siempre encuentran lo que se te ha perdido más rápido que tú. Porque dios ha muerto, y los caballos corren en círculos, engañados en su propia libertad. Ahora te sientes normal, no eres un dios, ni un hombre ni un personaje, ni una mujer que no existe sino en la imaginación de tu madre enferma. Al fin. Eres tú y caminas siendo tú, envolviendo tus pies en oscuras esferas para no volverte uno con el cemento. Pero extrañas la colilla, la ceniza del odio. Estás solo. Realmente solo. Tu amigo duerme en el sofá. Y tienes la certeza de una herencia. Pero aun así estás – solo – No le dices a nadie de tu soledad, es inútil. Oyes el relincho en la voz de una amiga. Reconstruyes paredes con la ayuda de una mosca. Duermes en el callado suelo de una habitación sin puerta. Ernestina ha quedado en llevarle la leche a tu madre. Vuelves del lugar de los vivos, subes los peldaños como pisando sarcófagos, porque sabes que te acercas a algo que ha dejado de existir. Iluminas de a poco la habitación. Sostienes la leche en la mano que no está enferma como un premio, como si tu mano fuese responsable de un deseo, un deseo tal vez inútil que no significa nada, pero un deseo que palpita. Y caminas hacia el último peldaño de la escalera. Ahora eres Ernestina, cumples tu papel. Sonríes con una sonrisa de mujer extraña que no conoces, de ángel asexual, con tus ojos oscuros como monitores apagados. Y con el vaso frío de leche en tu mano derecha, inhalas el cigarrillo. Lanzas la ceniza en los zapatos de tu madre. Aplastas la colilla cerca de su sábana blanca. Y te acercas a ella. De pronto tu madre te reconoce, pero le pide un abrazo a Ernestina. Sabe que su muerte es también la suya. Te reconoce en el cristal del vidrio, pero prefiere callar. Sus ojos lánguidos fijos en el vaso de leche helada, acercan sus brazos a Ernestina. Buscan en algún lugar de su memoria la forma de un abrazo.

Pamela Rahn

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Adelanto: Ciudad bárbara [Rolando Martínez]

Poemas como situaciones que se dejan ver en la periferia de una ciudad cualquiera de Chile, Perú, México o cualquier otro país latinoamericano. Poemas que a pesar de su individualidad temática y contextual, en su conjunto logran configurar una ciudad, la Ciudad bárbara de Rolando Martínez, próxima a publicarse por Das Kapital.


ENJAMBRE DE LLORONAS

En una esquina del cuarto 23
lloran las plañideras.

Su llanto es la nota más alta de una canción sin acordes
vacía como solo es el silencio.

En el silencio no hay voces
sino una materia espesa.

Pero seamos francos, colega:

quién llora a estos mugrientos
sino unas pobres o enjutas plañideras.

Quién les llora, acaso
sino la ausencia de, insisto:

ausencia de ese cuerpo aciago en la materia
en esta fortaleza del olor a carne
……que hoy ampara este velorio y a este muerto, apenas.

 

REVISTA DE URBANISMO

Ester Guzmán
sobre el cité Las Palmas, dice:

veo puros parches
por debajo casi todo está podrido.

Y peor, constatar que al relato
……………se unen rostros tan fugaces
como el de una joven inmigrante
……………que al hacer contacto con la cámara, desaparece.

A simple vista
su cuerpo duro y limitado ya
a un pequeño dibujo en el pasado indica la respiración
el hálito, la exhalación semiprofunda
de este imponente montón de hojarasca.

De los dueños originales
casi no hay huella
salvo dos casas que permanecen vacías y otras, donde viven, por ejemplo
un médico de avanzada edad
una señora con su empleada
y una viejita que arrienda piezas.

Por supuesto
nadie responde a la puerta
ya lo dijo Ester Guzmán
por debajo casi todo está podrido:

parqué murales y palmeras

las que fueran reinas
y hoy despintan sus contornos
frente a los espejos.

 

MÚSICA ENVASADA

Llega borracho el papá.

Hay romance y no música cristiana
en ese mini componente
que hace años
amplificó a los Viking 5
y a Chacalón
y una vez, acaso
un discurso del presidente que anunciaba
subsidios habitacionales para todos los chilenos.

 

NOTICIA EN LA CUARTA

Como un plomo al agua
se fue en picada
la vida de Olga Silva Pardo
quien de atender banquetes
en casa de nobles europeos
pasó apenas a parar la olla
en la estrecha pieza de un conventillo chileno.

Rolando Martínez

ROLANDO MARTÍNEZ (San Marcos de Arica, 1979) Profesor de Educación Básica. Publicó Yeguas del Kilimanjaro (La Liga de la Justicia Ediciones, 2015; Maki_Naria Editores, 2015; Libros del Pez Espiral, 2017). Ha obtenido diversos reconocimientos literarios, entre los que destacan el segundo lugar en el Premio Lagar y la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro (2012, 2014 y 2015).

 

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Extracciones: Nueve lugares [Juan Santander Leal]

nueve-lugares.jpg

Ojos unidos con azúcar
manos con recuerdos
……………que no les pertenecen
en un parque donde los guardias
conversan en su idioma de bostezos
……y las enredaderas se tuercen
……………hasta hacer gura humana.

La resaca se evapora
la hélice de las arterias acelera
un rocío se entromete en el pecho
………………………deja una bestia de agua
que un par de pájaros beben.

Comienza la germinación de las costillas
la voz manipula la boca
el pasto cubre el corazón
y el ombligo sale a buscar
……………una piel que lo rodee.


La ciudad del insomnio tiene un solo habitante
que anda por calles
…………………………………donde las plantas postizas
engañan a la primavera y cumplen su deseo.

Se aloja en una pensión pintada con témpera
y sale a caminar por los lavatorios
………………por los pabellones
…………………………por los viejos bares del futuro.

Espera gorriones afuera de las heladerías
participa en los sorteos del amanecer
busca repuestos
……………………………que lo buscan a él
…………………………para ajustar sístole y diástole.

Recoge consonantes del suelo
con los débiles pilares de su mano
pone algunas en un bolso negro
…………………………………y retoma su camino.


JUAN SANTANDER LEAL

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