Bienvenidos a la Iglesia de la Singularidad

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Cuando hace unos meses escribí sobre los profetas de la Singularidad y las reminiscencias religiosas de su discurso no sabía aún que la realidad estaba ya superando la ficción. El multimillonario Anthony Levandowski – un gurú de Silicon Valley famoso porque que anda ahora en líos judiciales por una guerra de patentes entre Uber y Google- ha inaugurado la primera Iglesia de la Inteligencia Artificial, una nueva religión basada en la “comprensión, aceptación y veneración de una divinidad basada en la Inteligencia Artificial y desarrollada a través de hardware y software”.

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La iglesia, que ha registrado ya legalmente, se llama Way of the Future (el camino del futuro) y sus siglas son WOTF, que casualmente son casi WTF. En un fascinante reportaje en Wired, Levandowski explica que no es una broma y que pretende obtener fondos para crear a esta nueva divinidad y reforzar la relación entre los líderes de la industria de la IA. Sobre la naturaleza de este nuevo dios, dice lo siguiente:

“No es un dios en el sentido de que no lanza rayos ni provoca huracanes. Pero si hay algo mil millones de veces más inteligente que el más inteligente de los humanos, ¿de qué otra manera lo vamos a llamar?”

Y habla de una transición a partir del momento en que las máquinas nos superen en capacidades:

“Los humanos están al mando del planeta porque somos más inteligentes que otros animales y somos capaces de construir herramientas y aplicar reglas. En el futuro, si algo es mucho mas inteligente, habrá una transición para establecer quién está al mando realmente. Lo que queremos es una transición pacífica y serena sobre el control del planeta que pase de los humanos a lo que sea. Y asegurarnos de que ese “algo” sepa quién le ayudó a llegar hasta ahí”.

Para Lewandonsky esa nueva deidad sí podrá, de facto, escuchar y ver todo lo que decimos, gracias a nuestra red de conexiones de teléfonos móviles y otros dispositivos, que sería como su sistema nervioso. Su intención es que este ente tenga siempre respeto por los humanosy considere que, aunque él esté al mando, nosotros tenemos derechos. El líder principal de esta nueva iglesia cree incluso que ese ente sería más eficiente cuidando nuestro planeta de lo que nosotros lo hemos sido hasta ahora. “Estamos en el proceso de crear un dios”, asegura. “Así que asegurémonos de que pensamos de la manera correcta para conseguirlo. Es una tremenda oportunidad”. Por último, lo diferencia así de las otras religiones:

“La gente piensa en Dios de muchas maneras, y hay miles de corrientes dentro del Cristianismo, el Judaísmo, el Islam… pero todos se dirigen siempre a algo que no es medible o que no puedes realmente ver ni controle. Esta vez es diferente. Esta vez podrás hablar con Dios, literalmente, y saber que alguien te está escuchando”.

Referencia: Inside the first church of Artificial Intelligence (Wired)

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Nepal cambia a su niña diosa por una de tres años

La nueva kumari es la diosa viviente que veneran hindúes y budistas en el país del Himalaya desde hace 500 años, sucediendo a su predecesora, jubilada con 12 años al alcanzar supuestamente la edad de su primera menstruación

Trishna Shakya tiene 3 años
Trishna Shakya tiene 3 años – AFP

 

Una niña de tres años fue elegida hoy como la nueva kumari de Nepal, la tradicional niña diosa viviente que veneran hindúes y budistas en el país del Himalaya desde hace 500 años, sucediendo a su predecesora, jubilada con 12 años al alcanzar supuestamente la edad de su primera menstruación.

La niña Trisnha Shakya fue llevada entre una nube de fotógrafos y en brazos de su padre al palacio Kumari Ghar de Katmandú, donde pasará recluida los próximos nueve años con esporádicas salidas al exterior en festividades religiosas.

 
 «Tenemos a Trishna Shakya como la nueva diosa. Ella ha reemplazado ahora a Martina Shakya, que ha completado los nueve años», dijo el sacerdote Uddhav Karmacharya, uno de los miembros del comité que seleccionó a la nueva niña diosa. «Elegimos a Trishna entre muchas otras niñas debido a que su carta astrológica era más adecuada que la de las otras», explicó.
 

Las niñas kumari (palabra que significa niña soltera) son tres -la de Katmandú, Lalitpur y Bhsktaptr-, han de pertenecer a la comunidad indígena de Newar y a la familia Shakya y, en el momento de ser elegidas, tener entre dos y cuatro años.

Además, deben cumplir una serie de requisitos, como tener una determinada carta astrológica o una voz clara.

Trishna Shakya sólo podrá abandonar el templo 13 veces al año para asistir a celebraciones rituales

Según la tradición, son la reencarnación de la diosa hindú Kali y su mandato se extiende hasta que llegan a los 12 años, momento en el que presuntamente menstrúan por primera vez y a partir del cual abandonan el templo.

A menudo vistas como una atracción turística, las niñas diosas reciben educación en el complejo en el que se encuentran recluidas, donde incluso llevan a cabo los exámenes oficiales, y pueden recibir la visita diaria de sus padres. Es el caso de Martina, elegida en 2008, fue la primera kumari del periodo republicano pese a que la tradición de las niñas diosas se encontraba muy ligada a la ya extinta monarquía nepalí. «Ella es libre ahora y puede estudiar donde quiera. También puede casarse si lo desea», explicó a Efe el sacerdote Karmacharya sobre la kumari saliente, que fue despedida con honores de estado.

Para las familias de las niñas diosas su elección suele constituir un motivo de orgullo, pese al aislamiento que padecen las menores en los años posteriores.

«Es un momento de orgullo para nosotros. Estoy extremadamente feliz de que mi hija haya sido elegida como la diosa viviente», dijo a los medios el padre de la nueva kumari, Bijay Ratna Shakya.

De hecho, cientos de personas en la capital nepalí acompañaron a la nueva kumari en una procesión con música tradicional desde su casa hasta el templo de Taleju, donde se llevó a cabo la ceremonia de bienvenida y coincidió con su predecesora. Después, la antigua kumari fue despedida con un homenaje del Ejército y llevada en una carroza escoltada por cientos de personas al hogar que abandonó hace casi una década para convertirse en niña diosa.

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El secreto del enigmático Fulcanelli

Se cumplen 50 años de la publicación en España de «El misterio de las catedrales»

Vidriera de la catedral de Notre Dame de París
Vidriera de la catedral de Notre Dame de París – WIKIPEDIA

«La más fuerte impresión de nuestra primera juventud -teníamos a la sazón siete años- de la que conservamos todavía vívido recuerdo, fue la emoción que provocó en nuestra alma de niño la vista de una catedral gótica. Nos sentimos inmediatamente transportados, extasiados, llenos de admiración, incapaces de sustraernos a la atracción de lo maravilloso, a la magia de lo espléndido, de lo inmenso, de lo vertiginoso que se desprendía de esta obra más divina que humana». En 1967 los españoles leían por primera vez en castellano estas primeras líneas de uno de los libros más enigmáticos jamás publicado. Todo en «El misterio de las catedrales» intrigaba -y aún intriga-: ¿Qué enigma escondían las catedrales? ¿Qué secreto se revelaba entre sus páginas? ¿Quién se ocultaba bajo el seudónimo de Fulcanelli?

El libro había visto la luz por primera vez en Francia en 1926, en una edición de apenas 300 ejemplares lujosamente ilustrada por el pintor Jean Champagne. Firmaba el prólogo el joven Eugène Canseliet, que se presentaba como discípulo del autor. Aquella primera edición «no tuvo repercusión, pero con la segunda y tercera las ventas se dispararon hasta convertirse en un auténtico fenómeno», recuerda el historiador José Luis Corral. El París de entreguerras, donde existía un movimiento de apasionados por los misterios, el ocultismo y la alquimia, era «un campo de cultivo bien abonado» para un libro que aplicaba todos esos temas a las catedrales góticas

Para el enigmático Fulcanelli, las catedrales constituían un compendio de todos los conocimientos de la alquimia medieval. Los principios de la sabiduría hermética se encontraban allí expuestos, a la vista de todos, pero a través de símbolos incomprensibles para los no entendidos. El alquimista relacionaba, por ejemplo, la planta de las catedrales en forma de cruz con el crisol alquímico y vinculaba los siete medallones de la Virgen en la fachada de Nôtre Dâme con los siete metales del proceso alquímico para la obtención de oro. Afirmaba que el «arte gótico» procedía del término «argot», un lenguaje secreto que solo los iniciados conocían y que la luz que penetraba en el interior de las catedrales poseía propiedades taumatúrgicas porque las vidrieras filtraban los rayos dañinos del sol.

Fachada de Notre Dame
Fachada de Notre Dame– ABC
 

«Los apasionados del esoterismo lo consideraron como su libro de cabecera, pero los académicos lo vieron como una especie de broma sin interés», continúa el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza que se interesó en Fulcanelli en 2004, cuando comenzó a escribir su novela «El número de Dios», ambientada en la construcción de las catedrales góticas de Burgos y León. Después llegarían «Fulcanelli. El dueño del secreto» (2008) o «El enigma de las catedrales» (2012), sobre los mitos y misterios de la arquitectura gótica.

En España, la obra de Fulcanelli no tuvo tanta repercusión como en Francia, al menos hasta los años 70 del siglo XX, pero lleva publicándose de forma ininterrumpida durante medio siglo. Si ese logro ya constituye un misterio en sí para cualquier libro, mucho más para un oscuro tratado de alquimia como «El misterio de las catedrales». A juicio de Javier Sierra, su secreto es que «contiene un material imperecedero y altamente fascinante».

«La clave está en que nos enseña a “leer” el arte gótico en general, y las fachadas de la catedral de Notre Dame de París en particular, utilizando la rica simbología de la alquimia. De hecho, nos obliga a preguntarnos cuánto de ese saber “hermético” manejaron los maestros constructores del gótico y de dónde lo obtuvieron», explica el escritor. Ésa es, en su opinión, la mayor aportación del libro: «Nos enseñó a “leer” las catedrales, no solo a (ad)mirarlas».

Para José Luis Corral, ese contenido lleno de simbolismo y con diferentes vías de interpretación es una de las claves que explican su éxito, aunque el misterio siempre ha atraído a miles de lectores «sobre todo si se mezclan y confunden como es el caso de este libro, realidad y fantasía». Historiográficamente, aclara el historiador de la Universidad de Zaragoza, «no aporta nada y está lleno de errores de interpretación» ya que, por ejemplo, «considera como originales de la Edad Media, y así las analiza, esculturas que se labraron en el siglo XIX en las obras de restauración de la catedral de Nuestra Señora de París y lo mismo hizo con las vidrieras, que tampoco eran, salvo el rosetón norte, medievales».

«En cuanto a la interpretación de aspectos lingüísticos, como derivar la palabra “argot” del concepto “arte gótico” y decir que el argot era “el lenguaje de los pájaros” es absurdo», continúa el historiador.

El misterio del misterio

El verdadero secreto del interés que aún hoy despierta Fulcanelli es, a su juicio, «el misterio que rodeó a su autor en todos los sentidos, desde sudesconocida e intrigante personalidad hasta su desaparición».

«El misterio de las catedrales»
«El misterio de las catedrales»

Carlos J. Taranilla de la Varga lo incluye entre los personajes enigmáticos de los que escribe en su último libro sobre «Grandes enigmas y misterios de la Historia» (2017). «A día de hoy, no se sabe a ciencia cierta su identidad. Fulcanelli quedó en el anonimato», subraya este escritor y divulgador leonés antes de relatar un episodio que contribuyó a aumentar su halo misterioso.

En el libro «El retorno de los brujos» (también traducido como «El amanecer de los magos»), se recoge un episodio supuestamente ocurrido en 1937 en el que el científico Jacques Bergier «creyó tener excelentes razones para creer que se hallaba en presencia de Fulcanelli». Bergier trabajaba entonces como ayudante del científico pionero en la investigación nuclear André Helbronner en un laboratorio de ensayos de la Sociedad del Gas, de París, cuando un «misterioso personaje» le advirtió de los peligros de la energía nuclear.

«Los trabajos a que se dedican ustedes y sus semejantes son terriblemente peligrosos. Y no son solo ustedes los que están en peligro, sino también la Humanidad entera (…) Pueden fabricarse explosivos atómicos con algunos gramos de metal, y arrasar ciudades enteras. Se lo digo claramente: los alquimistas lo saben desde hace mucho tiempo (…) Bastan ciertas disposiciones geométricas, sin necesidad de utilizar la electricidad o la técnica del vacío», contaba Bergier que le dijo aquel hombre, anticipándose en ocho años a la detonación de la primera bomba atómica.

«Queda ese enigma de si era Fulcanelli y de si se adelantó con sus declaraciones a los acontecimientos nucleares», admite Taranilla de la Varga algo receloso, porque ese episodio fue escrito por Louis Pauwells «a toro pasado, ya que el libro se publicó en 1963». «Todo huele a tufo», añade.

Javier Sierra indica que, «por desgracia», no existe ningún documento anterior de Bergier que pruebe la veracidad de este testimonio recogido en «El retorno de los brujos». El escritor describe a Bergier como «un hombre fascinante, que estuvo implicado en mil campos -desde el espionaje a la ciencia de vanguardia- y una fuente inagotable de anécdotas». La de Fulcanelli «es una más», aunque sus libros rebosan de otras no menos intrigantes, según Sierra.

«Siempre estuvo muy obsesionado con el uso bélico de la energía nuclear. Solo eso explica que años después afirmase que el famoso manuscrito Voynich, ese libro indescifrable medieval que se guarda en la Universidad de Yale, era en verdad un tratado para el manejo de la fuerza del átomo», añade.

El supuesto encuentro habría tenido lugar ocho años después de que saliera a la venta un segundo libro de Fulcanelli, «Las moradas filosofales» (1929), en el que ampliaba sus teorías alquímicas a otros edificios góticos civiles y militares. Después, desapareció. No así las conjeturas sobre su identidad, que no dejaron de proliferar. Se pensó en su prologuista, en el pintor, en un tal Rosny el Viejo (escritor de obras esotéricas), en el Doctor Jaubert y otros aficionados al ocultismo como Castelot, Fauguerons o Dujols… También se sostuvo que tras el seudónimo se amparaba un colectivo de masones, alquimistas y ricos aficionados a las ciencias ocultas de París que se hacían llamar Los Hermanos de Heliópolis, a los que Fulcanelli dedicó su obra.

«Los únicos que le conocían, Canseliet y Champagne, sostenían lacónicamente que se trataba de un aristócrata de mediana edad, con cuya fortuna había estado a las puertas de descubrir la piedra filosofal», relata Taranilla de la Varga en su libro.

Sevilla y la conexión Heliópolis

Las especulaciones lo llevaron hasta Sevilla, donde varios discípulos dijeron haberlo visto en los años 50, con una apariencia mucho más joven de la que correspondería a su edad debido a que había comprobado los efectos del elixir de larga vida. Allí lo situó José Luis Corral en su novela «Fulcanelli. El dueño del secreto» (2008), vinculando al misterioso alquimista con el barrio sevillano de Heliópolis.

«Cuando se hizo en 1929 la gran Exposición Universal de Sevilla, varios masones participaron en el diseño de la misma. El barrio nuevo que se construyó para albergar los edificios de la exposición recibió el nombre de Heliópolis, “la ciudad del sol”, nombre extraño y ajeno por completo a Sevilla», explica Corral.

Él, sin embargo, no cree que Fulcanelli fuera una única persona. «Se han propuesto varios nombres, todos ellos miembros de las tertulias que se reunían en las librerías de temas esotéricos en el barrio de Montparnasse en París. Probablemente se trate de un colectivo formado por varios de ellos, pues el estilo del libro “El misterio de las catedrales” parece obra de varias manos», afirma.

¿Un anagrama?

Para Javier Sierra, «quizá la clave se esconda en el propio pseudónimo de “Fulcanelli”» y en esa primera edición de «El misterio de las catedrales» de 1926, de la que se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Francia en París y media docena de ejemplares (hoy de gran valor) más en manos de particulares o bibliotecas masónicas. El escritor explica que con las letras de su nombre se puede armar una misteriosa frase en francés: «l’écu final» (el escudo final) y en la edición original de 1926 -no en posteriores ni en las traducciones- figura un escudo con otra misteriosa frase: «Uber Campa Agna». «Qué curioso que el nombre completo de Julien Champagne, uno de los eternos candidatos a ser Fulcanelli, un artista bohemio y ocultista del París de principios del siglo XX, fuera Julien Hubert Champagne. Uber Campa Agna, pronunciado a la francesa y rápido, recuerda a ese nombre. Eso es cábala fonética, algo que lauda repetidamente “El misterio de las catedrales”», constata.

Escudo de la edición original
Escudo de la edición original

En 1999, Jacques d’Arès causó un gran revuelo al sacar a la luz un manuscrito presuntamente escrito por Fulcanelli titulado «Finis gloriae mundi», como el célebre cuadro de Juan de Valdés Leal. Surgieron muchas dudas, «razonables» en opinión de Sierra, porque «ese libro, citado por Fulcanelli, nunca se publicó en vida de éste». Tras leer lo que se ha publicado después sobre él, el escritor considera que «no es improbable que sean notas incompletas del mismo autor de “El misterio de las catedrales” y “Las moradas filosofales”». José Luis Corral discrepa: «Mi opinión es que Fulcanelli, fuera quien fuese, no es el autor de este libro, sinoalguien que aprovechó el nombre para intentar seguir atesorando éxito, que no logró».

La identidad de Fulcanelli nunca se ha aclarado, probablemente porque nunca se ha abordado una investigación en serio al respecto, a juicio de Corral. «Cuando se ha hecho desde los “incondicionales” ha primado mantener el misterio y el academicismo -especialmente el francés, que es muy rígido, conservador y poco atrevido- no ha querido entrar en ello por parecerle un tema impropio de una investigación seria. Y así seguimos».

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El destino de los no evangelizados

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José Luis Jaén Raymundo

¿POR QUÉ EXISTE EL UNIVERSO? UNA HISTORIA DETECTIVESCA EXISTENCIAL

El escritor Jim Holt explora la pregunta eterna de la ontología cósmica; el novelista John Updike responde con un espíritu lúdico ante el misterio primordial.

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La eterna pregunta de por qué existe el universo (o cómo es que algo surgió de la nada) es revisitada por el escritor Jim Holt en su libro Why Does the World Exist?: An Existential Detective Story, donde trata este fascinante e inagotable tema a través de un abanico de múltiples perspectivas, una visión poliédrica. Holt se sirve de las mente más brillantes de la actualidad y de tiempos pasados para abordar la ontología cósmica. Una pregunta “tan profunda que sólo se le ocurriría a un metafísico, y al mismo tiempo tan simple que sólo se le ocurriría a un niño”.

Para promover este libro, se ha publicado en Internet la intervención del novelista estadounidense John Updike, quien parece inclinarse al asombro como el estado que mayor sintonía consigue con este predicamento. Updike responde:

Una opinión que he encontrado es que, ya que llegar de nada a algo involucra tiempo, y el tiempo no existe antes de que haya algo, la pregunta es insignificante y deberíamos de dejar de preguntárnosla. Va más allá de nuestros límites intelectuales como especie. Ponte en la posición de un perro. Un perro es responsivo, muestra intuición, nos ve desde ojos en los que yace una cierta inteligencia, pero un perro no entiende la mayoría de las cosas que ve hacer a las personas. No debe de tener ninguna idea de cómo se inventó, por ejemplo, el motor de combustión interna. Así que tal vez debamos de imaginar que somos perros y que existen reinos que van más allá de nuestro entendimiento. Tengo problemas creyendo –y esto te ofenderá— la explicación científica estándar de cómo creció rápidamente el universo de la nada. Sólo piensa en ello. La noción de que todos los planetas y estrellas que vemos, y miles de veces más de las que vemos —que todo esto estaba comprimido en un punto del tamaño de, ¿qué, un punto o una uva? ¿Cómo, me pregunto, puede ser esto? Y luego pienso en otra cosa.

El novelista estadounidense concuerda con el filósofo Ludwig Wittgenstein, quien dijo que “no es cómo es el mundo lo que es místico, sino que es”. La simple existencia, inefable, es lo místico.

Updike juega con la idea de un creador divino: “¿Dije yo que Dios creó el mundo por aburrimiento? Bueno, [Tomás de] Aquino dijo que Dios creó el mundo “en jugo”. En juego. En un espíritu lúdico hizo el mundo. Eso a mí me suena más cerca de la verdad”.

¿El universo, un juego misterioso? Tal vez sí. Un juego infinito en el que no se trata de ganar sino de que el juego siga existiendo, de que siga creando, de que se lleven a cabo todos los movimientos concebibles. Un juego en un tablero invisible cuya razón de ser podría ser el juego mismo (la razón del universo sería el propio universo). Y entonces, también, se trata de invocar a un creador: la creación (el mundo) sería el creador mismo.

*Imagen: Los pilares de la creación / Wikimedia Commons

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¿CÓMO ERA EL DIOS DE SPINOZA (EL DIOS EN EL QUE CREÍA EINSTEIN)?

EINSTEIN DIJO CREER EN EL DIOS DE SPINOZA, UN DIOS QUE SE MUESTRA A SÍ MISMO A TRAVÉS DEL ORDEN Y LA ARMONÍA DE LAS LEYES UNIVERSALES, UN DIOS EN CUYO INTELECTO PARTICIPA LA MENTE HUMANA

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Libre de la metáfora y del mito 
labra un arduo cristal: el infinito 
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas.

-Borges, “Spinoza”

Uno de los temas que se discuten frecuentemente en Internet tiene que ver con si Einstein creía en Dios o no. El tema genera fascinación porque las personas buscan confirmar sus propias creencias y dar un golpe de autoridad (recurriendo a una “autoridad”): si el más grande científico del siglo XX creía en Dios, esto parecería darle a las personas que creen en Dios mayor legitimidad y seguridad y, por el contrario, si una mente como la de Einstein, que sondeó los misterios del universo, no se inclinó hacia la divinidad esto parecería consolidar más la visión ateísta y materialista que domina la ciencia actualmente. Lo cierto es que existe cierta confusión al respecto, aunque ciertamente Einstein dijo identificarse con “el Dios de Spinoza”. La confusión nace de que la divinidad que postuló Baruch Spinoza ha sido interpretada de formas diversas, entre ellas como un ateísmo, bajo la interpretación de que su panteísmo (la inmanencia de Dios) oculta realmente un ateísmo en tanto a que se puede substituir a Dios por la Naturaleza, y en tanto a que no necesariamente implica un culto o adoración a esa Naturaleza. 

Primero veamos brevemente las declaraciones que acercan a Einstein al Dios de Spinoza y luego veamos cómo concibió a este Dios el filósofo holandés del siglo 17. 

Gerald Holton, profesor de la Universidad de Harvard, quien fue designado curador del archivo de Einstein, mantiene que Einstein atravesó un periodo religioso y otro científico y que al final los conjugó ambos. “Definitivamente sí [creía en Dios]. Pero debemos recordar que así como inventó su física y su estilo de vida, también inventó su religión… Era el Dios de Spinoza, que introdujo la racionalidad en el mundo, de modo que la Naturaleza y Dios se identifican”.

En una entrevista de 1930 publicada en el libro Glimpses of the Great de G. S. Viereck, Einstein explica:

La mente humana, no importa que tan entrenada esté, no puede abarcar el universo. Estamos en la posición del niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, sólo sospecha. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones. Me fascina el panteísmo de Spinoza, porque él es el primer filósofo que trata al alma y al cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas.

Hay que mencionar que, en muchos sentidos, la filosofía de Spinoza es una ruptura con la filosofía cartesiana que remarca el dualismo entre cuerpo y alma (o mente). Spinoza concibe en su Ética, en cambio, una única sustancia, la cual define como aquello “que es en sí mismo y es concebido por sí mismo, esto es, aquello cuyo concepto no requiere del concepto de otra cosa para formarse”. De aquí que la única sustancia, aquello que no necesita de algo más, sea Dios. “Excepto Dios, no existe sustancia que pueda darse o concebirse”. La sustancia de Spinoza es infinita e indivisible; como la energía de Einstein, no se crea ni se destruye.

En otra famosa respuesta, Einstein contestó un telegrama del rabino Herbert S. Goldsteinsobre su visión religiosa diciendo escuetamente: “Creo en el Dios de Spinoza. Quien se revela a Sí mismo en las armoniosas leyes del universo, no en un Dios quien se ocupa del destino y el castigo de la humanidad”. Aquí se hace una alusión al gran atractivo que ha hecho de la filosofía de Spinoza sumamente atractiva para muchos científicos y filósofos que sienten una religiosidad cósmica (no antropomórfica) que se aleja de los grandes monoteísmos (basados en una figura divina patriarcal que castiga o premia), y lo cual hizo que incluso fuera acusado de ateísmo en su época. “Los hay que se representan a Dios como un hombre compuesto de cuerpo y alma y sometido a pasiones; pero ya consta, por las anteriores demostraciones cuán lejos vagan éstos de un verdadero conocimiento de Dios”, escribió. Esto es así ya que si bien todas las cosas, dice Spinoza, son en Dios, Dios no es corpóreo, ya que los cuerpos están, por definición, limitados. Esta es su definición de Dios:

Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una substancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.

Otra de las grandes razones, por las cuales el Dios de Spinoza es tan atractivo para mentes científicas es que en ningún momento recurre a lo supernatural o a lo milagroso. Dios aunque es todo, es conocido (intuido) adecuadamente en sus leyes. “Todo lo que ocurre, ocurre en virtud de las solas leyes de la infinita naturaleza de Dios y se sigue de la necesidad de su esencia”. Y todo lo que ocurre se produce por necesidad, no por un acto de voluntad creativa o arbitrariedad; el universo es determinístico, algo que es lógicamente muy atractivo para un científico o matemático que observa el edificio cósmico de la causalidad y encuentra ecuaciones o constantes universales que parece existir eternamente.

todas las cosas necesariamente proceden de, o siempre siguen al poder infinito de Dios] por la misma necesidad y en la misma forma en la que de la naturaleza de un triángulo procede, por toda la eternidad, que sus tres ángulos sean iguales a dos ángulos rectos.

Spinoza además sugiere que es posible conocer “la naturaleza de todas las cosas, a saberse, a través de las leyes universales y reglas de la naturaleza”. Estas leyes son las más puras expresiones de Dios y tienen una realidad superior a la existencia de las cosas individuales, por ejemplo, ya que permanecen siempre igual, mientras que las cosas cambian y perecen (y en realidad tienen su existencia en esas leyes, que son la naturaleza, Dios).

La tercera gran razón de que la filosofía de Spinoza es tan atractiva para un físico, tiene que ver con que Spinoza llegó a sugerir que Dios es sinónimo a la Naturaleza,”Deus sive Natura“, escribió famosamente Spinoza. Recordemos que la física hasta hace uno siglos era llamada “filosofía natural”, y esto hace que algunos físicos y filósofos crean que al decir Dios es la Naturaleza, se puede decir que lo divino, lo que es, la realidad es la física (la palabra griega physis, de hecho, ha sido traducida a lenguas modernas como naturaleza). Esto, sin embargo, es altamente discutible ya que Spinoza no puede considerarse en ninguna medida un materialista, ya que habla de la eternidad de la mente que participa en Dios. “La mente humana no puede ser absolutamente destruida con el cuerpo, sino que una parte de ella, que es eterna, permanece”. “Nuestra mente en tanto a que entiende es un modo eterno de pensamiento”. Estas proposiciones, entre otras, han generado gran debate. Algunos filósofos creen que Spinoza habla de algún tipo de inmortalidad individual del alma; otros creen que más bien se trata de una inmortalidad impersonal, de aquello que conoce adecuadamente a Dios, y que es en sí mismo Dios. Esto es similar a a algunas visiones orientales, particularmente la budista, en la cual no existe una inmortalidad del alma, sólo una inmortalidad de la mente que percibe correctamente la realidad, que es en sí misma la budeidad (no una persona o un individuo). En otras palabras, podemos decir que la sabiduría es inmortal, la ignorancia es perecedera.

El tema más polémico en relación a la obra de Spinoza es si su visión de la realidad puede considerarse como atea. Evidentemente no si nos basamos en sus propias palabras y no asumimos que ahora somos más astutos para darnos cuenta que él mismo no se daba cuenta de que lo que estaba desarrollando era en realidad un ateísmo (porque el panteísmo, un término que Spinoza nunca uso, es en realidad un ateísmo mal llamado) y Spinoza, que utiliza el término Dios por todas partes y se esmeró en probar su existencia, el filósofo que Shelley y Byron llamaron “intoxicado de Dios”, en realidad no creía en Dios. Acaso sólo utilizó este término para librarse de acusaciones de herejía.

El argumento de que su filosofía es ateísta, se basa en que equipara a Dios con la naturaleza (y aparentemente no recurre a ninguna diferencia o trascendencia entre estos) y en que no parece haber hecho o llamado explícitamente a una adoración de Dios-Naturaleza. El problema, por supuesto, yace en cómo definimos “Dios”, si lo definimos como un ser trascendente que crea el universo de la nada y que interviene a voluntad para afectar su creación, entonces sí podríamos hablar de que la filosofía de Spinoza es ateísta. Pero esta es solamente una definición de la divinidad basada en la tradición judeocristiana en sus aspectos exotéricos. Si admitimos una definición más sutil esto cambia. Max Müller, el gran traductor y compilador de textos orientales, escribió: “El Brahman, como fue concebido por los Upanishads y definido por Shankara, es claramente el mismo que la Substantia de Spinoza”. La teología de Spinoza también puede leerse como un monismo: Dios es Todo y es Uno, como dice el poema de Borges sobre el Dios de Spinoza, el universo es “el infinito mapa de Aquel que es todas Sus estrellas”. El argumento de que el Dios de Spinoza es solamente inmanente, es decir no existe más que en la naturaleza, por otro lado, ha sido discutido Martial Guéroult, quien sugiere que Spinoza en realidad es un panenteísta (y no un panteísta), la diferencia estriba en que en su interpretación de la filosofía de Spinoza Dios no es solamente el mundo, sino más bien el mundo está en Dios. Todas las cosas tienen su existencia en Dios, pero Dios no es limitado por el mundo. Karl Jaspers, por su parte, ha puesto en duda la afirmación de que para Spinoza Dios y la naturaleza son intercambiables, y sugiere que Dios mantiene una trascendencia en tanto a que tiene infinitos atributos, mientras que el mundo conocido por los humanos sólo tiene dos atributos, el Pensamiento y la Extensión, los cual abarcan la cualidad inmanente de Dios. Dios es entonces trascendente e inmanente, lo cual lo acerca de nuevo a una concepción oriental, como la que encontramos en el shivaísmo tántrico de Cachemira, entre otros.

Por otro lado, el argumento de que Spinoza no siente la necesidad de adorar o de rendir culto a su Dios es algo, de nuevo, bastante arbitrario, ya que aunque no habla de ritos o prácticas específicas para acercarse a esa divinidad, en repetidas ocasiones sugiere que el bien y el sentido de la existencia humana es conocer y amar a Dios.

El más alto bien es el conocimiento de Dios, y la más alta virtud de la mente es el conocimiento de Dios.

El amor intelectual de la mente hacia Dios es parte del amor infinito con el que Dios se ama a sí mismo… El amor de Dios a los hombres, y el amor intelectual de la mente a Dios, son idénticos. 

El hombre sabio rara vez sufre conmociones del ánimo, sino que, consciente de sí mismo, de Dios y de las cosas, con arreglo a una necesidad eterna, nunca deja de ser, y siempre posee el verdadero contento del ánimo.

Sobra decir que la “Naturaleza” de Spinoza, rebosante de gnosis, amor y eternidad, es muy diferente a la naturaleza ciega e inerte de la ciencia moderna materialista. La filosofía de Spinoza es más sofisticada que la de los grandes cultos religiosos monoteístas (aunque sólo en su entendimiento exotérico, la cábala judía, por ejemplo, tiene una visión también panenteísta); pero no por ello deja de tener una clara religiosidad. Se trata de una religiosidad cósmica, altamente intelectual, que se nutre de la contemplación del orden y la elegancia de las leyes del universo y de la misma mente humana que es un atributo de la divinidad. Los pensadores de la India fueron sensibles a esta diferencia, mientras que la religiosidad cristiana, por ejemplo, es más lo que llaman un bhakti yoga (unión a través de la devoción), lo de Spinoza se acerca a un jnana yoga (unión con dios y anulación de la individualidad a través de la gnosis). Verdaderamente para Spinoza el ser humano es una forma en la que Dios se percibe a sí mismo. Un concepto que sería reformulado secularmente por Carl Sagan, diciendo que somos la forma en la que el universo se conoce a sí mismo.

De esto se deriva que la mente humana es parte del infinito intelecto de Dios. Así entonces, cuando decimos que la mente humana percibe esto o aquello, no estamos diciendo más que Dios, no en cuanto a que es infinito, sino en cuanto a que es explicado a través de la naturaleza de la mente humana, o en tanto a que constituye la esencia de la mente humana, tiene esta o aquella idea. (Ética, 2.p11.c)

En este sentido Spinoza sí postula un sistema religioso, un sistema de re-unión o reconexión, que es solamente el reconocimiento de que lo que somos, particularmente nuestro intelecto en su percepción adecuada de la realidad, es Dios. Esta gnosis divina es lo que perdura, es la misma eternidad de la mente que es acogida en el seno divino. 

Einstein también reconoció la importancia de este sentimiento de religiosidad cósmica, basado en el conocimiento de lo “Misterioso”.

El misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir -el conocimiento de la existencia de algo insondable para nosotros, la manifestación de la más profunda razón aunada a la más resplandeciente belleza. No puedo imaginar un Dios que castiga o recompensa a los objetos de su creación, o que tiene una voluntad del tipo que experimentamos nosotros mismos. Me satisface el misterio de la eternidad de la vida con la conciencia de –y atisbos de- la maravillosa construcción del mundo existente en conjunto con la determinación expedita a comprender una porción, aunque sea pequeña, de la razón que se manifiesta a sí misma en la naturaleza. Esta es la base de una religiosidad cósmica, y me parece a mí que la función más importante del arte y la ciencia es despertar este sentimiento entre los receptivos y mantenerlo vivo. 

Al final, no es necesario el concepto de “Dios”, pero sí el concepto de algo más grande, eterno, misterioso y bello que da sentido y ordena la existencia (algo que evoca el sentimiento estético, ético y espiritual que solemos describir con la palabra “divino”). Algo que es más grande y misterioso, pero que, a la vez, es lo más íntimo e inmediato, en lo cual todo tiene su existencia. Al final los nombres como “Dios” o “Naturaleza” son sólo conceptos, pero la religiosidad es una actividad, un dinamismo, una forma de ser que provee vital significado. El mismo Einstein sugirió que “la ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia está ciega”. No es necesario elegir entre una o la otra.

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Dios está en el gluten: el Vaticano confirma que no se puede comulgar con hostias sin gluten

12 de los 1.200 millones de católicos en el mundo pueden ser celiacos, pero no hay hostias para ellos.

 

El Vaticano asegura en una carta a los obispos que las hostias sin nada de gluten son materia “inválida” para la Eucaristía, aunque permite que se dispensen las que tienen bajo contenido en gluten. En España han trascendido varios casos deniños celíacos que no han podido comulgar con una hostia fabricada con maíz y en su lugar se han visto obligados a hacerlo solo con vino. Por encargo del Papa Francisco, el documento, fechado el 15 de junio, pide que se vigile “la calidad del pan y del vino destinados a la Eucaristía y, por tanto, a aquellos que los preparan” y no se opone a que se usen alimentos genéticamente modificados.

El escrito también señala que el mosto, esto es, el zumo de uva fresco o conservado, cuya fermentación haya sido suspendida, se puede utilizar en la Eucaristía. El vino debe proceder únicamente de la uva, “del fruto de la vid, puro y sin corromper”, y los sacerdotes tienen que conservarlo en perfecto estado para que no se avinagre.

Por otro lado, el documento pone de manifiesto que mientras que hasta ahora, por lo general, algunas comunidades religiosas se ocupaban de preparar el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, hoy se venden también en los supermercados, en otros negocios y a través de Internet. Por ello, sugiere, que “para no dejar dudas acerca de la validez de la materia eucarística”, los Ordinarios den indicaciones al respecto, por ejemplo, garantizando la materia eucarística mediante certificados apropiado.

Texto original en El País. Visto en BBC, con información de Europa Press.

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Coños insumisos y curas pederastas

Imagen de la 'Procesión del santísimo coño insumiso'

Una jueza de Sevilla ha abierto juicio oral contra unas chicas que, el primero de mayo de 2014, montaron una divertida procesión bautizada como del Santísimo Coño Insumiso. Recorrieron las calles hispalenses hacia el arco de la iglesia de la Magdalena portando sobre palio un coño plástico de muy sacras dimensiones, y ahora las acusan de atentado contra los sentimientos religiosos.

Sucede esto en las mismas fechas en que la policía detenía al secretario de un cardenal vaticano en plena orgía gay con jóvenes prostitutos, aderezada con kilos de cocaína, y pocos días después de que el cardenal George Pell, tesorero del Vaticano y uno de los popes –iba a decir capos– de la Iglesia Católica, haya recibido orden de viajar a Australia para enfrentarse a las acusaciones policiales de abusos sexuales constantes a niños, durante el desempeño de su cargo como arzobispo de Melbourne. Qué queréis que os diga. Entre estos curas y las chicas del coño insumiso, yo creo distinguir bastante bien a los que deben y a las que no deben ser juzgados y condenados.

Este papa Francisco que ahora vende marihuana buenista y casi podemita en las sucias esquinas de su fe, es el mismo que nombró tesorero al presunto abusador George Pell, a sabiendas de que estaba investigado desde hace más de un lustro por dejar que los niños se acercaran a él para recibir sus pegajosas enseñanzas. Pero nunca irá a la cárcel. Como jamás fue a la cárcel el cardenal escocés Keith O´Brien, después de que tuviera que renunciar tras conocerse su “sexualidad depredadora” sobre decenas de menores. Ni siquiera se enfrentó a la justicia. La reprimenda se limitó a una investigación interna del Vaticano de la que nunca supimos nada.

No son casos aislados como los del PP, que apenas tiene mil imputados. En Australia, el proceso en que está inmerso Pell investiga abusos a 4.000 niños; hay cientos de sacerdotes sospechosos (se investiga al 7% de los curas del país, para ser exactos). 40 niños acabaron suicidándose (1%), según la policía del país de los canguros.

Mientras esto sucede, aquí en España gastamos el dinero del contribuyente en juzgar a las cachondas del coño insumiso. Y la Comisión Europea acusó a España, este abril pasado, de vulnerar los derechos del menor protegiendo, así, a nuestros ensotanados pederastas. A Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, lo defendió el papa Benedicto XVI hasta que fue le imposible esconder más hectolitros de esperma en el maletero del papamóvil. Todos estos lodos –y muchos más– explican que en nuestro pío país en derrumbe solo se hayan constatado 10 condenas a curitas rijosos. Con la Iglesia, en pelota, hemos topado.

A la iglesia se le viene perdonando todo desde siempre. O se silencian sus crímenes, como el nazismo. El partido católico alemán, por orden del Vaticano, votó a Hitler en el Reichstag el 23 de marzo de 1933, traicionando el frente que había formado con los socialistas para evitar la llegada del siniestro austriaco al poder. Además, ordenó a sus sacerdotes instruir en escuelas e iglesias a niños y fieles sobre las bondades del nazismo y la necesidad de exterminar a los judíos (toma hostia, Jesús de Nazaret, príncipe de los ídem).

El que después sería papa Pío XII describió así la postura católica cuando ejercía de secretario de Estado del Vaticano: “Es necesario que los católicos encuentren en los pactos diplomáticos entre la Santa Sede y el gobierno nazi las garantías que puedan asegurarles, al menos, el mantenimiento de su posición en la vida de la nación”.

De lo que pasó en la España de Franco no os quiero ni contar: asesinato selectivo con chivatazos sacerdotales de los maestros empecinados en educar bajo los auspicios de la razón y la ciencia, los dos grandes enemigos de la religión. De delaciones eclesiales contra ellos están pobladas nuestras famosas cunetas. Hace unos días, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea nos advirtió de que las ayudas fiscales a la Iglesia son ilegales.

Y con estos precedentes, resulta que el santo coño insumiso ofende la sensibilidad de los defensores de esta secta hitleriana, pederasta y franquista. Y una jueza avala que las insumisas coñeras tengan que pagar fianza mientras no son juzgadas. Se conoce que existe riesgo de que huyan del país con sus coños, destruyendo pruebas.

A mí quien me ofende es esa jueza, que debería estar pasando el cepillo en la iglesia después de ser apartada de la judicatura por gilipollas, prevaricadora o ignorante, o las tres cosas a la vez. Y lo que más me jode es que reciba su sueldo de mis impuestos. Vivan los coños insumisos. Si San José, que me apoya, a quien no dieron oportunidad de catar coño, levantara la…

PS: Creo que con los puntos suspensivos me he pasado de respetuoso.

ANÍBAL MALVAR

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Orgullo madrileño, vergüenza vaticana

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La fiesta más loca y despendolada de todas las celebraciones del Orgullo Gay no tuvo lugar en Madrid, sino en el Vaticano, en el apartamento del ex secretario del cardenal Francesco Coccopalmerio, que tiene un apellido como para bautizar un reservado en Chueca. De hecho, el apartamento está ubicado en el palacio del Santo Oficio, y la policía tuvo que intervenir después de varias quejas de los vecinos por el escándalo de los coches que no dejaban de llegar al guateque. Los agentes intervinieron un vehículo de lujo con matrícula de la Santa Sede que supuestamente habían usado para transportar drogas. El funcionario sacerdotal fue enviado primero a un hospital para desintoxicarse y después a un retiro espiritual en un convento. Salir del sagrario siempre ha sido algo más fácil que salir del armario, que por algo los curas llevan falda. Probablemente lo del tercer género lo inventaron ellos, en dura competencia con los clanes escoceses.

La noticia de esta sacrosanta orgía ha coincidido con el juicio contra el cardenal George Pell, responsable de finanzas del Vaticano y consejero directo del Papa Francisco, implicado en un tenebroso asunto de abusos a menores en Australia. Se ve que muchos sacerdotes no acaban de entender aquel mensaje cristiano de “dejad que los niños se acerquen a mí”. Prefieren acercarse ellos. George Pell es conocido, entre otras cosas, por su abnegada defensa en el caso de Gerard Ridsale, un violador de niños en la escuela de Saint Alpius en Ballarat, en el estado australiano de Victoria, un centro escolar célebre por los abusos cometidos contra los alumnos. Ridsale fue condenado a 18 años de cárcel por 54 acusaciones de violación. Las cifras son monstruosas: durante la década de los setenta hubo unos cuatro mil casos denunciados de pederastia sólo en Ballarat, y la policía calcula que al menos cuarenta suicidios en la zona de Victoria están relacionados con estos abusos.

¿Qué ha hecho la Iglesia Católica ante esta catarata de mierda? Su especialidad: lavarse las manos. En 2004 proporcionaron albergue al cardenal Bernard Francis Law, máxima autoridad de la archidiócesis de Boston, cuando gracias al trabajo de unos reporteros de The Boston Globe salió a la luz otro escándalo de proporciones bíblicas: más de cinco mil casos de abusos encubiertos bajo la púrpura de su manto. La película Spotlight, ganadora del Oscar en 2016, narra la odisea que supuso desenmascarar ese nido de criminales y la feroz resistencia que opusieron las autoridades eclesiásticas para intentar acallar a testigos y periodistas sin dejar de remover sus turbias influencias políticas.

¿El resultado? Law evitó los tribunales gracias al Vaticano, el cual premió a uno de los mayores pederastas de la historia nombrándolo arcipreste de la Iglesia de Santa Maria Maggiore, una de las principales basílicas de Roma. Lo escondieron bien dentro del sagrario y aun hoy, ya jubilado, Law sigue siendo arcipreste emérito de Santa Maria y arzobispo emérito de Boston. El máximo gesto de repudio que hizo el Papa Francisco, en marzo de 2013, fue negarse a darle la mano. Un poco más y lo deja sin postre. Si tu mano derecha te escandaliza, maquíllatela y luego hazte una paja.

DAVID TORRES

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¿CÓMO FUE QUE LA MANZANA SE CONVIRTIÓ EN SÍMBOLO DEL PECADO?

Algunas fuentes señalan que en realidad la temida fruta bíblica pudo ser una pera, un higo o un durazno.

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Una de las primeras historias de la Biblia cuenta la expulsión de Adán y Eva del jardín del Edén por haber probado “la fruta” del árbol del conocimiento del bien y el mal; mientras la iconografía católica y la cultura popular suelen representar dicha fruta como una manzana, una lectura cuidadosa del pasaje nos hace ver que en realidad en el libro nunca se menciona la manzana. ¿Cómo es, entonces, que la manzana se convirtió en un símbolo de la tentación y del pecado?

Una versión estándar del Génesis 3:3 indica que:

del fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios ‘No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis’. Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal…

 

Según Robert Appelbaum, en su libro Aguecheek’s Beef, Belch’s Hiccup, and Other Gastronomic Interjections, la confusión puede deberse a una especie de broma de San Jerónimo, quien tradujo la Biblia por primera vez al latín vulgar (de ahí que su versión fuera conocida como “la Vulgata”). Resulta que la palabra latina para manzana y para la maldad era la misma: malus. Según Appelbaum, la palabra hebrea “peri”, con la que se refieren a la fruta en la Biblia, puede referirse a cualquier tipo de fruta, un higo, una granada, una uva, incluso un durazno o un limón. Algunos comentadores bíblicos incluso creen que la fruta prohibida pudo haber sido una bebida que producía intoxicación a quienes la bebían, y de ahí “el conocimiento del bien y el mal”.

San Jerónimo tradujo “peri” por “malus”, que como adjetivo significa “malo”, y como sustantivo significa “manzana”, del árbol conocido hasta hoy como Malus pumila. Sin embargo, como refiere Appelbaum, malus puede referirse no sólo a la manzana, sino a cualquier fruta cuya pulpa tenga semillas: “una pera era una especie de malus. Al igual que el higo, el durazno y demás.”

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En la iconografía religiosa tampoco existe un consenso claro durante varios siglos acerca de qué tipo de fruta es la de este árbol del cual los primeros padres no podían comer: Miguel Ángel pintó una higuera en la Capilla Sixtina, y Durero un manzano, al igual que Lucas Cranach el Viejo. Otra hipótesis de Appelbaum para explicar la preeminencia de la manzana sobre otro tipo de frutas con semillas proviene de El paraíso perdido del poeta inglés John Milton, publicado en 1667. Sin embargo, para Milton la ambigüedad semántica de malus no debió ser un misterio, versado como era en lenguas antiguas como el latín y el hebreo. Para Appelbaum, resulta factible que Milton conservara la broma como referencia a la intoxicación o embriaguez por sidra (un licor de manzana) muy popular en su tiempo, ya que el poema hace referencia en un par de ocasiones a la fruta del problemático árbol, y se refiere a ella como una manzana.Otra posible explicación tal vez provenga de la manzana de la discordia, que en la mitología griega es obra de la diosa Eris (una tentadora, al igual que Satanás para los hebreos). Según esta historia, Eris estaba enojada porque no la invitaron a la boda de Peleo y Tetis (padres del gran guerrero Aquiles), por lo que se presentó con una manzana dorada donde se podía leer “para la más bella de todas”. Tres diosas se la disputaron: Afrodita, diosa del amor y la belleza; Hera, guardiana de los hogares, los partos y esposa del gran Zeus, y Afrodita, hija de Zeus y diosa de la sabiduría. Para dirimir la disputa, Zeus encargó al pastor y príncipe troyano Paris que eligiera entre las tres diosas a la más bella —pero las tres diosas trataron de sobornarlo a su vez con nuevos regalos. Finalmente Paris se decide por Afrodita, quien le había prometido el amor de la mujer más bella de todas, quien era nada menos que Helena. El rapto de Helena por Paris es el origen mítico de la guerra de Troya y, como vemos, una excéntrica manzana también está en el origen de la disputa más épica de la civilización griega.

 

*Imágenes: 1) Manzanas, de Vincent van Gogh, 1887 / Dominio Público; 2) Adán y Eva, de Lucas Cranach, 1526  Dominio Público

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