Ni caso

Quizá los enviados especiales a la nada disimulen la supresión de los corresponsales en el extranjero

Viendo la televisión utilizando el mando a distancia.
Viendo la televisión utilizando el mando a distancia. GETTYIMAGES

 

Aún no sabemos muy bien el pecado que hemos cometido para que los noticiarios televisivos se parezcan tanto a los periódicos de sucesos anunciados a voz en grito durante nuestra infancia: “Le pega catorce hachazos “, “Ovnis avistados en Tomelloso”. Ya sabíamos que la información que nos importaba había que ir a buscarla a otro lugar. Pero ahora cada día se llena más el telediario de acuchillados a la puerta de una sala de fiestas, de accidentes de avioneta y estallidos de bombonas de butano. Completan el panorama informativo los enviados especiales a las nevadas y los chubascos fuertes. Es habitual que la televisión desplace al pobre corresponsal local al epicentro del fuerte viento y mande la crónica mientras se le vuela el flequillo, le arrastra una ola o le llega literalmente la nieve hasta el entrecejo. De seguir así, la información meteorológica se va a convertir en profesión de riesgo.

Pero quizá estos enviados especiales a la nada están para disimular la supresión casi radical de los corresponsales en el extranjero. Ahorrado el dispendio de tener a un periodista en lugares de conflicto, disponemos de unidad móvil para cubrir el granizo de Socuéllamos. Este desplazamiento del centro de la noticia provoca la desconexión. Donald Trump ha querido ver en los niños asesinados por los bombardeos con gas sarín en Siria una razón de peso para sostener tres cuartos de hora de guerra a distancia. Pese a las bases norteamericanas en España no tenemos ni la más ligera pista de a qué conducen estos arrebatos. Da la sensación de que las grandes potencias militares están atrincheradas en el monte y que practican la guerra de guerrillas con misiles y drones a distancia.

La información internacional nos ayudaría a comprender lo poco importantes que hemos de sentirnos. Es fácil de entender cuando en menos de un año vemos girar el debate sobre la separación de Escocia de Reino Unido. El Brexit ha variado los apoyos externos como si el tablero de ajedrez se hubiera volteado para demostrar que el blanco y el negro son opuestos entre ellos, pero intercambiables para todos los demás. Siria, con sus millones de desplazados, es un estado de ánimo. Una peonza estratégica que se agita sin importar la crueldad de ver morir con constancia a sus habitantes durante más de cinco años mientras se les niega a los huidos el estatuto de refugiados. En la Europa acosada por atentados indiscriminados, los ideólogos de la invasión de Irak pasean su tronío por las infraentrevistas de una televisión bertinizada donde el periodismo está vetado. ¿Hará tiempo de playa esta Semana Santa?

DAVID TRUEBA

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Así será el mundo en el año 2074: la inteligencia artificial habrá superado a la humana y la muerte será un pequeño problema técnico ya superado

Syfy estrena en España la serie «Incorporated» que plasma una sociedad que se mueve sin problema alguno en coches completamente autónomos, donde la biometría es el principal factor de verificación e identificación de las personas y donde los teléfonos inteligentes físicos ya no existen porque han evolucionado a «smartphones» holográficos. ¿Realidad o ficción?

Jose Luis Cordeiro y Javier Sirvent en el estreno de «Incorporated»
Jose Luis Cordeiro y Javier Sirvent en el estreno de «Incorporated» – ÁNGEL DE ANTONIO

 

El primer gran salto tecnológico debería producirse en 2020. Pero no será el único. En 2045, el mundo no tendrá nada que ver con el que ahora conocemos. Y en 2074, lo que nos parecía pura ciencia ficción de la mejor producción de Hollywood, será realidad. Agárrense porque vienen curvas.

Para hacernos una ligera idea de cómo será el mundo dentro de 57 años basta con ver «Incorporated». La serie, que esta noche estrena Syfy en España, plasma una sociedad que se mueve sin problema alguno en coches completamente autónomos, donde la biometría es el principal factor de verificación e identificación de las personas y donde los teléfonos inteligentes físicos ya no existen porque han evolucionado a «smartphones» holográficos. ¿Realidad o ficción?

«En muchas ocasiones, la ciencia ficción de hoy es la ciencia real de mañana», asegura José Luis Cordeiro, ingeniero y profesor fundador de la Singularity University en Silicon Valley. Se trata de una institución sobre las nuevas tecnologías que -supuestamente- van a cambiar a la humanidad y van a hacer que sea posible el mundo que el telespectador va a ver en «Incorporated».

 

Al fin y al cabo, muchas de las cosas que hemos visto en al ciencia ficción se han convertido en realidad. Tal y como recuerda Javier Sirvent, Technology Evangelist, Stanley Kubrick mostró en su filme «2001: Odisea en el espacio» (1968) lo que hoy son las tabletas, «gadgets» inimaginables hace 49 años. Y hay más ejemplos.

En «Regreso al Futuro II» (1989), Marty McFly viajaba al 21 de octubre del año 2015 en un monopatín volador que Lexus ya ha convertido en realidad, aunque de momento solo se trate de un prototipo que no se comercializa. Tampoco nadie se imaginaba, ni el mismo Martin Cooper, que el teléfono móvil evolucionaría a lo que hoy son los «smartphones». Por tanto, no parece descabellado pensar que el Hyperloop acabará siendo una realidad, al igual que los coches autónomos o que los cerebros humanos puedan conectarse, fusionar e interactuar con los ordenadores, tal y como pretende Elon Musk con su nueva empresa Neuralink.

Las compañías tecnológicas se están abriendo campo. La inteligencia artificial se ha convertido en la semilla de oro a explotar por parte de los principales gigantes. La integración entre el hombre y la máquina es cada vez mayor y la epigenética es una realidad de la que no se podrá escapar. Y todo con un objetivo: que la tecnología mejore las habilidades de las personas.

Pero el ejemplo más «extremo» está en Alphabet (Google). Una de sus empresas, Calico, se dedica a la investigación sobre la longevidad. «El objetivo de Calico es resolver un pequeño problema técnico llamado muerte», afirma Cordeiro. «Nosotros esperamos detener el proceso de envejecimientoen 20-30 años. Es decir, vamos a ver la muerte de la muerte», asevera el experto. «Esta es la generación más interesante para estar vivo -defiende- porque estamos en la división de la última generación humana mortal y la primera inmortal». Google es quien, de hecho, financia la Singularity University.

«Esto que estamos hablando no es ciencia ficción», apoya Sirvent, a pesar de que en «Incorporated» veamos cómo uno de sus protagonistas es capaz de curarse una herida al momento, que desaparece como por arte de magia, o realizan operaciones de cambio de rostro. «Basta con ver CRISPR, una técnica de manipulación y edición genética de muy bajo coste que va a cambiarlo todo», recuerda.

La supremacía de la inteligencia artificial

Así pues, según Cordeiro, transhumanista, después de la singularidad tecnológica, se va a trascender la vida humana y vamos a empezar una edad póstuma de humanos super longevos, super inteligentes y aumentados. Hablamos de humanos capaces de comunicarse telepáticamente o que van a poder viajar a otros planetas, como estamos a punto de hacer a Marte. Tras superar la muerte, el objetivo es colonizar el espacio.

«En 2045, la inteligencia artificial va a superar a la humana y es, en ese momento empezará la singularidad tecnológica», explica Codeiro. Por tanto, será la última invección del ser humano no modificado, es decir, tal y como lo conocemos ahora. «Ya no habrá nada que inventar a menos que nos sumemos a la inteligencia artificial». Y en eso se trabaja ya.

En la actualidad ya hay tecnologías que estimulan el cerebro humano. Tal y como recuerda Sirvent, existen ya la estimulación eléctrica cerebral para determinados casos, como en un francotirador.

Hablar es, para los expertos, una tecnología primitiva; la telepatía será el futuro. Nos comunicaremos por banda ancha, como lo hacen los ordenadores. Así que parece que la «locura» última de Elon Musk no es tan descabellada.

Y, para quienes tengan miedo a este futuro que muestra «Incorporated», el profesor de la Singularity University lanza un mensaje tranquilizador: «¿Prefieres ser más inteligente o no? A lo que hay que tener miedo no es a la inteligencia artificial sino a la estupidez humana».

Aunque el coste económico pueda ser un factor que intente frenar todos estos avances, Sirvent recuerda que secuenciar un sistema genético costaba mucho dinero al principio. «Hoy por 90 euros se hace así que en cinco años es probable que nuestro teléfono móvil sea capaz, por ejemplo de predecir enfermedades». Al fin y al cabo, ya existen aplicaciones relacionadas con la salud.

«Y las máquinas nos van a ayudar», añade Javier Sirvent justo en un momento en el que la sociedad atraviesa por un momento de crisis ante una pérdida de puesto de trabajos. «La gente en el mundo occidental no comprende por qué los robots son buenos cuando en Oriente sí lo creen», añade Cordeiro. «Son tan buenos en Japón -continúa- que uno de los libros más vendidos es ‘Cómo hacer el amor con un robot’».

Aunque existe también otro inconveniente para que vivamos el mundo de «Incorporated»: «Cuando los americanos encuentran algo con lo que hacen un gran negocio, los chinos lo copian y en Europa nos ponemos a legislarlo», recuerda Javier Sirvent. Veremos sin la legislación es capaz de frenar tales avances.

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El día en que el libro muerda al perro

Las televisiones públicas dan a los deportes, los sucesos o la cocina mucha más importancia que a la cultura

Una tienda de libros de segunda mano en Madrid.
Una tienda de libros de segunda mano en Madrid.

Que perdonen los excelentes profesionales de la televisión pública (la del Estado, y las del Estado). Que perdonen esos profesionales: esto no va con ellos.

Esas televisiones tienen un pecado de omisión en sus informativos. La omisión de los libros. La secuencia es: careta, noticias nacionales o internacionales, sucesos, sucesos, después más sucesos, sucesos, deportes, más deportes, muchos más deportes. Y el tiempo, mucho tiempo. Como si el patio de butacas de España estuviera sacando la mano por la ventana para ver qué tiempo hace. A veces hay espectáculos: actores separándose, cineastas muuuy famosos, la inauguración de un acontecimiento al que van los Reyes a entregar un premio. Un premiado muerto.

 

Como decía Cabrera Infante, toda enumeración es injusta, pero la memoria vive de enumeraciones. El menú es ese, y eso es lo que llega a la gente por los dispositivos informativos de que disponen las casas. Eso está variando, como se sabe en los periódicos (los de papel y los no impresos), del mismo modo que está cambiando (más lentamente) la relación de los lectores con los libros y con otros elementos de la distribución del arte. Ahora aprietas un botón y escuchas una sinfonía. La vida ahora tiene (para horror de Luis de Pablo, para tantos) mucha música de fondo, y ya ni siquiera la música es protagonista de los telediarios. Es decir, la música que enseña a sosegar el espíritu o a inquietarlo, la música de verdad; ahora la música es de fondo, como las bibliotecas de atrezzo que salen en las películas.

No siempre fue así. La televisión de los años ochenta, que no tenía competencia y era del Estado enteramente, tenía programas de cultura de vanguardia, como aquellos que creó Enrique Nicanor y que presentaba, por ejemplo, Paloma Chamorro. José-Miguel Ullán, poeta que fue periodista, hacía entrevistas formidables a artistas de la cultura pop, y de la otra; Sánchez Dragó hacía muy notables entrevistas a escritores, Carlos Veles hizo programas memorables, como Joaquín Soler Serrano. Toda enumeración es corta, ya saben, pero no se hace esa enumeración ahora por nostalgia sino por carencia. ¿Qué se hace con los Presupuestos del Estado, menguados por ocurrencias distintas, para promover la cultura en las televisiones que paga el erario público? Pues programas de cocina, sucesos… Galimatías.

En ese espectro ciego se quedan los telediarios, vendidos al postor de la audiencia, por un plato de lentejas. Antes los sucesos los daban otros, ahora los sucesos los dan todos, desde el minuto 10 del telediario. Los deportes ocupan la franja más nutrida de los informativos, con el fútbol como delantero centro de ese ahogo. ¿Y los libros? Y los libros esperando a que se muera el próximo poeta o a que el Rey le entregue el Cervantes al último galardonado. Es noticia que un hombre muerda a un perro. Pues para que un libro salga en los telediarios habrá que esperar a que el libro muerda al perro.

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Así se miden las audiencias, las cifras que mueven la televisión

4.625 aparatos cuantifican el consumo de un medio en el que los anunciantes invierten 2.011 millones de euros al año

Así se miden las audiencias, las cifras que mueven la televisión
Familia viendo la televisión

La televisión mueve al año 2.011 millones de euros en inversión publicitaria, cifra que depende en gran medida de los dos dígitos de las audiencias diarias. Los anunciantes se fijan en esos dos números para tomar su decisión y destinar su dinero a una cadena u otra.

En España, Kantar Media proporciona cada mañana el resultado de la encuesta diaria más grande que se realiza en nuestro país gracias a los datos de 4.625 audímetros colocados en hogares españoles representativos de toda la población. El margen de error, aseguran, está entre el 1 y el 5%. Un sencillo cuestionario sirve para seleccionar a los distintos participantes de esta muestra o panel. Cuando aceptan ser «espiados», se les instala un audímetro que tiene un mando en el que cada miembro de la familia tiene su propio botón. También hay opciones para seleccionar a los invitados. Si no se identifican, el aparato emite un pitido. Por la noche, el audímetro envía automáticamente los datos a Kantar Media. A partir del receptor se descubre si el usuario ha visto la televisión, cuánto tiempo, a qué hora, qué programa de qué cadena ycuántos miembros están sentados frente al televisor.

Kantar Media es muy reacia a proporcionar cualquier dato que pueda hacer variar el consumo de los poseedores de los audímetros. Pero también desde las propias cadenas, tanto públicas como privadas, hay bastantes reticencias a la hora de entrar a valorar el actual sistemacon el cual se juegan todo «el pastel publicitario».

En opinión de Ricardo Vaca, presidente de Barlovento Comunicación, «la representación es bastante correcta». Los expertos matemáticos afirman que el sistema de Kantar Media es ponderado. «Si se aumentase el número, no sería una garantía de fiabilidad». En realidad, el número de aparatos es elevado, incluso supera al de países europeos como Francia, que para una población de 63 millones de personas tiene cerca de 3.800.

La división territorial que tiene España obliga a que el número sea superior. Al existir una gran diversidad de televisiones regionales, es necesario aumentarlos para que la muestra sea la correcta. «El ejemplo lo tenemos en Asturias, donde cuentan con 220 audímetros. En Andalucía en proporción hay menos. En municipios pequeños es necesario una muestra mayor por la división territorial», añade Vaca. Los criterios de elección no son casuales, se ponderan de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística.

Además, los audímetros cambian cada cinco años de casa de manera progresiva. Las familias que han aceptado contar con él no reciben dinero alguno, pero sí una serie de puntos que, transcurrido un tiempo, pueden canjear por pequeños electrodomésticos y otros objetos para el hogar.

Traducir los datos

Cada día, a las ocho y media de la mañana, Kantar Media proporciona los datos recogidos por sus aparatos a cadenas de televisión y otras empresas, que mastican y depuran aún más esos datos en bruto. Geca es una de ellas. Con un equipo de 40 personas, entre minutadores y analistas, consiguen descomponer todos los datos y simplificarlos. Así, por ejemplo, «usamos códigos de colores, verdes para las fortalezas, rojos para las debilidades, para intentar hacer que los datos hablen por sí solos, explica Jesús Sánchez, subdirector general de Geca. «A la hora de hacerlo somos neutrales, no entramos a valorar», añade.

Mediaset ha valorado el sistema «de manera positiva, aunque como todo es mejorable». Uno de los aspectos a mejorar según la cadena es elsistema de invitados, que aunque se contabilizan no entran en el cómputo. «Si se introdujese la muestra aumentaría en torno a un 7% su fiabilidad», comenta Javier López, director de marketing de la cadena. Además, Mediaset también quiere que se midan las segundas residenciasy que se marque la señal de cada canal de forma distinta, para evitar la confusión en emisiones simultáneas.

Retos de futuro

Las nuevas formas de consumo televisivo, han complicado la medición. Aunque desde febrero de 2015 Kantar Media proporciona también los datos de las audiencias en diferido (las grabaciones de un programa hasta siete días después de su emisión), aún no se miden otras plataformas distintas al televisor. A largo plazo, todos coinciden en que es necesario que se implemente un sistema que midan todas las plataformas para fusionarlo en un dato único. Algo en lo que Kantar Media está trabajando. «El problema es que no todos los panelistas aceptan que se analicen sus movimientos en el iPad, iPhone o derivados, ya que es algo más personal. Actualmente solo entre un 25 y 30 % de los 4.625 audímetros cuentan con un panel virtual. Un dato que resulta insuficiente», finaliza López sobre los retos que se plantean.

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Pinches píxeles

No hay descanso posible en la avalancha de correos, tuits, retuits, anuncios callejeros, televisiones perennemente encendidas

Dos mujeres usan el móvil  mientras pasean.
Dos mujeres usan el móvil mientras pasean. ANDRE PENNER (AP)

 

Uno de los mejores profesores que tuve durante mis años universitarios fue un zamorano, Ismael Martínez-Liébana, que enseñaba Metafísica y Fenomenología en la Universidad Complutense de Madrid. Era ciego, de modo que, para calificar nuestros trabajos finales, nos pedía que fuéramos a su oficina y se los leyéramos en voz alta. Recuerdo las palmas sudadas y el pulso tembloroso cuando me senté frente a él para leerle un ensayo que argumentaba —con la altanería tonta de los que tienen 20 años y no saben que no saben nada— en contra de la posibilidad misma del conocimiento a priori y de los juicios analíticos kantianos. Me escuchó con paciencia de elefante. Tuvo incluso la gentileza de tomarme lo suficientemente en serio para interrumpirme un par de veces y refutar algunos de mis argumentos (los desarmó como si desarmara una torre de legos, lento y con cuidado, devolviéndome las piezas una por una).

Pienso en él a menudo, sobre todo cuando siento que tengo el cerebro atiborrado de la basura que se cuela por la pantalla de mi computadora, por las ventanas de mi casa, por el teléfono, por donde sea. La contaminación visual que se acumula a lo largo de un día a veces se me transforma en una especie de náusea intensa y honda (definición de “píxel”: pelo atorado en la garganta; definición de “meme”:bola de pelos atorada en la garganta). Una náusea, seguida de la imposibilidad absoluta de pensar con claridad: todas las ideas meras regurgitaciones, todo pensamiento interrumpido por otro, una cadena de necedades. Como si a un televisor le diera fiebre y empezara a delirar y a cambiar de canales solo. Así me pasa.

Pienso en ese profesor, en su mundo sin ruido visual. No envidio su condición, por supuesto, pero sí la pausa que era capaz de hacer para formular bien una idea, la paciencia al explicar con absoluta precisión un concepto difícil y, sobre todo, la manera en que se sentaba a escuchar nuestros trabajos finales: toda su atención adherida a las palabras que íbamos hilando para él en la oscuridad. Habría que aprender a leer así, a escuchar así, e incluso a ver así. ¿Pero cómo? No hay descanso posible en la avalancha de correos, tuits, retuits, anuncios callejeros, televisiones perennemente encendidas en los bares y cafés, y la constelación de pantallas de teléfonos centelleando entre las multitudes callejeras.

A veces tengo la impresión de que cada píxel que se le agrega al mundo le resta un gramo de vitalidad a nuestras almas. Claro, aquello supondría que existen las almas y que la vitalidad se puede medir en gramos —aseveración que el profesor Martínez-Liébana quizá me refutaría—.

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‘Juego de tronos’, serie global en el reino de Internet

Una imagen de la serie de la HBO 'Juego de tronos'.
Una imagen de la serie de la HBO ‘Juego de tronos’.

Una legión de adictos a Juego de tronos lleva meses esperando con ansiedad la sexta entrega de un fenómeno que tiene cautivados a millones de espectadores en todo el mundo. La ficción televisiva más aclamada de los últimos tiempos —y también la más cara y pirateada— vuelve a las pantallas de Estados Unidos y, simultáneamente, a las cadenas de televisión que cuentan con los derechos de emisión. En España, un país donde la versión original causa alergia, se estrena sin doblar y con subtítulos. No ha habido tiempo de superponer las voces, pero los aficionados no pueden esperar ni un minuto más y el canal tampoco quiere arriesgarse a que los hinchas se fuguen al reino de Internet.

Juego de tronos ha adquirido una dimensión global y, hoy por hoy, es el gran exponente cultural de la sociedad conectada. La vida de la serie empieza en la pantalla del televisor, pero su mérito es esa capacidad para desplegarse a toda velocidad por el ciberespacio a través de las redes sociales. Los espectadores desmenuzan cada detalle de cada escena en Facebook y Twitter en un intento de adivinar qué les depara el futuro a Jon Nieve, Sansa Stark o la reina Daenerys. A diferencia de otras temporadas, esta entrega sobrepasa los libros de George R. R. Martin (Canción de hielo y fuego),de modo que la sorpresa está servida.

Juego de tronos ha conseguido atraer a un público global. Se devora en Europa, en Latinoamérica e incluso en China, donde han llovido las protestas por la censura de escenas de sexo y violencia. ¿Dónde radica su enorme atracción? Quienes han estudiado el fenómeno lo atribuyen a una combinación perfecta de intriga, lucha por el poder, violencia, drama, pasiones palaciegas y sexo. Además, por supuesto, de los giros inesperados en la trama y un estándar de producción propio de Hollywood. Pocas series como esta cuidan tan minuciosamente las localizaciones, el vestuario, la heráldica, el maquillaje o el diseño de las armas.

Los más fanáticos idolatran los lugares de rodaje. Han convertido en santuarios las espectaculares localizaciones de Irlanda del Norte, Croacia, Marruecos e Islandia. Los perversos personajes han alimentado también su maldad en Sevilla, Osuna, Navarra, Girona, Peñíscola, Almería y Guadalajara. En parte, no se olvide, debido a las ventajas fiscales que ofrece España a la hora de favorecer rodajes internacionales.

Sobre el fenómeno de Juegos de tronos han investigado sociólogos y filósofos. Los científicos creen ver en los veranos que duran años y en ese temido invierno que se acerca una señal del cambio climático, y los politólogos entrevén respuestas a conceptos como la ética de la responsabilidad o los límites del poder. Pablo Iglesias, declarado fan, cree que es la mejor serie para enseñar Ciencia Política y explicar las teorías de Weber, Gramsci, Maquiavelo y Lenin. Por si acaso, conviene no olvidar que los imaginarios siete reinos son moralmente ambiguos.

ROSARIO G. GÓMEZ

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12 razones para ver Vinyl, la nueva serie de Martin Scorsese y Mick Jagger

Bobby Cannavale es Richie Finestra en VinylCortesía HBO

Los años 70 tienen una magia muy particular. Pero hay un halo de mitos alrededor de la década. Lo que no muchos saben es que no todo era “amor, disco y paz” en la Nueva York de 1973: también había drogas, mafia, ambición, violencia, racismo, excesos y una feroz competencia por adueñarse de la nueva música y de los mejores artistas y bandas.

La historia de Vinyl, la nueva serie de HBO, se enfoca en Richie Finestra (Bobby Cannavale), un ejecutivo de una disquera que trata de revivir su compañía mientras lidia con sus problemas personales y adicciones. En el elenco lo acompaña la bellaOlivia Wilde (que interpreta a Devon, su esposa, una mujer que está viviendo la liberación femenina) y Ray Romano (Zak, el mejor amigo de Richie y su colega en la compañía), ahora en un papel dramático.

La serie es co producida ni más ni menos que por Mick Jagger y Martin Scorsese, quien dirigió el piloto. También fue creada por Terence Winter, el escritor de Los Soprano y de El Lobo de Walt Street, que le valió una nominación al Oscar.

 Sin más, te dejo con estas razones que seguro te dejarán picado para que la cheques en su estreno, este 14 de febrero en HBO a las 11 pm, y en HBO GO cuando quieras, a partir del 15 de febrero.

  • 1. Mick Jagger es uno de los productores. Como artista, él comenzó a adquirir notoriedad en los años 60s, pero a raíz de lo mal negociante que fue en esa década, se dedicó a involucrarse mucho más en el negocio de las compañías disqueras en los 70s, por lo que aprendió mucho para dar ideas sobre esta serie.
  • 2. Cada episodio pinta para ser una minipelícula. El piloto dura casi dos horas y en él pasa DE TODO.
  • 3. Martin Scorsese dirigió el piloto. Si eres fan de su estilo, reconocerás de inmediato sus obsesiones, pero si no, igual descubrirás que es un episodio lleno de detalles.
  • 4. No es sólo “música disco”: en la serie también oirás funk, blues y hip hop.
  • 5. Es un reflejo de la Nueva York de su época, con su glamour pero también con sus peligros, drogas, delincuencia y libertinaje extremo.
  • 6. Es una serie sobre el lado oculto de la música, los excesos de la industria y lo difícil que es luchar por el éxito. En ella se mencionan e interpretan a personas claves de la época como David Bowie, Andy Warhol o Led Zeppellin.
  • 7. No es sólo para melómanos: hay drama, pasión, humor, acción y hasta fantasía, porque el narrador no es muy sobrio que digamos.
  • 8. El soundtrack: no sólo tiene rolas licenciadas, sino que también cuenta conmúsica original. Winter nos contó que uno de sus momentos de más orgullo fue al filmar una escena en una discoteca, donde todos los extras se pusieron a shazamear la rola que estaban oyendo porque les encantó, pero no la encontraron porque es música exclusiva para la serie.
  • 9. Porque de acuerdo con Jagger, “Marty”, como él le llama a Scorsese, es un gran melómano, y además dice que inventó una forma diferente de usar la música en el cine.
  • 10. Por su parte, Scorsese dice de Jagger que su música (y la de todos los Stones) lo inspiró en películas como “Mean Streets”, “Raging Bull” o hasta en “El Lobo de Wall Street”.
  • 11. Su accidentado origen: la idea original de Jagger y Scorsese era hacer una película en 1996 y en 2008 Winter se subió al proyecto. En 2009 la economía se deprimió y el proyecto se paró, pero revivió en 2011 ya como serie de TV, aunque no se pudo filmar el piloto hasta 2013 porque Winter todavía estaba con Boardwalk Empire.
  • 12. El hijo de Mick Jagger, James, interpreta a Kip Stevens, vocalista de una banda novata de punk, pero nos dijo que él dejó que su hijo aprendiera por sí mismo las cosas y le diera carácter al personaje. Claro que lo orientó un poco, pero nada más.

¿Qué tal pinta? ¿Se te antoja?

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Vuelven de la tumba

Este mes se estrena Fear The Walking Dead, la nueva serie de televisión sobre zombis. Al mismo tiempo, el multimillonario Donald Trump arrasa en su campaña para ser el candidato del Partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos. ¿Casualidad? No lo creo.

Mediante un conjuro mágico, Donald Trump ha devuelto a la vida todas las ideas políticas que creíamos muertas y enterradas. Ha resucitado la patanería confederada declarando que los inmigrantes mexicanos son en su mayoría delincuentes y violadores. Ha recuperado la prepotencia americana de los años setenta al asegurar que obligará al propio Gobierno mexicano a pagar un muro para mantener a sus paisanos en su sitio. Incluso ha retuiteado un chiste que sintetiza todo el machismo cavernario en menos de 140 caracteres: “Si Hillary Clinton no puede satisfacer a su marido, ¿qué te hace pensar que puede satisfacer a América?”.

Como los zombis, los prejuicios se niegan a morir. Obama había superado muchos de ellos gracias a su acuerdo con Cuba, su preocupación por la ecología o su fomento de la seguridad social. Pero Donald Trump se empeña en levantar de la tumba a los cadáveres de la ideología.

Lo más sobrenatural es que, con ese guion de serie B, el multimillonario lidera todas las encuestas de opinión y todas las búsquedas de Internet entre los precandidatos de su partido. La irrupción de Trump ha conseguido algo terrorífico: bajar el nivel de sus rivales republicanos, que ahora emprenden todo tipo de extravagancias para robarle un poquito de atención.

En eso, también, Trump se parece a The Walking Dead. Y es que las series de televisión han subido de categoría a los muertos vivientes. Si en los años sesenta eran una pandilla de despojos que comían cerebros, ahora se han convertido en metáforas de la humanidad y sus pasiones más básicas. Los zombis de hoy son alta cultura. Por su parte, Trump ha conseguido justo el efecto inverso en el debate político. Si normalmente es el espacio para discutir los problemas con sensatez, Trump lo está transformando en el escenario de los instintos más básicos, en una película de Chuck Norris, donde gana el que tiene la pistola más grande.

Sin embargo, la similitud principal entre Trump y un zombi es más temible: son peligrosos físicamente.

Sí. Si ves a cualquiera de los dos, corre. Huye. No mires atrás.

Tu cerebro corre peligro.

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Apuestas

Al parecer estamos muy preocupados con la incidencia de la ludopatía entre los jóvenes de nuestro país, o sea, de España. Los niños y adolescentes cada vez juegan más a hacer apuestas en las redes sociales, sea Internet o sean programas en directo por la televisión. Es una preocupación muy sensata, pero a mí me preocupan también y mucho los adultos. No sé qué hacer conmigo.

Hasta ahora estaba solo inquieto porque la narración de los partidos de fútbol transmitidos por mi canal de pago se veía súbitamente afectada por la información que me daban los narradores sobre cómo se pagaban las apuestas en función de la marcha del marcador. Mi disgusto era lícito, porque uno decide a quién le va a dar la exclusiva doméstica de la transmisión, pero uno se encuentra con que el señor que cuenta las cosas está a sueldo de alguien más que la empresa que ha contratado para que le explique lo que sucede en el campo.

Para mí la credibilidad de los medios no está solo en cómo abordan la información política o económica. El fútbol también me importa. Y me gusta saber si quien me cuenta un partido está pagado por una casa de apuestas o por la empresa que he contratado. Si en una cadena pago para no ver las cosas trufadas de publicidad, al fraude se suma el fraude. No me puedo fiar del que me lo cuenta ni de dónde me lo cuenta.

Las telefónicas que te preguntan si quieres recibir SMS publicitarios saben de qué hablo. Yo quiero ver el partido de fútbol pensando que me lo cuenta gente solvente, y estar seguro de que nada en el resultado hará que el presentador cobre más o menos. Y si me meten publicidad quiero mi parte.

JORGE M. REVERTE

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