Poema 139

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En el verdadero trabajo del artista

no se incluye el desasosiego   

por acertar o no con la obra excelente.

La obra posee vida propia vida

y no come de nuestra mano,

ni se nutre de nuestro precocinado pienso.

La obra no nace, crece y termina

dependiendo de su operario.

Todo aspiramos a hacerlo mejor,

y hasta hacerlo eximio

pero la obra se exime con desdén,

escapa de nuestro plan preparado,

(siempre cohibido. 

y roído de requerimientos previos).

La obra es libre y será libre el artista

si desea copular con ella.

En la conjugación de esas pasiones

se hará  posible (o no)

el pecado exaltado o la satánica chispa.

El fulgor del  vicio extraordinario.

Es decir la inesperada y libérrima obra maestra

Puesto que la obra diferencial y sorprendente

es aquella sobre la cual

el primer deslumbrado es su autor.

Ambos enamorados y en un candente

 pecado mortal.

Ambos delincuentes compulsivos.

porque así,  en esa hampa luciente

es donde cunde

el genuino y bailable

trabajo del artista.

Pintura y poema de Vicente Verdú

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Poema 132

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Una polvareda de zinc

serviría para esbozar la escena

que se ha interpuesto entre el cuadro y yo.

No poseo la visión nítida

de lo que desea traslucir

la actual afonía del  lienzo

pero el revuelo de sus 

gaseosas carnes 

me ayuda a confiar

en la aplazada pronunciación

de su irrenunciable contenido.

Formas nacientes y todavía veladas,

como de un volcán silente

que trasciende    

como una lentísima explosión.

Un mundo velado en la realización

igual a la realización de lo oculto.

Mi pulso para seguir adelante

proviene de esa ahumada

transparencia con alas

donde reside

un caos de suaves

sombras que revolotean.

Se organizan y se desordenen

para dar lugar, ineludiblemente,  

a una definición garantizada.

Actúo y espero.

Espero y actúo

porque comprendo

que la etapa siguiente del proceso

y su final

provendrá de este reciente

fardo de pañales.

Manojo de gasas carbonizándose.

Gasas por carbonizar desde está visión

que, encendida pero agrisada, 

todavía no se ha iluminado para sí.

Poema y pintura de Vicente Verdú

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E-ratas

Enfermos se hallan hoy los textos en las redes sociales, en los libros, los periódicos, los panfletos…

El nombre de “Casimiro” no alude sólo al recio medio del Real Madrid que se encarga de taponar los espacios que abren los ataques del rival. “Casimiro” es también el nombre de una editorial pequeña, pero recia, que no deja pasar desidias en la vida intelectual.

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Una de sus breves publicaciones, prologada por Miguel Catalán, es un texto de Karl Kraus titulado La tarea del artista y difícilmente pueden exponerse tantas verdades como puños en un escrito tan enhiesto y eficiente. “Casimiro” como marca.

Karl Kraus, a quien le sobraba carácter y no cesó de atacar las ideas de Freud y sus complejos, publicó —sin complejos— Literatura y mentira (Literatur und Lüge) donde zurraba a los malos críticos y escritores de su tiempo. Y les atizaba no ya por su dudosa calidad —cuestión irremediable— sino por sus diferentes desaliños. Para Kraus lo estético y lo ético-político se enroscaban en un mismo fuste. Un mismo poste de bondad y de maldad.

Por ejemplo, así como no podríamos admitir una pintura o una música ramplona no habríamos de aceptar una escritura con erratas, desgreñada y sucia. No se critica pues tan sólo la idea sino su mala presentación. Es decir, censura Kraus la desabrida presentación de un producto literario (u oral como ocurre hoy en el Hemiciclo) convertido en un lenguaje grosero y zarrapastroso.

El fenómeno —entonces y ahora— se resumiría en vocablos mastuerzos o en la insufrible polución de erratas. “Pústulas de un organismo enfermo”, porque así de enfermos se hallan hoy los textos en las redes sociales, en los libros, los periódicos, los panfletos o los crawls al pie de la pantalla televisiva.

Kraus se quejaba del desarreglo general en los años veinte pero si se compara la atención que tanto la ortografía como todo su universo regía entonces, podría decirse, de hecho, que hemos sido infectados por una plaga de erratas (o ratas) capaces de corroer el lenguaje y con ello el respeto tanto a su condición estética como moral.

¿Moral? La “errata” —dice Catalán— no carece de acepciones morales. “Tanto mendacium (mentira) como mendax (mentiroso) provienen del sustantivo mendum que significa error o errata. Y también en el Diccionario de Autoridades, “mentira se llama a la errata o equivocación que se hace en los escritos”.

Y esto pasa de continúo “rateramente” sobre pantallas y páginas, más los dichos que se retuercen oralmente para decir “me puso los pelos de gallina” en vez de “me puso la carne de gallina”. U otro célebre, entre muchos, con cuyo comentario gané el premio Miguel Delibes de Periodismo comentando el “hacer la vista sorda” en lugar de “hacer la vista gorda”, expresión que chiflaba a un primo mío y que nunca jamás enmendó nadie ante el temor, supongo, de que la errata (esa rata) se lo comiera por los pies.

VICENTE VERDÚ

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Pintura: Retrato de Karl Kraus (1925), óleo de Óskar Kokoschka.

Estética del crimen

Ocurre, hoy, en la estética, lo que ya sucedió con la ética: economía criminal, estados canalla, gobiernos corruptos que se corresponden con su gemela estética del mal

Unos manteros recogen su mercancía en el centro de Madrid.
Unos manteros recogen su mercancía en el centro de Madrid. JAIME VILLANUEVA

Hace unos días, Adidas realizó la promoción de sus nuevas prendas no como marca exclusiva sino como una marca pirata. Los chándales, las camisetas se exponían sobre mantas, colgadas de las verjas o transportadas en bolsas de basura, al estilo de los mercadillos. Eran originales pero adquirían el caché de mostrarse como falsas: las costuras del revés, los logos torcidos, el corte imperfecto. La copia ilegal ha ganado a la ley. La concupiscencia a la penitencia.

Ocurre, hoy, en la estética, lo que ya sucedió con la ética. Economía criminal, estados canalla, gobiernos corruptos que se corresponden con su gemela estética del mal. No es un fenómeno novísimo puesto que hace años, las prendas que cosían los internos de una cárcel en Ohio eran las más apreciadas por las elites. Se expendían, en unidades limitadas, con el certificado del alcaide y el sello de la penitenciaría. Así multiplicaban su valor.

Ni lo correcto, lo auténtico o lo unívoco, pertenecen a nuestra época. Lo falso (a nivel industrial), el artificio (la inteligencia artificial, etc.) lo ambiguo (el sexo y sus muchas versiones), componen la nueva realidad. Más exactamente: la indiferencia entre lo verdadero y lo falso, lo que es y no es arte, lo que es verdad o no, pueblan la escena sin referencias.

¿Sería mejor ser bueno que malo? Sería. Pero ahora, ni los políticos son de fiar, ni las medicinas, los juguetes , las discotecas o los mercados son seguros. El terrorismo ha impuesto su patrón que hace hacer estallar las costuras de las prendas o los maleados cuerpos de los ciudadanos. Igualmente, una estética de guerra, con o sin explosivos, traspasa el mundo de la creación. Espantar, desordenar, confundir es su emblema.

Kissenger, por ejemplo, es el nombre de un nuevo gadget que hace posible sentir el beso a través del móvil y en un prostíbulo de Barcelona ofrecen muñecas (dice Millás) con una piel sedosa para aquellos clientes que prefieren relacionarse con cuerpos bien terminados.

Se creía que la época industrial acabaría con la esclavitud y Duchamp hizo saber que un objeto en serie podía ser un objeto único. O viceversa. Todo depende del punto de vista y de la vista del punto.

¿Pero quién marca la perspectiva? ¿Quién decidirá el marco nítido si incluso la Justicia se halla en la misma bolsa de la basura?

¿Para bien, para mal? Interrogación ociosa porque, como es bien sabido, nunca antes alcanzaron tanta importancia los desechos. En varias ciudades, el alumbrado urbano proviene de la energía benefactora de las basuras. Lo fosco se vuelve fulgor y la pulcritud inmundicia. De ahí tantas ferias de arte cargadas de mierda. El último Arco ha sido un gran ejemplo.

¿Solución? Hace 50 años decíamos. “¿Solución? La revolución”. Pero hoy se alude a no se qué oloroso guisado de chorizos con lentejas.

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Poema 91

Foto autor

Relámpagos de murciélagos,

manchas celestiales.

Grandes campanas de muerte.

Y una circunferencia rosa

ribeteada de angustia

en el cenagal.

Hermanas,

sumidas en hábitos,

descendiendo

como una sucia cascada

a pies de la gran marea.

Mantas, camiones embarrados

sacos cargados de pan.

Medicamentos, ahogados,

hectáreas de  naranjos

podridos.

Ahogados por el agua

de la inundación.

Cuerpos desnudos

o despedazados.

Hinchados los ojos.

Ahítos los labios

y  azulado el corazón.

Ruedas de caucho,

oraciones

sin respuesta alguna.

Una lluvia caudalosa

con biseles de burdel.

Invasión de espléndida

cólera sin color.

El pesar de los olivos,

las higueras,

los granados,

los naranjos.

Las cabezas del vergel.  

No había fuga

ni  alimento.

Ascendieron los desperdicios

y la tremenda basura

fue el balance

de esta enlutada riqueza   

del estercolero.

Del negro a la realidad.

De la veneración a la chimenea

infame

o el  conducto

por donde

subían plegarias o pavesas,

ansiando restituir

un brillo claudicante

al filo deslucido

del pulmón.

Vicente Verdú

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Poema 83

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Una y otra vez

errábamos.

¿Cómo caimanes?

¿Cómo judías verdes?

Como ciegas tortugas

se repetía

el mismo proceso

de atardecer y lodo.

Se anunciaba

Enseguida,

muy pronto,

el galope

de los insultos desdichados

y aparecía, entre tablones,

el siempre inocente

reflejo del vaso

y la cuchara,

posados en  la

cara campesina

del modesto mantel de

Casa Manolo.

Presagio ya

del colérico

y demencial baile

de banalidades

y babas.

Conociendo ya

,de antemano,

aburridamente,

los endebles

soportes

del embate sin fe.

Broches de latón

y brochas viejas

de una fatigosa

liza.

Liza sin arco.

Liza sin fin.

Caracteres tan conocidos

como la naturaleza

de los zapatos usados

y las sábanas caseras.

Una violencia,

en suma,

de corazón desvencijado

a corazón sin sol.

Así discurría,

sin honor,

la violenta

ceremonia

que anunciándose

como un nuevo clarín

guardaba

en su interior,

la voz recalentada.

La ira

desafinada

por la reiteración,

el argumento

ahíto

por acumulación.

Un sofocante

son, por tanto,

desprendía

este momento

hasta hacer

sangrar despaciosamente.

Otra vez,

un charco

morado

anegaba

los platos.

Una hemorragia

azul, sin fe,

empapaba

los textiles

de comer.

Un enjambre

de falsas

medallas sin mérito

caían sobre el menú.

Idea atufante

de un delirio

ante un imaginario tribunal

tan agotado y adormecido

por la reiterada

especie humana.

O la presencia

 inane ya

del amor o la razón,

entre seres que se amaron

y mordieron la carne

apasionados.

Remedos baratos hoy

de verdugo

y víctima

en el pobre entorno

de croquetas y mollejas.

Sede popular

donde unas

mandíbulas de cartón

triscaban el reclamo

de la banalidad.

El vicio humano

por complacerse

en el error. 

Hay momentos 

en que ansiamos

ayuda.

Pedimos

auxilio

mientras

la voz afónica

del alma interior

no nos responde.

Pero quehaceres

sin plazo  

ni radiantes

ocupan

a amigos y parientes,

enfoscados en su

propiedad general.

El socorro

 embarranca

así entre las abruptas

paredes de un

imaginario 

túnel conductor.

Un conducto

difícil o adverso

por donde apenas discurre

un imaginario

filo de agua

Ahora embarrada.

Eso vemos.

El auxilio silba.

patina sobre sí

y no llega.

El oído se acaba.

La mente se diseca.  

VICENTE VERDÚ

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Pintura de Vicente Verdú

El sexy del desorden

Caminamos sobre una época con un presente encharcado y un futuro que ha perdido compostura

Vista del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.
Vista del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. AP

El desastre es nuestra nueva belleza. Belleza convulsa, belleza de la negligencia. Ya lo experimentamos alguna vez: los restos de una arquitectura (griega o siria) son más atractivos en ruinas que constituidos como un refinado monumento. La inclinación hacia el desorden es el orden central de nuestro tiempo. Y su insignia mayor en casi todos los ámbitos: políticos, económicos gastronómicos, eróticos, estéticos.

No es un asunto que haya ganado presencia ahora mismo pero ha obtenido ya categoría de imperio. De hecho, la simetría que caracterizó al arte hasta finales del siglo XIX, al menos en Occidente, y hasta los entornos del Art Nouveau, ha saltado en pedazos como la imagen de un espejo que se estrella. (Un espejo que refleja).

 

Fin, pues, del paradigma especular que representaban las Torres Gemelas, diosas del sistema. Ellas mismas, con su derrumbe, son la metáfora del cambio entre la nitidez bipolar y el barullo de los contrarios: el fin de la Guerra Fría mediante el fenómeno Putin-Trump y su sustitución por la metralla de un terrorismo tan ilocalizable como la Yihad. Fin de la dualidad masculino y femenino mediante la ampliación del arcoíris de los gais o queers. Muerte de la pugna entre Coca y Pepsi.

La comida de fusión supera al filete con patatas y la mezcla entre la química y la física, la biología y la muerte es igual al crimen del cáncer que mata por extralimitar la vida celular. La máxima energía no nace ahora de la fuerza coital (émbolo y cilindro) sino de nimias pulsaciones sin apenas tacto. Ni siquiera el bien y el mal son conceptos inmutables. No lo son ni en la medicina preventiva, ni en el irreconciliable reverso de derechas e izquierdas, o en los categóricos diseños de Jaguar y Volvo, ahora en manos de India o de China

Con los principios del siglo XX empezaron a resquebrajarse las condiciones de armonía, euritmia, consonancia o simetría pero fueron primeras rendijas. Hoy, sin embargo, nada que sea evita parecer viejuno.

Desde los escotes hasta el borde de las faldas, desde los edificios de Gehry hasta los de Hadid todo se está cayendo, y en ese trance chisporrotea la contemporaneidad. El fin será bello por su desequilibrio y los colores rechazan su equivalencia proverbial. Siempre hay que sacar la prenda a la calle para saber su adscripción cromática.

Pero ¿adscribirse a qué? Todo es mixtura: la extrema izquierda es morada, el centro es rosa, hay partidos naranja y populismos de variado granel.

Caminamos sobre una época con un presente encharcado y un futuro que ha perdido compostura. No es decadencia, sino metamorfosis estética y ética rodando por los suelos. Exponiendo sus grandes ruinas no como desechos de vertedero sino como fascinantes y despeinados fragmentos sin destino. Tan descabalados, tan descabellados como asombrosamente bellos.

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Me sangra la herida

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Me sangra la herida”, fue lo primero que dije, de hecho, creo que fue lo único que dije. Primero senti la humedad, luego la tibieza; lleve un par de dedos a mi abdomen y lo comprobe, senti el aumento de la temperatura respecto al resto de mi mano, y poco a poco me anime a mirar. En efecto, sangre, no recuerdo haber visto mi propia sangre antes, al menos no de esta manera ¿que debo hacer?, ¿la pruebo, la huelo, la limpio? Me estoy mareando, ¿estoy impresionado? ¿cuanta sangre he perdido?
Tomo siento donde puedo, ¿es lo qué debo hacer?
Carajo, esto es muy confuso. Debo recordar mis clases de primeros auxilios, creo que si, debo sentarme.
Se acercan mis colegas, ¿todo bien? escucho. ¡Carajo estoy sangrando! Eso no es “bien”. ¿Lo dije, o lo pense? “… ambulancia” escuche a lo ¿lejos? porque a lo lejos, porque estoy acostado.
Mi camisa carajo, una de mis favoritas, en una esquina de la ambulancia, rota. No se a donde me llevan pero creo que no pasara nada, aun no veo mi vida pasar frente a mis ojos, como me dijeron los programas de television, aunque ¿quien se fia de esas cosas?
“Quedate con nosotros”, me dicen los paramedicos pero no se como, igual lo intento, mantengo los ojos abiertos en intento hablar, inutil.
Siento un nuevo movimiento, más rapido, más vertiginoso… “veintitantos, herida en el vientre, perdio mucha sangre QUEDATE CON NOSOTROS”.
Maldición esas intrucciones son poco claras, ¿como exactamente se queda alguien con los paramedicos? pero sigo intentando. Me pregunto, ¿si entro en paro, el RCP me hara sangrar más? ¿me rompera una costilla? Lo increible, lo peor, es que lo ultimo que dije fue “me sangra la herida” sinceramente no quiero que sean mis ultimas palabras…

Mario Alberto Cruz Gonzalez

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Pintura de Vicente Verdú

¿Y si ‘el Guernica’ no es Guernica?

José María Juarranz sostiene que el mural de Picasso admite una lectura autobiográfica

Un trabajador municipal limpia una reproducción de 'El Guernica' de Picasso en Guernica (País Vasco).
Un trabajador municipal limpia una reproducción de ‘El Guernica’ de Picasso en Guernica (País Vasco). VINCENT WEST REUTERS

 

La tesis de José María Juarranz, viejo catedrático de Instituto e investigador, es que “el Guernica constituye una autobiografía de Picasso, sin nada que ver con el bombardeo de la ciudad vasca ni con la guerra.

 

Guernica fue bombardeada el 26 de abril de 1937 y el 1 de mayo hubo una gran manifestación en París. Picasso, entretanto, se hallaba en Tremblay-sur Mauldre donde pasaba los fines de semana con Marie Thèrése Walter y su hija Maya. En ese mismo día y el siguiente realizó los estudios preparatorios presentes hasta el fin de la obra y que, según Juarranz en absoluto permiten relacionarlos con la contienda. Y sería esto así porque las alusiones a toro, caballo, mujer de la lámpara y guerrero se hallan relacionados con su vida personal (él es el toro; el caballo, el otro sexo). “Yo pinto exactamente igual, a como otras personas que escriben su autobiografía”. “Si quiero pintar la guerra, pintaré un arco y una flecha. O una ametralladora”.

Ni Picasso era comunista ni estaba involucrado en ideologías partidistas. Unas fotografías de su pareja, Dora Maar, muestran los primeros bocetos y el abandono de elementos, como el puño en alto, que pudieran valer políticamente.

Representantes del gobierno español presidido por Largo Caballero, que había nombrado a Picasso director del Museo del Prado en 1936, le encargaron esta obra para el pabellón español en la Exposición Universal de París de 1937. Como consecuencia, alquiló el famoso estudio de Grands Augustins donde cupiera un lienzo de 3,50×8 metros.

Empezó ensayando con el tema del pintor y su modelo pero lo descartó y el asunto definitivo vendría a ser, “una síntesis de su vida y de su obra”. “En el Guernica –continúa Juarranz- se plasman momentos clave de su vida. El terremoto de Andalucía de 1884, el episodio de su divorcio con Olga Koklova, la grave enfermedad de su amante Marie Thérèse o el difícil nacimiento de Maya”.

El nombre de “Guernica” provendría de la exclamación que uno de los nacionalistas vascos hizo al visitar su estudio en mayo de 1937 y de su amigo comunista Paul Eluard, autor del poema La Victoria de Guernica. Picasso vio en ello una denominación oportuna, tan potente como comercial. Aunque todavía insistirá: “El Guernica no es una obra de propaganda”. Sí era, como en los 80 años que se conmemoran ahora, una tonante insignia antifascista.

Pero hay todavía más. Numerosos documentos y pruebas gráficas consignan que Picasso “nunca quiso explicar el Guernica” y el desafío de este manuscrito, de casi 400 páginas, consiste en el reto investigador de procurarle su verdadero significado.

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Poema 24

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La vida cambia tanto

de un día para otro

que ya ha perdido

toda credibilidad. 

Vivir es dejarse timar.

Poema y pintura de Vicente Verdú

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